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lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Estrellas Castigadas!

En el último derbi entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, Guti acumuló su tercer partido sin ser convocado, y según como parece que van las cosas no va a ser el último. Raúl por su parte, el eterno capitán, al igual que el crack argentino Kun Agüero, empezaron el partido en el banquillo.

Detrás de estas ausencias puede haber muchas causas, algunas que intuyo y otras que seguro desconozco, pero desde luego todas ellas me dan pie a hablar del hecho de castigar a los jugadores importantes sin jugar.

Yo soy contrario a estas medidas, como soy contrario a las rotaciones por sistema: los grandes jugadores están para jugar y las rotaciones deben responder a la realidad de cada encuentro, y no a las suposiciones ideales que un entrenador se pueda hacer en su despacho.
Sin duda, en Baloncesto es mucho menos complicado que en futbol, ya que las reglas de juego son más abiertas en cuanto a cambios se refieren, y te dan pie a manejar los tiempos de juego de cada jugador según el devenir del partido.

Sentar a una estrella por castigo, que es distinto de sentarla para darle descanso (como ha sido el caso de este fin de semana de Xavi o Iniesta contra el Mallorca), ó porque su estado de forma sea lamentable, es malo para el equipo que no puede contar con su aportación, además de perder imagen frente al rival, es malo para el Club que ha invertido para obtener un rendimiento por ese jugador, deportivo y publicitario, y al mismo tiempo es malo para los espectadores que pagan por verles jugar.

Esta práctica del castigo era utilizada por la Universidades Norteamericanas, ahora desgraciadamente cada vez menos, con los jugadores jóvenes a los que les obligaban a que su trayectoria académica fuera positiva para poder jugar, medida importante para su propio desarrollo profesional y personal. Pero a nivel profesional las estrellas ya no son universitarios.
Creo que hay otras formas de solucionar un conflicto con un gran profesional más que relegarlo al banquillo. Apartarlo parece una solución fácil, pero no es buena porque en primer lugar atacamos el ego del jugador, factor muy delicado con este tipo de estrellas y en segundo lugar hacemos público un tema que debe ser privado, con lo que complicamos notablemente su solución.

Yo apuesto por el dialogo cara a cara, por dedicar tiempo a hablar con el jugador, para tratar de comprender cuales son los factores que le hacen comportarse de forma inadecuada. Detrás de un conflicto, de un bajo rendimiento, de una actitud desafiante, suele haber causas profesionales y no profesionales que lo provocan. Si no eres capaz de identificarlas y de actuar sobre ellas, no hay tiempo en el banquillo ni semanas fuera de la lista de convocados que lo solucione.
El dialogo es más efectivo que el látigo, trabajar la relación más útil que el castigo, pero desde luego estás soluciones llevan más tiempo, mayor habilidad en la gestión de personas y desde luego más implicación por parte del líder.

Por supuesto, respeto todas las medidas que utilizan los entrenadores para buscar soluciones a los problemas del rendimiento de sus jugadores, ya que cada maestrillo tiene su librillo. Mi reflexión sólo es una opinión y no una crítica. Lo que si tengo claro es que, “si las medidas que adoptemos no dan resultados, que las estrellas se rasquen el bolsillo, ¡Qué esto sí que les duele!

sábado, 17 de enero de 2009

Raúl, un ejemplo para directivos

Os dejo un artículo que publico hoy en el diario Cinco Días con el título: «Raúl, un ejemplo para directivos». Lo reproduzco a continuación.

«El pasado domingo, el jugador del Real Madrid, Raúl González Blanco, cumplía su partido 500 en la Liga española. Tan sólo otros cinco futbolistas –Andoni Zubizarreta (622), Eusebio Sacristán (543), Paco Buyo (542), Manolo Sanchís (523) y Miquel Soler (504)– han alcanzado esa cifra, pero con la diferencia de que el 7 blanco ha sido el más joven en hacerlo. Además, para celebrar esta hazaña anotó un gol (el 212 de su carrera en este torneo) y su equipo se alzó con el triunfo a domicilio por 0 a 3 contra el Mallorca.

¿Qué es lo que pueden aprender los directivos del jugador de la casa blanca? Apuntamos algunas ideas:

Mentalidad ganadora: es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. En cierta ocasión decía: «Sólo me doy un diez en ganas de ganar». Toda la gente que marca diferencias son personas muy competitivas. Si hay algo que les produce alergia y no soportan es la derrota.

