martes, 30 de noviembre de 2010

¿Es el fútbol una escuela de valores?

No siempre. Triste espectáculo el que vimos ayer en el Camp Nou. Patadas, codazos, desprecios, insultos, provocaciones… y todo ello protagonizado por los jugadores de los dos clubes más importantes del mundo –Real Madrid y Barcelona– y ante un público de cientos de millones de personas en todo el planeta.

Mal ejemplo que, por desgracia, no es nuevo. Semanas atrás el juego de declaraciones Mou–Preciado y resto de entrenadores que se sumaron a la causa, también fue bochornoso para lo que es este deporte, que en sus orígenes, a finales del siglo XIX, cuando empezó a introducirse en los public schools ingleses "sirvió para alejar a los alumnos de otras actividades poco aconsejables como la bebida y los juegos de azar, al tiempo que se descubrió como un magnífico medio para fomentar la lealtad, la capacidad de sacrificio, la colaboración mutua y la subordinación a la idea de equipo. En colegios como Harrow, Eton, Charterhouse, Winchester, Westminster y Shrewsbury, organizaban partidos como parte esencial del currículum con especial énfasis en el orden, la disciplina y el espíritu de equipo. El deporte comenzó a aparecer en los horarios de las escuelas y la participación en el fútbol por parte de los estudiantes adquirió un carácter obligatorio" (ver Fútbol: Fenómeno de Fenómenos, pág. 242 y ss.).

El Papa Juan Pablo II, en un discurso dirigido a 150 representantes de la UEFA a los que recibió en el Vaticano, expresaba la importancia del fútbol profesional como aglutinador de valores. Así decía su mensaje:

"Hoy, el fútbol se ha convertido en un fenómeno de masas que enfatiza la responsabilidad de aquellos que se ocupan de su organización y promueven la expansión de este deporte tanto a nivel profesional como amateur. Están llamados a no perder nunca de vista las significativas posibilidades educativas que el fútbol puede desarrollar. Por otra parte, los deportistas, especialmente los más famosos, nunca deberían olvidar que se convierten en modelos para el mundo de la juventud. Por ello, es importante que, además de desarrollar sus capacidades deportivas, sean cuidadosos para cultivar esas cualidades humanas y espirituales que harán de ellos auténticos ejemplos positivos ante la opinión pública. Pido que todos los profesionales del mundo del fútbol, desde sus organizadores hasta sus profesionales de la comunicación, unan esfuerzos para asegurar que el fútbol no pierda nunca su genuina característica de actividad deportiva, que no quede sumergida por otras preocupaciones, especialmente las de carácter económico. Las estructuras que componen la industria del fútbol están llamadas a ser un terreno de auténtica humanidad en el que los jóvenes sean incitados a aprender los grandes valores de la vida y a difundir las grandes virtudes que constituyen la base de una digna convivencia humana, como la tolerancia, el respeto de la dignidad humana, la paz y la fraternidad".
Hoy mismo he estado con José Ignacio Rivero, Presidente de Tatum y colaborador de este blog, y hacíamos referencia junto a Eugenio de Andrés, al comentario que hacía el comentarista la aguja (del blog El espectador),  respecto al post No, así no, no de cualquier forma que escribía el propio José Ignacio sobre el “caso Contador”.

Allí la aguja decía: "No es lo mismo deporte que deporte profesional (en realidad esto último es un oxímoron). El deporte profesional no es ese mundo de valores y referentes del que hablas, es un mundo interesado, artero y torticero. Un mundo de manipulación, de mentira y de traiciones. Todo vale con tal de que… ¡no te pillen! Con su mentalidad, asumen riesgos calculados. Al final, quizá por ir tanto el cántaro a la fuente, o quizá por exceso de confianza, acaban pillándolos. Pero hasta ese momento la cuenta corriente se ha ido engrosando".

Quizás lleve razón nuestro amigo. Aprende del Deporte nace con una vocación clara: ser una correa de transmisión de valores del deporte para su aplicación en cualquier ámbito de la vida. Sin embargo, parece que Deporte y Deporte Profesional son dos cosas diferentes.

