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viernes, 25 de noviembre de 2011

Navarro, el Billy Wilder de la canasta

Aquí un amigo, Primera plana, Avanti ¿qué ocurrió entre mi padre y tu madre?, La vida privada de Sherlock Holmes, En bandeja de plata, Irma la dulce, Uno, dos, tres, El apartamento, Con faldas y a lo loco, La tentación vive arriba, Sabrina, El crepúsculo de los dioses, el guión de Medianoche... Normal que Fernando Trueba le dedicara su Óscar por Belle Epoque a Billy Wilder, uno de los mayores genios de la historia del cine, en 1993.

Con la estatuilla en la mano, el director español sorprendió a todos con su discurso: “Me gustaría creer en Dios para darle las gracias, pero yo sólo creo en Billy Wilder. Así que, Gracias Mr. Wilder”.
Navarro, Juan Carlos, es mi Billy Wilder particular, un dios de la canasta que ha de estar en mi Olímpo del basket junto a Magic, Jordan, Bird, gran parte del Dream Team, Petrovic, Óscar Schmidt, Sabonis y otro pequeño grupo selecto.

Justo cuando se cumplen 15 años de su debut en la ACB, Navarro se ha convertido en el máximo anotador de la historia de la Euroliga. Otra pequeña gran gesta en su envidable palmarés.

Sin ser el más alto ni el mas fuerte en un deporte en el que cada vez prima más el músculo sobre el talento, Navarro domina el juego a su antojo cual rara avis con sangre fía haciendo fácil lo imposible sin darle la importancia que tiene a lo que hace. Y la tiene. Mucha.

Tanta, que cuando se retire, el resto de los equipos deberían homenajearle. Como sucedió con Kareem o Jordan, los rivales deberían rendirle pleitesía al asesino que tantas veces les ha matado. El maldito día que decida retirarse, será el primer día del Apocalipsis baloncestístico. Y el primero en el que sus rivales respirarán.
Gracias por los recuerdos Mr. Navarro.

lunes, 12 de julio de 2010

La Roja y el ejemplo de la ÑBA

Tras la inesperada derrota ante Suiza en el primer partido del Mundial, escribíamos que España tenía un inmejorable espejo en el que mirarse para acabar ganando el título: la Selección Española de Baloncesto. Los caminos, paralelos, se han acabado cruzando y ahora mismo ambas son las vigentes campeonas del mundo y de Europa.

· En el pasado Europeo, la ÑBA perdió el primer partido ante Serbia, a la postre subcampeona, y se desataron las criticas ventajistas que luego se subirían al carro cuando se recondujo la situación. El grupo, sólido, fuerte y homogéneo, se hizo aún más fuerte ante las críticas. "Todo lo que no te mata te hace más fuerte", comentarían. En este Mundial, la selección de fútbol, catalogada como gran favorita y que salvaría el paupérrimo nivel de juego del Mundial, arrancó con derrota ante Suiza, que a diferencia de los balcánicos se quedó fuera de la primera fase. Se dispararon las alarmas y se puso en duda todo. El grupo se replegó y se hizo fuerte.
· Tras ese tropiezo de la ÑBA, hubo una victoria rácana ante Gran Bretaña para seguir vivos. Lo importante no era el juego, sino ganar. Ya más tarde se trataría de reencontrar sensaciones. Con La Roja pasó lo mismo ante Honduras. Al tiempo que se respiraba, se ganaban horas para recuperar a los tocados en ambos ejemplos.


· Con el pase de ronda se empezó a recobrar la confianza del exterior. Dentro, nunca se perdió. Había confianza en el trabajo previo. La Roja venía de ganar dos años antes la Eurocopa y tras un batacazo en la Copa de Confederaciones. En el basket, la trayectoria le avalaba aun más al grupo: 2006 oro mundial, 2007 plata europea, 2008 plata olímpica (amen de la plata europea de 2003 y el bronce de 2001).


· La ÑBA claramente fue de menos a más, como La Roja. La confianza en el trabajo colectivo, el esfuerzo, la capacidad de sacrificio y la entrega eran clave. Había un bloque en el que las individualidades se ponían a servicio del grupo. Lo importante era el resultado final. La ÑBA acabó barriendo en los cruces, primero a Francia (66-86), invicta hasta entonces, luego a Grecia (82-64) y acabó arrollando a Serbia, verdugo del primer día para colgarse el ansiado oro europeo (85-63).


· La figura del entrenador también ha sido centro de polémica. En la ÑBA, desde la destitución de Pepu antes de los Juegos de 2008, tras anunciar él que dejaría la selección, el puesto del seleccionador ha vivido en el ojo del huracán. Primero con Aíto, gran estratega y que puso en peligro el grupo con sus caprichosas decisiones y el trato al jugador, y luego Scariolo, principalmente por ser italiano. Pese al relevo en el banquillo, los éxitos post Pepu llegaron no sin antes unas duras críticas. Con Del Bosque ha sucedido lo mismo. Luis Aragonés, escocido aun e instalado en un rencor permanente, no tardó en cargar contra los que fueron sus jugadores. Los ventajistas atizaron a Del Bosque, que siempre respondió con una sonrisa y pasó de polémicas. Evitó ser el protagonista. Sabia decisión. Los mismos que le criticaron, luego le alabaron por sus cambios y su precisión al dirigir el equipo.


