viernes, 17 de abril de 2009

Rafa Muñoz: Guerra al cortoplacismo


La semana pasada el nadador Rafael Muñoz pasó a ser portada de todos los periódicos, deportivos y generalistas, y tras conseguir batir el record del mundo de natación en la modalidad de los 50 metros mariposa dos veces en la semifinal y en la final. El andaluz, de 21 años, superó una barrera más y miró de reojo a las grandes citas, a las que España antes sólo iba a participar. Muñoz paró el cronómetro en 22.43 segundos cuando llegó al final de la piscina y también paró los corazones de los seguidores que llenaron el Centro Acuático de Málaga.

Pero el cordobés superó su propia hazaña cuando igualó la marca que Michael Phelps había hecho en la final de los Juegos de Pekín de 100 mariposa 50"58, la segunda mejor de la historia.
Más allá del debate sobre la utilización de los bañadores de la firma italiana Jacked y el impacto que está teniendo en la natación, me gustaría centrar nuestra reflexión sobre el éxito y el cortoplacismo, y me explico.
Muñoz ha trabajado durante años duramente, se ha entrenado hasta la extenuación en España y en Francia, ha sido doble campeón continental júnior y doble medallista en los europeos ¿Y cuántos habíamos oído hablar de él? ¿Cuántos patrocinadores le han apoyado? ¿Quién ha creído en su potencial?
Ahora tras batir el record del mundo y ante la posibilidad de poder hacer frente al sobrehumano Phelps el país entero le mira, las empresas hacen cola para ser sus patrocinadores, para recoger las mieles de su éxito, por supuesto sin el sudor y las lagrimas que le ha llevado hasta aquí.
Esta circunstancia se repite día tras día en la sociedad, en las empresas y en la política. Se buscan los resultados a corto, los objetivos trimestrales, cumplir con las valoraciones de los analistas financieros, alcanzar los bonus del año, ganar las próximas elecciones… cueste lo que cueste. Es raro encontrar ejemplos que apoyen el trabajo continuado, los proyectos a largo plazo, la construcción sólida. Parece que la filosofía del “tente mientas cobro”, es decir, exprimamos al máximo el hoy y el que venga detrás que arree, es la máxima con la que los directivos y políticos diseñan sus estrategias.
Este modelo está limitando el desarrollo de nuestras empresas y de nuestra sociedad. Es evidente. Nos echamos las manos a la cabeza cuando los directivos de AIG, tras recibir ayudas estatales para impedir que quiebre la compañía, se dan a sí mismos unos variables estratosféricos, pero ¿nosotros creemos en construir futuro? ¿En nuestras organizaciones jugamos como los nuevos y ansiosos patrocinadores de Rafa Muñoz o promovemos, premiamos y favorecemos que se construyan proyectos, ideas, compromisos más allá de la cuenta de resultados de ese año?

5 comentarios:

FAH dijo...

Buen post, Eugenio. No obstante, a mí me gustaría destacar que si hay una palabra importante en el ámbito direcitvo es "equilibrio"; el punto medio entre dos extremos (in medio virtus, decía Aristóteles). ¿Cuándo algo está en equilibrio? Cuando ni le sobra ni le falta, no peca por exceso ni por defecto, no cae de un lado ni de otro. Tiene la proporción justa.

Digo esto porque si bien en largo plazo es lo que permite la supervivencia con el tiempo, el corto plazo es también el que te permite vivir hoy. Hay que buscar el equilibrio entre el hoy (presente) y el mañana (futuro). Ademá, el futuro siempre es incierto (y, por tanto más arriesgado). Apostar por la cantera es barato pero no hay garantías tampoco.

Un poco es lo mismmo entre el equilibrio (mezcla) entre juventud y experiencia. Al joven le sobra ilusión y le falta experiencia; al adulto le sobra experiencia y le falta el empuje de los comienzos. Hay que juntar lo mejor de cada uno para tener lo mejor de los dos.

Equilibrio en todo: entre cercanía y distancia; entre creatividad y rentabilidad; entre disciplina y flexibilidad... etc.

abrazo,

Eugenio de Andrés dijo...

Tienes razón, el equilibrio es el objetivo. Y debe ser ese equilibrio el que dirija las decisiones empresariales y no cualquiera de los extremos.

Desgraciadamente estamos en un momento en el que en muchas organizaciones las decsiones se toman pensando únicamente en el corto plazo, y en la situación económica actual más todavía.

¿Cuántas decisiones de las empresas que cotizan en bolsa están provocadas por los resultados de un trimestre? ¿Cuántos puestos de trabajo se están destruyendo por este motivo?

No se puede cosguir un árbol si no se siembra.

Anónimo dijo...

Yo estoy de acuerdo con Eugenio, en mi empresa, una gran multinacional que cotiza en bolsa, que en el primer trimestre ha dado cientos de millones de euros de beneficios.

Pues tenemos todos una instrucción de reducir los gatos a la mitad, se de lo que sea, proveedores de todo tipo, formación, etc.

¿Qué sentido tiene ganando lo que ganamos?

Eugenio de Andrés dijo...

Creoq ue aplicar criterios racionales de gasto siempre es una buena práctica empresarial, pero como tu dices, aplicar recortes sin sentido para tratar de dar más beneficios el trimestre que viene es absurdo.

eduardo schell dijo...

Por favor, no me menteis a los de AIG y sus 'paracaidas de oro' que me pongo enfermo. Y dentro de poco lo veremos aquí, al tiempo. Alucino con lo que ha pasado y más con que no haya pasado antes. Según te enterás de cosas tu indignación crece...

A lo que vamos: Rafa Muñoz.
Es sangrante lo que ocurre con él. Idéntico caso que con las becas ADO. Te premian en función de los logros obtenidos. Es decir, puede que seas muy bueno, pero si tienes un mal año, te bajan la beca y como tengas un par de años malos seguidos, por lo que sea, no puedes vivir del deporte, y si no puedes vivir de esto, no puedes entrenarte y dedicarle el tiempo que merece con lo que tus próximos resultados serán cada vez peores (y tu beca) con lo que nunca podrás sacar la cabeza del hoyo y tendrás que dedicarte a trabajar en otra cosa y a competir en tu poco tiempo libre. Algo imposible de compañginar.
Me contaron el caso de un atleta que acabó siendo vendedor de un departamento de una gran supeficie.

El problema de fondo es que en todos los lados prima el cortoplacismo, no hay inversión ni formación (fundamental para mi) y luego se demandan resultados.

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