viernes, 5 de diciembre de 2008

¿Vale un jugador 150 millones de euros?

Esta semana hemos conocido que el Manchester City estaba dispuesto a pagar un traspaso de 150 millones de euros por el portero del Real Madrid, Iker Casillas, más una nómina anual de 13 millones de euros.

Cuando se oyen este tipo de noticias, inmediatamente mucha gente se echa las manos a la cabeza y se escandaliza por la acumulación de ceros. Ayer noche me llamaron de Canal Sur Radio para hablar sobre esta cuestión y otras relacionadas con el “negocio del fútbol”. Los cuatro ejes de las preguntas giraban en torno a:

Primera. ¿No son desorbitadas estas cifras? La cuestión no es nueva. Cuando Zidane fichó por el Real Madrid en 2001 –el mayor traspaso en la historia del balompié: 75 millones de euros– un titular de periódico decía: “¿Vale un futbolista 13.000 millones de pesetas?”. Esa cantidad pudiera parecer mucho, pero igual ocurrió en 1992 cuando el Milán desembolsó al Torino 2.600 millones de pesetas por el jugador Gian Luigi Lentini. La operación causó tal revuelo en la opinión pública que fue objeto de debate parlamentario. Si miramos más atrás, la historia se repite. En 1982, la contratación de Diego Armando Maradona por el Barcelona –1.200 millones de pesetas de la época– fue calificada por la prensa como “Maradólar”. En 1973, cuando Cruyff firmó por el club culé, sucedió algo parecido. Tras duras negociaciones, el acuerdo se cerró por 120 millones de pesetas. La prensa tenía titular: “¿Vale de verdad esos millones?”. En 1961, los 25 millones de pesetas del traspaso de Luis Suárez del Barcelona al Inter de Milán dejó perplejos a muchos seguidores. Y en 1953, la llegada de Di Stéfano al club merengue por 5,5 millones de pesetas escandalizó igualmente a mucha gente. En resumen: “Nihil novum sub sole” (Nada nuevo bajo el sol).

Segunda. ¿Amortizan los clubes esas cifras que pagan? Nada es caro o barato en función de lo que cuesta sino en relación a lo que genera. Lo relevante no es el “precio” sino la “rentabilidad”. Lo decía Santiago Bernabéu: “Lo importante no es que un jugador sea caro sino que sea bueno”; porque evidentemente, un jugador que es bueno nunca es caro. Por ejemplo, David Beckham vino al Real Madrid en 2003 por 25 millones de euros. En tan sólo 48 horas se vendieron 8.000 camisetas que a un precio de 72 euros hacen un total de casi 600.000 euros en dos días. De todos los contratos que firmaba el inglés –unos 20 millones de euros anuales– el 50% iban a las arcas merengues. En los dos años posteriores a su llegada, la entidad madridista incrementó un 60% sus ventas por merchandising (hasta los 53 millones de euros) y un 137% los ingresos provenientes de los patrocinadores (hasta 44 millones). Cualquier empresa que invierte en un proyecto pretende rentabilizarlo; luego, las expectativas se cumplen o no.

Tercera. ¿Es justo pagar a un jugador esas cifras con tanta hambre en el mundo? Si atendemos a criterios de justicia (merece leer Una teoría de justicia, de John Rawls) proablemente no, pero los mercados funcionan por criterios de oferta y demanda y cuando dos partes se ponen de acuerdo (comprador y vendedor) es porque ambos piensan que con la operación salen ganando. “Res tantum valet quantum vendi potest” (El valor de algo es que otra persona está dispuesta a pagar). Por desgracia, ni el fútbol, ni la empresa, ni la vida suele funcionar por criterios de justicia. Tal vez deberíamos planteárnoslo todos y poner en marcha mecanismos serios tendentes a corregir desigualdades en el mundo. Nadie pidió nacer en Nigeria, Kenia o Burundi. Existe una “lotería natural” por la que nacemos en un sitio u otro y eso condiciona nuestra existencia.