· El talento al servicio del grupo. Ha sido clave en las dos selecciones. Afortunadamente hay overbooking de buenos jugadores. No caben todos. No pueden jugar todos. Y lo mejor es que los que juegan se entregan el grupo, a la causa común. Aparcan su ego y trabajan por la meta común.

martes, 19 de enero de 2010

Cruyff, Canales y Talento Joven

Uno de los seguidores de este blog y de nuestro canal en Twitter (@aprendeldeporte), Luís Sancho (@luis_sancho), me ha sugerido esta tarde que podría ser interesante hacer una reflexión sobre la opinión que ha dado hoy Johan Cruyff en la columna que tiene en el diario “El Periódico” sobre el tan hablado fichaje por parte del Real Madrid del que parece puede ser la nueva perla del fútbol español, el jovencísimo jugador del Racing de Santander, Canales.

Tras leer detenidamente su columna, creo que Luís Sancho tenía razón y que tiene muchas reflexiones que nos pueden ser interesante cuando hablamos de identificar y gestionar adecuadamente el talento joven en nuestras organizaciones:
  • Yo no sé si Canales acabará fichando o no por el Madrid. O por cualquier otro grande-grande. Lo único que deseo, siendo tan joven, es que no lo estropeen”: Una reflexión seguro compartida por muchos aficionados del fútbol que hemos visto muchos casos de jóvenes promesas que se han convertido en juguetes rotos por sucumbir a la ambición o al rodillo de los grandes clubs. Esta circunstancia también se ha dado en el mercado laboral, por ejemplo a principios de los 2000 cuando a cualquier recién licenciado en informática se le ofrecía un sueldo millonario por sus servicios de programador. Cuando la burbuja explotó, la mayoría de ellos perdieron su puesto de trabajo y tuvieron que “digerir” la normalización de sus salarios con un gran coste emocional. Es muy difícil hacer un buen profesional, y muy fácil convertirlo en un mal empleado.

  • A los 18 años has de aprender tanto, como persona y como futbolista, que si desembarcas en un grande demasiado pronto tu equipaje es tan corto que las mochilas más pesadas de los que te rodean te dejan absolutamente atrás”: Los jóvenes son muy influenciables y el equipo en el que tienen que trabajar determina en gran medida su éxito o su trabajo. Para un futbolista de 18 compartir vestuario con sus ídolos como Cristiano Ronaldo o Kaka, cobrar un sueldo millonario o estar todos los días en los medios es un sueño muy difícil de asimilar. Coincido plenamente con la reflexión de Cruyff en el sentido que para ser un buen profesional, primero hay que ser persona. Si muchos de los directivos de las organizaciones, con un poder, económico y real, infinitamente más limitado del que adquiriría Canales en el Real Madrid, pierden el norte con facilidad y se creen lo que no son, que se puede esperar de un niño. Los principios y valores, son los cimientos de la persona. Si la base es endeble, el árbol crecerá torcido, por mucho abono que le echemos.

  • El fútbol es una carrera corta, pero no tanto. Si tienes calidad a los 18 y haces las cosas bien, tienes un montón de años por delante. A los 18 años no necesitas muchos ceros en la nómina”: Como sabéis hablamos mucho del cortoplacismo en este blog, es uno de los grandes enemigos de nuestra sociedad. Lo queremos todo ya: el éxito, el sueldo, la notoriedad… todo. Y si no lo conseguimos en seguida, somos unos fracasados o unos ilusos. Hay otra forma de hacer las cosas. El dinero no es lo único, no garantiza la felicidad, ni tampoco el conseguir los objetivos. Qué gran ejemplo de cómo afrontar una carrera con visión de futuro es Nadal. Cómo su familia, su entrenador han conseguido construir una buena base, con fuertes valores, que le han permitido no deslumbrarse por su fulgurante éxito, y saber afrontar las vacas flacas con humildad, tenacidad y entrega.

  • El fútbol será todo lo profesional que queramos, pero aún firmando un contrato profesional, la edad es la que es y la formación es fundamental”: A los jóvenes hay que darles oportunidades, hay que apostar por ellos. Pero para que puedan aprovecharlas es necesario que les demos los medios necesarios. La formación es una herramienta fundamental como dice el holandés, pero no pensemos sólo en los talleres que organiza Recursos Humanos, el rol del jefe es el determinante. ¿Nuestros directivos están preparados para formar y desarrollar a las nuevas generaciones que llegan a hoy a nuestras organizaciones? ¿Comprenden sus motivaciones? ¿Sus expectativas? Un buen líder puede conseguir oro con una buena material prima, como ha sido el caso de Aito García Reneses con Ricky Rubio en el Jouventut, en cambio un mal jefe, como un mal profesor, es capaz de convertir a la mejor de las promesas en el empleado más gris.