Tengo que pensar más sobre ello, pero sí que a menudo el Deporte Profesional –al menos en el fútbol– se asocia sólo a grandes sumas de dinero, comisiones, tarjetas de crédito, glamour, lujo, rentabilidad, compra de partidos… y como decía el negro Fontanarrosa, "el amor del hincha es lo único amateur que queda en el fútbol, ahora centro de una comercialización absoluta"; algo en lo que coincidía Eduardo Galeano: "El fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. Los periodistas especializados hablan cada vez menos de las habilidades de los jugadores y cada vez más de sus cotizaciones. Los dirigentes, los empresarios, los contratistas y demás cortadores del bacalao ocupan un espacio creciente en las crónicas futboleras. Antes, los «pases» se referían al viaje de la pelota de un jugador al otro; ahora, los «pases» aluden más bien al viaje del jugador de uno a otro club o de un país a otro. ¿Cuánto están rindiendo los famosos en relación a la inversión? Los especialistas nos bombardean con el vocabulario de los tiempos: oferta, compra, opción de compra, venta, cesión en préstamo, valorización, desvalorización".

Un conocido directivo del balompié afirmaba en una ocasión: "La moda convirtió a los futbolistas en hombres muy ocupados que en sus ratos libres juegan al fútbol. Entrevistas, publicidad, negocios: todo contribuye a ese yupismo que los tiene en permanente estado de alerta, cada día más alejados de sus deberes profesionales".

El fútbol nos permite pasar buenos momentos de ocio y socializa igual que ir de tapas o copas, ¿pero hoy día puede ser considerado el deporte (fútbol) profesional una escuela de valores? Vosotros diréis..

sábado, 27 de noviembre de 2010

No es Del Bosque sólo lo que reluce


Para mi Vicente sin duda es un gran ejemplo de persona y de profesional, un gran entrenador y un caballero, un trabajador incansable y un corazón generoso. Del Bosque es un modelo de valores, humilde, sencillo, leal, un hombre de equipo, un deportista de la vieja escuela, de los que un apretón de manos es el contrato más seguro, para los que el honor es un tesoro. En resumen, un gran referente.

Pero Del bosque, no es un espécimen único, escaso sí, pero no único. En nuestro rico panorama deportivo tenemos otros ejemplos, no muchos desgraciadamente, que entienden igual el deporte y la forma de crear equipo, que comparten los mismos valores, los mismos comportamientos, y curiosamente éxitos muy similares.

Hoy quiero recordar a un hombre del balonmano, un maestro que ha revolucionado y modernizado este deporte consiguiendo un palmarés impresionante, especialmente con la Selección Nacional: 2 medallas de bronce en los Juegos Olímpicos y 2 medallas de plata en el Campeonato de Europa. Un gran profesional cuya única vocación ha sido siempre entrenar y enseñar sin más afán que hacer las cosas lo mejor posible.

Como ya os imaginareis, me refiero a mi querido y admirado amigo Juan de Dios Román, al cual tuve la suerte de tener durante muchos años como compañero en el INEF de Madrid, donde ambos dábamos clase de nuestros respectivos deportes. Todavía recuerdo con añoranza las tertulias en la cafetería del Instituto, donde ambos exponíamos con carácter y a veces con vehemencia nuestros puntos de vista del deporte. ¡Qué momentos más inenarrables!
Juan de Dios, al que yo cariñosamente llamaba “Rediós” era, bueno es, un líder de referencia, con una trayectoria deportiva difícil de igualar. Tras más de cuarenta años de éxitos en los banquillos, ahora desde su puesto de Presidente de la Federación de Balonmano trata de extender un deporte que nunca ha sido suficientemente valorado, aunque, sinceramente, a mi me gustaba más el Balonmano cuando veía en los banquillos a “Rediós”. Es una opinión de un servidor, que no quiere menospreciar, ¡ni mucho menos!, a los magníficos entrenadores que tiene este deporte, y que seguro han bebido de las grandes enseñanzas que Juan ha repartido por donde ha pasado.

