lunes, 30 de marzo de 2009

El tercer tiempo


En los partidos de rugby hay una tradicional costumbre que siempre he admirado y envidiado, el llamado tercer tiempo. Consiste en que al finalizar el partido, ambos equipos, tras darse la mano como caballeros, se van juntos a tomar unas cervezas. Es decir, la batalla queda en el campo, allí quedan vencedores y vencidos, y con un profundo respeto al contrario nos enseñan la diferencia entre rival y enemigo.

Recuerdo un partido en el que dirigía al Real Madrid del magnífico Clifford Luyk, contra el equipo de Varese del legendario Dino Meneghin. Fue un encuentro muy duro, con un enfrentamiento encarnizado entre Dino y Clifford. Cuando sonó el pitido final, ambos jugadores salieron disparados el uno hacia el otro. Yo, temiéndome lo peor, advertí de la situación a mi equipo técnico y salimos todos detrás de Luyk para sujetarle, pero claramente nos llevaba ventaja y no íbamos a llegar antes del encontronazo. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando ambos jugadores, al encontrarse frente a frente, en lugar de liarse a guantazos, se fundieron en un efusivo y sincero abrazo lleno de sudor y sangre.

No menos espectaculares eran los enfrentamientos de nuestro llorado Fernando Martín y Audi Norris, donde haciendo caso omiso a la presión de los graderíos siempre terminaban fundiéndose en un abrazo, abrazos, que como en el caso anterior, estaban llenos de sudor y sangre debido al fragor de la batalla. Se me encoge el corazón al recordar a Norris llorando como un niño ante el cuerpo presente de Fernando. Como añoro a estos deportistas.

Esta es la verdadera grandeza del deporte, ser capaz de luchar, con toda la energía, hasta la extenuación, pero una vez finalizada la contienda, reconocer y valorar al rival con honor y deportividad, independientemente de quien haya sido el ganador o el perdedor, ya que como decía el autor de El Principito “es ante un obstáculo digno, donde el hombre se conoce”.

Este es uno de los muchos valores del deporte, parte de la esencia que forja el Deporte con mayúsculas, y el debate que me gustaría plantear hoy es el siguiente: ¿Por qué si el deporte está lleno de valores, sus aficionados, los que lo siguen no siempre los reflejan? ¿Por qué no se respeta y se insulta a los contrarios, como ocurrió en la visita al Bernabéu de nuestro internacional Torres? ¿Por qué el ataque y el odio visceral entre las aficiones como demostraron los Boixos Nois lanzando bengalas a los hinchas del Espanyol?

¿Por qué los valores no generan valores? ¿O es que el deporte, como reflejo de la sociedad que tenemos está perdiendo los valores que le dan sentido?

4 comentarios:

FAH dijo...

Fantástico, Lolo. Gran post. No hay que olvidar que los valores determinan nuestros comportamientos. ¿Y qué son los valores sino que la cultura de una organización? La cultura (principios subyacentes que explican nuestra conducta) es la esencia de las organizaciones. Como dice un dicho: "Si se vive entre codornices es muy difícil aprender a volar como las águilas". Un abrazo.

Ricardo Colomo dijo...

Es cierto que hay deportistas cuyo comportamiento en el terreno de juego es ejemplar. Pero también es cierto que hay muchos otros con actitudes vergonzantes. Y son los más. En el sistema social en el que nos movemos la sociedad influye en los deportistas y éstos lo hacen en la sociedad, y este círculo es, en algunos casos virtuoso, y en otros muchos vicioso.


Quizá sea una manía personal, pero en el fútbol, por ejemplo, la acción de chutar contra el hombre caído víctima de una falta es un hecho común en demasía y escasamente castigado (el Real Madrid alinea un central cuyo comportamiento es sonrojante en este sentido, por cierto, castigado no hace mucho por este gesto cobarde con una pírrica tarjeta amarilla). Y este comportamiento desproporcionado e impropio lo presencian los aficionados (doy fe). Y muchos lo aplauden (doy fe). Y otros muchos callan (doy fe) en lugar de recriminarle (doy fe de que alguno lo hace). Aunque juegue en su equipo, aunque defienda sus colores. Y los dirigentes ni parecen entenderlo ni encuentran la vía de combatirlo.

La cuestión es que competir así acaba con "el tercer tiempo". Y con el deporte tal y como lo entendemos muchos.

eduardo schell dijo...

Grande una vez más Lolo.

Para mí uno de los grandes problemas viene desde el deporte de base y tristemente unos de los grandes culpables son los padres que viendo el partdio de sus hijos no dejan de gritar,protestar y recriminar a los árbitros y además luego se encargar de alienar a sus hijos y se obsesionan con convertirles en el nuevo crack.

Otro de los grandes problemas es que el deporte ha perdido muchas veces ya su caracter de formación y se ha profesionalizado hasta límite insospechados de mala manera en el deporte de base. Una de las grandes pruebas está en el baloncesto universitarios de EE.UU. Pero no hay que irse tan lejos, basta con asomarse a un campo e tierra de fútbol un domingo por la mañana.

Además Lolo, ya a nivel de elite, cada vez se premia más la pilleria, la trampa, la habilidad para engañar al árbitro y 'cobrarse' un penalti inventado o marcar un gol con la mano sin ser visto...

eduardo schell dijo...

Al hilo de lo que comentaba del baloncesto universitario y su profesionalización en detrimento del espíritu de formación:

Ayer, John Calipari, entrenador de la Universidad de Memphis rescindió su contrato y firmó como nuevo entrenador de la Universidad de Kentucky.
Aquí van algunas cifras de la operación:
1. Kentucky indemniza a Memphis con 200.000 dólares.
2. Calipari firma por 8 años y 31,6 millones de dólares.
3. Además, Calipari recibe un bonus de 2,5 millones por firmar con Kentucky.
4. Es decir: 44,1 millones dólares por 8 años. Más de 5,5 millones anuales...

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