¿Están nuestras organizaciones preparadas para las nuevas generaciones?


lunes, 21 de septiembre de 2009

Sobre el ferrocarril alemán, las estrellas y el grupo


A lo largo de la historia se han establecido diferentes clasificaciones de los grupos humanos. Así, han surgido agrupaciones más o menos absurdas en función de las razas, las religiones, los signos del zodiaco, las clases sociales, los números... Es posible que estas clasificaciones se hayan establecido con el único propósito de reducir la extraordinaria complejidad del ser humano y del mundo que le rodea. Lo que sí es cierto es que los clasificadores resultan, por lo general, muy beneficiados de la aplicación de sus catálogos. Y quizá ésta sea la razón por la que algún tiempo atrás, traté de construir una teoría para clasificar las selecciones de fútbol. Para ello me ayudé de los medios de transporte. Encontré algunas metáforas interesantes: Brasil es un jet privado, Argentina un SUV elegante, Italia es un transbordador de sólido acero y Alemania es, por encima de todo, un potente y fiable ferrocarril.
De todos(as) los medios de transporte (selecciones), el ferrocarril (Alemania) es el (la) más predecible. Es posible que no sea puntual, pero es seguro que su trayecto es invariable. Y en esa fiabilidad germana recae su atractivo. No hay sorpresas, sólo trabajo, mecánica e inalterabilidad. Y a muchos nos fascina. Puede ser porque para los alemanes la rendición no exista. Es posible que nos hechice su permanente afán de victoria. Puede ser que nos cautive su solidaridad y cohesión, que transforma piezas variadas en verdaderas ingenierías humanas.
Muchos futboleros arguyen que siempre ha habido mejores jugadores que los alemanes. Y están en lo cierto. Gullit y Franco Baresi tuvieron más calidad que Lothar Matthäus. Zico y Maradona fueron mejores que Rummenigge. Pelé y Cruyff superaron en muchos aspectos a Beckenbauer. Puskas y Czibor fueron superiores a Fritz Walter. Sin embargo, el valor añadido de Alemania nunca ha estado limitado a la aportación figuras individuales. La diferencia la ha marcado el equipo. No en vano durante el mundial de 1990 a Matthäus le acompañaron Rudi Völler, Jürgen Klinsmann, Thomas Hässler, Pierre Littbarski y Andreas Brehme, entre otros. Con Rummenigge se alinearon en 1980 Harold Schumacher, Manfred Kaltz, Uli Stielike, Hans-Peter Briegel y Bernd Schuster, por ejemplo. En la Eurocopa de 1972 Beckenbauer jugó con Sepp Maier, Paul Breitner, Jupp Heynckes, Günter Netzer y “Torpedo” Müller. Por último, Fritz Walter obró el “Milagro de Berna” junto con Posipal, "Der boss" Rahn y Morlock. Y esta amalgama de talento y músculo, de voluntad y consistencia, parece que ha conformado en los últimos cincuenta años un equipo sólido y fiable. Como los buenos ferrocarriles.
Las organizaciones siempre necesitan del talento. Pero también del orden. Dependen de la brillantez tanto como de la armonía. Esta reflexión me asaltó ayer en la grada del Bernabéu, desde la que, de forma nitidísima, se pudo ver cómo 11 jugadores muy bien ordenados pudieron durante muchos minutos con la constelación. Pero volvamos a nuestro tema… El fútbol alemán no ha dado nunca (a mi entender) el mejor jugador del mundo en un instante determinado. Pero casi siempre ha contado con buenos jugadores, grandes atletas y con uno de los mejores equipos del planeta. No en vano, como indicó el gran Gary Lineker, el futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y siempre gana Alemania. Puede que al buen ariete inglés le pudiera la ofuscación de la derrota, sin embargo, desde el Mundial de 1966, Alemania sólo ha faltado de las primeras cuatro posiciones en dos ocasiones (EE.UU. ’94 y Francia ‘98). “Sólo” han ganado dos mundiales en ese tiempo, pero… ha jugado la final en cuatro ocasiones más. Es decir, siguiendo la corriente apostadora que nos invade, se garantiza una presencia en la final en un ¡50%! (en los últimos cuarenta años). Y una presencia en la semifinal en más de un 80% de los casos en ese mismo tiempo… ¿No es esto mucho más de lo que nosotros exigiríamos para cualquiera de nuestros proyectos personales o profesionales?...
Quizá todos recordemos el Mundial de México 1986 por Maradona (la mano de Dios, el Barrilete Cósmico…), por el penalti de Eloy, por el "Buitre" en Querétaro, por la venda de Camacho o por el gol fantasma de Míchel… pero yo, no sé la razón, recuerdo la remontada de Alemania contra Argentina (a la sazón muy superior) en la Final. Luego, marcó Burruchaga, pero en los diez minutos anteriores creo que todos pensamos que ganaría Alemania. Ese ferrocarril.

sábado, 20 de junio de 2009

El nuevo Real Madrid

Hoy sábado 20 de junio publico un artículo en el Cinco Días con el título: “El nuevo Real Madrid”, acerca de las últimas decisiones del equipo merengue. Lo dejo a continuación:

No ha habido periódico, deportivo y no deportivo, que durante las últimas semanas no se haya hecho eco, primero, de las elecciones a la presidencia del Real Madrid, y segundo, de los nuevos fichajes de Florentino Pérez. Apuntamos sólo algunas ideas a raíz de todo lo que se ha hablado:

1. Nada es caro o barato en función del coste sino de la rentabilidad. Lo relevante no es el precio sino el beneficio de la operación Si usted paga por algo 100 y genera 150 el negocio es bueno, y si genera 80 se ha equivocado. El problema es que toda inversión se sustenta en unas expectativas que luego se cumplen o no. Y aquí es donde reside el riesgo. A priori, 94 millones de euros no es ni mucho ni poco. La facturación será la que despeje las dudas.

2. Los aficionados –y más los madridistas– viven del romanticismo. El fútbol es ilusión, y los héroes, los ídolos, los cracks, son los que despiertan el suspiro de la gente. El Real Madrid necesita de grandes futbolistas para que su público se emocione de verdad. A los seguidores merengues no les basta con ver ganar a su equipo, quieren que juegue bien y además que las victorias se produzcan gracias a jugadores que parecen venidos de otro planeta. El fútbol no es sólo un deporte, es también un espectáculo como el circo, el teatro o el cine.

