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lunes, 24 de octubre de 2011

Kathrine Switzer la primera mujer en correr una maratón


La mujer de esta foto, que me ha pasado mi amigo Fernando, es de Kathrine Switzer. Esta valiente mujer desafió las normas establecidas cuando en 1967 se convirtió e la primera mujer en correr una maratón, ya que hasta ese momento se trataba de una prueba exclusivamente para hombres.

Para ello se inscribió como KV Switzer y cruzó la línea de salida con el dorsal 261 como si fuera un corredor más. Pero Kathrine pasó a la historia cuando uno de los jueces a mitad de la carrera se dio cuenta y salto tras ella para detenerla, pero el resto de corredores se lo impidieron y la “escoltaron” para que pudiera terminar la carrera, con un tiempo de 4 horas y 20 minutos. Ese es uno de los momentos inolvidables de la historia de los maratones que quedó para el recuerdo en esta foto.



Desde entonces Kathrine Switzer se ha dedicado a luchar contra la desigualdad entre mujeres y hombres, organizando carreras en 27 países, Avon International Running Circuit, en las que han participado más de 1.000.000 de mujeres, hasta que logró en 1984 que el maratón femenino fuera prueba olímpica.

En el plano deportivo ha corrido 35 maratones, ganando el maratón de New York en 1974, y logrando su mejor marca, 2:51.33, cuando quedó segunda en 1975 en el maratón de Boston. Es la mujer con sexta la mejor marca del mundo.

Me admiran poderosamente los actos donde la gente normal se rebela contra las injusticias, contra las ideas reaccionarias, contra el “no se pude hacer” o el “nunca se ha hecho así”. Me admira tanto el valor de Kathrine , como el del resto de corredores anónimos que impidieron la injusticia.

Necesitamos recuperar el espíritu de aquel incidente de Boston, para poder transformar las cosas, para no aceptar todo lo que nos sucede, para no vivir con frialdad la desgracia ajena. Porque nuestra felicidad está completamente interrelacionada con la de los demás. Creemos que podemos ser francotiradores, independientes, pero sólo en sociedad cobramos sentido, y sólo siendo mejores personas, e implicándonos más con la gente que nos rodea,  lograremos cambiar un poco nuestro mundo.

sábado, 3 de septiembre de 2011

#Cincoañosdeloro y el Equipo Perfecto


3 de septiembre de 2006. #cincoañosdeloro. Una fecha que cambió nuestras vidas: España se proclamó campeona del mundo de baloncesto tras un inmaculado torneo en Japón. Nació la leyenda de la ÑBA, un equipo perfectamente conjuntado plagado de talento capaz de superar todo tipo de dificultades desde la unión, el sacrificio, el esfuerzo, el compromiso y la ilusión. Un equipo formado por 12 jugadores capaces de moverse como uno solo que se convirtió en un espejo en el que mirarse en lo deportivo, en lo humano y en lo profesional.

Ellos 12 y los invisibles que les rodearon (ese grupo de trabajadores indispensables que no atraían los focos pero que eran clave para que la maquinaria estuviera perfectamente engrasada: cuepo técnico, ayudantes, físios, delegado, preparador físico y todo el organigrama de la FEB) provocaron el 'parto' de 'Basuketoboru', un libro en el que los héroes de Japón desvelaban las claves para triunfar dentro y fuera de la cancha en el plano deportivo y empresarial.

Con la ayuda de más de 500 entrevistados variopintos del mundo del deporte (jugadores, entrenadores, directivos y presidentes) y empresarial, dimos con los 12 valores fundamentales para crear un grupo de trabajo de éxito en lo deportivo y en lo empresarial. Los 12 héroes de Japón representaban esos valores que siguen vigentes hoy en día. Más que nunca, se puede aprender del deporte.

• Capacidad de sacrificio Marc Gasol: "Ser parte de la Selección es un orgullo y uno hace lo que haga falta para poder formar parte de este grupo. Si el seleccionador me pide que me dé 100 cabezazos contra un muro, pues voy y lo hago. Es más, me doy 200".

• Ilusión Sergio Rodríguez: "Siempre intento mirar el lado positivo de las cosas por negativa que sea la situación. Analizo lo que pasa y aprendo de lo que me sucede. Ha habido momentos duros pero al final te queda la satisfacción de sobreponerte. La cancha es mi terapia").

• Competitividad Juan Carlos Navarro:"En la Selección hay muchas veces que están mis otros cuatro compañeros trabajando muy duro en la cancha para que yo pueda anotar o conseguir situaciones ventajosas de tiro e intento devolverles la confianza y el trabajo realizado con puntos".

