domingo, 10 de julio de 2011

El día que fuímos uno

Hoy hace un año de aquel mágico día en el que un puñado de hombres fueron capaces de hacernos vivir un sueño sin parangón. Un día en el que la ilusión acabó por unas horas con la crítica y el odio. Un día en el que dejaron de existir unos y otros, para sólo existir un nosotros.
Cuando Iniesta pegó con su alma aquel balón ganador, transformó nuestro país por un tiempo. Acabó con la derecha y con la izquierda, acabó con los escépticos, con los agoreros, acabó con los enfrentamientos, acabó con las diferencias, y sobre todo acabó con los complejos. 
Aquel día tuvimos unos colores únicos, tuvimos una misma voz, un mismo sentir. El grana, el blanco, el verde, el azul, todos palidecieron, para hacer brillar un rojo con más fuerza que nunca, un rojo que nos representaba a todos, que nos unía, un rojo que nos hacía sentirnos orgullosos.
  
Por primera vez la bandera perdió todas sus connotaciones negativas, todos sus partidismos, para por un tiempo ser simplemente… nuestra bandera. Con humildad, con generosidad, con orgullo, pero sin soberbia ni prepotencia.
  
Fueras donde fueras, te sentías en casa. Éramos parte de algo grande, de algo importante. Podías sentir la energía, la ilusión... Veías sonrisas, gestos, abrazos... Gritabas, cantabas, llorabas... La alegría nos invadió, nos desbordó y nos cambió.
  
Fue nuestro momento. Hicimos historia, dentro y fuera del campo. En Johannesburgo y en cada pueblo de la piel de toro. Lo hicieron cada uno de los jugadores y técnicos que jugaron aquel partido, pero también cada uno de los 44 millones de corazones que latimos por una vez al unísono.
  
Qué grande fue.
  
Que increíble haber podido vivirlo.
  
Qué pena que terminara, y que hayamos dejado que los viejos fantasmas hayan vuelto.

lunes, 20 de junio de 2011

Y tú, ¿dirigirías un club de fútbol?

Estoy seguro que a muchos de los que colaboramos o pasamos por aquí, si nos preguntasen si aceptaríamos estar en la Junta Directiva de un club gestionando (de verdad, y no sólo ocupando el sillón y haciendo lo que dice el Presi), todos aceptaríamos sin pensárnoslo dos veces. Nuestro amigo José Ignacio Rivero, de este blog, ha tenido la oportunidad de vivirlo como Vicepresidente del Real Madrid.

El fútbol es un deporte que gusta a casi todo el mundo, tiene notoriedad y visibilidad, es glamouroso, produce muchas satisfacciones en la gente (también a veces tristezas, pero se olvidan pronto)... Parece que, a primera vista, todo es positivo. Sin embargo, viéndolo con una cierta distancia, quizás no es el mejor sitio para meter la cabeza, ¿no?

¿Qué hace especialmente compleja la gestión de una club?

1. Salariamente, el club funciona como una pirámide invertida. El presidente casi nunca cobra; el director general cobra más que el presidente; el entrenador más que el director general; y los jugadores más que el entrenador. Los futbolistas no tienen un poder de iure pero sí de facto. En el mundo de la empresa, saber quién tiene poder y quién no, y cuánto es esencial. Recuerden a Florentino Pérez yéndose del Real Madrid en su rueda de prensa: "He maleducado a los jugadores".

2. Los salarios te comprometen jurídicamente. Con lo que si un club desciende (véase Deportivo de la Coruña), sus ingresos se pueden ver reducidos un 70% y los gastos permanecer casi fijos: un auténtico caos. Cuando ocurre lo contrario (véase el recién ascendido Granada), la cosa no es mucho mejor, porque si bien los ingresos crecen, los jugadores inmediatamente piden revisiones salariales... y casi siempre hay que aceptarlas. El juego es asimétrico.