3. Una cosa es tener una buena plantilla y otra un buen equipo. Ahí es donde el entrenador (Pellegrini) tiene que demostrar su valía para manejar e integrar gente muy diversa. Lo hemos dicho muchas veces: la mera acumulación de gente, por muy excepcional que sea individualmente, sólo forma un “grupo” no un “equipo”. Humildad, generosidad, complementariedad, unión, entre otros factores, son aspectos clave para construir un conjunto competente. En equipos de alto rendimiento donde convive mucho talento extraordinario, la gestión de egos es una cuestión esencial.

4. El genio, salvo raras excepciones, es desobediente. Se sabe diferente y como tal hace valer su diferencia y negocia habitualmente con ella. Tratar con estrellas no resulta nada sencillo y mucho menos conseguir su integración en el equipo. Debe existir una gran conciencia por parte del resto de miembros para adaptarse a ese “cuerpo extraño” –como diría Valdano– que a menudo trastorna la convivencia.

5. Los éxitos son siempre colectivos. Todos sabemos que a pesar de que muchas veces la cara visible del éxito recae en una persona, en la trastienda de cualquier logro importante hay gente que hace una labor callada, discreta, poca vistosa, pero muy eficaz. No hay que olvidarse de ellos y reconocerles su aportación, sin caer en la tentación de prestar sólo atención a la estrella que más brilla. El reconocimiento es una necesidad universal presente en todo ser humano.

6. Crear un equipo lleva su tiempo máxime cuando todo alrededor es nuevo: directiva, entrenador y jugadores. En el mundo del fútbol, sin embargo, el cortoplacismo es asfixiante y en cuanto el balón no entra, el nerviosismo se apodera de los aficionados. Mantener la cabeza fría a pesar de las críticas y no perder el sentido de la estrategia es esencial hasta que las piezas del puzzle vayan encajando.

7. Los títulos son los que dan o quitan razones. Cualquier juicio que se haga del nuevo equipo directivo del Real Madrid estará en función de los resultados deportivos. En el mundo del fútbol nadie va a la Cibeles a celebrar unos excelentes resultados económicos. Nueve de cada diez personas no saben lo que es el fondo de maniobra, el ROI o el apalancamiento, lo único que les interesa es ver a su equipo levantar trofeos.

8. Los auténticos competidores del Real Madrid están en la Champions League donde los grandes clubes (Manchester, Milán, Inter...) luchan en condiciones similares (presupuestos por encima de los 300 millones de euros). En los últimos años el conjunto merengue no ha pasado de octavos. Si los blancos no hacen un buen papel en esta competición después de los desembolsos que se están realizando, las críticas serán ácidas.

9. El exceso de expectativas nunca es bueno porque entonces el margen de error se reduce. Además, unas expectativas muy altas incrementan la presión que dificulta la gestión. Para trabajar bien hay que tener una cierta tranquilidad que facilita la estabilidad para el buen gobierno.

10. Es cierto que la planificación y el rigor son las mejores armas para competir con éxito, pero en el fútbol hay variables que escapan al control como los errores arbitrales o las lesiones. Compartimos la idea de que la pelota no entra por azar, pero también el azar a veces juega malas pasadas. Como se ha dicho en alguna ocasión, “el balón tiene razones que la razón no entiende”.

11. Atraer y retener talento es importante, pero mucho más es ser capaz de crearlo. Dedicar tiempo y esfuerzo a la cantera, y arriesgar para que salgan jugadores, es rentable económica y deportivamente. Por mucho Cristiano Ronaldo, Kaká o Ribery que se fiche, la identificación, compromiso y orgullo que muestra un jugador de las categorías inferiores (Casillas, Raúl, Iniesta, Xavi...) son imposibles de comprar. Esa identidad hay que preservarla y cultivarla.

En resumen, la nueva junta directiva del Real Madrid tiene por delante un apasionante reto que, sin embargo, no estará exento de momentos complicados. Mucha suerte..

viernes, 8 de mayo de 2009

¿El estilo se impone o viene impuesto?

¿El entrenador impone el estilo o el estilo le viene impuesto? Para mí es más bien lo segundo. Comento esto a raíz de las alabanzas que se ha llevado Guardiola en su primera temporada como entrenador del Barcelona. ¿El Barça juega al estilo Guardiola o el estilo Guardiola es el juego del Barça? Siempre he creído que un entrenador es un mal necesario, algo que ha quedado claro en la selección española de baloncesto: 5 europeos consecutivos llegando al menos a semifinales con 5 seleccionadores distintos desde la plata europea de 1999 con Lolo Sainz al frente (solo en 2005 no se logró medalla) y desde 1999 hasta la plata olímpica de Pekín, siete medallas (5 europeas, un oro mundial y la de los Juegos) con seis entrenadores distintos.

En Pekín, durante los pasados Juegos, Aíto me lo dejó claro durante una charla. "Sería estúpido por mi parte intentar imponer un estilo ignorando la clase de jugadores que tengo", me comentó. Esto me lleva al origen de este post. A un entrenador le puede gustar más jugar al ataque, a la contra o esperar agazapado en defensa, pero al final está hipotecado a la materia prima que tiene. Si sus jugadores son de corte defensivo, por mucho que le guste el 'tiqui-taca', su equipo nunca será uno que enamore por su poesía futbolística.

