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miércoles, 2 de mayo de 2012

Corresponsales AdP: El Rey Guardiola a Muerto, ¡Viva el Rey! por José Carlos Carrasquet


El rey ha muerto, viva el rey, es un lema o grito que se emplea como expresión ritual en la sucesión de las monarquías, especialmente en el reino de Francia (Le roi est mort, vive le roi) y en la corona británica (The King is dead, long live the King).
 
Con tal lema se pretendía evitar la peligrosa situación política que se plantea en un interregno, además de servir como última ocasión de vitorear al rey fallecido y primera ocasión de hacerlo con el nuevo rey. Y desde el viernes, y viendo la rapidez con la que se sucedieron los acontecimientos, no veo otra frase que defina, aunque sea de forma metafórica, la situación actual en Can Barça.
 
Y es que mal que les pesé a algunos, el reinado de Pep en estos cuatro años ha sido indiscutible. Desde que un treintañero se presentó en el Camp Nou con la profética frase “Agárrense los cinturones, porqué tengo la sensación que nos vamos a divertir”, los súbditos culés no hemos parado de disfrutar, y porqué no decirlo, babear, ante una catarata de juego y títulos que nadie podía imaginar. Nadie pensaba, que aquel joven entrenador, sin apenas experiencia y con un simple año de bagaje en la Segunda B, iba a expandir el imperio blaugrana por el mundo, derrotando a las antiguas supremacías que reinaban hasta entonces en el planeta.

Y cual vasallos, los seguidores azulgranas nos pusimos en manos del nuevo Rey, y acatamos cualquiera de sus decisiones como buenas, sabiendo que todas ellas iban a ser tomadas en beneficio del pueblo. Decisiones valientes, como lo fueron prescindir de Ronnie y Deco sólo ocupar el cargo. Decisiones arriesgadas como fue dejar marchar a un Eto’o en plenitud goleadora. Decisiones incomprensibles, como fue el rechazo de Ibra con tan sólo un año en el equipo. Todas ellas aceptadas, y a pesar de alguna crítica surgida, todas ellas asumidas. Todo a cambio por la perpetuidad de un sistema de juego y valores que todavía hoy hacen del equipo azulgrana, a pesar de los reveses sufridos esta última semana, el mejor del mundo. El gusto por el juego de toque, el cuidado de la cantera, el mimo de las jerarquías del vestuario, las formas cuidadas en la imagen y el lenguaje, han hecho de Pep un ícono de la historia azulgrana.

Una historia, la suya, que ha sido breve. Una historia intensa, vivida al cien por cien, y que le ha llevado a vaciarse de tal forma que el final ha llegado antes de lo que muchos hubiéramos deseado. Ha sido víctima Guardiola de su propio éxito, el cual le llevó en su primera temporada a conseguir un hito nunca logrado en la historia del fútbol. La consecución de forma consecutiva de todos los títulos puestos en juego. Seis títulos, seis trofeos que se pasearon de forma gloriosa por todo el territorio culé, como muestra de la supremacía lograda.

A partir de ese momento, cualquier otro hito nunca alcanzaría los logros de ese primer año. Cualquier temporada posterior sólo podría igualar esa primera. Cualquier derrota culé sería vista como un paso atrás en un equipo que lo había ganado TODO, absolutamente TODO. Y a ello se lanzaron jugadores y técnicos. Y año tras año, con unos niveles de exigencia brutales, se asumía que el objetivo debía ser cada uno de los títulos puestos en juego. No había períodos intranscendentes, no había títulos menores, no había partidos de trámite. Y así, poco a poco, el equipo se ha ido desgastando, y con él, su máximo representante.

Han sido cuatro años no sólo de fútbol. Han sido cuatro años de sentimientos y golpes duros. La enfermedad de Abidal, la de Tito Vilanova, la lesión de Villa, los enfrentamientos con Ibra, la presión de la prensa, la tensión de los clásicos, que han sido llevados a una dimensión de intensidad y disputa no vista hasta la fecha, las tertulias nocturnas que amparándose en la oscuridad, intentaban acabar con el que veían el máximo responsable de la perdida de esplendor blanca, los fines de ciclo... Ahora sí, Hermel, ahora sí. Fin del ciclo de Pep. Estará por ver si el del Barça.

