martes, 30 de diciembre de 2008

¿Nace o se hace?

Hace algún tiempo, impartiendo una sesión de «Liderazgo» en un MBA, surgió la clásica pregunta acerca de si el líder «nace o se hace». Sin entrar en la cuestión –que viene de lejos–, un alumno comentó algunas ideas sobre el tema tomando como referencia un artículo que había leído relacionado con el mundo del deporte.

El artículo –con el título: «Pospongan el sexo hasta el mes de abril»– está firmado por Xavier Sala–i–Martín (Profesor de la Universidad de Columbia) y apareció con fecha de 17 de enero de 2007 en «La Vanguardia». Lo reproduzco a continuación:

«Hace un par de semanas fui a la página web de la UEFA para votar a los jugadores del equipo del año 2006 –les confieso que sin ninguna intención de ser imparcial, no nos engañemos, ya que quería votar a los candidatos del Barça–. Al leer las pequeñas biografías, me percaté de que tres de nuestros diez nominados (Gio, Márquez y Zambrotta) habían nacido en Febrero. Curiosa coincidencia, pensé. Eso me llevó a fijarme en la fecha de nacimiento de los demás candidatos barcelonistas y constaté que 9 de los 10 habían nacido en la primera mitad del año –la excepción era Deco, nacido en septiembre–. Seguí mirando y vi que el 60% de los nominados de los otros equipos también había nacido entre enero y junio. Sorprendido, fui a la web del Barça y descubrí que el 70% de los jugadores del primer equipo son de la primera mitad del año. Es más, el 43% han nacido en el primer trimestre y sólo dos jugadores –Saviola y Ezquerro– han nacido en el último –ambos son de diciembre–.

Pensé que había desenterrado algo interesante pero un rápido googleo demostró que el fenómeno ya estaba descubierto y que numerosos estudios, incluyendo uno de los freakonomistas Levitt y Dubner, constatan que la mayor parte de los atletas de elite han nacido en el primer semestre del año: el 55% de los jugadores de fútbol de la primera división española, el 59% de los de las ligas profesionales de Reino Unido, Brasil, Francia, Holanda, Bélgica o Japón, el 59% de los jugadores de la ACB (por cierto, uno de los estudiosos del tema en el básquet es el doctor Franchek Drobnic del FC Barcelona) y el 58% de los tenistas profesionales han nacido entre enero y junio.

En las categorías infantiles las diferencias son todavía más abismales: el 83% de la selección española sub–17, el 91% de los de la selección sub–19, el 80% de las categorías inferiores de básquet del Barça y el 84% de los del Real Madrid son de la primera mitad del año.

¿Cómo se explica todo esto? El psicólogo francés Michel Guaquelin argumentó que los primeros meses del año están bajo la influencia zodiacal de Marte, dios de la guerra… pero la solución astrológica basada en el horóscopo es poco convincente. En realidad, la explicación del fenómeno entre los jóvenes es muy sencilla: al ser el 1 de enero la fecha de corte para determinar si un chaval juega en una categoría u otra, los chicos nacidos en enero juegan en los mismos equipos que los nacidos en diciembre del mismo año. A igualdad de talento, los entrenadores que quieren ganar acaban confiando más en los que han nacido primero porque, a esa edad, son más rápidos y tienen un físico superior. Por lo tanto, es normal que haya más jugadores nacidos en el primer semestre en los equipos buenos de categorías inferiores.

La paradoja, sin embargo, es que el fenómeno continúa siendo cierto entre los profesionales adultos, una vez las diferencias físicas han desaparecido. ¿Cómo se explica eso? Aquí es donde una curiosidad estadística del mundo del fútbol se transforma en un experimento social interesante. Si nos preguntásemos aquello de: para triunfar en la vida, ¿es más importante el talento o el aprendizaje? (es decir: ¿El triunfador nace o se hace?), ¿cómo lo investigaríamos? Una manera sería dividir aleatoriamente a los jóvenes en dos grupos: a unos se les permitiría estudiar, practicar o aprender y al otro no. Si a los 25 años la proporción de triunfadores es la misma en los dos grupos, concluiríamos que el aprendizaje ha servido de poco y el éxito viene determinado por el talento innato. Si, por el contrario, los que han podido estudiar y practicar llegan más lejos, concluiríamos que el triunfador se hace.

El problema es que los científicos sociales no podemos hacer este tipo de experimentos –eso sería jugar con la vida de las personas– y aquí es donde reaparece el deporte: al dividir a los chicos en grupos basándose en una cosa tan aleatoria como es la fecha de nacimiento, las autoridades deportivas han confeccionado un experimento social casi perfecto que soluciona la paradoja de por qué los atletas nacidos en el primer semestre dominan también a nivel profesional: al jugar más minutos cuando son pequeños, los nacidos a primeros de año adquirieren más experiencia y aprenden más que los que no juegan tanto (por ejemplo, aprenden a no dejarse llevar por los nervios en momentos clave). A la edad de 25 años, las diferencias de físico desaparecen pero la experiencia permanece. Conclusión: la práctica y el aprendizaje juegan un papel muy importante a la hora de determinar el éxito.