El caso de Juande Ramos es significativo. Hizo grande al Sevilla con un fútbol de primer nivel y muy del gusto del aficionado conquistando cinco títulos en apenas 15 meses: dos UEFAS, Supercopa de Europa, Copa del Rey y Supercopa de España. Además, tras apenas cuatro meses en el Totenham, ganó la Football League Cup. Luego salió por la puerta de atrás y recaló en el Madrid para obrar una milagrosa racha de resultados hasta la pasada derrota con el Barça en el Bernabeu. Antes de todo esto, ascendió al Rayo, le metió en la UEFA (también al Betis) y tuvo un paso efímero por el Espanyol.

Es verdad que el fútbol del Madrid no ha sido tan brillante como el del Barça, pero los resultados han llegado. ¿El estilo de Juande es el del Sevilla, el del Madrid, el del Rayo o cuál? ¿El Madrid habría jugado igual de bonito que el Barça si hubiese contado con Guardiola de entrenador? ¿Habría jugado el Barça igual de bien con otro entrenador? ¿El éxito de este Barça es Guardiola o el tridente de genios Iniesta-Xavi-Messi? ¿Si al final ganase la Liga el Real Madrid se habría criticado tanto su estilo o se habría dicho que es práctico? ¿Si el Barça de la excelencia futbolística sólo gana la Liga (o nada si ocurriese un tsunami deportivo) en qué casilla de los resultados de los libros/almanques aprecerá que jugó muy bien pero que no ganó nada?

A lo que voy. Para mí el entrenador ha de ser más bien un psicólogo, alguien capaz de llevar un grupo con muchos egos, una persona que sea capaz de poner el talento individual al servicio del grupo y que pueda sacar el máximo provecho de la materia prima de la que dispone fomentando siempre la creatividad y el afán de superación del individuo. El entrenador puede tener una idea de cómo quiere que se hagan las cosas, pero si no tiene las piezas adecuadas, el planteamiento original carece de toda lógica.

Trasladando esto a la empresa: ¿El estilo lo crea el jefe o viene impuesto por el perfil de trabajadores con los que cuenta? ¿Puede triunfar un jefe brillante si no cuenta matería prima de calidad?

lunes, 4 de mayo de 2009

Rafa Nadal: un embajador de valores

7–6 y 6–2 fue el tanteo que le valió ayer domingo a Rafael Nadal (Manacor, 1986) para desentenderse del serbio Novak Djokovic y alzarse con el Masters 1000 de Roma (cuarta vez que lo consigue) sumando de este modo 36 títulos internacionales a su carrera. Número 1 de la ATP desde agosto de 2008 y Premio Príncipe de Asturias del Deporte ese mismo año, Nadal sigue haciendo historia en las canchas a pesar de su juventud (22 años) y es ejemplo de otras muchas cosas.

El pasado 3 de marzo se presentaba en el IESE Business School de Madrid un “business case” con el título: “Rafael Nadal: el campeón y la persona”; un caso de estudio elaborado por el profesor del IESE, Santiago Álvarez de Mon, que ha contado con la ayuda principal de Carlos Costa, manager de Nadal, así como del resto de la familia del jugador mallorquín. Antes del acto pude charlar con Santiago y Carlos y después disfrutar de la conferencia–coloquio en la que se combinó la proyección de videos de Rafa con un “mano a mano” entre ambos sobre el pasado, presente y futuro del tenista.

Muchas lecciones se pueden extraer de la figura del joven balear que sirven de ejemplo para el directivo actual. Destaco sólo algunas:

Talento: capacidad natural para hacer ciertas cosas que se manifiesta no sólo al coger la raqueta sino en su prodigioso físico, en la coordinación de sus movimientos o en la asimilación de espacios. Como se suele decir, “lo que natura no da, Salamanca no presta”. La genética ha dotado a Rafa de ciertas cualidades que luego ha potenciado y complementado. Con otras palabras, la cosecha era buena.

Ambición: no le gusta perder a nada. Es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. Tiene mentalidad ganadora y la derrota le produce alergia. Álvarez de Mon escribía: “Hay jugadores que pierden los partidos en el vestuario, incluso antes de salir a la cancha. Le miras a los ojos y ves la mirada de un perdedor. Nadal, si pierde, lo hace en la ducha, exhausto, con su motor de gasolina totalmente vacío, y por méritos del contrario. El no pierde, le gana el otro”.

Estabilidad emocional: que la proporciona su entorno: madre, padre, tío, hermana, novia... En cierta ocasión, Carlos Costa, que lleva también a otros tenistas, afirmaba: “A la hora de fichar a un jugador no valoramos sólo el talento, el potencial tenístico, sino también el entorno”. El de Rafa es especialmente bueno. Toda la familia es una piña que tiene claro quién es el protagonista y rema en la misma dirección con el único objetivo de que el joven tenga la tranquilidad necesaria para hacer bien su trabajo y seguir sumando títulos y reconocimientos. El propio tenista decía: “En Mallorca todo es más cercano y tienes a la familia mucho más encima que cuando vives en una gran ciudad. Además, mi familia está muy unida y he pasado mucho tiempo con mis tíos, abuelos y también, por supuesto, con mis amigos”.