Todos hechos y causas que han dejado exhausto al Rey. Y el Rey ha abdicado. Y ha abdicado en un momento crítico. En la semana más dura que se recuerda en esos cuatro años de gloria. En la semana en la que la pérdida de dos partidos ha supuesto el decir adiós a los dos principales títulos del año. En la semana en la que se constata que esta será la peor temporada en palmarés en número de trofeos llevados a las vitrinas del Museo.

Y así ha puesto en bandeja de plata a sus detractores el argumento propicio para un último ataque. Sinceramente creo que aquí Pep se ha equivocado. No en la decisión sino en el momento de anunciarla. Tenía que haber previsto que esta situación se podía dar, y que la demora del anuncio de su final, podía verse asociada con la derrota. Y así, la lectura que asociaría su marcha con el primer periodo de derrotas del equipo, haría que sus detractores vendieran la imagen de abandonar a la institución en su peor momento.

Al resto, sólo nos quedan palabras de agradecimiento hacia su gestión, dedicación y obra. Una obra que nos ha mostrado como de bonito puede ser este deporte, y que ha llevado a la institución a cotas a las que nadie ha llegado nunca. Ahora, su sucesor, Tito Vilanova, tendrá la misión de preservarla, y desde su propio criterio volver a la conquista de los territorios perdidos en las últimas batallas. La reconquista ha empezado. Y el nuevo Rey tiene las fuerzas intactas. Larga vida al Rey.

jueves, 13 de octubre de 2011

Corresponsales AdP: Jose Carlos Carrasquet - Guardiola y la Gestión del Cambio


El cambio, la innovación, la calidad, el conocimiento e incluso la creatividad no son conceptos nuevos en el marco del desarrollo de cualquier organización. En el ámbito de la empresa, y por ende, en el de la sociedad y el deporte, se han desarrollado un sinfín de modelos teóricos destinados a hacer frente a una situación cada vez más compleja y diversa, con el objetivo de mejorar, en definitiva el funcionamiento de las organizaciones.

Cualquier organización, basa su día a día, en la continua evolución, y en una profunda revisión de sus formas de hacer, que busca adaptarse a la condiciones sumamente cambiantes que le rodean..“Renovarse o morir”, es una manida frase que se utiliza en estos casos, y que pretende, de una forma simple, hacer ver que, aquello que en un momento funcionó, y dio la posibilidad de grandes triunfos, en otro, puede que no sea así, y nos lleve al fracaso.

Desde que Guardiola llegó al banquillo azulgrana, en el que implantó un nuevo modelo de organización futbolística, su esquema conceptual de esta deporte ha ido variando, y a cada temporada transcurrida, nos ha presentado novedades, destinadas a no crear un modelo de equipo estático, si no en continuo cambio y evolución.

Creo que esta característica del técnico azulgrana es la que le hace diferente a sus antecesores en el cargo. Si echamos la vista atrás, y nos quedamos en las épocas del afamado Dream Team y de Rickjaard, veremos que las causas del declive de estas dos concepciones futbolísticas tuvieron idéntica forma de perecer. Y es que aquello, que en su día fue novedad, y sorprendió a los rivales en un primer momento, no evolucionó lo suficiente, para que, una vez conocido, y contrarestado por éstos, saber adaptarse a las nuevas problemáticas planteadas. Y así el 3-4-3 de Cruyff fue perdiendo fuerza ante las tácticas defensivas rivales, y el acomodamiento y dejadez dejó a la brillante generación comandada por Ronaldinho con un palmarés menos brillante del que se preveía.

Y Pep, como integrante de aquellas dos formaciones míticas, observó de cerca el auge y declive de ambas. Supo captar la esencia de estas dos concepciones de juego, y a partir de ellas creo la que ahora le identifica. Pero si observamos las evoluciones de este equipo, veremos que, lejos de quedarse enquistado en un modelo, se ha visto obligado a introducir paulatinamente nuevos conceptos organizacionales, lo que implica someterse a todo un conjunto de cambios, a fin de responder a las cada vez mayores exigencias que le presenten sus competidores.. Y así, aquel equipo que se nos presento ante todos, con un nuevo paradigma de juego, identificado por una agobiante presión en la zona defensiva del rival, y una constante búsqueda del balón y verticalidad, ha ido variando, hasta mostrarse tal cual es hoy.