Como evidencia adicional, déjenme decir que en la Bundesliga sólo el 38% de jugadores ha nacido en los primeros seis meses del año. Obviamente el horóscopo no puede explicar este fenómeno, pero nosotros sí: la fecha de corte en las ligas infantiles alemanas no es el 1 de enero sino el 1 de agosto por lo que los que juegan y adquieren experiencia en Alemania no son los nacidos en la primera mitad del año sino en la segunda.

La constatación de que el éxito viene determinado en gran medida por el aprendizaje y no sólo por el talento innato comporta dos consejos prácticos: Primero, si quieren que sus hijos triunfen en la vida, explíquenles que deben trabajar como locos. Es más, que no escojan la carrera que tiene más salida sino la que más les atraiga ya que es imposible dedicar el tiempo necesario para sobresalir si uno no hace algo que le gusta. Y segundo, si ustedes quieren que sus hijos sean deportistas de elite … ya saben: pospongan el sexo hasta el mes de abril»..

jueves, 11 de diciembre de 2008

La ridícula teoría de dividir para producir más que acabó con los Lakers


Los Lakers ganaron tres anillos consecutivos entre la 99-00 y la 01-02. Podrían haber seguido repitiendo hasta la actualidad con la dupla Shaquille O'Neal-Kobe Bryant y otros jugadores de calidad de complemento. Pero estalló la guerra civil entre las dos estrellas, la convivencia se hizo insoportable y todo saltó por los aires provocando el fin de una era y el divorcio final entre Shaq y Kobe.

El ahora pívot de los Suns, ya cerca de la retirada, ha ofrecido la última explicación de lo que sucedió entonces en Lakerland. "Creo que todo estuvo diseñado por Phil Jackson. Si lo piensas, nunca nos llamó a los dos a la oficina y nos dijo "Callaos de una vez y dejadlo estar". Nunca lo hizo en cuatro años. Nunca hubo un careo. Siempre era por separado, me diría una cosa y otra al otro y otra a otro... Él sabía que yo me iba a enfadar cuando leyese algo que no me gustaba y que Kobe saldría muy motivado a jugar tras leer algo que no le gustase", explica.

Phil Jackson, técnico angelino confeso seguidor de la filosofía zen, aplicó una teoría ciertamente sibilina: crear camarillas, fomentar las diferencias y los piques internos con la ridícula idea de que así se sacará lo mejor de cada uno. Crear divisiones internas va en contra del interés general.

La selección española de baloncesto ha demostrado que aplicando una filosofía totalmente contraría se logran los mejores resultados. Si se antepone el interés del grupo al propio, se fomenta la unidad, el compañerismo, la solidaridad, la confianza, el respeto y se procura que todos estén felices, cómodos y a gusto, el resultado será infinitamente mejor. Una medalla de oro mundial, una plata europea y una olímpica — y 6 medallas con 5 seleccionadores distintos en los últimos 10 años— son la mejor prueba de ello. Hay que aprender de los mejores. Es cierto que Jackson ha ganado nueve anillos de campeón e la NBA, pero siempre ha sido cuando ha tenido a los mejores jugadores del momento: ganó seis anillos en los Bulls con Michael Jordan y Scottie Pippen (y compañía: Kerr, Kukoc, Rodman etc) y tres en los Lakers con Shaq y Kobe (y compañía Fisher, Robert Horry, Fox, Shaw...).

Ahora, años después y con Gasol de amarillo, los Lakers se postulan como los grandes favoritos al anillo de campeón. ¿La receta del éxito? Kobe Bryant, MVP de la NBA, ha aprendido que él solito no ganará nunca la NBA y que necesita un grupo fuerte alrededor que le ayude; la llegada de Pau Gasol, un All Star que asume que Kobe es el líder; un Lamar Odom que acata la decisión de su rol de suplente pero con papel importante; la irrupción del joven Andrew Bynum, que busca aprender de Pau y Kobe; y un 'supporting cast' que llaman en EEUU (grupo de apoyo) con jugadores de calidad que podrían ser titulares en otros equipos como Vujacic, Ariza o Jordan Farmar. Y como telón de fondo el empeño de Kobe en fomentar las cenas de equipo y demás tras la gran idea que tuvo Lamar Odom al incio de la pasada campaña: contratar un cocinero para que le hiciese la comida tras los entrenamientos en el pabellón. Poco a poco el resto de los compañeros se fueron sumando a comer en el pabellón y así, sin darse cuenta, los jugadores fueron conociendo mejor a sus compañeros, a las personas con las que convivían y esa química se trasladó a la cancha logrando resultados inmejorables.

viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Vale un jugador 150 millones de euros?

Esta semana hemos conocido que el Manchester City estaba dispuesto a pagar un traspaso de 150 millones de euros por el portero del Real Madrid, Iker Casillas, más una nómina anual de 13 millones de euros.