Concentración: no se relaja ni un momento. Está metido en el partido y pendiente de lo que hay que hacer sin despistarse un segundo. Sigue a rajatabla el sabio consejo de Sun Tzu en “El arte de la guerra”: “No te contentes con alguna ventaja pequeña o una victoria a medias; tal cosa podría ser tu cebo destinado a vencerte. Debes mantenerte en guarda incluso después de que tengas los visos de una victoria completa”. Novak Djokovic aseguraba: “Nadal es el único tenista capaz de mantener el mismo nivel de concentración desde el primer al último punto del partido”.

Capacidad de sufrimiento: “Para ser feliz hay que ser austero”, decía Toni –su tío y entrenador– en agosto de 2008. Y proseguía: “En esta vida hay que aprender a conjugar el verbo aguantarse. Yo me aguanto, tú te aguantas y él... Y eso es lo que no hace la gente hoy en día. Todo son pegas. Sin darle un concepto religioso, la gente es menos sacrificada. Eso es lo que he intentado transmitirle a Rafael. Le digo: 'Aunque a ti te vayan las cosas muy bien, aunque tengas dinero y éxito, tendrás que aguantarte, porque habrá cosas que no podrás controlar. Morirá un familiar. Te dejará la novia. Y te tendrás que aguantar”. El nivel de exigencia de Toni con Rafa siempre ha sido muy elevado. Todavía a fecha de hoy a Rafa le parece excesivo lo que su tío le apretaba de pequeño: “Con mi tío tuve una infancia deportiva muy exigente. Toni me pedía demasiado y cuando las cosas no salían bien se enfadaba bastante. En mi opinión me exigía demasiado y aún hoy me sigue pareciendo excesivo, pero te prepara para el futuro”.

Perseverancia: como afirma un dicho inglés: “Winners never quit; quitters never win” (Los ganadores nunca abandonan; los que abandonan nunca ganan). El escritor Honoré Balzac escribía algo parecido: “La constancia es el fondo de la virtud”. Detrás de cualquier historia de éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio; entrega incondicional a la causa; derroche de esfuerzo sin límites. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso.

Madurez precoz: siempre ha sido el mayor de toda la familia: primer hijo, sobrino y nieto, lo que le ha llevado a reducir los periodos de aprendizaje gracias al contacto con gente más mayor. Según Carlos Costa, “hoy día el primo más mayor de Rafa tiene diez años, por tanto, él desde siempre se ha relacionado con adultos. Es una de las claves de su madurez. De pequeño tenía conversaciones de adulto”. Esto le ha ser inteligente para distinguir sabiamente entre la oportunidad y el riesgo: “Acepta todas las opiniones y es lo suficientemente inteligente como para saber lo que le conviene”.

Equilibrio: los elogios a menudo debilitan y el éxito conduce casi inevitablemente al acomodamiento. Toni es un tipo que representa al “malo” de la película. No deja que ningún triunfo se le suba nada a la cabeza. Cuando todos le pasan la mano por el hombro él pone sobre la mesa sus defectos para que mantenga los pies en el suelo.

Resistencia mental: su manager lo tiene claro: “La cabeza es el 90% de un deportista. Si alguien tiene la técnica de Rafa pero no su cabeza es imposible ser el número uno del mundo”. Disciplina espartana y estoicismo son epítetos que sientan bien al de Manacor.

Sencillez y humildad: camina por la vida como número uno del mundo pero con estilo campechano, algo que siempre conecta con el público. Es un fuera de serie en las canchas de tenis y un tipo de lo más normal y corriente fuera de ellas. Esta actitud reduce la presión y permite trabajar más tranquilo. “Te prometo que ni me levanto ni me acuesto pensando que soy el número uno”, decía hace poco. En este punto la familia también juega un rol esencial: “Nadal está formado y tiene una educación que hace que, al margen de si juega mejor o peor, siga siendo una gran persona y un gran tenista”.

Ilusión: la mantiene viva como el primer día. Cada reto es renovado por otro nuevo que le sirve de acicate y tira de él hacia delante. Todos los sabemos: cuando las ilusiones se desvanecen el talento está amortizado. Creer que uno ha tocado techo es el primer paso para realizar un trabajo mediocre

Ocio: no es complicado encontrársele comiendo unas 'cookies' de chocolate: “Puede que al estómago no le siente bien, pero a la mente sí”, decía en una ocasión al encontrarse con un periodista. Quien sólo trabaja acaba trabajando peor, o como decía el poeta húngaro Attila József (1905–1937), “los hombres que no saben divertirse me dan miedo”. Es necesario que el arco, cada cierto tiempo, se destense y descanse. A Rafa también le gusta ir a pescar, jugar al golf y a la Playstation.

Deportividad o fair play: lo que en el mundo de la empresa vendría a ser la ética. En un ganador la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa. Saber ganar y saber perder, tanto dentro de la pista como fuera. Tras recibir el Príncipe de Asturias de 2008 abanderaba la candidatura del suizo Roger Federer para el próximo año “porque se merece este galardón”.

Aceptación de la transitoriedad: “Todo esto es momentáneo; si no lo supiera, la castaña sería grande”. Y también: “Al fin y al cabo, la vida da bastantes vueltas; hoy puedo estar aquí como número uno y dentro de cinco o diez años, ser como cualquier otra persona. En el futuro espero ser eso, alguien normal y corriente”. Todos los “grandes” son conscientes de que el éxito es efímero y aceptan el sino del deportista.

