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lunes, 5 de julio de 2010

10 reflexiones sobre los arbitros y sus errores


Desgraciadamente siempre que se habla de los árbitros de fútbol es con motivo de algún incidente en su desempeño, que ha causado, “daños”, irreparables para alguien.
En el Mundial de Sudáfrica ya han sucedido “acontecimientos” que han sido vividos en los respectivos países, con la intensidad y emotividad que genera la injusticia en las decisiones arbitrales. Quisiera aprovechar esta oportunidad que me facilita el protagonismo que da los errores cometidos, para reflexionar sobre determinados conceptos que creo son de vital importancia en el desarrollo de la vida tal y como hoy se entiende y que tienen un importante reflejo en el mundo de los árbitros de fútbol:

1. Las institucionesLa única forma posible de la vida en sociedad se fundamenta en la existencia de instituciones de diversa índole que hagan posible el funcionamiento social. Esto es así desde las sociedades más primitivas, hasta el siglo XXI, lo importante es la fuerza que deben tener esas instituciones y la forma de regularlas para que esa fuerza no se aplique de forma incorrecta.
¿Quién gobierna a los árbitros? ¿Quién los elige y de qué forma? ¿Quién les dota de las herramientas necesarias para poder ejercer adecuadamente su labor? ¿Cómo se les forma? ¿Cuáles son los principios éticos que rigen a ese órgano de gobierno de árbitros?
Creo que las respuestas a estas y otras cuestiones básicas, deberían ser los fundamentos en los que construir una institución tan esencial para el funcionamiento de una actividad, en este caso deportiva, como es el conjunto de árbitros.

2. La necesidad de un árbitro
Siempre que se produce una actividad lucrativa o no, en la que intervienen varios “actores” aparece la inevitable necesidad de un tercero que decida en los conflictos. En muchos casos, esta figura recae en los jefes o responsables. Es muy difícil encontrar la autorregulación y resolución autónoma de incidencias en un colectivo. En mi opinión para concebir la vida en sociedad es preciso hablar de la existencia de árbitros. En el fútbol son parte esencial y determinante.

3. La justicia
La justicia es ciega se dice, y cuando así lo expresamos estamos indicando que justicia y objetividad son consustanciales. Existen instituciones que establecen unas reglas o normas y mediante árbitros formados en esas reglas, se decide sobre lo acontecido con total objetividad y en base a la información disponible para la toma de decisión. ¡Qué difícil es ser objetivo!, eso en sí mismo, tiene un altísimo nivel de dificultad, pero además es que el nivel de información necesario para decidir y el tiempo de decisión son muy escasos en el mundo del fútbol y si esto es así ¿por qué no planteamos soluciones a este problema
 

4. El error humano y los métodos para intentar limitarlo
No es comprensible que en el caso del fútbol no se apliquen soluciones tecnológicas a situaciones que no deberían tener ni la más mínima dificultad para ser clarificadas como por ejemplo, de reciente protagonismo “los goles fantasmas” o para qué hablar de los fuera de juego. ¿Por qué sometemos a los árbitros a una decisión desinformada cuando puede resolverse con información fehaciente?

5. Los tópicos interesados
Es muy habitual que se justifique la no utilización de herramientas tecnológicas en asistencia de el equipo arbitral con argumentos carentes de fundamento como: “eso es lo que da vida al fútbol”; “lo que crea interés y polémica”; “es el método tradicional y modificarlo daría mucha lentitud al juego”, si todos los argumentos son esos o parecidos…

6. El equilibrio vs la parcialidad
Es misión del árbitro intentar evitar que el juego evolucione por ámbitos ajenos al reglamento. Su misión es equilibrar, tranquilizar, que no ralentizar el juego. Es preciso dejar competir con fuerza pero limpiamente, y es preciso también eliminar cualquier tipo de actuación punible. Pero, qué difícil es la imparcialidad cuando se está viendo jugar a nuestro equipo, que habitual es oír comentarios totalmente contrapuestos sobre una misma jugada cuando hablan aficionados de equipos contrarios, esto quiere decir que el equilibrio y la objetividad está casi siempre reñida con la emoción que sentimos cuando hablamos de nuestro equipo.

7. El respetoEl árbitro necesita para poder ser eficiente, crear la confianza y el respeto necesarios para ejercer su función. Es cierto que goza del poder otorgado a su función pero si no genera autoridad, su desempeño estaría seriamente afectado. También es preciso que el árbitro trate con respeto a los jugadores y cuide del respeto que unos deben de tener con otros, en beneficio del espectáculo. Una cosa es competir y otra el desprecio y la falta de respeto.

8. La fuerza de la mentira
Qué difícil es interpretar lo que es realidad y lo que es mentira cuando el que pretende engañar es un verdadero experto en la materia (desgraciadamente en muchos casos se denomina “habilidad”,”experiencia”, o “maestría”, algo que sólo deben tener el calificativo de vergüenza). La provocación disimulada, la agresión encubierta, la teatralidad intencionada, son premiados en muchos casos por las aficiones y como consecuencia de ello son justificados por muchos. Para los árbitros es muy difícil de distinguir, pero en muchas ocasiones, a posteriori, se descubre el engaño, en estos casos siempre deberían actuar las instituciones pertinentes y castigar muy severamente al autor y a su equipo, al objeto de erradicar de los campos las actuaciones teatrales y los comportamientos provocadores y engañosos.
 