Este concepto, que tratado de forma abstracta parece fácil de aplicar, no tiene los resultados deseados si no se cumplen antes una serie de condiciones.. Para la puesta en marcha e implementación de un proceso de cambio, es necesario cumplir un conjunto de requisitos generales, como por ejemplo, un estilo de dirección que fomente la comunicación y el diálogo y una cierta jerarquización de los diferentes niveles. En resumen, un cambio o transformación no puede ser impuesto desde arriba, sino que ha de ser comprendido y asumido por todas las personas involucradas. No debemos olvidar que un cambio o transformación siempre significa para los personas una amenaza de sus estatus actual o incluso de su medio de subsistencia. No olvidemos que una reestructuración puede significar la pérdida de un puesto que se tenía asegurado.

Y aquí Guardiola vuelve a marcar diferencias con sus antecesores. Cruyff, tenía un concepto de organización futbolística totalmente jerárquico, y en el que prevalecía su criterio por encima de todo y de todos. No digamos, ya Van Gaal, que protagonizó escenas delirantes en sus dos etapas como técnico azulgrana, y que mostró tintes dictatoriales en cada una de las decisiones que se tomaban en la gestión del equipo. Rickjaard, sin embargo, fue la cara contra opuesta al “furioso” holandés, y mostró un tono afable y complaciente, que permitió como vulgarmente se dice que los jugadores “se le subieran a la chepa”, haciéndose éstos dueños del vestuario, e invirtiendo así la pirámide de la jerarquía.

Pep, sin embargo, muestra unas dotes de comunicación excepcionales, y explica constantemente a sus jugadores que espera de ellos, que les pide. Se podrían enumerar múltiples detalles que así lo demuestran. Desde un Abidal, que pensó en dejar el equipo al primera temporada, al considerarse infravalorado y tratado con un juvenil ante las constantes explicaciones y correcciones del técnico., para pasar a según él mismo declaró, a disfurtar de los mejores años de su vida deportiva. Desde un Keyta, que en una final de Champions pudó exponer sus dificultades para jugar de lateral izquierdo, y ante su sugerencia fue substituido en el once inicial por Silvinho. Desde un Messi, que ha aprendido a ser uno más en el campo, y que abandonó su excesivo juego individual, para poner todo su talento al servicio de un colectivo. Desde un Mascherano, que viniendo de ser considerado el mejor medio centro del mundo, refuerza ahora la zaga azulgrana como central, y en muchas ocasiones como único integrante de esa zona. Y desde un Thiago, que previendo que su juego preciosista y de seda no encajaba con el tipo de juego que se practica, ha adaptado su forma de jugar, para así poder disponer de minutos de calidad esta temporada.

Y esta temporada, estamos viviendo, lo que para mi es el máximo exponente de este concepto, el cambio continuo. Cada partido de los azulgranas supone una sorpresa, cada partido de los de Pep nos presenta una nueva forma de afrontarlo, cada partido del Barça presenta formaciones y esquemas totalmente diferentes al anterior.

El objetivo, a mi entender, es el de condicionar a los técnicos contrarios, de forma que éstos se vean sorprendidos por la puesta en escena de los azulgrana. Ya han sido varios los entrenadores, Garrido, Manzano y Preciado, que han reconocido su sorpresa por la disposición táctica del equipo. Y a este nivel, en el que sólo los mejores llegan a ocupar los banquillos, y en los que los más dotados están sobre el campo, los minutos de sorpresa y reubicación en el campo, tienen su precio. Y si observamos, los escasos seis partidos disputados, en casi todos ellos, en esos minutos los culés han finiquitado sus partidos, o han dispuesto de ocasiones para ello. El fútbol, como deporte y juego, tiene un alto componente de azar, que puede condicionar algunas de las apuestas, y no siempre aquello que sobre la pizarra parece una solución fiable, se traslada de forma correcta al terreno de juego. Mestalla fue una prueba de un proceso erróneo de estrategia de juego, que hubo que rectificar sobre la marcha.