En definitiva, ¿qué representa Rafael Nadal? Según el autor del “caso de estudio”, el manacorí es “un embajador de valores: disciplina, perseverancia, saber perder, saber ganar, optimismo, ilusión, fortaleza de ánimo, etc, que nuestra sociedad, blandita y comodita, necesita como el comer”.

domingo, 15 de marzo de 2009

El tuerto fue el rey


Odiar el fútbol de EEUU representa una obligación para muchos aficionados al deporte rey. El caso es que, pese al poco respeto que infunde en Europa, los esfuerzos para atraer las figuras a la NASL han sido muy significativos. No hace mucho tiempo, nos ha sido imposible desoír la pomposa contratación de Beckham por los Galaxy. Ni tampoco su aventura milanesa. Sin embargo, volviendo a los Estados Unidos, la apuesta por las estrellas no es nueva. Ha sido una tónica de los equipos americanos en los últimos treinta años.
Sin duda alguna, el Cosmos de Nueva York fue el gran club de los setenta y ochenta en la NASL. Allí, de la mano de jugadores de la talla de Pelé, Nesskens, Beckembauer o Chinaglia, el club conquistó diversos títulos de liga hasta su desaparición en 1985, pero, sobre todo, fue el primer club estadounidense conocido a nivel mundial.
Sin embargo, como ocurre en muchos otros aspectos, no todo EE.UU. es Nueva York. Fuera de la gran manzana han actuado jugadores de talla indiscutible, y no siempre en el ocaso de su carrera. Así nos encontramos a Cruyff, Eusebio, George Best, Gerd Müller, Roberto Bettega, Teófilo Cubillas, Geoff Hurst, Trevor Francis, Bruce Grobbelaar, Bobby Moore, Graeme Souness, Hugo Sánchez, Van Der Elst, y hasta a Carmelo Cedrún. Pero de todas las historias, sin duda, la más interesante es la de Gordon Banks.
Banks formó parte del equipo inglés que ganó su Mundial de 1966. Cuatro años después, durante el Mundial de 1970, Banks realizó la mejor parada de la historia. Pelé remata de cabeza, abajo y a la izquierda a centro de Jair desde la derecha. Banks se estira viniendo desde su izquierda y en un movimiento imposible, salva el balón interceptándolo casi dentro de la portería con la manopla derecha. Banks siguió jugando con Inglaterra hasta 1972. Un día de Octubre, de vuelta de una sesión con el fisioterapeuta del Stoke City, Banks sufrió un accidente de automóvil y como resultado del suceso, perdió la visión de su ojo derecho. No volvió a actuar con Inglaterra. Shilton, que le había desplazado ya en Leicester, y comenzaba a amenazar su supremacía en la selección, no tardó en fichar por el Stoke City. Y así pudo acabar la carrera de Banks. Sin embargo, tras un paso fugaz por la liga irlandesa, jugó dos temporadas en los Fort Lauderdale Strikers. Y aquí se produce el hecho significativo. En 1977, su primera temporada, fue elegido como el mejor guardameta de la liga. No se había recuperado de su dolencia ocular.
Es posible que Banks haya sido el mejor guardameta de la historia. Es seguro que, aún disminuido, fue mejor en EE.UU. que muchos. Tal vez la alegoría de Banks sirva para ilustrar el fútbol en EE.UU. del final del siglo pasado, pero, ¿será aplicable también en el siglo XXI?, y desde un prisma netamente empresarial, ¿qué podemos esperar de los outsiders?, ¿es posible el reposicionamiento personal?, y aún más en profundidad, ¿existe espacio para la mejora entre los mejores?.

lunes, 23 de febrero de 2009

El líbero: Gestionar el Talento


Atendiendo al Diccionario de la Academia, el líbero es un jugador defensivo sin posición fija. Pero el líbero es, para muchos, bastantes cosas más. Si existe una posición en la que la suficiencia de los futbolistas sea la característica preponderante, esa es la de líbero. Pensar en un líbero, es imaginar al mejor jugador del equipo. Un buen líbero integra, más que ningún otro futbolista, a dos jugadores diferentes. En el plano defensivo, se trata de un jugador de colocación y anticipación, con dominio del juego aéreo y con mando en la zaga. En el aspecto ofensivo, el líbero debe conducir el balón con elegancia, dominar la pared, el dribbling y tener capacidad de llegada y visión de juego.
El origen del líbero se remonta al final de los años treinta, en el ámbito del cerrojo suizo creado el austriaco Karl Rappan en respuesta al WM inventado por Chapman en 1925. En el cerrojo suizo, el marcaje individual de tres defensas se ve reforzado por la utilización de un defensa libre situado más retrasado. Ya en los sesenta, el Catenaccio del Inter de Helenio Herrera, empleó al líbero como complemento a la defensa de cuatro en un el 1-4-3-2. Más recientemente, la configuración 5-3-2 ha posibilitado el renacimiento moderno del líbero con vocación atacante.
El arquetipo del líbero soberbio y solvente ha sido el alemán Franz Beckenbauer, “El Kaiser”. Y tras su imponente estela, han ocupado su lugar en la selección teutona jugadores como Uli Stielike, Klaus Augenthaler, Lottar Matthäus, Matthias Sammer, Jens Jeremies o Karsten Ramelow. Es posible que, para ser el mejor líbero, haga falta ser alemán. Aunque hemos conocido líberos inolvidables, como Franco Baresi, Ronald Koeman, Alan Hansen, Frank Rijkaard, Bobby Moore... Pero la cuestión es que esta demarcación de líbero constituye una interesante alternativa para los jugadores veteranos que aún conservan intacta su técnica, pero comienzan a experimentar cierto declive físico. Muchos recordamos aún la última etapa de Bernd Schuster en el Bayer Leverkusen, ya con 33 años. Su recorrido era escaso, pero su jerarquía, inmensa. Sin embargo, en nuestro país, desde los tiempos de “Pirri” y su sucesor, Ricardo Gallego, no hemos tenido continuidad en la demarcación, salvo algunos casos fugaces. Iván Helguera en el Real Madrid de la Octava, Fernando Gómez “El Catedrático” en el Valencia de Ranieri en su primera época... Quizás se trate de un problema de Gestión del Talento. Es posible que jugadores más ofensivos, pero de valía indiscutible, como Guardiola o Zidane hubieran podido tener una reubicación exitosa actuando como líbero. ¿Falta de visión?, ¿rigidez?... A mi entender, en todas las facetas humanas, pero en especial en el fútbol, el verdadero recurso escaso es el talento. Y los responsables necesitan flexibilidad para gestionarlo.

