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lunes, 15 de junio de 2009

Pardeza: La adaptabilidad como respuesta


Recuerdo la primera vez que fui consciente de la existencia de Miguel Pardeza. Creo que se trataba de algo así como una noticia breve en la revista Don Balón. Casi seguro que era verano, porque aquella era la época del año en que mi padre me compraba esta publicación con el propósito de que, al menos por un rato, la paz llegara a una de esas casas de vacaciones del inicio de los años ochenta. El caso es que, en una de las páginas en blanco y negro había una foto y un texto breve. Me llamó la atención y me quedé con el nombre. Algunos meses después, el artículo publicado en el diario EL PAÍS ‘Amancio y la “Quinta del Buitre”’ de Julio César Iglesias cambió la historia de Pardeza y de cuatro de sus compañeros (Míchel, Sanchís, Butragueño y Martín Vázquez).
Desde aquel día de estío, Pardeza siempre me fue cercano. Quizá porque le asumía como mi “descubrimiento”. O porque jugaba de maravilla. O porque parecía que a nadie le importara aquel jugador pequeño y delicado, pero rápido y astuto. O puede que porque se tuvo que marchar del Real Madrid rumbo a Zaragoza. O qué sé yo… La cuestión es que siempre me ha sido simpático.
Cuando colgó las botas, allá por 1998 es posible que ya hubiera enterrado en mi mente la noticia breve de Don Balón, pero no la cercanía al personaje. Y la cuestión es que, por motivos profesionales, tuve cierta relación varios años después con Miguel Pardeza. Gracias a ello, descubrí que, además de un gran jugador, era un articulista elegante y de buen gramaje, y también una persona juiciosa, reflexiva y confiable.
Miguel Pardeza se me presenta como un hombre esencialmente culto. Sin citas artificiosas. Alejado de los eruditos a la violeta, de la charlatanería y del simplismo. Y, por si fuera poco, estas cualidades tan infrecuentes, empapan su prosa y su discurso.
En esta última semana he tenido la oportunidad de ver en la TV, más concretamente en Libertad Digital TV, una entrevista en profundidad con Pardeza, a la sazón nuevo Director Deportivo del Real Madrid. El entrevistador le preguntó por los retos del nuevo cargo.
- “En primer lugar, encajar” – respondió Miguel Pardeza.
Y esta respuesta plena de seguridad, resulta ser el paradigma de la adaptabilidad. Así, en esta flexibilidad se vislumbra la humildad para adaptar nuestro comportamiento a un entorno establecido y la capacidad para superar los frenos al cambio que supone todo nuevo reto profesional. Y en suma, ser capaz de articular la competencia de adaptabilidad emocional, que, entre otras, caracteriza a los gestores emocionalmente inteligentes, como señala Goleman.
Pero esta competencia no es común. Todos conocemos casos de gestores autoritarios y cerriles (y en muchos casos y, por desgracia, exitosos…), ignorantes de los deseos y necesidades de sus subordinados y ajenos al entorno empresarial y económico. Este modelo de gestión cohabita con el de los gestores que, atendiendo a un libro de reciente publicación, construyen organizaciones flexibles, vertebradas en torno a procesos adaptativos.
Deseo todos los éxitos a Miguel Pardeza, pero, sobre todo, espero que pueda mantener su aproximación, y que, con el tiempo, dejemos todos de confundir la audacia con la obstinación.

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