Admiro a Juan de Dios por muchos motivos, pero hay algunos rasgos en los que Juan de Dios y yo nos parecemos mucho, con toda mi humildad. Por un lado la mentalidad ganadora, los dos llevamos la competitividad en la sangre y no nos gusta perder ni a las chapas. Por otro lado el orgullo de haber transmitido a nuestros innumerables alumnos esos valores en los cuales se tiene que sustenta el deporte, y porque no ¡la mala leche que ambos teníamos en el banquillo! Perdóname Juan por mi pedantería, fíjate si vamos unidos en la historia del deporte que, ¡nos concedieron y nos entregaron la Medalla de Oro al Mérito Deportivo el mismo día!

Amigo Juan, tu devoción y entrega por tu deporte te ha llevado a la presidencia de la Federación, donde a buen seguro lo estás haciendo fenomenal, a pesar de las pocas ayudas que te conceden. Pero estoy convencido que muy dentro de ti hay una voz que te dice todos los días, “Juan, tu qué haces aquí, vuelve a entrenar ¡YA!,” es la misma voz que yo escucho a diario y que no deja de perseguirme este donde este.

Del Bosque y Juan de Dios, son dos diamantes del deporte español, dos entrenadores de “bigotes”, dos ejemplos de los pies a la cabeza de lo que es un líder. Dos grandes personas que no necesitan ni insultar ni hacer escenas para conseguir crear un verdadero equipo y llevarlo a lo más alto, dos defensores a ultranza de esos valores que hacen ser diferentes a otro tipo de entrenadores.

Un gran abrazo lleno de admiración y cariño para los dos.

martes, 23 de noviembre de 2010

Bobby Charlton y Duncan Edwards


Parece ser que, por fin, van a hacer una película sobre los Busy Babes, tal y como consta en el Blog de Carlos Marañón en Cinemanía... La película, que en realidad será un telefilme producido por la BBC, llevará por título: United (The Busby Babes and The Munich Air Crash). Este hecho, me lleva a volver a reflexionar sobre los destinos contrapuestos de los dos exponentes máximos de aquella generación: Duncan Edwards y Bobby Charlton.
El determinismo es una teoría que supone que la evolución de los fenómenos naturales está por completo establecida de antemano. Según los defensores de esta teoría, el azar no jugaría un papel fundamental en nuestra circunstancia, ni el libre albedrío humano sería un modificador de nuestros actos. Atendiendo pues a estos filósofos, Sir Bobby Charlton habría nacido para ganar la Copa del Mundo, y no para morir en un aeropuerto de Munich.
Charlton nació en Northumberland en 1937. Con diecisiete años se incorporó a la disciplina del Manchester United. Allí, junto con otros compañeros de su edad, entre los que destacaba Duncan Edwards, formaron un conjunto extraordinario bajo las órdenes de Mister Busby. Edwards era la estrella. Sin embargo, su destino no era el triunfo pleno. El de Charlton sí.
En la Copa de Europa de 1957/58 los cuartos de final emparejaron al United con el Estrella Roja de Belgrado. El encuentro de vuelta, que terminó con un 3-3, suponía que los ingleses alcanzaban por segundo año consecutivo las semifinales. El vuelo de vuelta a las islas hizo escala en Munich. Allí, Charlton y Viollet cambiaron sus asientos por los de Taylor y Pegg. El avión se dispuso a despegar. Nunca lo logró. Chocó contra una casa y se partió por la mitad.
En la escena del desastre, el portero Harry Gregg comenzó a rescatar compañeros del avión. Salvó a Charlton y a Viollet, luego volvió a por Mr. Busby y Blanchflower. Y también rescató a una mujer, Vera Lukic y su hija, Venona. Sin embargo, 23 personas perdieron la vida en aquel día. Entre ellos, Duncan Edwards, que resistió a su destino unos pocos días. También perecieron Taylor y Pegg, que habían permutado sus asientos por los de Charlton y Viollet en busca de la aparente seguridad que proporcionaba la cola del avión.
Para Busby, Edwards era el mejor jugador del mundo, Charlton declaró que Edwards era el único jugador que le hacía sentirse inferior. Sin embargo, Charlton estaba llamado a alcanzar los mayores triunfos que un futbolista inglés ha conseguido hasta el momento. En 1966, Bobby Charlton acaudilló la selección de Alf Ramsey hacia la victoria en la Copa del Mundo. Allí compartió el triunfo con Gordon Banks, Bobby Moore, Nobby Stiles, Geoff Hurst y su hermano Jackie, entre otros. Muchos pensaron que aquella Copa Jules Rimet que alzó Moore en Wembley debía haberla recogido Duncan Edwards... Dos años más tarde, en 1968, Charlton fue el artífice de la primera Copa de Europa de un club inglés, el United.
Bobby Charlton se retiró de la selección después de la eliminación en el Mundial de 1970 por parte de Alemania. Aquel es recordado aún como uno de los mejores partidos de la historia de los mundiales. Abandonó también el United en 1973 tras algunos años de decadencia y conflictos con las otras estrellas del equipo: el norirlandés George Best y el escocés Dennis Law. En la actualidad, Bobby Charlton forma parte del staff directivo de los de Old Trafford.
La tragedia de Munich es aún recordada por los aficionados. El gran Morrissey, que no había nacido aún cuando se produjo el desastre, recuerda a los caídos en una de sus últimas canciones: “Les echamos de menos, cada noche les besamos. Sus caras están grabadas en nuestras mentes. Me gustaría haber caído con ellos”. Ahora, tendremos también la película... Es emocionante ver y oir cómo los aficionados del Manchester recuerdan, más de cincuenta años después, a los Busy Babes: Forever and ever, We'll follow the boys. Of Man United - The Busby babes!