jueves, 22 de enero de 2009

Talento y Valores


¿Cuándo en la historia de un deporte en este país hemos tenido a tantos jugadores en la élite mundial, como ocurre en la actualidad con nuestro baloncesto, a quien la NBA no quita ojo ni un momento? Primero Pau jugando la final de la NBA, Calderón enseñando lo que es un jugador con mentalidad de equipo, Marc consiguiendo ser el primer español que debuta como titular, Sergio, Garbajosa... y ahora el espectáculo de Rudy llega al concurso de mates del All Star.

Todos ellos son unos extraordinarios jugadores pero ese no ha sido su secreto. El talento sin duda ayuda pero no es suficiente. Todos tenemos en la memoria ejemplos de deportistas que han sido denominados por la prensa como "los mejores del mundo" y en poco tiempo han dejado de rendir para sus equipos y han tenido que salir por la puerta de atrás.

Pero nuestros ÑBA son de otra pasta y en gran parte la "escuela" de la Selección Española ha tenido mucho que ver, ya que jugando en ese maravilloso equipo han aprendido unos valores que, combinados con su gran calidad técnica, les han llevado a los más alto: compromiso, humildad, generosidad, entrega, etc.

Los valores de estos jugadores les hace diferentes, atractivos y especialmente valiosos para sus equipos.

¿Es posible que en la empresa de hoy se vivan valores como estos? ¿Es interesante para las empresas trabajar para conseguirlo?

martes, 25 de noviembre de 2008

Holanda 1988. El triunfo de los culpables.



Las situaciones de transición suponen circunstancias difíciles para las organizaciones. En el caso del fútbol, quizá el caso más claro es la Holanda de los primeros años 80.
Aquella selección del fútbol total que maravilló en los setenta comenzó su declive en la Eurocopa de 1980. Allí, en su último partido, contra la campeona, la Checoslovaquia de Panenka, comenzaron ocho años de desengaños. El empate a uno no les sirvió para pasar la primera fase. En aquel equipo aún figuraban muchos de los compañeros de Cruyff: el portero Schrijvers, el oso del estadio De Meer; los gemelos Willy y René Van der Kerkhof, que personalizaban la llegada y la clase; Krol, prototipo del zaguero seguro y técnico; “Bombardero” Haan, el genio sacrificado o Rep, el potente extremo que, sin embargo, pasó sin hacer ruido por el Valencia. Eran futbolistas acostumbrados a ganar. En su selección y en sus clubes. Pero aquel fue el último gran torneo para aquella generación prodigiosa. Trataron de clasificarse para España 1982, apoyados por figuras en ciernes como Gullit, Kieft, Rijkaard y Van Breukelen. No les fue posible. Un gol de Platini en París dio el pase a Francia, a la postre cuarta. Volvieron a intentarlo para la Eurocopa de Francia 1984, ya sin Neeskens, Rep ni René van der Kerkhof en el equipo, pero reforzados con Erwin y Ronald Koeman, Wouters, Vanenburg y Van Basten. Sin embargo, en la mayor hazaña futbolística que se recuerda en nuestro país, aquella España inquebrantable y misteriosa doblegó a Malta 12-1 dejando fuera a los tulipanes por la mejor diferencia de goles. Fue la despedida de Schrijvers, Haan y Krol. España jugó y perdió la final maldita del Parque de los Príncipes.
El último de los supervivientes de los mundiales de 1974 y 1978, Willy Van der Kerkhof, terminó su carrera internacional en el partido crucial de Holanda en su clasificación para el mundial de México 1986. La Bélgica de Pfaff, Gerets, Vandenbergh y Ceulemans apeó a Holanda por tercera vez consecutiva. Bélgica, tras eliminar a España en cuartos, terminó cuarta.
Menos de tres años después, Holanda venció con brillantez por dos goles a cero a la URSS de Dassaev y Belanov. Era la final de la Eurocopa 1988. Y allí, levantando la copa Henry Delaunay, estaban todos los que habían fracasado con anterioridad. Algunos tres veces, otros dos, otros una… pocos eran los inmaculados. No quedaba ningún veterano de Argentina 78. Todos eran nuevos, todos habían sido culpables. Ahora pasarían a la historia.
Puede que la presión de los veteranos impidiera el desarrollo de todos aquellos talentos. Quizá sólo cuando se sintieron independientes se desarrollase su verdadero potencial como grupo. Superando sus fracasos. Cambiando.

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