Nos vamos, creo yo, esta temporada a acostumbrar, a ver lo que hasta ahora se denominaban “guardioladas”, y es que el técnico azulgrana, viendo el potencial increíble de casi todos los miembros de su plantilla, ha optado esta año, por planificar cada partido de forma individual, apartándose de la línea que le ha caracterizado estos últimos tres años, en las que sólo trece o catorce jugadores se hacían acreedores de su confianza. Tiene Pep, en su cuarto ciclo, una idea, que se podría resumir en un slogan publicitario..”Un partido, una idea!”.

Veremos si los integrantes de la plantilla, hasta ahora acostumbrados a un status permanente en una temporada, son capaces de asumir este nuevo giro. Sólo la capacidad del staff técnico azulgrana, para hacerles ver la necesidad de esta nueva situación, como la aceptación de los jugadores como integrantes de un éxito colectivo y no individual, harán posible la aceptación de este nuevo cambio, que estoy convencido, nos va a llevar nuevamente a conseguir grandes éxitos esta temporada. Camino vamos de ello.

jueves, 9 de septiembre de 2010

El yin de Guardiola

Este verano saltó a las primeras páginas de todos los periódicos deportivos una noticia que empañaba la imagen de líder ideal de Pep Guardiola. Ibrahimovic una de las estrellas del Barça afirmaba que “En los últimos seis meses Guardiola sólo se ha dirigido a mí dos veces. Yo no tengo ningún problema, pero él lo debe tener conmigo”.

Aunque hay que contextualizar estas declaraciones en plenas negociaciones del jugador para irse a jugar con el AC Milán. Parece que al menos los hechos si han ocurrido porque el propio Guardiola admitió a la prensa “ Si en los últimos seis meses he hablado dos veces con Ibra, será por alguna razón".

Es extraño que un líder como Guardiola tenga este tipo de comportamientos, porque sin duda es obligación del líder hacer todo lo posible por integrar a las personas en la dinámica del equipo, y sobre todo tratar de sacar lo mejor de ellas. Seguramente la actitud de jugador sueco deje mucho que desear, y no sea tan buen profesional como jugador, pero eso no es excusa para hacer dejación de la responsabilidad que uno ha asumido.

Dicho esto, creo que en España somos muy dados a convertir rápidamente en héroes a los que realizan un acto valiente, y a defenestrarlos y enviarlos al infierno mucho más velozmente cuando les conocemos un pecado.

Un líder, como cualquier otra persona, no es alguien perfecto. Al igual que el yin y el yang, dentro de nosotros hay un equilibrio inestable entre nuestro afán por hacer las cosas bien y nuestra pereza, entre nuestros fobias y nuestras filias, entre nuestras ilusiones y nuestros miedos. Al igual que para un mal jugador meter un gol no le convierte en un goleador, que Guardiola se equivoque no le hace ser un mal líder, porque dentro del yang existe el yin y los buenos profesionales cometen errores, al igual que dentro del yang surge el yin y hay veces que malas personas tienen comportamientos admirables.

Al igual que los líderes no deben dirigir por la excepción, nosotros deberíamos aprender a no valorar la calidad de un profesional o de una persona por una actuación concreta, sino tener memoria para poder analizar una trayectoria y ecuanimidad para no dejarnos llevar por nuestros intereses personales.

Todos tenemos un lado oscuro, y eso no nos hace ser malas personas, si fuéramos todos tan autocríticos con nosotros mismos, como críticos con los demás, esta crisis en la que estamos inmersos sería historia hace tiempo.

lunes, 3 de mayo de 2010

Guardiola va por ti


No descubrimos nada nuevo si afirmo que el mundo del fútbol es un mundo plagado de extremos y, por qué no, de excesos. Un universo en el que la pasión golea a la razón y donde la creación de corrientes de opinión se ha convertido en una Champions League paralela a la que se disputa en el césped.

