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viernes, 12 de marzo de 2010

Cine y Deporte: Un Domingo Cualquiera

En 1999 Oliver Stone realizó una de sus mejores películas, siempre desde mi punto de vista, mostrando con crudeza y pasión el mundo del deporte profesional en el film "Un Domingo Cualquiera". Con el trasfondo de un equipo profesional de fútbol americano, Stone desgrana poco a poco los grandes enemigos que pervierten los valores del deporte hasta convertirlo en un sucio negocio:


• Cameron Díaz interpreta a la joven y ambiciosa propietaria del equipo quien es capaz de tomar cualquier tipo de decisiones para lograr un beneficio económico. Decisiones que van en contra de la afición, tratando de llevarse el equipo a otra ciudad. Decisiones que van en contra de sus propios jugadores manipulando los partes médicos para que jueguen los que le interesan aunque tengan el riesgo de lesionarse de por vida o para que no jueguen los que deben dejar paso a las jóvenes estrellas. Decisiones que van en contra del equipo sustituyendo a un buen entrenador, un clásico que sabe comprender a los jugadores, por uno peor, pero más mediático, más acorde con la imagen que busca para el equipo.

• Un recientemente descubierto Jamie Foxx, que con esta película se abrió las puertas de Hollywood, que se mete en la piel de un joven jugador que tiene su oportunidad y pasa de la noche a la mañana, de ser un don nadie a ser la estrella del equipo. Un ejemplo de cómo el ego puede destrozar un equipo, de cómo las estrellas por muy buenas y mediáticas que sean, cuando sólo piensan en ellos mismos, en sus bonus, en sus patrocinadores, en su imagen, son un lastre carísimo para el grupo.

• Dennis Quaid es el veterano quarterback que ve como su carrera deportiva toca a su fin, y aunque él lo acepta con resignación, su entorno le presiona sin escrúpulos para que juegue todo el tiempo posible, ya que por supuesto viven de él, y en el momento que se retire se les acabó la gallina de los huevos de oro.

• Al Pacino, el veterano entrenador. Curtido en mil batallas, en mil partidos, probablemente con una imagen no moderna, pero con una gran habilidad para gestionar y motivar a las personas. Un líder con personalidad, que habla con su gente, que se esfuerza y trata de comprender a unas nuevas generaciones que chocan frontalmente con sus principios. Una persona que a pesar confesar haber “cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer”, es capaz de mantener sus valores frente a la presidencia torticera, a los medios manipuladores y a los entornos interesados.

En definitiva, una película muy actual (¿No os suena a situaciones muy recientes de algún gran equipo?), que a los que nos gusta el deporte no enseña lo sucio del deporte profesional y lo maravilloso de la esencia del deporte, del equipo. Si alguno no la habéis visto, os recomiendo que no os la perdáis, sin duda es una de mis favoritas de mi colección de películas de deporte. Para que la recordéis los que sí la habéis visto, os dejo el fragmento de la charla que da Al Pacino a su equipo antes del último partido, que es una reflexión increíble para equipos que tienen problemas: “Ahora o nos curamos como equipo, o moriremos como personas”




¡Se me ponen los pelos como escarpias!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre Liderazgo