• Espíritu de trabajo Carlos Jiménez:"Es fundamental que todos los miembros del equipo trabajen en la misma línea y que prime el trabajo en equipo. Es fundamental que prime el interés colectivo sobre el individual para el buen funcionamiento".

• Profesionalidad (Rudy Fernández: "Estoy siempre a disposición de lo que me pida el equipo y el seleccionador. Un jugador, por muy bueno que sea, no puede ganar un partido. Necesita siempre el apoyo y la contribución del equipo".

• Compromiso Garbajosa: "El mejor equipo está compuesto por los doce que, como equipo, más rendimiento puedan dar. Puede que seas el máximo anotador de tu equipo pero en la Selección te pueden pedir que te centres más en defender y puede que juegues menos, pero lo haces y ya está, sin malo rollos".

• Actitud positiva Berni Rodríguez: "En un equipo, tan importante es el que mete 30 puntos como el que juega un minuto. Todos contribuyen y lo que cada uno aporta, por poco que parezca aparentemente, es cave para el buen funcionamiento del equipo".

• Generosidad Álex Mumbrú: "Si veo que un compañero tiene un mal día o le cuesta hacer algo, le digo 'no te preocupes que ya lo hago yo por tí'. Sabes que esto es hoy por ti mañana por mí y sé que en la Selección siempre tendré un compañero dispuesto a ayudarme".

• Lealtad José Manuel Calderón: "Da igual si juego 2 ó 35 minutos y da igual si anoto 2 ó 25 puntos. Lo importante es que el equipo gane. El baloncesto es un deporte de equipo en el que las individualidades no bastan para ganar".

• Entrega Felipe Reyes: "Nadie se debe de conformar con lo que ha logrado. El conformista nunca llega a nada en la vida. Yo estoy listo para hacer el papel que se me pida. Mi único objetivo es intentar ayudar y hacer mejor a mi equipo, porque esto es un deporte de equipo".

• Disciplina Carlos Cabezas: "Cada vez se te pide y exige más. A mi me encantan los retos y trabajo para mejorar y crecer como jugador cada día y hacerlo lo mejor posible".

• Humildad Pau Gasol: "Agradezco los elogios, es bonito que reconozcan tu juego, pero sólo me gusta que se reconozca el éxito individual cuando está relacionado con el éxito del equipo. El baloncesto es un deporte de equipo y sin tus compañeros no eres nadie".

PD. Gracias a Rafa Casal @casalfoto por la excelente fotografía que nos sirvió para ilustrar la portada. Una imagen que representa lo que ha e ser un equipo.

viernes, 27 de mayo de 2011

Corresponsales AdP: Wembley. Segunda parte por José Carlos Carrasquet

Hace pocos días se conmemoró el 19 aniversario de la consecución de la primera Copa de Europa en Wembley por parte del F.C. Barcelona. Para muchos culés, entre los que me incluyo, fue el primer gran éxito vivido por el equipo. Hasta la fecha, habíamos subsistido a base de Recopas, Copas del Rey, y alguna que otra Liga aquí y allá que celebrábamos como los mayores éxitos conseguidos. Ya no hablemos de aquellos que nos recordaban las Copas de Feria, la Copa Ibérica, y otras competiciones ya extintas, que a los de mi generación les sonaban a tiempos muy, muy lejanos, a NoDo y a películas en blanco y negro.

Todavía recuerdo como viví ese partido, sentado en el sofá de casa, con mi padre, y con el miedo en el cuerpo de que se repitiera el fatal desenlace de Sevilla. Mi padre aún iba más allá, y se acordaba de Berna, el Benfica, y los famosos postes. Y es que en eso si que estábamos unidos esas dos generaciones de culés. El miedo al fracaso, a la derrota, nos atenazaba. Éramos pesimistas por naturaleza, y ante cualquier adversidad ya veíamos imposible la consecución del objetivo. Recuerdo, que con el 0-0 final fui incapaz de aguantar la tensión, y buceando por los diferentes canales del mando (no tantos como ahora), me topé con el combate final de.. Rocky III!!!. Y allí me quedé, bueno, nos quedamos, viendo a Silvester Stallone y Mister T, dándose mamporros, mientras Barça y Samporia disputaban la prórroga. Y de repente, gritos por el patio de luces, follón en la calle, saltos del Sr Guillem, socio culé que vivía justo encima de nosotros...y... Gooool de Koeman. Papa.., cambia, cambia!!!!!.. Y allí, casi de rodillas, vimos la repetición. El zambobazo del holandés, las carreras de celebración hacia la banda, a Cruyff enganchándose el pié con la valla publicitaria. Al pobre Juan Carlos con la cabeza casi fuera de sitio por el codazo que le pegó Nando en la piña de celebración. Y allí seguimos, entonces ya todos, mi madre y mi hermana se unieron a los 10 minutos finales. Allí estábamos todos apretujados en el sofá, contando los minutos, deseando que aquel calvo, Lombardo se llamaba, parará de correr por la banda, mirando el reloj, pidiéndole al árbitro que pitará ya, aunque quedaran todavía cinco minutos para acabar.

