viernes, 30 de enero de 2009

Robinho o la falta de valores


La verdad es que el tema que proponía Lolo el lunes, da para mucho, de hecho hoy salía en la prensa una noticia sobre las consecuencias de la ausencia de valores: "Robinho, detenido por presunta agresión sexual, niega estar implicado". El delantero brasileño del Manchester City Robinho fue detenido el martes, acusado de una agresión sexual en un club nocturno, y salió en libertad bajo fianza, según confirmaron el miércoles la policía y el portavoz del propio futbolista. Esto es la guinda de una serie de comportamientos de un mal profesional, con una gran habilidad con el balón. Primero fueron las fiestas nocturnas con Ronaldo en el Real Madrid, llegando a los partidos resacoso y fuera de forma. Después sus declaraciones a la prensa para provocar su salida del Real Madrid, según él porque no se sentía querido.

Al llegar a su nuevo club el Manchester City parecía que las cosas iban a ser diferentes, ya que decía que se encontraba feliz, hasta que la semana pasada, Robinho abandonó la concentración de su equipo en Tenerife para regresar a Brasil alegando un "asunto familiar importante", aunque al parecer se trataba de su cumpleaños. Ahora es detenido por violar a un joven en una discoteca de moda. ¿Cuál será la siguiente barrabasada?

Cuando los profesionales no tienen valores, las organizaciones sufren, sus comportamientos y actitudes afectan negativamente porque siempre terminan anteponiendo sus intereses a los de la entidad que les paga.

Pero me gustaría centrar el debate de hoy sobre quien tiene la culpa de que ocurra esto: ¿un jugador caprichoso y endiosado que sólo piensa en sí mismo o un Club que le paga una millonada tolerando sus comportamientos y encima al día siguiente de ser detenido por violación le alinea para el partido contra el Newcastle? ¿Si Robinho fuera un mal jugador lo defendería igual?
¿Nuestros clubs premian o castigan la falta de valores?


2 comentarios:

Ricardo Colomo dijo...

Quizá debamos todos esperar para conocer más datos. Seguro que muchos recuerdan que no es el primer caso de acusaciones de violación falsa, y es posible que algunos también recuerden que tampoco es el primer caso de condena de un deportista por este tipo de delitos. Lo que sí nos alcanza a adivinar el intelecto es a vislumbrar dos tipos de sospechas, no sobre el asunto concreto, pero sí sobre la situación. En primer lugar, los futbolistas y otros deportistas de élite se ven habitualmente inmersos en “vorágines” que, por un lado, son un círculo virtuoso, y por otro, claramente vicioso. Son jóvenes, están en forma, y tienen dinero. La vida es más o menos sencilla para ellos, digamos que es más sencilla que para otros. Pero desde luego, suelen ser presas de buscavidas y vividores, de falsos amigos y de falsas amigas. En segundo lugar, quizá no suelen presentar un nivel cultural adecuado (lo desconozco de Robinho, pero en mis contactos con los futbolistas profesionales suele ser una constante), y eso les hace aún más vulnerables.
Quizá algún programa de formación (del tipo del que se imparte en la NBA) pudiera ser interesante para los futbolistas. Pero muchos recuerdan diversos casos muy sonados en este tipo de problemáticas. O quizá habría que pensar en el baloncesto español de los años ochenta, donde los clubes animaban a sus jugadores a formarse cursando carreras superiores. Algunos otros pueden pensar que el dinero no fluía como fluye en el fútbol. O quizá se trate sólo de un conjunto de casos aislados. Habrá otros que pensarán que no lo son tanto. Otros pensarán ¿Es realmente un problema de valores? o ¿es un problema de intensidad de la tentación?... ¿Pueden las organizaciones controlar a estos empleados estrella endiosados e inalcanzables al displacer epicúreo?. Desde mi punto de vista sí, pero educando al aficionado para no exigir nombres sino respeto a la cultura. Y eso nos queda lejos.

Eugenio de Andrés dijo...

Tienes razón, el problema de valores no está sólo en los jugadores, sino también los clubs a los que nos les importan el comportamiento de sus jugadores mientras llenen estadios, o a la afición que olvida rápidamente todo cuando Ronaldo tras un año sin jugar por sus fiestas costantes vueleve salta al campo y es recibido con la ovación de un heroe.

Tienes razón, la solución esta en la formación, en la cultura, en todos los ámbitos, en la escuela y en la empresa. Porque no da igual cómo se hacen las cosas, pero sin duda hay que estar preparado para poder ver la diferencia.

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