3. La paciencia y el fútbol se llevan mal. En el fútbol, una temporada ya es largo plazo y así es difícil consolidar nada. Construir un proyecto, un modelo de club deportivo, requiere de visión, planificación, mucho compromiso y la paciencia del Santo Job para no dejarse influir por los resultados inmediatos y la presión de los seguidores. Lo mismo pasa en política, se vive de manera muy cortoplacista, cuando el auténtico reto está en la educación que implica planificar a largo (ver post El Real Madrid se lleva mal con la paciencia).

4. El poder de los medios de comunicación también hay que citarlo. Que meten mucho ruido alrededor y añaden un componente de presión nada sencillo de admistrar. Las palabras se interpretan, los silencios se interpretan, los gestos se interpretan... Es difícil pensar y tomar decisiones con frescura cuando los focos de las cámaras están continuamente apuntando el zoom hacia uno. En otras ocasiones se generan polémicas donde no existen y a veces pueden convertirse en reales. José Ángel Sánchez, lo primero que hizo al llegar al Real Madrid en el año 2000, fue coger a su equipo de marketing y trasladarlo de las oficinas del club a otras oficinas fuera del estadio para trabajar más tranquilo. ¿Su motivo? No estar en medio del tsunami informativo en el que vive un club como el de Chamartín.

5. Los balances económicos no se celebran en Cibeles, ni en Neptuno, ni en Canaletas. A la gente le da igual si el club tiene deuda, pérdidas, hipotecas o cualquier otra carga económica. Lo que quiere ver es jugar y ganar a su equipo. Eso de la austeridad presupestaria al aficionado le trae al fresco, y sin embargo, es fundamental para que otras áreas puedan funcionar oportunamente. Con lo que si por garantizar la estabilidad presupuestaria se decide no fichar, y los resultados no acompañan, se le tiraran encima argumentando que no ha hecho nada, que no ha fichado a nadie, que se tiene que marchar...

6. El equilibro entre la vertiente empresarial y deportiva no siempre es fácil. El equipo directivo siempre quiere ingresar más; al equipo deportivo lo que le interesa es jugar bien y ganar. En este ecosistema conciliar ambas parcelas es una labor ardua. Publicidad, giras, eventos, amistosos, pretemporadas dudosas... Son necesarios, pero ¿hasta qué punto? Decía un directivo del Real Madrid en una ocasión: "La moda convirtió a los futbolistas en hombres muy ocupados que en sus ratos libres juegan al fútbol. Entrevistas, publicidad, negocios: todo contribuye a ese yupismo que los tiene en permanente estado de alerta, cada día más alejados de sus deberes profesionales". Los déficits de los clubes y los incrementos exponenciales de los salarios obligan a buscar fuentes de financiación más allá de las clásicas de socios, abonados y taquilla, pero no se puede exprimir tanto la naranja que amargue el zumo (ver post Fan Equity: el valor de la marca en los clubes de fútbol y ¿Fútbol y negocio? Sí, gracias).

7. El fútbol es ingrato con sus dirigentes porque tiene poca o ninguna memoria (sólo pasado cierto tiempo). Bernabéu, después de todo lo que consiguió, poco antes de fallecer, en un partido contra el Gijón, abandonó muy enfadado el palco tras la pitada de la afición. Durante el mandato de Laporta, el club blaugrana lo ganó todo, pero parece que la gente le quitá mérito a su gestión diciendo que han sido los excelentes jugadores procedentes de La Masía y también el entrenador procedente de ahí; y Jesús Gil, por ejemplo, tuvo muchos amagos de mandarlo todo a paseo. Si lo haces mal, te crujen; si lo haces bien, la gestión pasa bastante desapercibida.

8. El factor suerte es para muchos superior en este sector. Puedes hacerlo muy bien en los despachos que al final todo se decide en la cancha, en cómo estén los jugadores, o incluso el árbitro con sus decisiones, afortunadas o no, condicionar el desenlace. Inocencio Arias, que fue directivo en el equipo merengue decía: "La característica en este negocio es que dependemos de que un señor acierte a meter el balón en la red contraria. De eso depende la gestión de un club. Mi gestión y la de la Junta Directiva. Todo queda olvidado en función de que el balón entre o no. Yo dependo de que un jugador le dé al  balón con el exterior o el interior del pie. Eso es así". Todo es discutible pero puede haber bastante de cierto... Se podrían poner muchos ejemplos. ¿Qué hubiese pasado si Paraguay hubiese marcado su penalti contra España en el Mundial de Sudáfrica en cuartos? ¿Fue fallo de Cardoso o acierto de Iker?... Las estadísticas (se meten el 70% de los penalties) dicen que fue más fallo del paraguayo... (ver post El balón tiene razones que la razón no entiende).