Y pitó…. Por fin teníamos un título. EL TÍTULO. Por fin dos generaciones de culés que lo habían visto pasar tan cerca conseguían su anhelado objetivo. Yo me olvidé de los penaltys de Sevilla, y del maldito Duckadam. Mi padre de los postes cuadrados de aquella portería. Aquello ya no contaba, era pasado. Éramos Campeones de Europa.

Creo que esa falta fabricada entre Bakero, Stoichcov y Koeman, es el punto culminante de la historia del Barça. Hay otros, la final de Basilea, el Barça de les Cinc Copes...... Pero ningún momento hasta aquel día ha sido tan trascendental para el devenir futuro del club. Fue la constatación de un modelo que aun perdura, fue la implantación de un sistema de juego, que con variantes, sigue vigente, fue la liberación de una tensión mal entendida, que hizo, que a partir de entonces el club dejará de lado sus complejos, y viéndose ya con un título mayor asumiera sin dudas la grandeza que por historia, afición y ambición se le suponía. Fue en definitiva, un giro profundo en la dinámica del club. Giro que le ha llevadao a que este sábado, después de la consecución de dos Copas de Europa más, volvamos a estar en Wembley disputando una nueva final.

Una nueva final, que volveré a ver en el sofá de casa, esta vez con mis hijos, que no entienden lo que les explico. Que no entienden de derrotas. Que no entienden que yo tenga miedo a perderla. Papá!!!.. Si siempre ganamos!!!!... Ese es el máximo logro del gol de Koeman. La gestación de una generación de ganadores, que no sufre por la derrota, que la ve como un accidente, y que afronta cualquier competición desde el que sabe que la va a conseguir. Y ese es el primer paso para lograrlo.

martes, 24 de mayo de 2011

¡Todos los partidos valen 3 puntos!



Todos los años vivimos la misma situación. En las últimas 8 jornadas un grupo amplio, por término general, de equipos de fútbol luchan por evitar el descenso a la categoría de plata.



En esos últimos partidos contemplamos enfrentamientos realmente sorprendentes, de aquellos que, durante la mayor parte de la liga regular, han protagonizado partidos totalmente desprovistos de ganas, de lucha, de entrega y han dejado escapar puntos valiosísimos, y en muchos casos determinantes, para no llegar a los últimos partidos, en situación de riesgo.


La entrega, la pasión, la fuerza que vemos en esos partidos, sin duda habría sido fundamental para evitar los dramas de los últimos momentos. Y es que todos saben que, entre jugar en primera o segunda división, puede estar la supervivencia del puesto de trabajo para los profesionales, e incluso de la viabilidad económica para los Clubs.


Siendo así ¿Por qué dejan todo para el final? ¿Es esto una característica del fútbol?


Sin duda la respuesta es NO, en muchos ámbitos de la vida, tanto en términos empresariales, como personales, nos dejamos llevar por el día a día y cuando tomamos conciencia de que se aproxima, la entrega de los objetivos, los exámenes, la necesidad de hacer las reservas para irnos de vacaciones,… en muchos casos ya es demasiado tarde.


¿Qué hacer para que jugadores, entrenadores, directivos e incluso aficionados, tomen conciencia de la necesidad de tomar decisiones enérgicas, firmes, ante actitudes inmaduras, de algunos jugadores y entrenadores que se motivan tan sólo cuando juegan con grandes equipos? Realmente su liga es otra. En esa liga, es donde deben dar todo lo que tienen dentro, y donde se debe demostrar todo el saber hacer de los entrenadores y directivos.


No es verdad cuando se dice que la liga se gana o se pierde los ocho últimos partidos, es cierto pero no es verdad, la liga se pierde o se gana en la primera vuelta y en la regularidad, en la entrega y en el esfuerzo.