jueves, 18 de noviembre de 2010

No, así no, no de cualquier forma


No quisiera tener que escribir estas letras, en el sentido que es necesario hacerlo, pero no sería bueno que no nos pronunciemos ante los acontecimientos que están sucediendo en torno a la figura de uno de los hombres más admirados del deporte español. Me refiero como se habrá podido entender al posible caso de doping de Alberto Contador.

Sé que a la hora de escribir estas líneas aun queda todo por confirmar, pero el asunto tiene muy mala pinta. Debemos así espero que todo se aclare y Alberto pueda decirnos con su cara de “buen chico”, no me merecéis, no me habéis creído, ante la apariencia de los hechos, lo primero que hicisteis es condenarme. Me encantaría escuchar esos reproches por parte de Alberto, me encantaría avergonzarme de mis sospechas pero…

En mi vida profesional, he utilizado bajo el título de “Aprende del deporte” a un numeroso grupo de deportistas españoles y de otras nacionalidades para que sirvan como referentes a la hora de hablar de valores que deberían estar presentes en la sociedad actual y que sin embargo cada vez es más difícil reconocerlos en el mundo empresarial.

Qué fácil es que entendamos que es un trabajo de equipo cuando hemos visto jugar y convivir a las selecciones de España de fútbol y baloncesto en los últimos años.

Todos reconocemos lo que es la capacidad y afán de superación cuando hemos visto a nuestros motociclistas correr en un circuito a los pocos días de haberles operado, tras la rotura de alguna parte importante de su esqueleto, producida por alguna espectacular y estremecedora caída.

Quién no ha identificado en Rafa Nadal al espíritu de lucha casi sin límite.

Cuando hemos oído hablar a Vicente del Bosque hemos identificado todos en él la sencillez y la humildad.
Es imposible no pensar en la lealtad ante un amigo, al ver como Iniesta mostraba en uno de los momentos quizás más importantes de su carrera la foto y nombre de Jarque desaparecido dramáticamente poco tiempo atrás.

Todos los que vemos correr a un deportista carente de piernas apoyándose en unas prótesis e intentando alcanzar records imposibles para la mayoría de los seres humanos pensamos que razonablemente Oscar Pistorius es un referente en la capacidad de superación.