Hablar hoy en día sobre liderazgo no resulta fácil. Existen multitud de teorías y escritos que nos pueden versar sobre el asunto con bastante profundidad. En mi caso, siguiendo mi particular filosofía de vida, no me atrevo a escribir de nada que no haya experimentado previamente en carnes propias.
La primera cuestión es la que todo el mundo se hace: ¿el líder nace o se hace? Mi particular opinión es que necesita de ambos. Un líder tiene que tener la carga genética que pueda desarrollarse y un ambiente o un adiestramiento que la alimente.
La clave es que una persona que ostente un cargo de responsabilidad puede mandar o liderar. En el primer caso, los subordinados se limitarán a obedecer por simples cuestiones de supervivencia; harán lo estrictamente necesario para cumplir para no ser reprendidos o culpados. En el segundo caso, los subordinados ascienden a la categoría de colaboradores, pues se sienten parte del proyecto, de la idea o de la visión y sienten que el cumplimiento de los objetivos es, en parte, culpa de ellos. Con esta última teoría, los participantes alimentan su autoestima, que es la fuente natural de la acción humana y perciben que son útiles dentro del proyecto o de la organización.
Os voy a dejar dos claros ejemplos de este asunto en distintas áreas de mi experiencia:
Cuando digo a mi secretaria que mañana a las 9 h tengo un comité directivo y tiene que hacer un informe para presentarlo, ella se limita simplemente a realizarlo y entregármelo. Ahora bien, si la digo que mañana necesito su ayuda porque tengo un comité directivo y tengo que triunfar, estoy convencido que ella va a estar toda la noche si es necesario para elaborar el mejor informe que pueda hacer, pues parte de mi triunfo es su éxito y alimentará su autoestima como eficiente colaboradora del objetivo en cuestión. Estoy compartiendo el éxito.
En el ámbito deportivo, os puedo contar otra historia: Cuando era Seleccionador Nacional, preparaba los partidos del siguiente modo: Mostraba a los jugadores un vídeo del rival y, en una pizarra, realizaba una matriz con las fortalezas y debilidades del contrario. Cuando finalizaba el vídeo, cada jugador tenía que decir una fortaleza o una debilidad que había visto en el rival. A continuación, volvía a preguntar a cada uno para que me diera una solución de cómo debilitar la fortaleza o cómo aprovechar la debilidad. Evidentemente, mi mayor experiencia y conocimiento hacía que algunas respuestas fueran redirigidas mediante el método mayéutico hacia el objetivo si resultaba un disparate su contestación.
El resultado final era que habíamos diseñado una estrategia que era de ellos y que en la pista debían defenderla y morir por ella. No era una imposición del jefe, sino una orientación del líder.
Reconozco que este método no es sencillo si se tiene un alto sentido de la vanidad, pero os puedo asegurar que es tremendamente efectivo para alcanzar nuestros objetivos propuestos si uno sabe en todo momento el papel que representa.
Como colofón y a modo de reflexión, os dejo una aseveración personal: La verdadera enfermedad de la actual sociedad del siglo XXI no es el cáncer o el sida, sino la vanidad.
Me encantaría estar equivocado.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Divismos

Según el diccionario de la RAE, divo, en su primera acepción se define como “Dicho de un artista del mundo del espectáculo, y en especial de un cantante de ópera: Que goza de fama superlativa”. El sabio catálogo apunta además que el término es usado en muchas ocasiones en sentido peyorativo. El caso es que esa fama superlativa suele ser un distorsionador de la realidad importante y, para muchos, incomprensible. En este entorno, los “divos” y “divas” se encuentran allá donde su fama les sitúa. Y así nos encontramos divos operísticos, rockeros, poperos, teatrales, cinematográficos, literarios… y ante esta avalancha, los “mortales” nos topamos con historias sobre flores de colores como requisito para alojarse en un hotel, toallas por miles para actuar en determinado evento, compras estrafalarias, destrozos… Excesos propios del divo-a: divismos, tal y como recoge la RAE.

Y luego está esto del fútbol. Claro. Son muchos los ejemplos de divismo en el mundo del fútbol, en el de antes, aunque en menor medida, y en el de ahora. Se trata de otro tipo de excesos, resulta evidente. Pero son excesos, no lo olvidemos. Hablemos del Real Madrid-Almería.

Un día de incipiente frío mesetario de principios de diciembre, en pleno puente, el Almería visita el Bernabéu. Un buen portero (Diego Alves), un interior rápido de la estirpe íbera-escurridiza tan característica de las Hispanias Bética, Lusitana y Tarraconense (Albert Crusat), un medio granítico de destacables cualidades defensivas (M’bami) y algunos honrados profesionales más, dirigidos por el mejor rematador de la historia de Chamartín (Hugo Sánchez). Entre los locales, Cristiano vuelve al Bernabéu en Liga. La cosa empieza muy bien para los blancos. Pero Alves hace su trabajo. Tras 20 minutos frenéticos de empuje blanco, Alves mantiene su red tal y como la dejó el linier. Diez minutos después, Cristiano, acostado a la derecha del gol norte, centra con clase a la cabeza Ramos. Sergio se eleva, poderoso, sobre Acasiete, algo tímido, la verdad. Golazo. Tras la celebración circense del sevillano, Cristiano, le recuerda que el pase ha sido suyo. Nos vamos al descanso.

