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jueves, 10 de diciembre de 2009

Balón de Oro al futbolista desconocido


Hemos creado un mundo en el que sólo tiene cabida el éxito, todo está dispuesto para que el mecanismo que alimentamos indefinidamente nos haga ir cada vez más rápidos por un camino que sabemos, o por lo menos así lo creo yo, que conduce a destinos que tienen muy mala pinta.

La situación mundial que estamos viviendo en la actualidad tiene paralizado a 3/4 partes del mundo, a los que no tiene posibilidades, y totalmente desconcertado al otro cuarto, los que las tienen, pero tienen demasiado miedo a perder sus privilegios y se han atrincherado en sus cuarteles de invierno.

Pues bien, esto que nos ha sucedido, no tiene sus orígenes en una crisis inmobiliaria, financiera o de materias primas, ni está fundada en los desastres de una guerra mundial devastadora, tiene sus orígenes en una crisis de valores, de principios, de fundamentos y por supuesto, también en una crisis de líderes de talla que puedan ser los referentes con los que construir un futuro diferente y sólido.

Esto evidentemente contagia a todos los ámbitos de la vida, incluido al mundo del deporte, y muy especialmente al fútbol que es el más extendido de todos.

Una vez leí que existen en el mundo más de 250 millones de fichas federativas de personas que practican este deporte de modo “oficial”. Seguramente esta cifra se multiplicaría por cuatro si tenemos en cuenta todos aquellos que lo practican de manera informal en miles de descampados, en miles de calles, en miles de colegios,… Aún así estoy seguro que las 100 personas que más saben de fútbol en todo el mundo, sólo conocen a unos pocos miles, y de esos pocos tan sólo uno, una vez al año, alcanza el deseado premio del Balón de Oro.

Es decir cientos de millones de practicantes, unos pocos miles conocidos y sólo unas decenas pasan a la historia contada del fútbol mundial… como sucede con la vida misma, millones se esfuerzan durante toda la vida, unos pocos gozan de todo tipo de privilegios y tan sólo a alguno, el mundo le rinde toda su admiración. Otra vez, la medida del éxito vuelve a ser el reconocimiento, la riqueza, el poder…

Mi reflexión de hoy, puede que influida por los preparativos navideños, es la siguiente: Ser capaz de vivir haciendo lo que te gusta… ¿No es un gran éxito?

Es estupendo que te den el Balón de Oro. Pero lo verdaderamente maravilloso son todos los demás que hacen con su trabajo, con sus ilusiones, con su esfuerzo, aún sabiendo que nunca serán ni ricos ni famosos, que este deporte tenga la importancia que tiene.

Por eso hoy quiero pensar en los millones de futbolistas no conocidos, no recordados, ellos son al fútbol lo que la mayoría de los ciudadanos somos a la vida, los que la hacemos posible.

Hay vida fuera del éxito material, hay vida en lo cotidiano, en lo normal, en lo sencillo, en los partidos que vemos de nuestros hijos, en los partidos jugados con una pelota de trapo en el tercer mundo, en los partidos de las llamadas clases inferiores, en los de las personas invidentes, en los que juegan los amigos por la noche, en su ilusión, en sus miradas, en sus risas, en su compañerismo auténtico…

Por eso aunque hay que darle la enhorabuena a Messi por su Balón de Oro, hoy, tan sólo por esta vez, quiero felicitar y hacer un pequeño pero sincero homenaje a todo los que alguna vez habéis jugado de una u otra forma al fútbol, a los habéis reído y llorado, a los que habéis hecho amigos para siempre, a los que habéis dado una patada a un balón por el mero hecho de disfrutar la vida un poco más. A todos vosotros, a todos nosotros, a todos los futbolistas desconocidos mi Balón de Oro personal.

Gracias por existir, y espero que al menos cuando jugabais al fútbol, fueseis felices.

viernes, 3 de abril de 2009

'Basketbolización' en el fútbol... ¿Y en la empresa?

"El grupo es bueno, hay compromiso de la gente que viene, implicación, no se nota el cambio de entrenador, hay sentido común y disfrutas viniendo aquí. La convivencia es magnífica. Si el equipo se lleva bien fuera del campo, las cosas funcionan dentro". Lo dice Xavi Hernández, motor del Barça y hombre clave de la Selección española de fútbol.

La Selección de fútbol me recuerda cada vez más a la de baloncesto, vigente campeona del mundo y subcampeona olímpica y de Europa. La Selección de fútbol se ha convertido en un grupo de amigos que disfruta estando juntos y haciendo lo que más les gusta. Se ha formado una piña, una gran familia y así todo es más fácil. Prima el respeto, el sacrificio por el compañero (yo acudo en tu ayuda cuando se va tu par porque sé que tu vas a hacer lo mismo por mi cuando te necesite), el espíritu de trabajo, la entrega, el compromiso, la implicación, la ilusión y el anteponer el bien del grupo al de uno mismo. Igual que en la de baloncesto, que nos desveló en Basuketoboru su receta para triunfar.