Viene a colación esta introducción porque me he quedado anonadado leyendo y escuchando opiniones, sentencias, juicios y valoraciones sobre Guardiola tras la eliminatoria pasada entre Barcelona e Inter de Milán.

Resulta que, después del éxito histórico del Barcelona la temporada pasada, Pep Guardiola se convirtió en un icono para todo el mundo del fútbol y, añadiría, para toda la sociedad. ¡Qué valiente en sus decisiones! ¡Qué conferencias de prensa! ¡Qué inteligente! Hasta cuando se rascaba la nariz (si lo ha hecho en público alguna vez) exclamábamos: ¡Qué estilazo!
Resulta que ahora, nada más perder la eliminatoria, tenemos que aguantar comentarios como que nadie entiende los cambios de Maxwell y Jefrén, que si ha perdido los nervios, que no es tan elegante como parecía, que si le puede la presión, etc, etc.

Podréis comprender que desde mi arista como entrenador, pues un entrenador lo es hasta la muerte aunque desempeñe otras labores, me suba por las paredes debido a la impotencia por la injusticia, desconocimiento y ciertas dosis de envidia que transpiran esos comentarios.
Vaya por delante mi declaración de madridista y mi confesión de que no conozco personalmente a Guardiola y que juzgo este asunto como simple observador y conocedor de la mente de un entrenador. Desde esa atalaya, no puedo estar de acuerdo ni con las exageraciones laudatorias del año pasado ni con las exacerbadas críticas del presente. Para reforzar lo primero, os diré que no creo en los entrenadores sobrehumanos (definición que él con sus actos y palabras siempre ha contrarrestado). Para refutar lo segundo, afirmaré que alguien que ha conseguido que su grupo alcance los éxitos de la temporada anterior no puede dejar de tener, de un día para otro, excelentes competencias para dirigir un equipo de altísimo rendimiento.

Los entrenadores somos muy conscientes que desempeñamos el rol del clavito en un abanico: somos pequeños, no generamos aire, no tenemos la estética de las varillas, pero somos la parte del todo que unimos, que coordinamos, que equilibramos una serie de distintas funciones, cualidades y personalidades en busca de conseguir un objetivo común en un entorno “huracanizado”. Fuera de todo esto, lo que queda es una industria que nada tiene que ver con el verdadero deporte, pero que mueve millones de euros, de ilusiones, de pasiones y, claro está, de intereses.
Tenía razón mi padre cuando me contaba que el deporte nacional, en esta querida España, consiste en crear ídolos para después recrearse en destruirlos.

Un abrazo a todos.

jueves, 14 de enero de 2010

Lo que la victoria esconde


Estaba claro que repetir lo irrepetible era complicado y los que le tenían ganas a Guardiola –por su éxito meteórico, liderazgo, discurso, por no conceder entrevistas etc-
no han desperdiciado la eliminación copera ante el Sevilla para criticarle. Se le ha señalado como el culpable por la derrota de la ida, por no haber puesto al once de gala. De haber sido al revés, es decir, victoria mínima en la ida y haber sacado un equipo suplente en la vuelta como prueba de soberbia, entendería las críticas tras la eliminación. Pero no ahora, ya que Guardiola ha sido fiel ha su estilo en todo momento.


Ahora, resulta que esta derrota es síntoma inequívoco de que el Barça está en crisis. ¿Y el Sevilla? ¿Es ahora intratable cuando hace jornadas que en Liga no carbura y hasta se especulaba con la destitución del entrenador en caso de caer en Copa? Una vez más es evidente que la distancia que separa el éxito del fracaso es una finísima línea, llamada cortoplacismo.
A Guardiola se le ha criticado que no sacó el once de gala en la ida y que fueron demasiadas concesiones. ¿Aguanta el once de gala jugando todo el año sin descansar? Pese a los 6 títulos, se ha apuntado que la plantilla azulgrana es corta. De ahí las rotaciones. Hay que buscar minutos a los que menos juegan para que puedan estar en condiciones de estar al máximo nivel cuando se les necesite. De lo contrario, no van a salir de la nada al máximo, digo yo.