En el inicio de la segunda parte, el Real Madrid se descompone (según un agudo espectador sentado a mi espalda, aún más de lo que estaba…). Iker salva una estirándose abajo a su izquierda. En la jugada siguiente, en pleno desconcierto blanco, Soriano empata de rebote. Luego, Uche marca también. El rumor va en aumento. Cristiano se agita. Se le tuerce la cosa. Escucha algo resignado las indicaciones de Alonso que, superado por M’bami, trata de recomponer la figura del equipo con evidentes gestos que exhortan a sus compañeros a juntar las líneas. Cristiano va a lo suyo. En una jugada como otra cualquiera, agrede a Crusat, al que le saca una cabeza. Roja directa, espeta el parroquiano de detrás, algo mosqueado ya. Y esto es lo que piden los jugadores del Almería. El portugués, lejos de arrepentirse, manda callar a sus oponentes. Mantenella e no enmendalla. Alonso ladea la cabeza.

El empuje del Madrid propicia el empate de Higuaín y, tras esto, viene la jugada del penalti, a juicio de muchos, inexistente. Cristiano se apodera de la pelota, decidido a arreglar el desaguisado pateando desde los once metros. Chuta con su derecha a la derecha de Alves quien, adivinando la trayectoria, se estira y salva. El rechace lo recoge Benzema que, a la sazón, llega con presteza sospechosa. Marca, eso sí, de forma inapelable. Cristiano se queda absorto en los once metros. Granero se dirige al luso quien, en su mundo de divo, no comprende cómo él no forma parte de la fiesta. Ni mira a su compañero.

Aquello sigue, ya en otro tono, con el Almería muy menguado. Dos minutos después, Higuaín se escapa por la derecha. En su carrera, ve a Cristiano que cobra ventaja por el centro gracias a su extraordinaria velocidad. Centra. Cristiano acomoda su carrera a la llegada del balón y marca. En su celebración se dirige a la esquina este del fondo sur, justo al lado contrario de donde le llegó el pase. Donde están los fotógrafos. Va quitándose la camiseta. Cuando por fin se zafa de ella, le espera la foto. Allí está él, sin un compañero que le haga sombra. Como un Antínoo del siglo XXI. Pleno de sí.

Tarjeta amarilla, era evidente. Cinco minutos después, llega el exceso final. En una jugada donde Cristiano tuvo la oportunidad de combinar con hasta tres compañeros, se entregó a la filigrana innecesaria. Ortiz, que no quiere ser parte de la fiesta, le tira una tarascada fea. El portugués devuelve el golpe aún más a destiempo. Segunda amarilla. Igual era roja directa, pero como indica el acta, se trata de la segunda amarilla. Dos espectadores a mi derecha comentan, algo azorados, el pase de modelos del cuarto gol y se acuerdan de su inutilidad. El agudo parroquiano recuerda que el próximo partido de liga se juega en Mestalla, que no es poca cosa. Este ha sido el partido de Cristiano, para lo bueno, que es muchísimo y para lo malo, que es más de lo que debería.

Cristiano vale el precio de la entrada. Y es, de largo, el mejor jugador del equipo. Sin embargo, se hace difícil pensar en un liderazgo del luso en el grupo a tenor de su comportamiento. ¿Cómo se podría adecuar sus actuaciones a lo que se espera de él? ¿de qué forma se han de conducir sus excesos? ¿cómo gestionarlo? ¿quién debe hacerlo? En suma, ¿cómo alinear los objetivos individuales con los grupales en los equipos humanos? Aquella vieja pregunta con una esquiva respuesta...

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A vueltas con Agassi


Hace algunos meses ya traté en este foro las tribulaciones de André Agassi para recuperar su puesto en la cumbre del tenis a partir de su batacazo de 1997. Hasta hace sólo unas semanas todos pensábamos que su pérdida de estatus se debió a una lesión de muñeca y a ciertos problemas sentimentales... Ahora, en la publicación autobiográfica 'Open: an autobiography', el tenista revela que, en aquel año, consumió la metanfetamina Cristal. Pero la historia no acaba ahí, ya que también confiesa que un test rutinario reveló el positivo y que, tras una carta alegatoria (y mentirosa) dirigida a la ATP, la Asociación de Tenistas Profesionales tapó el asunto… Esta circunstancia ha provocado reacciones inculpatorias tanto dentro del tenis (Federer, Nadal, Becker, Bruguera, Arantxa Sánchez Vicario…) como fuera del mismo. Y estas reacciones han arreciado cuando se han filtrado algunas de las opiniones sobre sus compañeros que el de Las Vegas ha incluido en su seguro best-seller.
Toda esta historia más o menos triste me sugiere una serie de reflexiones sobre el asunto nuclear de la confesión y el proceso de ocultación que expongo a continuación para su reflexión:

  1. La multiplicidad de raseros. También en el tenis. Parece que a Agassi le pasaron por alto aspectos que otros tenistas tuvieron que pagar(Korda, uno de los mejores reveses que recuerdo, nandrolona, Mariano Puerta, rival de Nadal en su primer Roland Garros, clembuterol en 2004 y epinefrina en 2005, Guillermo Coria, nandrolona en 2001 o más recientemente Volandri, salbutamol e Ivo Minar, methylhexanamina). Muchos podrán indicar que la droga que fue detectada en Agassi se toma con fines recreativos, pero aquí nos encontramos el caso de Gasquet (cocaína). El bueno de Richard sostiene que un beso produjo el intercambio de sustancias entre una desconocida y él mismo... Sea como sea, cumplió la sanción. No sabemos si el francés es culpable desde un punto de vista moral o no, pero lo cierto es que la cocaína, droga-plaga recreativa de nuestra era, ha alcanzado también a grandes tenistas en el pasado (Vitas Gerulaitis, Pat Cash…). Y en este escenario, quizá lo menos que puede hacer un tenista es poner en entredicho la credibilidad de la ATP, como ha hecho Michael Stich. En esta incierta circunstancia en la que se encuentra la ATP atisbamos, eso sí, un rasgo bello; enconmiable: la solidaridad. Sí, amigos lectores, la asociación de tenistas, atónita ante la "injusta" duda arraigada en la opinión pública en relación a la limpieza de otros sectores (el sector financiero, el institucional…), se suma a la lista de instituciones en entredicho.
  2. El nombre como marca. Mi buen amigo E. introdujo en mi vida hace ya algún tiempo las LoveMarks. Una Lovemark, siguiendo el concepto enunciado por Roberts, viene a ser algo así como aquella “marca” que produce lealtad en el consumidor más allá de lo razonable. Está claro que si en los últimos años ha habido un jugador LoveMark, ese es Agassi. Y lo ha explotado de forma admirable. Ha rodado spots legendarios: con pelo, sin pelo, con Brooke, sin Brooke y con Steffi, sin niños, con niños... Y todo eso se le debió derrumbar a Agassi cuando el positivo llegó a sus manos. No sabemos aún si este 'Open: an autobiography', vuelve a ser una consecuencia de las capacidades mercadotécnicas del de Nevada…Pero de ser así, esta sería una forma igualmente admirable de llamar la atención sobre sí. Y deseo dejar de lado si Agassi "necesita" los royalties del libro o no, o si, como él mismo confiesa, el sentimiento de culpa y la necesidad de revelar la verdad le ha conducido a la "confesión".
Está claro que en esta historia lo que podemos aprender del deporte no es mucho, al menos no mucho y edificante. Sí podemos aprender que, como en el resto de las facetas humanas, hay un grupo de privilegiados que disfrutan de beneficios por encima de lo imaginable y otros que no. Que unos pocos rentabilizan su posición y a esos, el stablishment no les dejará caer jamás. A los demás: el conducto reglamentario. Si hay suerte, claro.
Y por último, ruego me disculpen, está el esperpento de la peluca… ¡Inadmisible! Aquí, reconozco, que me ha podido el orgullo alopécico. André, amigo, compañero, pero también eso…

jueves, 29 de octubre de 2009

Abel y Pellegrini, víctimas de dos sistemas erróneos



Normalmente en este blog escribimos de jugadores/deportistas/figuras o situaciones ejemplares que son un modelo a seguir en todos los campos y particularmente en la empresa. Esta vez creo que hay un buen ejemplo de qué no hay que copiar. En principio iba a ser un monográfico sobre el Atlético de Madrid salpicado con detalles del Real Madrid, porque hace ya unos meses que creo que está cometiendo errores, pero al final será un post en el que compartirán protagonismo.