Con estas premisas todo es más fácil y se supera cualquier obstáculo. El último, como se ha visto, ante Turquía. La Selección tiene sello propio, un estilo en el que hay jugadores fundamentales pero cuya ausencia se puede suplir. Se vio en el Ali Sami Yen. Faltaron Iniesta, Cesc, Villa y luego se lesionó Senna. Dio igual, se sacó el triunfo adelante, con cierta fortuna, pero con otros jugadores dando un paso al frente. No fue un triunfo brillante, pero sí valioso por los 3 puntos que la clasifican virtualmente para el Mundial y porque se demostró la capacidad de trabajo del grupo para sacar adelante una situación complicada con el 'otro juego de la selección': menos vistoso y brillante pero efectivo.

Si la selección de fútbol ha triunfado inspirándose en los valores que ha transmitido la selección, ¿A qué espera la empresa para hacerlo también? Las premisas son sencillas y efectivas, pero para eso es fundamental que el jefe transmita confianza al grupo (trabajadores) y se la gane ya que esto no es algo que se otorga. Es clave fomentar el trabajo en equipo, la unión, la solidaridad, el respeto, el compromiso y la ilusión por una causa común. Contra la crisis, Basuketoboru

jueves, 12 de marzo de 2009

Jose Manuel Calderón, un ejemplo para todo


Lo pasó mal al llegar a la NBA. El idioma, un técnico tosco que no confiaba en él ni le transmitía confianza y para colmo, un fuerte dolor en el tobillo malo en su primer entrenamiento en Saint Catharines, a escasos kilómetros de Niagara en su primera pretemporada con los Raptors. "No me voy a quejar, me tengo que ganar un hueco en el equipo", me dijo durante la cena con un costillar de por medio. No se me olvida. Tampoco lo que me contó durante la conquista del Mundial de Japón en 2006 y que me recordó cuando escribimos el libro 'Basuketoboru'. "Un día escuché el rumor que se empezaba a extender por la NBA de que no era un buen tirador y decidí ponerle remedio". Los rivales le flotaban cerrándose más sobre sus compañeros entorpeciendo la fluidez del ataque Raptor. Calderón se puso en manos de los mejores especialistas de tiro. Corrigió su mecánica a base de incontables horas de incansable trabajo que empezaron a dar sus frutos: se hizo con la titularidad de los Raptors y rozó el All Star. Este año ha batido el récord histórico de tiros libres consecutivos desde el arranque de una temporada, es el jugador en activo de la NBA con más tiros libres consecutivos y se quedó al borde de igualar el récord histórico de Michael Williams (97 seguidos).

Él no tenía ni idea al principio de su increíble racha hasta que los periodistas le empezaron a bombardear. Él le quitaba hierro: "Lo que yo haga da igual, lo importante es que gane el equipo". Calderón está hecho de otra pasta. Sólo piensa en el equipo. Si fuese más egoísta le iría mejor en una liga tan individualista como esta, pero no va a cambiar. "Soy así, este es mi juego y es el que me ha traído hasta aquí, ¿para qué voy a cambiar?", me dijo hace poco.

Es un jugador en vías de extinción. Y uno que todo equipo querría tener. Es sacrificado, trabajador hasta la saciedad (lo ha demostrado no contentándose con llegar a la NBA sino mejorando su mecánica de tiro y su liderazgo en la cancha), antepone siempre el bien del grupo al personal (ha jugado con importantes lesiones y demostró cediendo la titularidad al egoísta de Ford el año pasado que no piensa en sí mismo), es generoso (siempre busca el 'extra pass' al compañero en mejor posición en lugar de tirar y anotar intentando mejorar su estadística, implicado ("Da igual i anoto 25puntos ó 2 ó si juego 3 minutos o 33, lo importante es que el equipo gane"), un modelo de profesional (cuando acaba la NBA, lejos de relajarse en la playa se dedica a prepararse a conciencia para llegar a tope a la concentración de la selección y no empezar ahí de cero), tiene un gran afán de superación y además una gran persona (de esto doy fe yo y todos los que le conocen).
Lo dicho, pocos jugadores/deportistas/profesionales de cualquier ámbito como él.

martes, 11 de noviembre de 2008

El Compromiso de Joseba Etxeberria


Etxeberría el veterano jugador del Athletic de Bilbao acaba de renovar por una temporada más en el equipo al que ha dedicado toda su carrera profesional en la división de honor.

Esto no sería un hecho para destacar en este blog, si no fuera por el hecho de que lo va a hacer sin cobrar. Es decir Joseba Etxeberría va a jugar la temporada 2009/2010 gratis, sin percibir una remuneración económica a cambio, circustancia sin precedente en el mundo del fútbol profesional.

Según las declaraciones del jugador de esta forma cumple su sueño de jugar 15 temporadas en el Athletic, club con el que se siente un fuerte compromiso y un gran agradecimiento por como le han tratado durante toda su carrera.

Este tipo de compromiso es el que perseguimos en la empresa con todos los medios que disponemos, pero no siempre con éxito. ¿Se puede aspirar en las organizaciones a que sus profesionales tengan comportamientos similares a los de Etxeberria? No tanto que prescindan de su salario, cosa inviable ya que viven de su trabajo, como de comportamientos equiparables que trasluzcan un compromiso total con un proyecto empresarial.

¿Utopía o realidad alcanzable?

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