Aquellos que conocemos la historia de Dick Hoytt y su hijo David, acaso no pensamos que es difícil encontrar ejemplos de compromiso tan firmes y emocionantes. (Para aquellos que no conozcáis este caso osdejo uno de los muchos vídeos que podéis encontrar en Youtube).





Aquellos que conocen la vida de Alfredo Di Stefano ¿no ven en él ejemplo de competitividad y ambición sana?

En fin, el mundo del deporte es un escaparate de valores y referentes, pero desgraciadamente y con alguna frecuencia nos muestra su cara oscura, su cara decepcionante.

No podemos consentir y transigir con aquellos que no saben o no quieren entender, que la mayoría queremos que el deporte mantenga su escala de valores lo más alta posible y sea modelo para los más jóvenes con ganas de creer en todo y para los más viejos con necesidad de recuperar la credibilidad en algo, ante tantos peligros y amenazas que nos rodean en el mundo que estamos creando entre todos.

En el deporte también no, por favor:
- No a ganar de cualquier forma
- No a la violencia
- No a las discriminaciones
- No a los doping
- No al egoísmo
- No al a prepotencia
- No a la corrupción
- No a la difamación
- No, no y no

Yo no quiero sentirme orgulloso o cómplice como he pensado en alguna ocasión de la mano de Maradona o la de Henry.

No de cualquier forma, siempre quiero ganar y así me ha pasado desde niño cuando jugaba en los recreos en mi colegio, pero la victoria debe estar fundamentada en principios y valores, no de cualquier forma.

Alberto, quiero decirte, que necesitaríamos que lo tuyo fuese un gran error de los técnicos. Perdóname por mi desconfianza y en caso que resultes culpable pide disculpas a todos y si eres inocente convierte este error en una gran enseñanza, declarando en este momento la guerra al doping y a todo lo que le rodea.

jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Qué representa un Barça-Madrid?

Quedan apenas unas semanas para que se dispute uno de los partidos más seguidos a nivel planetario (1.000 millones de audiencia televisa; ver post Real Madrid-Barcelona: un clásico de macrocifras), que este año adquiere unas connotaciones especiales si tenemos en cuenta que el Barça vive uno de los mejores momentos de su historia y el Real Madrid parece resurgir con la figura de Mourinho. Pero más allá de lo deportivo, ¿por qué el interés por este partido y la rivalidad entre ambos clubes?

En mi libro Fútbol: Fenómeno de Fenómenos relato parte de ello. Comprender lo que representa el “gran clásico” implica darse un paseo por la propia historia personal de Cataluña y del estado español. A finales del siglo XIX, Barcelona era una región industrial con una importante actividad mercantil. Tan sólo EEUU, Inglaterra y Francia podían competir con la producción textil catalana. No obstante, si bien Cataluña contaba con un protagonismo económico notable, el poder político estaba concentrado en Madrid, con lo que los intereses del gobierno central y los de los capitalistas catalanes chocaban frontalmente. Para los nacionalistas, Cataluña era símbolo de la modernidad y el progreso, mientras que Madrid era símbolo del subdesarrollo y el retraso. Mientras el centro luchaba por salir adelante, la burguesía catalana abría sus puertas a las influencias extranjeras a través del comercio.

Esta supremacía catalana no era del agrado del Estado español que la veía como una región de ideas separatistas. Por su parte, los catalanes acusaban al Estado de falta de sensibilidad ante la realidad social. En este contexto histórico surgió el Barcelona Football Club que fue fundado oficialmente el 29 de noviembre de 1899 por el suizo Joan Gamper. Un año después, el 28 de octubre de 1900, a iniciativa de Ángel Rodríguez, nacería la Sociedad Española de Football, que más tarde pasaría a llamarse Club Español de Football, y en 1912, con la concesión del título de “real” por parte de Alfonso XIII, Real Club Deportivo Español. El club blanquiazul, compuesto por castellanos, nació como reacción al club catalán, formado en su mayoría por extranjeros. Pronto, la rivalidad entre ambos equipos se dejó notar. El nombre de “español”, en primer lugar, y el título de “real” después, no eran del agrado de la hinchada culé que veía ambos símbolos una provocación a lo que Cataluña representaba. De este modo el RCD Español se convirtió en el gran rival del FC Barcelona, “el espectro del centralismo en su propia casa” y, en consecuencia, “el enemigo interior a combatir”. El diario Marca recogía en sus páginas: “Mientras el Español era un equipo patriota formado por buenos y sanos españoles, el Barcelona era catalanista hasta la médula haciendo propaganda de un régimen insoportable”.

