sábado, 27 de noviembre de 2010

No es Del Bosque sólo lo que reluce


Para mi Vicente sin duda es un gran ejemplo de persona y de profesional, un gran entrenador y un caballero, un trabajador incansable y un corazón generoso. Del Bosque es un modelo de valores, humilde, sencillo, leal, un hombre de equipo, un deportista de la vieja escuela, de los que un apretón de manos es el contrato más seguro, para los que el honor es un tesoro. En resumen, un gran referente.

Pero Del bosque, no es un espécimen único, escaso sí, pero no único. En nuestro rico panorama deportivo tenemos otros ejemplos, no muchos desgraciadamente, que entienden igual el deporte y la forma de crear equipo, que comparten los mismos valores, los mismos comportamientos, y curiosamente éxitos muy similares.

Hoy quiero recordar a un hombre del balonmano, un maestro que ha revolucionado y modernizado este deporte consiguiendo un palmarés impresionante, especialmente con la Selección Nacional: 2 medallas de bronce en los Juegos Olímpicos y 2 medallas de plata en el Campeonato de Europa. Un gran profesional cuya única vocación ha sido siempre entrenar y enseñar sin más afán que hacer las cosas lo mejor posible.

Como ya os imaginareis, me refiero a mi querido y admirado amigo Juan de Dios Román, al cual tuve la suerte de tener durante muchos años como compañero en el INEF de Madrid, donde ambos dábamos clase de nuestros respectivos deportes. Todavía recuerdo con añoranza las tertulias en la cafetería del Instituto, donde ambos exponíamos con carácter y a veces con vehemencia nuestros puntos de vista del deporte. ¡Qué momentos más inenarrables!
Juan de Dios, al que yo cariñosamente llamaba “Rediós” era, bueno es, un líder de referencia, con una trayectoria deportiva difícil de igualar. Tras más de cuarenta años de éxitos en los banquillos, ahora desde su puesto de Presidente de la Federación de Balonmano trata de extender un deporte que nunca ha sido suficientemente valorado, aunque, sinceramente, a mi me gustaba más el Balonmano cuando veía en los banquillos a “Rediós”. Es una opinión de un servidor, que no quiere menospreciar, ¡ni mucho menos!, a los magníficos entrenadores que tiene este deporte, y que seguro han bebido de las grandes enseñanzas que Juan ha repartido por donde ha pasado.

Admiro a Juan de Dios por muchos motivos, pero hay algunos rasgos en los que Juan de Dios y yo nos parecemos mucho, con toda mi humildad. Por un lado la mentalidad ganadora, los dos llevamos la competitividad en la sangre y no nos gusta perder ni a las chapas. Por otro lado el orgullo de haber transmitido a nuestros innumerables alumnos esos valores en los cuales se tiene que sustenta el deporte, y porque no ¡la mala leche que ambos teníamos en el banquillo! Perdóname Juan por mi pedantería, fíjate si vamos unidos en la historia del deporte que, ¡nos concedieron y nos entregaron la Medalla de Oro al Mérito Deportivo el mismo día!

Amigo Juan, tu devoción y entrega por tu deporte te ha llevado a la presidencia de la Federación, donde a buen seguro lo estás haciendo fenomenal, a pesar de las pocas ayudas que te conceden. Pero estoy convencido que muy dentro de ti hay una voz que te dice todos los días, “Juan, tu qué haces aquí, vuelve a entrenar ¡YA!,” es la misma voz que yo escucho a diario y que no deja de perseguirme este donde este.

Del Bosque y Juan de Dios, son dos diamantes del deporte español, dos entrenadores de “bigotes”, dos ejemplos de los pies a la cabeza de lo que es un líder. Dos grandes personas que no necesitan ni insultar ni hacer escenas para conseguir crear un verdadero equipo y llevarlo a lo más alto, dos defensores a ultranza de esos valores que hacen ser diferentes a otro tipo de entrenadores.

Un gran abrazo lleno de admiración y cariño para los dos.

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