En el Atleti, la mala racha de resultados se ha cobrado a la primera víctima: Abel Resino. Quedando claro una vez más que es más fácil cargarse a uno que a 15. Y a Abel muerto, Quique Sánchez-Flores, puesto. No soy un defensor de Abel ni mucho menos, tampoco conozco en profundidad su sistema de juego ni sus conocimientos, pero queda claro que es el eslabón más débil de una cadena más que imperfecta.

En el Madrid, y más tras el Alcorconazo de la Copa, Pellegrini también está en el disparadero. Vuelve a quedar claro que es el eslabón culpable. Ya cuando le contrataron me pareció curioso que no firmase por toda la legislatura de Florentino. Firmó por 2 años, si no recuerdo mal, en lugar de por cuatro. Si era el ‘ingeniero’ ideal, el hombre escogido para dirigir la nueva y multimillonaria nave del reaparecido presidente, ¿por qué no firmó por cuatro años? Queda claro, a mi entender que no gozaba de la máxima confianza ni de un respaldo total. Y en cuanto ha soplado un poco el viento, las críticas han sido (tele) dirigidas hacia el técnico chileno. Tiene toda la pinta de que será la primera manzana en caer. Trabajar sin respaldo mina la moral de uno, fomenta la sensación de debilidad e intineridad y es complicado ejercer cierta autoridad.

En ambos casos, sin ser yo un gran defensor de ninguno de los dos, creo que hay que compartir culpas entre todos y apuntar mucho más arriba.

En el Atleti, club singular donde los haya, se detecta una bicefalia en el poder: Por un lado, Miguel Ángel Gil Marín, accionista mayoritario y que ejerce de consejero delegado. Además, está Enrique Cerezo, que es el presidente. Tras la debacle ante el Chelsea, Gil Marín dice que se desliga de cualquier toma de decisión deportiva y le deja 'el marrón' a Cerezo con un director deportivo, Pitarch, con el que ni se hablaba y con el que el Abel no tenía feeling según parece. Además, hay un cruce claro de declaraciones mediáticas entre Gil Marín y Cerezo evidenciando la falta de sintonía entre los teóricos líderes. Si así están los que mandan, normal que no haya tranquilidad alguna por abajo (plantilla, cuerpo técnico….).

Mediada la campaña pasada, despiden a Javier Aguirre y el remedio es traer a Abel Resino, "un hombre de la casa" y le garantizan que si es buen bombero, apaga el incendio y deja al equipo en Champions le renuevan una temporada más. Dos errores a mi parecer. ¿Eso de ser de la casa qué es? ¿Son méritos suficientes haber jugado ahí años y años atrás? ¿No habrá cambiado la casa ya en tantos años? La segunda parte (y a mi parecer): la sensación de inteniridad con la que empezó a trabajar Abel era latente, parecía más que claro que en cuanto perdiese 4 partidos seguidos se lo cargaban. Así ha sido. Y ahora, llega otro 'bombero' a intentar poner remedio a una situación mal parida desde el inicio y al que le han dicho que si deja al equipo en Champions, le renovarán.
Según lo veo, en el Atleti lo único que prima es el cortoplacismo. Y elevado a la máxima potencia. Todo esto dentro de un clima de inestabilidad social evidente con la afición protestando a los despachos con manifestaciones de por medido desde el primer dia.

En el Real Madrid, la forma de estructurar el proyecto también me parece cuestionable. Regresa cual ave fénix salvador un presidente que se fue sin previo aviso abandonando el barco mediada una campaña y parece que es el único capaz de poder salvar la nave. Comete los mismos errores que le condenaron en el pasado: fichar estrellas a golpe de talonario a precios desorbitados pensando que así se puede hacer un equipo y deshacerse de otros a precio más que cuestionable para poder hacer caja. Tras el derroche de dinero y facultades, llega el turno del entrenador. ¿No habría que haber fichado antes al técnico y consensuado un poco todo? No digo que el entrenador sea el que diga a qué jugadores hay que fichar ya que si se le destituye el club queda inundado de jugadores que otro entrenador puede no querer, pero hay que llegar a un tipo de consenso.
Creo que desde el primer minuto, la llegada de Pellegrini -apuesta de Valdano-hay que cogerla con alfileres por el tiempo que firma, que no es el mismo que la duración supuesta del mandato de Florentino. El chileno se encuentra con un equipo ya confeccionado en el que apenas tiene voz y muy poco voto y se le demandan resultados inmediatos. “Hay que hacer en un año lo que haría que hacer en tres”, dijo Florentino. Viva el cortoplacismo.