Un partido lo pierde cualquiera, sin duda eso es una realidad, pero cada partido se debe vivir como una final, se debe preparar como una final, no se puede permitir, la falta de rendimiento, la falta de entrega, la falta de concentración, hay que tomar medidas inmediatamente. Eso es lo que marca la diferencia.


La lucha que se produce en los últimos partidos ¿no se puede producir en los primeros? ¿Y en todos? Realmente es un fraude, los 38 partidos de la liga valen lo mismo, y ninguno se puede dar por ganado o por perdido. Y ese esfuerzo que se es capaz de dar en los últimos partidos, esa pasión con la que se viven las últimas jornadas, nos demuestran que los equipos podían haber hecho mucho más y probablemente algunos se habrían salvado, si hubieran empezado antes a tomar conciencia de la gravedad y seriedad que merecen todos los partidos.


No es serio señores, miles de aficionados, cientos de miles, sufren todos los años, sin saber qué hacer ante actitudes carentes de profesionalidad de muchos jugadores, entrenadores y directivos que desde luego no se merecen el afecto y admiración que los aficionados les tienen.



Y es que sin duda ¡Todos los partidos valen 3 puntos!

jueves, 31 de marzo de 2011

Corresponsales AdP: Keita y Macherano Picapedreros por Alfonso Loaiza

"El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos". Michael Jordan.

El deporte no es ganar, ganar y volver a ganar, como proclamaba Luis Aragonés antes de ser el instigador del Tiqui-Taca. No todo vale. Las formas importan. El éxito no es lo que debería primar en este mundo de la competitivad. Ya Homero nos explicó en la Ilíada que lo que realmente nos sirve de enseñanza es el camino y no la llegada.

Lo que importa en la vida es no olvidar tu historia: de dónde vienes, quién eres y tener siempre los pies en el suelo. Pasar por el filtro del sentido común y que impere la sensatez. Quizás ese haya sido el sudoku que han hecho Keita y Mascherano para llegar al Barcelona. Todo lo que han logrado ha sido gracias a la ética del trabajo y a la dedicación diaria. El tesón de ambos no tiene límites. Reclaman el fútbol de siempre, el de equipo. Están para servir al escudo que llevan en el pecho y no al dorsal que portan en la espalda. Arriman el hombro cuando la situación lo demanda.

No son Messi, ni Xavi, ni Iniesta. No se han criado en la Masía. No son titulares. Pero cumplen a las mil maravillas siempre. Pertenecen al espíritu estajanovista y picapedrero, pero con altas dosis de toque de balón. No desentonan nunca. Hacen obras de arte sin hacer más de lo que saben. Como explicó Carlos Boyero en su columna del País con Pepe Reina, representan el señorío en sentido amplio de la palabra: son capaces de hacer suya la victoria de sus compañeros.

La imagen de Keita y Mascherano es la metáfora de este Barcelona de Pep Guardiola. El altruismo y la generosidad personificadas. Ambos son internacionales, uno capitán de Argentina y el otro de Mali. Aceptan la suplencia con una entereza sobrehumana. Son en el buen sentido de la palabra "buenos". No solo no crean malos rollos, sino que son junto a Abidal, de los más queridos en el vestuario. Dejan huella, no porque intenten hacer grandes cosas con el cuero, sino porque todo lo que realizan es con el corazón. Y eso tiene un valor gigantesco. Es la base para que el fútbol encuentre sus frutos del deseo. Solo jugando por y para todos se conseguirá el ansiado premio de la victoria de lo colectivo sobre lo individual.

Los dos centrocampistas vienen de continentes como África y Sudamérica en los que para salir adelante se explora la sencillez. Mientras, aquí en el Viejo Continente, fuente de riqueza y estupideces, prima la vanidad y el engreimiento. Nadie pone su granito de arena, todos nos pisoteamos. Ya en España la profesión de mi fallecido abuelo: picapedrero, se ha quedado anquilosada en esa palabra que sirve solo para que mi madre y más profesoras de Lengua la pongan en los exámenes preparatorios de selectividad como ejemplo de parasintética: un vocablo compuesto y derivado.

Le debía unas palabras a mi abuelo Ragüe. Este mes cumpliría años. Un picapedrero. Como Keita y Mascherano. Nos enseñan que a veces vale más ganarse a la gente que un título. El fútbol pasa, los trofeos se llenan de polvo y son las personas las que perduran. Gente como los mediocampistas culés no tienen precio. Keita y Mascherano, dos hombres de alma picapedrera, una filosofía de vida. La belleza de lo simple.

martes, 18 de enero de 2011

¡Podemos!