Cuarta. Los clubes tiene cada vez pérdidas más abultadas, ¿podrá estallar en algún momento esta burbuja? Mi opinión es que no. El fútbol, de manera conjunta, ha sido deficitario toda la vida. Los gastos siempre han sido superiores a los ingresos. Vicente Calderón afirmaba: “En el fútbol hay tres cosas imposibles: comprar jugadores buenos a precios baratos, esperar gratitud por parte de las masas sociales y gestionar un club con beneficios”. Pepe Samitier también decía: “Si el negocio del fútbol fuese rentable estaría en manos de los bancos”. Ya en 1968, la revista Citius, Altius, Fortius publicaba el siguiente artículo: “Los grandes clubes de fútbol soportan en su situación económica un déficit crónico, que en algunos casos alcanza cifras ingentes”. A pesar de todo, el fútbol sigue vivo y coleando, porque cuando tiene problemas siempre se le buscan soluciones. Demasiado importante en nuestra sociedad como para desaparecer. El consumo de fútbol jamás se agota. Todos los productos tienen su ciclo de vida: nacimiento, crecimiento, madurez y declive. Existe una excepción: el fútbol. Como la mala hierba, resiste a todo. Lo explicaba un conocido del sector: “El fútbol ha hecho quedar mal a todos los profetas. Se decía que la democracia mataría el fútbol. Luego que la cultura mataría el fútbol. Más tarde, que la televisión mataría el fútbol. En realidad, termina por producir un embrujo, una fascinación, que no es superada por ninguna otra oferta recreativa”.

En fin, muchas cuestiones que no son sólo son aplicables al mundo del deporte profesional sino también al de la alta dirección y la empresa..

3 comentarios:

Ricardo Colomo dijo...

Según Antonio Machado, es de necios confundir valor y precio. Y esa sea quizá la cuestión. Todos sabemos que un portero no es cotizado (en precio) de la misma manera que los jugadores de campo. De hecho, las cifras de traspasos (en precio) que aporta Francisco son todas aplicables a jugadores, digamos, atacantes, más que defensores. Muchas de esas cifras son justificables en precio y algunas en valor. Todos los buenos aficionados que Lentini será recordado por estrellarse con su Porsche Turbo, algunos dicen que calzando una rueda de repuesto de las de velocidad reducida… pero en el otro lado tenemos a Don Alfredo, por ejemplo, quien con su aportación transformó la aciaga posguerra madridista en un vergel de copas de Europa… En el caso de Casillas, pues es posible que la operación se pueda justificar en valor. Quizá el valor de arrebatar al que, sin ninguna duda, será, si no lo es ya, el icono madridista de los próximos años. Puede que el valor se encuentre en contar con el portero más mediático de la actualidad y uno de los tres mejores porteros del mundo…
En relación a la amortización, pues supongo que la cuestión depende mucho del futbolista en cuestión. Iker es, junto con Fernando Torres, el futbolista español más “publicitario”. Nunca llegará a la altura de Becks, pero la cifra, gracias a las gestiones de Ginés Carvajal antes y de Luis García Abad ahora, es muy considerable. Quizá ahí el precio pueda ir minorándose, pero no creo que al ritmo en que Beckham contribuyó en el Real Madrid, y, desde luego, nunca para justificar su traspaso.
Es posible que el City, equipo que cuenta con mi simpatía desde hace ya más de veinte años, simplemente esté rompiendo las reglas empresariales. Como se ha hecho tantas veces., Nihil novum sub sole, como indica Francisco. También es posible que los nuevos dueños de los “Citizens” sólo quieran darse a conocer en el mundo a un precio razonable o, mejor dicho, con un ratio precio/valor asequible. Gastos de representación. Puede que los gastos de representación sean, en realidad, la primera expresión humana del ratio precio/valor. Y ese cálculo ha estado presente en nuestras relaciones personales y profesionales desde el primer homínido.

FAH dijo...

Hay un tema que comenta Ricardo y que me parece muy importante: "es posible que los nuevos dueños de los “Citizens” sólo quieran darse a conocer en el mundo".

Las operaciones (como las negociaciones) no hay que verlas de manera "individual" sino "global". Una operación de manera "aislada" puede resultar negativa (pérdidas) pero lo que aporta en valor "global" puede ser positiva (ganancias). Al final lo importante es la gestión global del negocio, con independencia de que todos queramos que todas las operaciones individualmente sean positivas.

salu2.

Eugenio de Andrés dijo...

Creo que Ricardo ha dado en el clavo, pero me gustaría hacer un matiz: la inversión que pretende realizar el City es inviable para un Club de su volumen de ingresos.

Más allá de si el precio corresponde con el valor, directo o a través de otros componentes como la notoriedad del Club, el modelo de negocio este equipo, y de otros muchos que responden a intereses personales de millonarios caprichosos, no es sostenible. No es sostenible porque busca resultados a corto y desprecia el futuro. El cortoplacismo es un enemigo terrible en las organizaciones de hoy y desgraciadamente muchas directores general de empresas de primer nivel toman decisiones de "150 millones de euros" sólo pensando en la valoración de este trimestre de sus analistas financieros y condicionando en muchos casos el futuro de la organización.

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