martes, 23 de marzo de 2010

La visión kleenex de los deportistas


Leo con atención una entrevista a un exjugador de baloncesto profesional, Rafael Vidaurreta, que explica que está apuntado en el paro, y se me pasan por la cabeza muchas cosas.
En primer lugar, quiero aplaudirle públicamente por la valentía con que se muestra. No muchas personas que han vivido en la burbuja del deporte profesional tienen la valentía y arrojo que ha mostrado Rafael en la entrevista.
Sin embargo, su caso es de lo más común en el deporte profesional, ya que como él dice “Los deportistas somos como niños a los que no se dejan madurar”.

Y me pregunto: ¿Qué grado de responsabilidad tenemos los que hemos sido técnicos o los dirigentes? ¿Qué planes de carrera hemos diseñado para ellos cuando dejen la actividad? ¿Qué presión hemos ejercido o qué medios y herramientas hemos puesto a su disposición? ¿O lo único que nos interesa es que meta canastas o goles en cada momento concreto y que no nos venga con monsergas sobre el futuro?

Desde mi punto de vista algo está fallando aquí. Al margen de determinadas iniciativas por parte de alguna Asociación o Entidad (muy pocas por cierto y muchas de ellas de cara a la galería), creo que el verdadero problema viene de la verdadera concienciación por parte de los clubes y responsables técnicos sobre lo que tienen en sus manos.
Todos estamos de acuerdo que el deporte es una escuela de vida, pero no solo como una buena frase o eslogan, sino como filosofía de vida, como auténtico leitmotiv de un club o una asociación deportiva.
Comencemos por el principio. Los clubes, sobre todo en las categorías de formación, deberían ser muchísimo más exigentes con los aspectos académicos, y no hablo de hacer licenciados, sino de inculcar una disciplina y unos hábitos que le puedan valer al jugador para conseguir algo más allá de su rendimiento inmediato en la pista. El club tiene la zanahoria: si no te aplicas en los estudios, no disfrutarás de lo que más te gusta: jugar.
El siguiente eslabón son los técnicos: Cuantos conozco que cuando les hablas de este tema contestan que a ellos lo único que les preocupa es que rindan en el siguiente partido. ¡Qué más da! Carne fresca que se tritura y después vendrá otra que la supla ¿Y nuestra responsabilidad como formadores de personas?

En el siguiente paso está el jugador, posiblemente al que más disculpo. Por su inmadurez y su poca visión de futuro. El obedece las líneas que le marcan.

Por último, nos encontramos con el factor clave, la familia. Aquí es donde reside la verdadera culpa de este desaguisado. Hoy en día los padres persiguen a través de sus hijos restañar una frustración personal (no haber podido ser un “figura”), solucionar su futuro económico o, en el peor de los casos, reflejar una irresponsabilidad absoluta como padres.

En este sentido, recuerdo el lío que montaron a Amorrortu, responsable de la cantera del Atlético de Madrid, cuando decidió que los chicos tenían que llevarse a casa la ropa de entrenamiento para lavarla y volver a llevarla limpia a los entrenamientos. O en mi caso, cuando era Director de la cantera del Real Madrid y expulsé una semana a su casa a un jugador porque había sido irrespetuoso varias veces con su profesor en el colegio que el Real Madrid le pagaba.. Me llamó su padre y me dijo que a él no le importaba, y que no entendía por qué a mi me debía importar. Le contesté que a nosotros sí nos preocupaba la verdadera formación de su hijo.

Si el deporte es una parte importante de la sociedad y si todos estamos de acuerdo de su carácter integrador y vertebrador de la misma, desde ya reclamo una política más coherente con estas soflamas y pensemos que el verdadero éxito de un club o entidad deportiva es cuanto contribuyen a mejorar a los futuros ciudadanos de esta sociedad donde vivimos. Solo desde este prisma tendrá sentido las ayudas públicas al deporte y el carácter público y docente del deporte.

Pero desgraciadamente hoy el objetivo es el rendimiento, y el resto sólo son medios para conseguir el verdadero fin.

9 comentarios:

Almanzor dijo...

Rafa Vidaurreta es un jugador que pasó 4 años en la universidad de Wake Forest, podría haberlos aprovechado en algo.

Pienso que el deporte debe ser una diversión y una actividad complementaria hasta una edad de 15 o 16 años, nunca descuidando los estudios. Obviamente si el chaval vale (y cuando digo vale, no me refiero a jugar en 3ª División o en LEB Bronce, por ejemplo), pues habrá que darle la oportunidad de progresar. Y me refiero a sus padres, que son los primeros interesados en que cuando les llegue el momento del a retirada no acaben en una cola del paro sin nada más que ofrecer que darles patadas a un balón o meter canastas.

saludos y muy buena visión.