A lo largo de mi vida profesional he dedicado mucho tiempo a reflexionar y trabajar en el campo de la gestión de personas, tema realmente apasionante y en el que nunca se acaba de saberlo todo.

Dentro de este campo de la actividad humana, soy defensor de que la esencia de lo bueno y de lo malo que estamos viviendo tiene su fundamento en las escalas de valores existentes o en lo que es más dramático, que sería la propia existencia de valores la que propiciaría la evolución del individuo, las entidades y la sociedad en general.

Cada individuo, cada entidad, cada país, cada generación, cada civilización ha ido estableciendo unos fundamentos, unos principios, unas ideas, en torno a los que se han construido las relaciones, las ideologías, los hábitos, las costumbres, … la vida.
Para mí en el mundo del deporte hay conjunto de valores que es determinante (condición necesaria, aunque por supuesto no suficiente) para que se pueda practicar cualquier disciplina deportiva e intentar estar en la élite de la misma. La asunción de esos valores no garantiza el éxito, pero su carencia sí garantiza el fracaso.

¿A qué me estoy refiriendo?; ¿Qué valores están incluidos en este grupo?
Voy a enumerarlos, sin la ambición de ser exhaustivo, pero intentando cerrar lo más posible el conjunto, me estoy refiriendo a:
• El esfuerzo
• La lucha
• La superación
• La capacidad de sacrificio
• La constancia
• La capacidad de recuperación ante el fracaso y la adversidad (Resiliencia)
• La fortaleza de espíritu

Todos ellos están a mano para cualquiera, a disposición de todos, sólo demandan ganas, ambición, deseo… y mucho trabajo. Creo en el trabajo como fórmula de reivindicación de un espacio en aquello en lo que quiero avanzar.

No hay nada que no podamos alcanzar si lo intentamos suficientemente.
Para mí, Oscar Pistorius, (os incorporo una dirección para aquellos que no lo conozcan o quieran verlo en acción http://oscarpistorius.com/ ) es un ejemplo vivo de la capacidad de superación del ser humano.

Teniendo en cuenta su situación personal, “el hombre sin piernas” como él se define, podría haber elegido otras prácticas deportivas, que fuesen aparentemente más adecuadas a su realidad. No, él quería correr, él deseaba correr y demostrar al mundo, que él no aceptaba las barreras que la vida le había querido imponer y decidió correr.

Actualmente está luchando porque le dejen competir con los que no tienen sus aparentes limitaciones. Siempre he pensado que la felicidad está en el camino, en el intento, no en la consecución que por lo general es efímera y en muchos casos, el día después es desilusionante, por ello, no sé si lo conseguirá pero creo que intentándolo está dando un gran ejemplo para muchos y sin duda él se siente feliz.

¡Podemos! Quizás una palabra muy usuada, puede que manida, pero no por ello menos válida. ¡Podemos si no paramos nunca de intentarlo! Por cierto “juntos” es mucho más poderoso, y sobre todo, más divertido.

¡Podemos juntos!

lunes, 26 de julio de 2010

Cristiano Ronaldo debe ir a ver al Doctor

Muchas veces se dice que el dinero y el éxito hacen que los profesionales se acomoden y dejen de ser competitivos. Desgraciadamente es un hecho muy habitual, aunque siempre hay grandes excepciones como el mítico Michael Jordan o mi ídolo Magic Johnson, quienes lo dieron todo por sus equipos y por sus carreras hasta el último día que pisaron una cancha… ¡Incluso después!

La semana pasada vi con mi amigo @raulelsiete, quien te hace saborear todos los deportes por lo mucho que sabe de ellos, el Gran Premio de Sachsenring de Moto GP, donde pudimos disfrutar de otro gran ejemplo, esta vez sobre las veloces ruedas de Valentino Rossi.

Rossi es el piloto que más carreras ha logrado ganar en la historia de los mundiales de motociclismo, record que le arrebató a Ángel Nieto en 2008. A sus 31 años ha ganado nueve campeonatos del mundo, uno en 125cc, uno en 250cc y siete en la categoría reina de Moto GP. Un palmarés espectacular, al que acompaña según la revista GK su novena posición en el ranking de los deportistas mejores pagados de 2010.

Pero es en el 2010, en un campeonato que tiene muy difícil ganar, donde “El Doctor”, como se le conoce en los circuitos, está forjando su imagen de leyenda. El pasado 5 de junio durante los entrenamientos del Gran Premio de Italia de Moto GP, Valentino Rossi sufrió una grave caída en la que se rompió la tibia y el peroné. Tras una complicada operación los médicos estimaron un tiempo de recuperación de al menos dos meses.