La victoria, en numerosas ocasiones, es perjudicial ya que esconde defectos. La derrota, sinónimos de fracaso, en numerosas ocasiones, puede convertirse en algo positivo. Recuerdo que en las concentraciones de la selección de baloncesto, cuando todo iba rodado en los amistosos y solo se sumaban victorias, Alberto Herreros, que ya desempeñaba el rol del veterano en un grupo donde predominaban los juniors de oro, me decía que prefería llegar al torneo de turno (Europeo, Mundial, Juegos) con alguna derrota. "Quiero ver cómo reacciona el grupo, cómo se sobrepone, cómo se reagrupa y cómo sale adelante", decía. Quería ver cómo se reconvertía una mala experiencia en algo positivo. Hacerlo durante el torneo era casi imposible.
Algo parecido sucedió en el pasado Europeo de Polonia. España barrió en la preparación, encajó una durísima derrota ante Lituania antes del Torneo y empezó perdiendo con Serbia. El grupo, ya experto y veterano, no se descompuso pese a las dudas que atravesaron y salió adelante. Hasta ganar el oro. "Mejor que nos pase ahora esta derrota en el primer partido cuando tiene solución que en los cruces de cuartos, semis o final", razonaba el grupo.


Ettore Messina, coleccionista de Final Fours y que pasa por ser una de las grandes vacas sagradas de los banquillos europeos, dejaba hace unos días una interesante reflexión. Tras un inmaculado arranque liguero de 11-0, el Real Madrid encajaba dos derrotas seguidas ante dos débiles rivales Prokom Polaco y Obradoiro, ganaba al campeón de Europa –Panathinaikos- y perdía consecutivamente ante Baskonia, Barça y Estudiantes: 5 derrotas en 6 partidos. La crisis/bache era evidente. El técnico italiano era categórico: "Más que esta racha de derrotas, me ha sorprendido más el arranque que tuvimos". La crisis había coincidido con las lesiones de Llull, Reyes, Van den Spiegel y otras puntuales como Vidal, Hansen o Bullock. Si a esto se le añade que el proyecto nacía de cero con nuevo banquillos, directiva y hasta ocho jugadores nuevos (Prigioni, Kaukenas, Vidal, Hansen, Dasic, Velickovic, Lavrinovic, Garbajosa), ciertamente no era lógico lo que había pasado al inicio. Tampoco tanta derrota junta. El caso es que ni el entrenador ni la directiva dieron por buena la racha inicial. Sí era positivo sumar victorias teniendo en cuenta que todo era nuevo, pero vieron más allá: se siguió buscando refuerzos en el mercado –llega Marko Jaric, que merece un capítulo aparte y ahora Ante Tomic-, trabajando a varios meses vista y se comprobó la importancia de varios jugadores que no iban a tener al principio tanto pese específico.
Ahora, se verá si el Barça, tras encajar el primer revés de la era Guardiola, está preparado para salir, para reaccionar. Y ahora, sin el viento tan a favor, se podrá ver si Guardiola sigue fiel a su estilo de ir implementando jugadores jóvenes de la cantera. Hasta ahora, al Barça le ha ido todo de frente. No ha sido casualidad y si más una causalidad -algunos argumentarán ciertas ayudas- que les ha llevado al éxito, eso que según Xavi Pascual, técnico del Barça de Basket, "no es más que una cima de fracasos".

lunes, 8 de junio de 2009

¿El entrenador marca la diferencia?