Eugenio de Andrés dijo...

Creo que el caso que planteas Javier se da, desgraciadamente, en demasiadas organizaciones donde las personas no son consideradas como un fin en sí mismas, sino como un recurso, como un medio.

Y desde mi punto de vista el actuar así trasluce una visión cortoplacista de sus líderes, que no buscan construir un proyecto sostenible sino, como decía mi abuela, un "tente mientras cobro".

Carlos dijo...

Almanzor, tienes razón pero yo que entreno equipos de basket infantiles, muchas veces siento vergüenza ajena al ver a algunos padres que tratan a sus hijos como si fueran a ser Michael Jordan (a nivel de exigencia y de contemplaciones).
Yo creo que como apunta Javier hay un problema muy serio con los padres que se trasluce en el deporte y también en otras facetas de la vida como es el caso de la Generación Ni-Ni

eduardo schell dijo...

Gran post Javier, muy interesante tanto tus reflexiones como las que se dejan de momento en las respuestas.
El artículo publicado en el EL MUNDO sobre la nueva vida de Rafa es muy llamativo.
Al hilo de la formación, como bien comenta @Carlos, me parece lamentable el ejemplo de los padres.


Llevado al ambito profesional, la NBA puso años tras una norma por la qu eno se podía dar el salto a la NBA directamente desde el instituto. La idea era que al menos se jugase un año en la Universidad y lo que ello implica: un año más de formación, de vida, de madurez etc. Aunque varios han trampeado el espíritu viniendo a jugar a Europa ese año,la medida, muy protestada, en su momento, me parece un acierto. Es más, vendría bien un mínimo de dos años en la Universidad.

Ricardo Colomo dijo...

Buena reflexión. Creo que los que hemos practicado deporte desde pequeños sabemos cómo se las gastan los padres de muchos... No hay más que ir a cualquier campo-cancha para verlo: fútbol, baloncesto, tenis, judo,... No todos los padres son así, pero muchos... Y es una lástima, porque la sociedad no mejora con estos fenómenos.
Pero teniendo en cuenta lo que abunda también en las gradas...
Uff, ¿volvemos a la España de Unamuno?

eduardo schell dijo...

Claro, que tampoco me parece normal que un entrenador universitario cobre 31.65 millones de dólares por 8 años como Calipari en Kentucky o Dilly Donovan 3 millones anuales en Florida

Almanzor dijo...

Siempre he pensado que el sueldo de los entrenadores NCAA no es íntegro para ellos, no sé si me explico...

El ejemplo de Jeremy Tyler, muy de moda hoy día, es lamentable. Sin ni siquiera acabar el high School dió el sato a jugar en Europa. Ante actitudes como esas, ¿quién pretende que se formen o adquieran estudios? Es muy difícil luchar contra el dinero fácil. Pan (a veces pan duro) para hoy, hambre para mañana.

Eneko dijo...

A mi me sorprende la parte de hacer responsable a la sociedad de que "los pobrecitos" no han podido estudiar y se les comprende,justifica o indulta de su falta de madurez. La inserción profesional de jugadores profesionales se me asemeja a la de insertar a Chimo Bayo (que también tenía un gran don, amasó mucho dinero en poco tiempo y tenía una carrera corta como profesional; ah! y no era deficitario como sociedad a diferencia del deporte profesional actual).

El número de jugadores profesionales bien formados, con carreras universitarias, postgrados y futuros profesionales brillantes no son pocos. O el señor Ferrán Martínez ha necesitado inserción y ayuda social para salir adelante? No me vale el "con 17 años empecé a jugar como profesional.." Me parece que calificar como pobre inocentes a profesionales que en poco tiempo cobran lo que yo no cobraré en muchos años juntos, trabajando un tercio de la jornada laboral que puedo tener yo para un salario similar. Arkonada arquitecto, Victor Claver ingeniero industrial, Pablo Alfaro médico... no son excepciones, creerme. Al deportista de élite "Ni-Ni" se le exculpa y facilita el ingreso al mundo laboral. Y a mi con dos carreras, 3 idiomas y abandonando mi pasión e ilusión por el fútbol a los 19 años en favor de los estudios.. ¿Quien me integra?

Eugenio de Andrés dijo...

Eneko, más que "pobrecitos" o que sea culpa de la sociedad, pienso que los culbs y el entorno de los jugadores se aprovechan de gente sin formación y sin experiencia para exprimirles y luego tirarles como decía Javier.

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