40 días ha tardado Rossi en volver a subir a su motocicleta y competir de nuevo en un mundial que no va a poder ganar debido a su lesión. Una imagen impresionante la del piloto italiano en el Gran Premio de Alemania yendo con las muletas hasta la moto, sobre la que no sólo aguantó toda la carrera sino que estuvo a punto de conseguir pódium, pero al final, el australiano Stoner le arrebató la tercera plaza ¡en la última curva! Aún más llamativa era la cara de todo su equipo al verle conducir con la pierna fracturada mientras todos rezaban para que no le ocurriese nada, ya que otra caída podría ser fatal. Sus palabras al respecto han sido “Si puedo hacerlo, ¿por qué no voy a competir?” Es más el italiano no vuelve sólo de cara a la galería, su retorno le ofrece un reto y quiere ganar este campeonato “En 2006 le recuperé 52 puntos a Hayden en seis carreras. ¿Por qué no puedo ahora recuperar 104 en once?”.

La otra cara de la moneda, a mi modo de ver, la pone el “fotografiadísimo” Cristiano Ronaldo y su actuación en el grandioso Mundial de Sudáfrica que ganó nuestra magnífica Selección. En los octavos de final Portugal y España se le vieron las caras. La Roja se enfrentó a un grupo de diez jugadores entregados que pelearon todo el partido y a su divo que estrenaba nuevo look con una cresta, que fue lo poco que se le vio. Más allá de su falta de resultados, que puede ser debida a muchas circunstancias, yo me quede perplejo ante la imagen de Cristiano Ronaldo sentado en el césped, arreglándose las medias tras una pérdida de balón, mientras sus compañeros se mataban a defender, incluso cuando su equipo iba perdiendo y quedaban apeados del Mundial.

¿Es posible que exista un líder sin compromiso? Su actitud que le ha valido todo tipo de críticas en el país vecino, desde las de un mito del fútbol portugués como Figo quien ha dicho que “Para mí, un capitán, independientemente del fracaso o éxito, debe siempre defender al equipo y dar la cara por él”, o el propio seleccionador portugués Carlos Queiroz, a quién Ronaldo acusó de la derrota contra España, “Si el tamaño de la camiseta es demasiado pequeño para alguien no debería formar parte del equipo”.

¡Qué diferencia entre “El Doctor” y CR! ¿Por qué uno se entrega al 100% poniendo en riesgo su propia carrera y el otro no se motiva ni defendido la camiseta de su país en una eliminatoria del mundial? No olvidemos que el palmarés de Ronaldo es muy inferior al de Rossi (a la edad de CR, Valentino ya había ganado 6 mundiales de motociclismo), y en los ingresos seguro que no tanto. Desde mi humilde opinión se trata de una cuestión de profesionalidad, Cristiano Ronaldo es un buen jugador, Valentino Rossi es un gran profesional.

La profesionalidad es una cualidad poco valorada, y mucho menos extendida en el mundo del deporte y de la empresa. Ser profesional implica hacer lo que toca en cada momento, obliga a comportarse con humildad y autocrítica, te hace ser responsable y dar lo que uno puede sin necesidad de tener un jefe que te lo exija. Ser profesional es defender todos tus derechos, pero sin faltar a ninguna de tus obligaciones. Ser profesional es saber sonreír y firmar autógrafos, igual que defender la camiseta de la empresa que te paga. Necesitamos más profesionales en las organizaciones actuales para poder cambiar la forma en la que se hacen los negocios, y para ello tenemos que elegir bien nuestros ídolos y modelos cómo Rossi o los miembros de nuestras selecciones de fútbol y baloncesto.

Por eso yo le recomendaría a Cristiano Ronaldo, y a todos los malos profesionales que pululan por nuestras empresas, que vayan a ver al “Doctor”, a ver si aprenden y se les pega algo.

PD.: Ayer, en el Gran Premio de Laguna Seca (USA), Rossi consiguió la tercera plaza y subió al pódium.

lunes, 12 de julio de 2010

La Roja y el ejemplo de la ÑBA

Tras la inesperada derrota ante Suiza en el primer partido del Mundial, escribíamos que España tenía un inmejorable espejo en el que mirarse para acabar ganando el título: la Selección Española de Baloncesto. Los caminos, paralelos, se han acabado cruzando y ahora mismo ambas son las vigentes campeonas del mundo y de Europa.