Y tú, ¿aceptarías la oferta de un club para estar al frente?.

lunes, 6 de junio de 2011

Corresponsales AdP: "El flaco de todos" por Alfonso Loaiza

Soy un mendigo del fútbol y voy sombrero en mano suplicando: "una linda jugadita" por los campos sin importarme el equipo que juega decía el escritor Eduardo Galeano. Una forma de vida que compartimos otros muchos aficionados a este lindo deporte. Aficionados que necesitamos del futbolista creativo que se sale del libreto y te mete el gozo en el cuerpo con una genialidad. Juan Carlos Valerón es de ese escaso ramillete que aún reivindica el placer de jugar. El canario posiblemente no sea tan veloz ni tenga tanta fuerza como muchos entrenadores demandan actualmente como si fueran la velocidad y la potencia sinónimos de fútbol.

Valerón es otra cosa. Se sale de los márgenes, no es explosivo ni raudo, pero atesora tanta osadía y fantasía como pocos. Da igual la edad, no hay jugadores viejos o jóvenes, hay jugadores malos o buenos, decía Santiago Bernabéu. El mediapunta deportivista es magia, un libro abierto de lo que es el fútbol auténtico. Quizás le haya perjudicado su cara de buena gente, su inseparable sonrisa o su nacionalidad, no lo sé. Muchos dicen que no ha jugado en un gran club. Mentira despiadada. Valerón junto a otros ilustres del equipo gallego como Mauro Silva, Fran, Donato, Tristán crearon fantasías al mundo entero e hicieron grande al Deportivo de la Coruña.

El descenso del equipo coruñés me trae al recuerdo pases imposibles como en el Olímpico de Múnich a Makaay o a Diego Tristán ante el Manchester United, goles que aún tengo en la retina como el de Highbury ante el Arsenal de Henry, millones de recuerdos imborrables: tacones y regates prodigiosos, el Centenariazo o su fantástico Mundial de Corea y Japón. Y es que mi mejor amigo en la infancia era del Depor, del SuperDepor, de padre haitiano y mulato le entusiasmaban los brasileños. Tan poca cosa los humanos, que al final somos de los que nos parecemos. Y puede que por eso a mí me queden tantas imágenes en la memoria de su equipo.

No creo que sea al único. Mi generación, la que por fin ha decidido salir a la calle a reclamar lo que es suyo, ha inhalado mucho deportivismo. Han sido 20 años en Primera. Los mismos que tiene un servidor, y no se nos olvidarán jamás. Disfruté mucho de pequeño con Valerón y todavía hoy era de los pocos que hacía que volviera a ser ese niño travieso que comía bollicaos a escondidas. Siempre lo guardaremos en nuestra memoria como un tesoro, porque si eres del fútbol, tienes que ser de Valerón.

Se merecía un pequeño tributo por tantos homenajes al fútbol que nos ha brindado. Puede que el Flaco no aparezca entre los mejores de este tiempo en los libros de historia, pero sea en Primera o en Segunda, Juan Carlos Valerón nos pertenece a cada uno de nosotros. Tras el término del encuentro, la afición del Deportivo no recriminó nada, no se fue nadie de Riazor, han sido muchos años de disfrute, ojalá sea sólo un año en el infierno. Valerón lo ha prometido: "Vamos a devolver al equipo donde se merece" Palabra del Flaco de todos.


viernes, 27 de mayo de 2011

Corresponsales AdP: Wembley. Segunda parte por José Carlos Carrasquet

Hace pocos días se conmemoró el 19 aniversario de la consecución de la primera Copa de Europa en Wembley por parte del F.C. Barcelona. Para muchos culés, entre los que me incluyo, fue el primer gran éxito vivido por el equipo. Hasta la fecha, habíamos subsistido a base de Recopas, Copas del Rey, y alguna que otra Liga aquí y allá que celebrábamos como los mayores éxitos conseguidos. Ya no hablemos de aquellos que nos recordaban las Copas de Feria, la Copa Ibérica, y otras competiciones ya extintas, que a los de mi generación les sonaban a tiempos muy, muy lejanos, a NoDo y a películas en blanco y negro.