Asimismo, el club blaugrana desde sus orígenes manifestó activamente sus simpatías políticas participando en numerosos actos para reivindicar la causa catalana, algo que el club blanquizaul no hizo: “El Español y el Barcelona llevaban una mascarilla demasiado pequeña para que no se adivinara enseguida el verdadero sentido de ellas. El deporte era la careta que cubría el sentido político. Uno, el Español, dirigido por personalidades de un matiz conocidísimo como español y patriota y que, arrastrados a la lucha, procuraron de su peculio engrandecer al club y a su nombre, para mostrar al rival de lo que eran capaces un buen puñado de buenos españoles fuesen de dónde fuesen. Otro, el Barcelona, ocupado constantemente en dar en el seno de la sociedad el tono catalanista hasta en su correspondencia, acudía con banderas de colores a actos políticos catalanistas”.

El 14 de junio de 1915, el Barcelona y el Júpiter disputaban en Les Corts –antiguo estadio del club culé– un partido de homenaje al Orfeó catalán. La banda de música de un buque británico atracado en el puerto aprovechó el descanso del partido para interpretar el himno español. Los 12.000 asistentes catalanes presentes comenzaron a abuchear. El desprecio le costó al club una sanción, el estadio se clausuró 6 meses y Gamper tuvo que exiliarse.

Durante la dictadura de Primo de Rivera (1923–1929) se eliminó la bandera catalana y la lengua oficial fue abolida. Con los dos principales modos de expresión eliminados, muchos vieron en el barcelonismo una forma de manifestar su reacción contra el régimen y un símbolo de resistencia nacionalista, por lo que se afiliaron al club culé. La bandera del Barça sustituyó a la senyera en las manifestaciones políticas de la época, lo que sirvió para reforzar más la vinculación del equipo con la autonomía catalana: “El fútbol español ha jugado ciertos protagonismos políticos en determinados momentos. Sus socios y simpatizantes se han servido muchas veces del poder de convocatoria de la entidad para convertirla en banderín de enganche. Algunos clubes han sido en sí mismos la representación más evidente de un movimiento político en los momentos en que éste ha estado perseguido”.

Con la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, se abría un nuevo episodio en la historia de España. En 1932, se reconocía el carácter diferencial de Cataluña al tiempo que el RCD Español era despojado del título de “real”. Sin embargo, la guerra civil (1936–39), la derrota de la República y la llegada del Generalísimo al poder, marcó una nueva etapa. El invento del Barça como “el ejercito sin armas de una nación sin estado” o “la sublimación épica del pueblo catalán en un equipo de fútbol” se hizo más evidente con Franco en el poder. Por si fuera poco, el presidente del Barça, Josep Sunyol, había sido fusilado en 1936 por la Coalición Nacionalista: “El Barça fue el símbolo de la posición política de la burguesía nacional y de la pequeña burguesía catalana hasta la guerra civil; después, fue la única forma de expresión elíptica de un conjunto de sentimientos. La prueba principal de esta afirmación reside en el hecho de que los inmigrantes integrados son seguidores del Barça, los no integrados, del Español”.