· En el pasado Europeo, la ÑBA perdió el primer partido ante Serbia, a la postre subcampeona, y se desataron las criticas ventajistas que luego se subirían al carro cuando se recondujo la situación. El grupo, sólido, fuerte y homogéneo, se hizo aún más fuerte ante las críticas. "Todo lo que no te mata te hace más fuerte", comentarían. En este Mundial, la selección de fútbol, catalogada como gran favorita y que salvaría el paupérrimo nivel de juego del Mundial, arrancó con derrota ante Suiza, que a diferencia de los balcánicos se quedó fuera de la primera fase. Se dispararon las alarmas y se puso en duda todo. El grupo se replegó y se hizo fuerte.
· Tras ese tropiezo de la ÑBA, hubo una victoria rácana ante Gran Bretaña para seguir vivos. Lo importante no era el juego, sino ganar. Ya más tarde se trataría de reencontrar sensaciones. Con La Roja pasó lo mismo ante Honduras. Al tiempo que se respiraba, se ganaban horas para recuperar a los tocados en ambos ejemplos.


· Con el pase de ronda se empezó a recobrar la confianza del exterior. Dentro, nunca se perdió. Había confianza en el trabajo previo. La Roja venía de ganar dos años antes la Eurocopa y tras un batacazo en la Copa de Confederaciones. En el basket, la trayectoria le avalaba aun más al grupo: 2006 oro mundial, 2007 plata europea, 2008 plata olímpica (amen de la plata europea de 2003 y el bronce de 2001).


· La ÑBA claramente fue de menos a más, como La Roja. La confianza en el trabajo colectivo, el esfuerzo, la capacidad de sacrificio y la entrega eran clave. Había un bloque en el que las individualidades se ponían a servicio del grupo. Lo importante era el resultado final. La ÑBA acabó barriendo en los cruces, primero a Francia (66-86), invicta hasta entonces, luego a Grecia (82-64) y acabó arrollando a Serbia, verdugo del primer día para colgarse el ansiado oro europeo (85-63).


· La figura del entrenador también ha sido centro de polémica. En la ÑBA, desde la destitución de Pepu antes de los Juegos de 2008, tras anunciar él que dejaría la selección, el puesto del seleccionador ha vivido en el ojo del huracán. Primero con Aíto, gran estratega y que puso en peligro el grupo con sus caprichosas decisiones y el trato al jugador, y luego Scariolo, principalmente por ser italiano. Pese al relevo en el banquillo, los éxitos post Pepu llegaron no sin antes unas duras críticas. Con Del Bosque ha sucedido lo mismo. Luis Aragonés, escocido aun e instalado en un rencor permanente, no tardó en cargar contra los que fueron sus jugadores. Los ventajistas atizaron a Del Bosque, que siempre respondió con una sonrisa y pasó de polémicas. Evitó ser el protagonista. Sabia decisión. Los mismos que le criticaron, luego le alabaron por sus cambios y su precisión al dirigir el equipo.


· El talento al servicio del grupo. Ha sido clave en las dos selecciones. Afortunadamente hay overbooking de buenos jugadores. No caben todos. No pueden jugar todos. Y lo mejor es que los que juegan se entregan el grupo, a la causa común. Aparcan su ego y trabajan por la meta común.

miércoles, 30 de junio de 2010

Menosprecio al capitán


Al de casa, tanto en el deporte como en la empresa, se le tiende a menospreciar o infravalorar a favor del de fuera. En igualdad de ocasiones, al canterazo, al que se ha formado en casa, al que sabe de qué va esto y entiende los valores de un club más allá de lo meramente deportivo, se le suele dar de lado mientras que se valora mucho más el talento ajeno que llega de fuera. Antes de que salte nadie: sí, está el Barça de Guardiola con su Masia y los infinitos canterazos que forman y arman el equipo.

En las últimas semanas se ha rizado el rizo con el menosprecio al capitán con tres casos especialmente duros: Felipe Reyes, Berni Rodríguez y Roger Grimau.