Todavía recuerdo como viví ese partido, sentado en el sofá de casa, con mi padre, y con el miedo en el cuerpo de que se repitiera el fatal desenlace de Sevilla. Mi padre aún iba más allá, y se acordaba de Berna, el Benfica, y los famosos postes. Y es que en eso si que estábamos unidos esas dos generaciones de culés. El miedo al fracaso, a la derrota, nos atenazaba. Éramos pesimistas por naturaleza, y ante cualquier adversidad ya veíamos imposible la consecución del objetivo. Recuerdo, que con el 0-0 final fui incapaz de aguantar la tensión, y buceando por los diferentes canales del mando (no tantos como ahora), me topé con el combate final de.. Rocky III!!!. Y allí me quedé, bueno, nos quedamos, viendo a Silvester Stallone y Mister T, dándose mamporros, mientras Barça y Samporia disputaban la prórroga. Y de repente, gritos por el patio de luces, follón en la calle, saltos del Sr Guillem, socio culé que vivía justo encima de nosotros...y... Gooool de Koeman. Papa.., cambia, cambia!!!!!.. Y allí, casi de rodillas, vimos la repetición. El zambobazo del holandés, las carreras de celebración hacia la banda, a Cruyff enganchándose el pié con la valla publicitaria. Al pobre Juan Carlos con la cabeza casi fuera de sitio por el codazo que le pegó Nando en la piña de celebración. Y allí seguimos, entonces ya todos, mi madre y mi hermana se unieron a los 10 minutos finales. Allí estábamos todos apretujados en el sofá, contando los minutos, deseando que aquel calvo, Lombardo se llamaba, parará de correr por la banda, mirando el reloj, pidiéndole al árbitro que pitará ya, aunque quedaran todavía cinco minutos para acabar.

Y pitó…. Por fin teníamos un título. EL TÍTULO. Por fin dos generaciones de culés que lo habían visto pasar tan cerca conseguían su anhelado objetivo. Yo me olvidé de los penaltys de Sevilla, y del maldito Duckadam. Mi padre de los postes cuadrados de aquella portería. Aquello ya no contaba, era pasado. Éramos Campeones de Europa.

Creo que esa falta fabricada entre Bakero, Stoichcov y Koeman, es el punto culminante de la historia del Barça. Hay otros, la final de Basilea, el Barça de les Cinc Copes...... Pero ningún momento hasta aquel día ha sido tan trascendental para el devenir futuro del club. Fue la constatación de un modelo que aun perdura, fue la implantación de un sistema de juego, que con variantes, sigue vigente, fue la liberación de una tensión mal entendida, que hizo, que a partir de entonces el club dejará de lado sus complejos, y viéndose ya con un título mayor asumiera sin dudas la grandeza que por historia, afición y ambición se le suponía. Fue en definitiva, un giro profundo en la dinámica del club. Giro que le ha llevadao a que este sábado, después de la consecución de dos Copas de Europa más, volvamos a estar en Wembley disputando una nueva final.

Una nueva final, que volveré a ver en el sofá de casa, esta vez con mis hijos, que no entienden lo que les explico. Que no entienden de derrotas. Que no entienden que yo tenga miedo a perderla. Papá!!!.. Si siempre ganamos!!!!... Ese es el máximo logro del gol de Koeman. La gestación de una generación de ganadores, que no sufre por la derrota, que la ve como un accidente, y que afronta cualquier competición desde el que sabe que la va a conseguir. Y ese es el primer paso para lograrlo.

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