9. La violenciaEs en esta materia en donde el árbitro debe actuar firme y decididamente para evitarla con actuaciones preventivas y en el peor de los casos, castigarla con toda dureza y sin ningún tipo de consentimiento. Pero hay otro tipo de violencia en dónde los árbitros y las instituciones tienen un gran campo de actuación, y es la violencia que se genera en las gradas. Hay que establecer castigos siempre ejemplares que hagan de las gradas, el sitio agradable desde donde nos gusta ver el espectáculo del fútbol.

10. La humildadEl poder es el mayor enemigo del que lo ostenta, por eso es en la humildad, en los comportamientos y en la escenificación de los mismos, en donde se manifiesta la grandeza de la autoridad. Los árbitros tienen mucho que avanzar en este campo.

En fin, pido disculpas por haber querido hablar de tantos valores en torno a los árbitros y como consecuencia de ello no haber profundizado en ninguno dejando muchos temas en el aire. Pero he querido abrir el tema a la reflexión para declarar un apoyo a la profesión de árbitro y una profunda crítica a las instituciones del mundo del fútbol que tanto daño hacen con la falta de construcción necesaria para ejercer esa actividad y con el poco respeto y apoyo a las personas que lo ejercen con ilusión y profesionalidad.

En una grandísima medida, la culpa es de los dirigentes, que no están a la altura de las circustancias.

lunes, 1 de marzo de 2010

El novato que planta cara al jefe Michael Jordan

En en el deporte, como en la vida, como en la empresa, vemos constantes ejemplos de jefes que se rodean trabajadores de fácil halago y cuya única misión es asentir al jefe en todo a sabiendas de que está o puede estar equivocado. En el reciente post con la excusa de Invictus lo debatíamos. Siempre he creído que un buen jefe ha de rodearse de gente dispar con espíritu crítico y que busque lo mejor, el bien común y no el suyo propio con una escalada de ascensos fáciles. Hay un tipo de jefes que no quiere gente brillante en su entorno. Así, le resultará más fácil brillar. Otros, los más inteligentes prefieren rodearse de gente crítica, con distintas miras y distintos perfiles. Hay dos caminos: el de regalar los oídos o el del alzar la voz buscando el debate o la reflexión. Seguramente el segundo no te lleve tan alto como el primero, y en numerosas ocasiones te puede ocasionar múltiples problemas, quebraderos de cabeza y la etiqueta de inconformista, rebelde o incómodo. Cada uno es libre de elegir.

Gerald Henderson ha apostado por el segundo. Al base novato de los Charlotte Bobcats poco o nada le ha importado que su jefe sea el mismísimo Michael Jordan. Para estrenar su compra de la totalidad de la franquicia, Jordan fue a ver a sus jugadores al entrenamiento y retó a Gerald Henderson a un concurso de tiro, el clásico 'BURRO' o 'POTRO' que en EE.UU. es el HORSE: haces una jugada o tiro y tu rival ha de igualarlo, de lo contrario va sumando letras y si completa HORSE, pierde.

Henderson le ganó el primer partido (video) a Jordan, que empezó ganando el segundo anotando un tiro libre con los ojos cerrados. Aun con pantalones vaqueros tomó la delantera con un triple y picó al novato: "¿Qué te pensabas, que sólo había machacado en mi carrera?". Henderson, producto universitario de Duke, la archienemiga de de la North Carolina de MJ, no se cortó:"Acabarás fallando en algún momento". Jordan siguió: "Eso pensaban en Cleveland" (en referencia a su tiro en el último seguido para ganar los playoffs de 1989). Pero Air empezó a fallar y Henderson ganó también el segundo. No hubo tercero. "Creo que se iba a jugar al golf ahora, pero es genial tenerle por aquí", comentó Henderson.

La anécdota sirve para iustrar el planteamiento inicial y que tipo de persona prefieres/puedes ser ante tu jefe. A muchos de los jugadores les habría temblado la mano sólo de haber hablado con Jordan (normal, a mí se me cayó la grabadora al suelo al entrevistarle), otros habrían dejado ganar al jefe y otros, como Henderson, habrían intentado ganarle. Seguro que Jordan preferiría algo de competitividad, como así ha sucedido con el novato. Ahora toca debate sobre la actitud del rookie con su jefe: ¿Personalidad, temerario, inconsciente?

Recuerdo que cuando entrevisté con Eugenio a los campeones del mundo y al seleccionador para 'Basuketoboru, la Selección Española de Baloncesto desvela sus claves para triunfar', tocamos el tema de si es bueno rebatir al jefe. Todos los jugadores aseguraron que sí dentro del respeto y la cordialidad. Es bueno el diálogo y la comunicación, e incluso comentaban la anécdota de cómo variaron la táctica en defensa de un partido a petición del grupo. Pepu, entonces seleccionador, también argumentaba que prefería jugadores que se rebelasen en cierto modo y que alzasen la voz.

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