Ambición: cada reto conseguido necesita renovarlo por otro nuevo. Cada cota la convierte inmediatamente en el valle de la siguiente cima. Tiene hambre. Y es que nadie vuela demasiado alto siendo excesivamente conformista. A lo largo de su carrera ha ido sucesivamente batiendo récords. Debutó con tan sólo 17 años; fue el más joven en llegar a los 100 goles en el Real Madrid; es el segundo máximo goleador en la historia madridista (a tan sólo 2 de alcanzar a Di Stéfano) y el segundo con más partidos (a 32 de Manolo Sanchís); es el máximo goleador de la selección española desde 2003; máximo goleador (64 goles) de la Liga de Campeones y máximo goleador de la historia en competiciones europeas (66 goles); y ahora el más joven en llegar a los 500 partidos.

Tolerancia a la presión: Jorge Valdano, que le hizo debutar el 29 de octubre de 1994, escribía de él: «Se siente cómodo en los momentos cruciales. Donde al común de los mortales le entran dudas, él tiene certezas; donde todos tiemblan, él disfruta. Resulta increíble lo poco que le cuesta lograr cosas difíciles». Di Stéfano sentenció: «Raúl consigue lo que muy pocos se animan a hacer: entrar a un estadio con cien mil personas y jugar como si estuviera en el barrio». Así son los ganadores, gente a la que la adversidad les sirve de acicate e incluso les divierte.

Convicción: tiene tal confianza en sí mismo que cualquier cosa que intenta parece estar destinada a tener un desenlace positivo. Valdano también dijo de él: «Si una jugada tiene diez respuestas posibles, puede que Raúl no elija la mejor, pero su decisión tiene tal carga de fe, que terminará convenciéndonos». Mucha gente se queda en el camino por no creer demasiado en ellos mismos. La autoestima es determinante en la consecución de objetivos.

Inteligencia: en los inicios de su carrera profesional tuvo un desliz con la noche. Pecados de juventud. Al inteligente no se le mide por cometer o no errores –todos fallamos– sino por su habilidad para aprender de ellos. No volvió a tropezar en la misma piedra. Gracias a su madurez precoz, él mismo se dio cuenta que lo que había hecho no estaba bien, entonó el «mea culpa», enderezó el rumbo y siguiendo sumando partidos, goles, títulos y premios.

Valentía: sin riesgo no hay evolución ni crecimiento. Como afirmaba Sun Tzu: «Donde hay grandes recompensas hubo hombres valientes». La seguridad no es una virtud que defina a los que descubren nuevos mundos, a los que dejan atrás records históricos, a los que cambian las reglas... Cuentan que cuando fue a Zaragoza a jugar su primer partido oficial, en el vestuario, rodeado de veteranos, mientras todos calentaban, se hizo un rondo y se atrevió a hacerle un caño al capitán, Manolo Sanchís.

Humildad y generosidad: en el debate nacional sobre si debía o no ir a la selección para la Eurocopa pasada adaptó una postura discreta digna de elogio. Sabía que los intereses colectivos estaban por encima de los individuales. No buscó generar polémicas desestabilizadoras aunque le fuesen beneficiosas. En cualquier equipo –deportivo y empresarial– la estabilidad y la unión son el primer requisito para conseguir cosas grandes. Los egos, los personalismos, las individualidades son demoledores para los equipos de trabajo.

Resistencia: como todos, Raúl ha pasado por momentos difíciles, pero su fortaleza emocional le ha permitido aguantar los sinsabores con madurez. Hay personas que suben y luego caen. Él ha sabido mantenerse sin dejarse dominar por la depresión del momento. Ninguna biografía –ni en lo personal ni en lo profesional– es una línea recta. Periodos mejores y peores se alternan, por ello, saber resistir es un sello distintivo de las personalidades más valiosas.

Trabajo: cuando llegó al primer equipo la pierna derecha la tenía de adorno, era un enclenque con cara de niño y se pasaba el partido corriendo. A base de trabajo, poco a poco fue ganando habilidad con la diestra, su musculatura fue tomando forma, fue dosificando su energía en el terreno de juego y demostrando a todo el mundo que haría historia en el balompié. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso. Detrás de cualquier éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio.

Deportividad: o fair play o ética (en el mundo de la empresa). En un ganador, la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa con tal de conseguir resultados. Un dato: su currículum está limpio de tarjeta rojas.

Al hablar de Raúl los elogios se acumulan: «Raúl parece brasileño» (Ronaldo); «Todos sabemos lo que representa Raúl no sólo para su equipo, sino para el fútbol» (Trezeguet); «El Madrid ha fichado a grandes jugadores, pero el mejor es Raúl y lo tenían en la cantera» (Fergurson); «Raúl es el Madrid y el Madrid es Raúl» (Butragueño).

Enhorabuena, Raúl, por lo conseguido hasta el momento y ánimo para los nuevos retos. Seguiremos aprendiendo de ti».

Publicado por Francisco Alcaide Hernández. http://franciscoalcaide.blogspot.com/.
Cinco Días, sábado 17 enero 2009.
http://www.cincodias.com/articulo/Directivos/Raul-ejemplo-directivos/20090117cdscdidir_3/cdspor/ .

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