Quisiera avanzar un poco más en una materia que Eduardo Schell abordó en su post del mes de mayo “¿El estilo se impone o viene impuesto?”, pero mi enfoque pretende ser diferente.
Eduardo planteaba si el entrenador (líder, jefe, entrenador) impone el estilo o si el estilo ya está limitado por las características, habilidades, talento, competencias,… del colectivo que se dirige o incluso por el de la organización /club al que pertenece.
Yo quiero referirme a que habitualmente el entrenador marca la diferencia, es cierto que un colectivo en situaciones extremas puede funcionar al margen del jefe, pero eso es casi heroico.
Estamos acostumbrados a ver lo que estoy mencionando. El Barcelona de la Liga 07-08 quedó a 18 puntos del Real Madrid. Poco después y casi con el mismo equipo y por supuesto en ambos casos con los mismos hombres que se suponen son la base del talento y del estilo de juego del Barcelona actual, ha sido capaz de hacer un triplete, ¿Pep tendrá algo del culpa?
El Real Madrid, en su primera vuelta, estaba cosechando derrotas tanto en casa como en sus salidas, tras la llegada de Juande, ha hecho hasta el partido con el Barcelona, uno de los mejores resultados de su historia, ¿Juande tendrá algo que ver en ello?
El Español, el Osasuna, el Almería, son ejemplos en esta temporada de que un cambio en el entrenador ha significado, con el mismo equipo un cambio en los resultados.
Un buen jefe es sin duda el desencadenante de que los valores/talentos existentes en cada individuo salgan a la luz y se conviertan por su participación en la armonía y el poder de un equipo.
Un equipo es mucho más que la suma del talento de los individuos que lo componen.
El problema es que no siempre se deja hacer su trabajo a los entrenadores y como todos los colectivos no son iguales y hay algunos que tienen especial dificultad, no todos los entrenadores por buenos profesionales que sean están capacitados para abordar cualquier equipo, aunque por supuesto, siempre hay formas para poder ayudar al entrenador a realizar su tarea y conseguir las metas.
En la empresa sucede lo mismo, por ejemplo en el sector financiero. Estamos habituados a contemplar como una oficina bancaria que evoluciona mal, cambia dicha tendencia sin modificar nada, tan sólo cambiando al director de la misma, si se elige bien, y viceversa una oficina que funciona bien, se le cambia al director, y no se acierta con la persona, y sin lugar a dudas, pasa a tener malos resultados.
El jefe/entrenador, es el campo, la semilla, los nutrientes, y el riego dónde crecen los grandes equipos, y con esto no estoy hablando precisamente de los entrenadores mediáticos o figuras. Los mejores jefes, entrenadores son aquellos que con individuos normales y/o talentosos obtienen resultados excelentes y pasan de una forma discreta y humilde desapercibidos, tal vez de esos en España, Vicente del Bosque sea un grandísimo ejemplo.

viernes, 8 de mayo de 2009

¿El estilo se impone o viene impuesto?

¿El entrenador impone el estilo o el estilo le viene impuesto? Para mí es más bien lo segundo. Comento esto a raíz de las alabanzas que se ha llevado Guardiola en su primera temporada como entrenador del Barcelona. ¿El Barça juega al estilo Guardiola o el estilo Guardiola es el juego del Barça? Siempre he creído que un entrenador es un mal necesario, algo que ha quedado claro en la selección española de baloncesto: 5 europeos consecutivos llegando al menos a semifinales con 5 seleccionadores distintos desde la plata europea de 1999 con Lolo Sainz al frente (solo en 2005 no se logró medalla) y desde 1999 hasta la plata olímpica de Pekín, siete medallas (5 europeas, un oro mundial y la de los Juegos) con seis entrenadores distintos.

En Pekín, durante los pasados Juegos, Aíto me lo dejó claro durante una charla. "Sería estúpido por mi parte intentar imponer un estilo ignorando la clase de jugadores que tengo", me comentó. Esto me lleva al origen de este post. A un entrenador le puede gustar más jugar al ataque, a la contra o esperar agazapado en defensa, pero al final está hipotecado a la materia prima que tiene. Si sus jugadores son de corte defensivo, por mucho que le guste el 'tiqui-taca', su equipo nunca será uno que enamore por su poesía futbolística.

El caso de Juande Ramos es significativo. Hizo grande al Sevilla con un fútbol de primer nivel y muy del gusto del aficionado conquistando cinco títulos en apenas 15 meses: dos UEFAS, Supercopa de Europa, Copa del Rey y Supercopa de España. Además, tras apenas cuatro meses en el Totenham, ganó la Football League Cup. Luego salió por la puerta de atrás y recaló en el Madrid para obrar una milagrosa racha de resultados hasta la pasada derrota con el Barça en el Bernabeu. Antes de todo esto, ascendió al Rayo, le metió en la UEFA (también al Betis) y tuvo un paso efímero por el Espanyol.