Cuando se oyen este tipo de noticias, inmediatamente mucha gente se echa las manos a la cabeza y se escandaliza por la acumulación de ceros. Ayer noche me llamaron de Canal Sur Radio para hablar sobre esta cuestión y otras relacionadas con el “negocio del fútbol”. Los cuatro ejes de las preguntas giraban en torno a:

Primera. ¿No son desorbitadas estas cifras? La cuestión no es nueva. Cuando Zidane fichó por el Real Madrid en 2001 –el mayor traspaso en la historia del balompié: 75 millones de euros– un titular de periódico decía: “¿Vale un futbolista 13.000 millones de pesetas?”. Esa cantidad pudiera parecer mucho, pero igual ocurrió en 1992 cuando el Milán desembolsó al Torino 2.600 millones de pesetas por el jugador Gian Luigi Lentini. La operación causó tal revuelo en la opinión pública que fue objeto de debate parlamentario. Si miramos más atrás, la historia se repite. En 1982, la contratación de Diego Armando Maradona por el Barcelona –1.200 millones de pesetas de la época– fue calificada por la prensa como “Maradólar”. En 1973, cuando Cruyff firmó por el club culé, sucedió algo parecido. Tras duras negociaciones, el acuerdo se cerró por 120 millones de pesetas. La prensa tenía titular: “¿Vale de verdad esos millones?”. En 1961, los 25 millones de pesetas del traspaso de Luis Suárez del Barcelona al Inter de Milán dejó perplejos a muchos seguidores. Y en 1953, la llegada de Di Stéfano al club merengue por 5,5 millones de pesetas escandalizó igualmente a mucha gente. En resumen: “Nihil novum sub sole” (Nada nuevo bajo el sol).

Segunda. ¿Amortizan los clubes esas cifras que pagan? Nada es caro o barato en función de lo que cuesta sino en relación a lo que genera. Lo relevante no es el “precio” sino la “rentabilidad”. Lo decía Santiago Bernabéu: “Lo importante no es que un jugador sea caro sino que sea bueno”; porque evidentemente, un jugador que es bueno nunca es caro. Por ejemplo, David Beckham vino al Real Madrid en 2003 por 25 millones de euros. En tan sólo 48 horas se vendieron 8.000 camisetas que a un precio de 72 euros hacen un total de casi 600.000 euros en dos días. De todos los contratos que firmaba el inglés –unos 20 millones de euros anuales– el 50% iban a las arcas merengues. En los dos años posteriores a su llegada, la entidad madridista incrementó un 60% sus ventas por merchandising (hasta los 53 millones de euros) y un 137% los ingresos provenientes de los patrocinadores (hasta 44 millones). Cualquier empresa que invierte en un proyecto pretende rentabilizarlo; luego, las expectativas se cumplen o no.

Tercera. ¿Es justo pagar a un jugador esas cifras con tanta hambre en el mundo? Si atendemos a criterios de justicia (merece leer Una teoría de justicia, de John Rawls) proablemente no, pero los mercados funcionan por criterios de oferta y demanda y cuando dos partes se ponen de acuerdo (comprador y vendedor) es porque ambos piensan que con la operación salen ganando. “Res tantum valet quantum vendi potest” (El valor de algo es que otra persona está dispuesta a pagar). Por desgracia, ni el fútbol, ni la empresa, ni la vida suele funcionar por criterios de justicia. Tal vez deberíamos planteárnoslo todos y poner en marcha mecanismos serios tendentes a corregir desigualdades en el mundo. Nadie pidió nacer en Nigeria, Kenia o Burundi. Existe una “lotería natural” por la que nacemos en un sitio u otro y eso condiciona nuestra existencia.

Cuarta. Los clubes tiene cada vez pérdidas más abultadas, ¿podrá estallar en algún momento esta burbuja? Mi opinión es que no. El fútbol, de manera conjunta, ha sido deficitario toda la vida. Los gastos siempre han sido superiores a los ingresos. Vicente Calderón afirmaba: “En el fútbol hay tres cosas imposibles: comprar jugadores buenos a precios baratos, esperar gratitud por parte de las masas sociales y gestionar un club con beneficios”. Pepe Samitier también decía: “Si el negocio del fútbol fuese rentable estaría en manos de los bancos”. Ya en 1968, la revista Citius, Altius, Fortius publicaba el siguiente artículo: “Los grandes clubes de fútbol soportan en su situación económica un déficit crónico, que en algunos casos alcanza cifras ingentes”. A pesar de todo, el fútbol sigue vivo y coleando, porque cuando tiene problemas siempre se le buscan soluciones. Demasiado importante en nuestra sociedad como para desaparecer. El consumo de fútbol jamás se agota. Todos los productos tienen su ciclo de vida: nacimiento, crecimiento, madurez y declive. Existe una excepción: el fútbol. Como la mala hierba, resiste a todo. Lo explicaba un conocido del sector: “El fútbol ha hecho quedar mal a todos los profetas. Se decía que la democracia mataría el fútbol. Luego que la cultura mataría el fútbol. Más tarde, que la televisión mataría el fútbol. En realidad, termina por producir un embrujo, una fascinación, que no es superada por ninguna otra oferta recreativa”.

En fin, muchas cuestiones que no son sólo son aplicables al mundo del deporte profesional sino también al de la alta dirección y la empresa..
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