Con el Caudillo, la rivalidad futbolística con un marcado carácter regional a través del enfrentamiento entre periquitos y culés, quedó en un segundo plano y se trasladó al enfrentamiento entre el Real Madrid –símbolo de la españolidad– y Barcelona –símbolo de la catalanidad–. Franco, al igual que Primo de Rivera, trató de eliminar cualquier brote nacionalista, pero mientras este último reaccionó también de manera aplastante contra el Barça, el primero, más inteligente, vio al club culé como un mal menor con el que convivir y por medio del cual los catalanes podían desahogarse: “[Franco] trató de borrar todas las rivalidades regionales en España, excepto en el fútbol. Promovió el fútbol como un medio saludable para que las regiones descargasen sus tensiones. Como los catalanes no tenían partidos políticos, ni gobierno regional, ni derecho alguno a usar su propia lengua, pusieron todo su orgullo cultural en el Barça. En un partido del Barça, la gente podía gritar en catalán y cantar canciones tradicionales cuando no podía hacerlo en ningún otro lugar”.

Pronto, el fútbol como catalizador de la oposición regionalista adquirió una dimensión mayor: “Lo que está muy claro en el fútbol español es que el deporte balompédico es, en realidad, un semanal enfrentamiento político. El Real Madrid representa algo, y el barcelonista lo sabe; el Barça representa otro algo también, y el madridista también lo sabe”. El presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu, refiriéndose al presidente del RCD Español entre 1967 y 1969, Juan Vila–Reyes, decía: “Le admiro porque preside en Cataluña un club que se llama Español. Eso sí que tiene mérito”. Para el escritor Vázquez Montalbán, “el Barcelona y el Real Madrid son algo más que un club porque asumen valores políticos añadidos. El Barcelona sería algo así como el ejército simbólico desarmado del nacionalismo catalán, y el Real Madrid, el representante del Estado español, papel que se le atribuyó en los tiempos de Franco”.

Durante la dictadura, el Barça sería fichado en los archivos de la Dirección General de Seguridad, como “elemento peligroso y hostil al régimen”. En el expediente abierto al club con el número 29708, se detallaba: “Este club explota su rivalidad con el Español para hacer política catalanista y le rodea un público apasionado, en su mayor parte de ideas separatistas”. Vázquez Montalbán escribió: “Cuarto en la lista de organizaciones que purgar, después de los comunistas, los anarquistas y los separatistas, se hallaba el Fútbol Club Barcelona”.

En 1943, ambos clubes debían medirse en partido de semifinales de la Copa del Generalísmo. En aquella época se había decretado una amnistía que amparaba a los exiliados durante la guerra. En el Barça militaban tres jugadores que habían permanecido huidos después de una gira por América con el club. El partido de ida en Les Corts se había resuelto a favor de los catalanes por 3-0. Antes del comienzo del encuentro de vuelta, uno de los máximos responsables de seguridad entró en el vestuario blaugrana y les recordó: “No olvidéis que algunos de vosotros estáis jugando gracias, únicamente, a la generosidad del régimen, que ha olvidado vuestra falta de patriotismo”. El club culé recibió una sonora goleada: 11–1. Del incidente dio cuenta Samarach en el diario La Prensa. La crónica fue objeto de felicitación por la directiva barcelonista pero el atrevimiento le valió una sanción ejemplar y tuvo que dejar de escribir. El artículo decía: “Quizá si la victoria hubiera sido 4–0  nos volcaríamos a reprochar a éste o aquel jugador del Barcelona. Pero un 11–1 son diez tantos de ventaja. Muchos, demasiados, para que no se busque otra razón que pueda explicarnos este resultado. Si los azulgranas hubieran jugado mal, francamente mal, el marcador no hubiera alcanzado esa cifra astronómica. Lo que pasa es que no jugaron”.

Filosofía culé

La filosofía del Barça viene definida por el lema acuñado por Cirici y Mercè Valera en 1975 “más que un club”, frase que sintetiza de manera explícita los valores que el conjunto blaugrana representa: “Casi nunca una frase tan corta ha podido significar tantas cosas. Cuando alguien ha dicho que el FC Barcelona era más que un club, estaba aludiendo a un fenómeno sorprendente, y creemos que único en el mundo, de una institución deportiva revestida de tanta trascendencia”. Otro presidente de la institución, Narcís de Carreras, lo expresaba en estos términos: “Somos lo que somos y representamos lo que representamos”; igual que el dirigente Agustí Montal i Costa (1969-1977): “El Barça es mucho más que un club. Uno de los éxitos del Barcelona es su poder como entidad integradora de la gente que llega a nuestra tierra y se identifica por medio de nuestro club con nuestra manera de ser”.

