martes, 18 de enero de 2011

¡Podemos!


A lo largo de mi vida profesional he dedicado mucho tiempo a reflexionar y trabajar en el campo de la gestión de personas, tema realmente apasionante y en el que nunca se acaba de saberlo todo.

Dentro de este campo de la actividad humana, soy defensor de que la esencia de lo bueno y de lo malo que estamos viviendo tiene su fundamento en las escalas de valores existentes o en lo que es más dramático, que sería la propia existencia de valores la que propiciaría la evolución del individuo, las entidades y la sociedad en general.

Cada individuo, cada entidad, cada país, cada generación, cada civilización ha ido estableciendo unos fundamentos, unos principios, unas ideas, en torno a los que se han construido las relaciones, las ideologías, los hábitos, las costumbres, … la vida.
Para mí en el mundo del deporte hay conjunto de valores que es determinante (condición necesaria, aunque por supuesto no suficiente) para que se pueda practicar cualquier disciplina deportiva e intentar estar en la élite de la misma. La asunción de esos valores no garantiza el éxito, pero su carencia sí garantiza el fracaso.

¿A qué me estoy refiriendo?; ¿Qué valores están incluidos en este grupo?
Voy a enumerarlos, sin la ambición de ser exhaustivo, pero intentando cerrar lo más posible el conjunto, me estoy refiriendo a:
• El esfuerzo
• La lucha
• La superación
• La capacidad de sacrificio
• La constancia
• La capacidad de recuperación ante el fracaso y la adversidad (Resiliencia)
• La fortaleza de espíritu

Todos ellos están a mano para cualquiera, a disposición de todos, sólo demandan ganas, ambición, deseo… y mucho trabajo. Creo en el trabajo como fórmula de reivindicación de un espacio en aquello en lo que quiero avanzar.

No hay nada que no podamos alcanzar si lo intentamos suficientemente.
Para mí, Oscar Pistorius, (os incorporo una dirección para aquellos que no lo conozcan o quieran verlo en acción http://oscarpistorius.com/ ) es un ejemplo vivo de la capacidad de superación del ser humano.

Teniendo en cuenta su situación personal, “el hombre sin piernas” como él se define, podría haber elegido otras prácticas deportivas, que fuesen aparentemente más adecuadas a su realidad. No, él quería correr, él deseaba correr y demostrar al mundo, que él no aceptaba las barreras que la vida le había querido imponer y decidió correr.

Actualmente está luchando porque le dejen competir con los que no tienen sus aparentes limitaciones. Siempre he pensado que la felicidad está en el camino, en el intento, no en la consecución que por lo general es efímera y en muchos casos, el día después es desilusionante, por ello, no sé si lo conseguirá pero creo que intentándolo está dando un gran ejemplo para muchos y sin duda él se siente feliz.

¡Podemos! Quizás una palabra muy usuada, puede que manida, pero no por ello menos válida. ¡Podemos si no paramos nunca de intentarlo! Por cierto “juntos” es mucho más poderoso, y sobre todo, más divertido.

¡Podemos juntos!

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