martes, 30 de noviembre de 2010

¿Es el fútbol una escuela de valores?

No siempre. Triste espectáculo el que vimos ayer en el Camp Nou. Patadas, codazos, desprecios, insultos, provocaciones… y todo ello protagonizado por los jugadores de los dos clubes más importantes del mundo –Real Madrid y Barcelona– y ante un público de cientos de millones de personas en todo el planeta.

Mal ejemplo que, por desgracia, no es nuevo. Semanas atrás el juego de declaraciones Mou–Preciado y resto de entrenadores que se sumaron a la causa, también fue bochornoso para lo que es este deporte, que en sus orígenes, a finales del siglo XIX, cuando empezó a introducirse en los public schools ingleses "sirvió para alejar a los alumnos de otras actividades poco aconsejables como la bebida y los juegos de azar, al tiempo que se descubrió como un magnífico medio para fomentar la lealtad, la capacidad de sacrificio, la colaboración mutua y la subordinación a la idea de equipo. En colegios como Harrow, Eton, Charterhouse, Winchester, Westminster y Shrewsbury, organizaban partidos como parte esencial del currículum con especial énfasis en el orden, la disciplina y el espíritu de equipo. El deporte comenzó a aparecer en los horarios de las escuelas y la participación en el fútbol por parte de los estudiantes adquirió un carácter obligatorio" (ver Fútbol: Fenómeno de Fenómenos, pág. 242 y ss.).

El Papa Juan Pablo II, en un discurso dirigido a 150 representantes de la UEFA a los que recibió en el Vaticano, expresaba la importancia del fútbol profesional como aglutinador de valores. Así decía su mensaje:

"Hoy, el fútbol se ha convertido en un fenómeno de masas que enfatiza la responsabilidad de aquellos que se ocupan de su organización y promueven la expansión de este deporte tanto a nivel profesional como amateur. Están llamados a no perder nunca de vista las significativas posibilidades educativas que el fútbol puede desarrollar. Por otra parte, los deportistas, especialmente los más famosos, nunca deberían olvidar que se convierten en modelos para el mundo de la juventud. Por ello, es importante que, además de desarrollar sus capacidades deportivas, sean cuidadosos para cultivar esas cualidades humanas y espirituales que harán de ellos auténticos ejemplos positivos ante la opinión pública. Pido que todos los profesionales del mundo del fútbol, desde sus organizadores hasta sus profesionales de la comunicación, unan esfuerzos para asegurar que el fútbol no pierda nunca su genuina característica de actividad deportiva, que no quede sumergida por otras preocupaciones, especialmente las de carácter económico. Las estructuras que componen la industria del fútbol están llamadas a ser un terreno de auténtica humanidad en el que los jóvenes sean incitados a aprender los grandes valores de la vida y a difundir las grandes virtudes que constituyen la base de una digna convivencia humana, como la tolerancia, el respeto de la dignidad humana, la paz y la fraternidad".
Hoy mismo he estado con José Ignacio Rivero, Presidente de Tatum y colaborador de este blog, y hacíamos referencia junto a Eugenio de Andrés, al comentario que hacía el comentarista la aguja (del blog El espectador),  respecto al post No, así no, no de cualquier forma que escribía el propio José Ignacio sobre el “caso Contador”.

Allí la aguja decía: "No es lo mismo deporte que deporte profesional (en realidad esto último es un oxímoron). El deporte profesional no es ese mundo de valores y referentes del que hablas, es un mundo interesado, artero y torticero. Un mundo de manipulación, de mentira y de traiciones. Todo vale con tal de que… ¡no te pillen! Con su mentalidad, asumen riesgos calculados. Al final, quizá por ir tanto el cántaro a la fuente, o quizá por exceso de confianza, acaban pillándolos. Pero hasta ese momento la cuenta corriente se ha ido engrosando".

Quizás lleve razón nuestro amigo. Aprende del Deporte nace con una vocación clara: ser una correa de transmisión de valores del deporte para su aplicación en cualquier ámbito de la vida. Sin embargo, parece que Deporte y Deporte Profesional son dos cosas diferentes.

Tengo que pensar más sobre ello, pero sí que a menudo el Deporte Profesional –al menos en el fútbol– se asocia sólo a grandes sumas de dinero, comisiones, tarjetas de crédito, glamour, lujo, rentabilidad, compra de partidos… y como decía el negro Fontanarrosa, "el amor del hincha es lo único amateur que queda en el fútbol, ahora centro de una comercialización absoluta"; algo en lo que coincidía Eduardo Galeano: "El fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. Los periodistas especializados hablan cada vez menos de las habilidades de los jugadores y cada vez más de sus cotizaciones. Los dirigentes, los empresarios, los contratistas y demás cortadores del bacalao ocupan un espacio creciente en las crónicas futboleras. Antes, los «pases» se referían al viaje de la pelota de un jugador al otro; ahora, los «pases» aluden más bien al viaje del jugador de uno a otro club o de un país a otro. ¿Cuánto están rindiendo los famosos en relación a la inversión? Los especialistas nos bombardean con el vocabulario de los tiempos: oferta, compra, opción de compra, venta, cesión en préstamo, valorización, desvalorización".

Un conocido directivo del balompié afirmaba en una ocasión: "La moda convirtió a los futbolistas en hombres muy ocupados que en sus ratos libres juegan al fútbol. Entrevistas, publicidad, negocios: todo contribuye a ese yupismo que los tiene en permanente estado de alerta, cada día más alejados de sus deberes profesionales".

El fútbol nos permite pasar buenos momentos de ocio y socializa igual que ir de tapas o copas, ¿pero hoy día puede ser considerado el deporte (fútbol) profesional una escuela de valores? Vosotros diréis..

2 comentarios:

la aguja dijo...

Quedo agradecido por el enlace. Y si se me permite abundar en el debate, lo haré citando a la ex-vicepresidenta De la Vega: “El cine es arte, pero también es industria”.

El deporte profesional es industria. No es posible extrapolar alegremente los beneficios de la práctica deportiva —inclusive la competición amateur— a la industria del deporte profesional (o a esa parte del profesionalismo olímpico amparado por los planes ADO, donde un tipo se juega mantener su ritmo de vida, retrasando su incorporación al mundo laboral).

No podemos ser tan cándidos.

El deporte de competición, y más la competición profesional, es agresivo con el organismo (dañino y lesivo).

Saludos.

Anónimo dijo...

Il semble que vous soyez un expert dans ce domaine, vos remarques sont tres interessantes, merci.

- Daniel

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