Uno de los acontecimientos más relevantes en la historia del club como institución, fue el memorable 5–0 en el Estadio Santiago Bernabéu la noche del 18 de febrero de 1974, con Cruyff como director de orquesta. Algunas crónicas apuntan peyorativamente que el proceso de transición hacia la democracia no comenzó en diciembre de 1973 con el asesinato del almirante Carrero Blanco sino aquella noche épica: “El Barcelona acababa de derrotar a sus mortales rivales del Real Madrid, y prácticamente todo el mundo, jóvenes y viejos, hombres y mujeres por igual, salió a la calle para celebrarlo. Aquella noche hubo más senyeras rojas y amarillas que banderas azulgranas del Barça, particularmente a lo largo de las Ramblas y en la plaza de Catalunya, y la canción que cantaba la multitud era el himno catalán proscrito, Els segadors”. La humillación sirvió para que algunos calificaran a ese año como el mil novecientos cero cinco. Hoy todavía la gesta se sigue celebrando: “Hay victorias tan gozosamente sentidas que son motivo de celebraciones en aniversarios señalados. Para el Barça es casi fiesta de guardar el 0–5 de 1974 en el Estadio Bernabéu. Los veinte años de aquella gesta no pasaron inadvertidos. Humillar al contrario, aunque sea con efemérides que no han vivido miles de socios, forma parte de la pugna permanente”.

Con la democracia en marcha

El 28 de diciembre de 1975, poco después de la muerte de Franco, el Real Madrid debía jugar en el Nou Camp. Los catalanes esperaban con ansia el encuentro. Numerosas banderas catalanas lograron colarse al interior del estadio. El equipo local venció por 2-1. La afición estalló de alegría y celebró la victoria deportiva con sabor político. Años más tarde y ya con la democracia más consolidada, en una final histórica de la Copa del Rey en 1983, el Barça se imponía a su eterno rival por 2-1, triunfo que el alcalde socialista de la ciudad catalana, Pascual Margall, calificó así: “Esta victoria satisface los deseos de todo un pueblo”.

El presidente del Barça hasta 2010, Joan Laporta, también hizo gala de su catalanidad durante su viaje oficial a Bosnia–Herzegovina en 2005. En el discurso ante las autoridades del país decía: “El Barça es un club de Barcelona, capital de nuestro país, Catalunya. Estamos orgullosos de ser catalanes y aquí podemos manifestar esos sentimientos con el mismo orgullo que vosotros decís que sois bosnios”. En una entrevista a El Mundo, el dirigente decía: “El Barça es un club poliédrico, promueve unos valores que son universales como el civismo, la deportividad y el hecho diferencial de que es un club catalán de fútbol que está muy vinculado y entroncado con la sociedad catalana. Para un catalán del Barça, la catalanidad del club es muy importante”. Y también: “La catalanidad del Barça es una realidad. Es entendida, comprendida y aceptada por todo el barcelonismo. Nuestra directiva es catalanista. El Barça ha tenido históricamente un papel extraordinario para promover los valores del catalanismo. A nivel político también ha tenido ese papel. Ya desde sus inicios, Gamper, que era suizo, tuvo la habilidad de vincular al club con Cataluña. En los años 20, la entidad ya se posicionó en cuestiones como el apoyo al Estatut y se consideró al Barça como el club de Cataluña. Ahora somos más que un club en Cataluña, más que un club en España y estamos en el marco de una estrategia corporativa para ser más que un club en el mundo”.

En la actualidad (y como siempre), en Can Barça los triunfos barcelonistas son celebrados por el soci culé con un “¡Visca el Barça!” seguido de un incondicional “¡Visca Catalunya!”, símbolo ideológico de la identidad del club con el regionalismo catalán..
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