Es verdad que el fútbol del Madrid no ha sido tan brillante como el del Barça, pero los resultados han llegado. ¿El estilo de Juande es el del Sevilla, el del Madrid, el del Rayo o cuál? ¿El Madrid habría jugado igual de bonito que el Barça si hubiese contado con Guardiola de entrenador? ¿Habría jugado el Barça igual de bien con otro entrenador? ¿El éxito de este Barça es Guardiola o el tridente de genios Iniesta-Xavi-Messi? ¿Si al final ganase la Liga el Real Madrid se habría criticado tanto su estilo o se habría dicho que es práctico? ¿Si el Barça de la excelencia futbolística sólo gana la Liga (o nada si ocurriese un tsunami deportivo) en qué casilla de los resultados de los libros/almanques aprecerá que jugó muy bien pero que no ganó nada?

A lo que voy. Para mí el entrenador ha de ser más bien un psicólogo, alguien capaz de llevar un grupo con muchos egos, una persona que sea capaz de poner el talento individual al servicio del grupo y que pueda sacar el máximo provecho de la materia prima de la que dispone fomentando siempre la creatividad y el afán de superación del individuo. El entrenador puede tener una idea de cómo quiere que se hagan las cosas, pero si no tiene las piezas adecuadas, el planteamiento original carece de toda lógica.

Trasladando esto a la empresa: ¿El estilo lo crea el jefe o viene impuesto por el perfil de trabajadores con los que cuenta? ¿Puede triunfar un jefe brillante si no cuenta matería prima de calidad?

jueves, 5 de marzo de 2009

Juande y Guardiola, el triunfo del liderazgo inteligente


Cuando el verano pasado Guardiola cogió las riendas de un Barça desorientado, nadie daba un duro por él. “Inexperto”, ”sin carácter”… todo tipo de lindezas se podían leer en la prensa deportiva y en cualquier charla de bar. De igual forma cuando Juande se hizo cargo del Club Blanco, otra tanda de piropos cubrieron las tertulias y las páginas de los periódicos.

Ahora, meses después, con la perspectiva que da el tiempo, uno se da cuenta de que sí hay un estilo de entrenar, de liderar, que da resultados, y que los técnicos de los dos clubs más importantes de España, y de gran parte del mundo, comparten. Los principales rasgos de este liderazgo inteligente son:

- Autoridad: Más allá del cargo que ostentan, del poder que les otorga el club, se han ganado en sus entornos y con la prensa, un merecido respeto. Defienden sus ideas con firmeza pero sin vehemencia, y sin perder nunca las formas. “El líder soy yo” ha dicho esta semana Guardiola, siempre al frente, siempre dando la cara. Así se gana la autoridad de un grupo.
- Exigencia no intransigente: Marcan las pautas, implantan su estilo, pero convenciendo, ganando voluntades, sin doblar el brazo a nadie. Teniendo presente los objetivos y el bien del equipo por encima. El trabajo duro está en su ideario pero ninguno a tratado de convertir su equipo en una galera.
- Dirección Personalizada: Sin ser ninguno de los dos grandes comunicadores, saben cómo llegar a cada una de sus personas. Conseguir convencer a Eto'o o a Xavi, no tiene nada que ver. Las herramientas para motivar a Guti o a Gago distan un mundo entre sí. Tienen flexibilidad y recursos, y saben cómo aplicarlos en cada caso para conseguir los objetivos.
- Visión de Equipo: Ambos saben leer un equipo a la perfección, tienen claro que el bien común debe prevalecer, que el escudo del pecho es más importante que los nombres de la espalda. Conocen y fomentan el código de su equipo, los respetan y nunca los traicionan.

Este es el perfil del director de personas que se necesita hoy en día en las organizaciones, líderes exigentes pero cercanos y que sepan gestionar personas. ¿Cómo se han formado Juande y Guardiola como líderes? ¿Cómo estamos formando a los líderes de nuestras empresas? ¿Estarán preparados para asumir los retos que tienen que afrontar?
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