En ese ansia resultadista se olvidan valores fundamentales de creación de equipo, se paga a precio de crack el fichaje de promesas (Benzema) descartando otros jugadores muy válidos (Negredo), se descarta inicialmente repescar a unos poniendo su calidad en duda para luego ficharles y venderles como la gran solución (Granero –ojo que no es una crítica al jugador-), y así un sin fín de ejemplos más. Mientras, el gran rival, sigue sacando jugadores de la cantera, les da minutos, juegan y son importantes… aunque el Barça también creo que ha cometido errores y allí no todo es Disneylandia

viernes, 30 de enero de 2009

Robinho o la falta de valores


La verdad es que el tema que proponía Lolo el lunes, da para mucho, de hecho hoy salía en la prensa una noticia sobre las consecuencias de la ausencia de valores: "Robinho, detenido por presunta agresión sexual, niega estar implicado". El delantero brasileño del Manchester City Robinho fue detenido el martes, acusado de una agresión sexual en un club nocturno, y salió en libertad bajo fianza, según confirmaron el miércoles la policía y el portavoz del propio futbolista. Esto es la guinda de una serie de comportamientos de un mal profesional, con una gran habilidad con el balón. Primero fueron las fiestas nocturnas con Ronaldo en el Real Madrid, llegando a los partidos resacoso y fuera de forma. Después sus declaraciones a la prensa para provocar su salida del Real Madrid, según él porque no se sentía querido.

Al llegar a su nuevo club el Manchester City parecía que las cosas iban a ser diferentes, ya que decía que se encontraba feliz, hasta que la semana pasada, Robinho abandonó la concentración de su equipo en Tenerife para regresar a Brasil alegando un "asunto familiar importante", aunque al parecer se trataba de su cumpleaños. Ahora es detenido por violar a un joven en una discoteca de moda. ¿Cuál será la siguiente barrabasada?

Cuando los profesionales no tienen valores, las organizaciones sufren, sus comportamientos y actitudes afectan negativamente porque siempre terminan anteponiendo sus intereses a los de la entidad que les paga.

Pero me gustaría centrar el debate de hoy sobre quien tiene la culpa de que ocurra esto: ¿un jugador caprichoso y endiosado que sólo piensa en sí mismo o un Club que le paga una millonada tolerando sus comportamientos y encima al día siguiente de ser detenido por violación le alinea para el partido contra el Newcastle? ¿Si Robinho fuera un mal jugador lo defendería igual?
¿Nuestros clubs premian o castigan la falta de valores?


viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Vale un jugador 150 millones de euros?

Esta semana hemos conocido que el Manchester City estaba dispuesto a pagar un traspaso de 150 millones de euros por el portero del Real Madrid, Iker Casillas, más una nómina anual de 13 millones de euros.

Cuando se oyen este tipo de noticias, inmediatamente mucha gente se echa las manos a la cabeza y se escandaliza por la acumulación de ceros. Ayer noche me llamaron de Canal Sur Radio para hablar sobre esta cuestión y otras relacionadas con el “negocio del fútbol”. Los cuatro ejes de las preguntas giraban en torno a:

Primera. ¿No son desorbitadas estas cifras? La cuestión no es nueva. Cuando Zidane fichó por el Real Madrid en 2001 –el mayor traspaso en la historia del balompié: 75 millones de euros– un titular de periódico decía: “¿Vale un futbolista 13.000 millones de pesetas?”. Esa cantidad pudiera parecer mucho, pero igual ocurrió en 1992 cuando el Milán desembolsó al Torino 2.600 millones de pesetas por el jugador Gian Luigi Lentini. La operación causó tal revuelo en la opinión pública que fue objeto de debate parlamentario. Si miramos más atrás, la historia se repite. En 1982, la contratación de Diego Armando Maradona por el Barcelona –1.200 millones de pesetas de la época– fue calificada por la prensa como “Maradólar”. En 1973, cuando Cruyff firmó por el club culé, sucedió algo parecido. Tras duras negociaciones, el acuerdo se cerró por 120 millones de pesetas. La prensa tenía titular: “¿Vale de verdad esos millones?”. En 1961, los 25 millones de pesetas del traspaso de Luis Suárez del Barcelona al Inter de Milán dejó perplejos a muchos seguidores. Y en 1953, la llegada de Di Stéfano al club merengue por 5,5 millones de pesetas escandalizó igualmente a mucha gente. En resumen: “Nihil novum sub sole” (Nada nuevo bajo el sol).

Segunda. ¿Amortizan los clubes esas cifras que pagan? Nada es caro o barato en función de lo que cuesta sino en relación a lo que genera. Lo relevante no es el “precio” sino la “rentabilidad”. Lo decía Santiago Bernabéu: “Lo importante no es que un jugador sea caro sino que sea bueno”; porque evidentemente, un jugador que es bueno nunca es caro. Por ejemplo, David Beckham vino al Real Madrid en 2003 por 25 millones de euros. En tan sólo 48 horas se vendieron 8.000 camisetas que a un precio de 72 euros hacen un total de casi 600.000 euros en dos días. De todos los contratos que firmaba el inglés –unos 20 millones de euros anuales– el 50% iban a las arcas merengues. En los dos años posteriores a su llegada, la entidad madridista incrementó un 60% sus ventas por merchandising (hasta los 53 millones de euros) y un 137% los ingresos provenientes de los patrocinadores (hasta 44 millones). Cualquier empresa que invierte en un proyecto pretende rentabilizarlo; luego, las expectativas se cumplen o no.

Tercera. ¿Es justo pagar a un jugador esas cifras con tanta hambre en el mundo? Si atendemos a criterios de justicia (merece leer Una teoría de justicia, de John Rawls) proablemente no, pero los mercados funcionan por criterios de oferta y demanda y cuando dos partes se ponen de acuerdo (comprador y vendedor) es porque ambos piensan que con la operación salen ganando. “Res tantum valet quantum vendi potest” (El valor de algo es que otra persona está dispuesta a pagar). Por desgracia, ni el fútbol, ni la empresa, ni la vida suele funcionar por criterios de justicia. Tal vez deberíamos planteárnoslo todos y poner en marcha mecanismos serios tendentes a corregir desigualdades en el mundo. Nadie pidió nacer en Nigeria, Kenia o Burundi. Existe una “lotería natural” por la que nacemos en un sitio u otro y eso condiciona nuestra existencia.

Cuarta. Los clubes tiene cada vez pérdidas más abultadas, ¿podrá estallar en algún momento esta burbuja? Mi opinión es que no. El fútbol, de manera conjunta, ha sido deficitario toda la vida. Los gastos siempre han sido superiores a los ingresos. Vicente Calderón afirmaba: “En el fútbol hay tres cosas imposibles: comprar jugadores buenos a precios baratos, esperar gratitud por parte de las masas sociales y gestionar un club con beneficios”. Pepe Samitier también decía: “Si el negocio del fútbol fuese rentable estaría en manos de los bancos”. Ya en 1968, la revista Citius, Altius, Fortius publicaba el siguiente artículo: “Los grandes clubes de fútbol soportan en su situación económica un déficit crónico, que en algunos casos alcanza cifras ingentes”. A pesar de todo, el fútbol sigue vivo y coleando, porque cuando tiene problemas siempre se le buscan soluciones. Demasiado importante en nuestra sociedad como para desaparecer. El consumo de fútbol jamás se agota. Todos los productos tienen su ciclo de vida: nacimiento, crecimiento, madurez y declive. Existe una excepción: el fútbol. Como la mala hierba, resiste a todo. Lo explicaba un conocido del sector: “El fútbol ha hecho quedar mal a todos los profetas. Se decía que la democracia mataría el fútbol. Luego que la cultura mataría el fútbol. Más tarde, que la televisión mataría el fútbol. En realidad, termina por producir un embrujo, una fascinación, que no es superada por ninguna otra oferta recreativa”.

En fin, muchas cuestiones que no son sólo son aplicables al mundo del deporte profesional sino también al de la alta dirección y la empresa..

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