Felipe Reyes. Capitán del Real Madrid y MVP de la ACB en la 2008-09 además de miembro de la generación de los júniors de oro y pieza clave en los éxitos de la selección. Llegó el verano pasado Ettore Messina para armar un nuevo proyecto y fue claro: no me vale ninguno de los que hay salvo Llull, por juventud, y Reyes no tendrá protagonismo conmigo así que si se va o se le vende no me importa.
¿Cómo se puede no querer al MVP de la Liga? Primero, imagino, por desconocimiento absoluto de la competición, del equipo y del jugador. Al final, Reyes acabó siendo el mejor del equipo junto a Llull. Eso sí, reconvirtiendo su juego pasando de ser un bregador en la zona a un jugador abierto capaz de anotar triples. ¿Reconversión o mutación? No, instinto de supervivencia.
Resulta que Reyes acababa contrato esta temporada. El club tenía una opción de prórroga unilateral pero ya le dijo que estaba fuera de mercado y que tendría que ganarse la renovación, a la baja, en los playoffs. De traca. El pívot asume que en estos tiempos su caché puede estar fuera de mercado, pero prioriza seguir en el club pese a no ser del gusto de Messina.
Se acaba ganando la renovación. Con matices. Durante todo el año, el último de contrato no hay contactos para iniciar negociaciones. Se espera a que acabe la Liga y llegan las prisas: 10 días después del último partido expira la cláusula unilateral, o se le renueva a ese precio o queda libre. Al final, in extremis, el último día se le renueva. El club le ofrecía dos años y menos dinero, más de medio millón menos. Él quería tres años.
El coste social y deportivo de no renovarle era elevadísimo y entonces llegó la orden presidencial de su renovación. El jugador la acepta. Otro, habría cogido la puerta.

Berni Rodríguez: Capitán del Unicaja, también miembro de los júniors de oro y campeón del Mundo con España en 2006 y subcampeón de Europa en 2007 y olímpico en 2008. Formado en las categorías inferiores del club, ha vivido los mejores y los peores momentos. Él siempre ha estado ahí. Y como capitán del equipo siendo apenas un imberbe.
Tanto con él como con Cabezas el club ha tenido un trato diferenciador. Discriminatorio. En lo negativo. No se le ha valorado como se debía. Ni en lo deportivo ni en lo económico. Cada vez que ha habido que recortar unos euros en el presupuesto siempre se ha tocado el bolsillo de los mismos para luego malgastar y pagar por encima de mercado a otros de fuera de dudoso talento y sus cuantiosas rescisiones.
El jugador, el capitán, acababa contrato ahora tras una etapa de dos temporadas a las órdenes de Aíto, un técnico dado a llegar a un sitio y cargarse a los ídolos locales y suplirlos con gente de fuera.
El club tenía una cláusula de renovación unilateral. Se le ofrece en una negociación inicial renovar y ampliar en años pero a la baja con un recorte del 30%. Su salario no es para tirar cohetes. El jugador prioriza al club y decide quedarse. Hay cambio de directiva. La nueva, con gente de la casa que le conoce a la perfección, le notifica por carta que el club no ejecuta la cláusula. Berni se queda en paro virtual. Le llaman para negociar: menos años y aun menos dinero. El capitán, con ofertas de fuera, prioriza seguir y acaba firmando 2+1+1.

Roger Grimau. Capitán del Barcelona. Ha sido internacional con la selección y un líder en la sombra en el cuadro azulgrana. Un polivalente jugador instalado en la clase media pero capaz de dar minutos de gran calidad en ataque y en defensa. Un extraño pero eficaz desatascador.
Tras una temporada inolvidable, por la supremacía del Barça ganando la Supercopa, la Copa y la Euroliga, y por perder sorprendentemente la ACB tras arrollar todo el año, la continuidad del capitán está más que en el alero. Tiene todas las papeletas para salir en la reestructuración del Barça.

(Apunte. Fernando San Emeterio. Ni es capitán del Baskonia ni ha estado ahí toda la vida. Apenas un par de temporadas. Intentaron venderle el pasado verano como fuera y hasta tenía equipo, pero la operación no cuajó. Pasó de apestado a ser el mejor del equipo con permiso de Splitter. Y lo mejor: su canasta y tiro libre adicional casi sobre la bocina en la prórroga le dio el título de campeón al Baskonia. A ver si le respetan algo más).
Está claro que ningún jugador o trabajador ha de tener jamás su puesto asegurado, pero la tendencia al menosprecio al de casa es sangrante. Al de casa se le pide, se le demanda, un rendimiento por encima de posibilidades y luego que acepte los recortes.

Lo curioso es que en los tres casos, los tres capitanes son figuras que dan ejemplo dentro y fuera de la cancha con su compromiso, entrega, liderazgo, capacidad de sacrificio y voluntad. Además, tienen años por delante de buen baloncesto. No piden una jubilación anticipada.
A diferencia de otros capitanes y líderes que hacen desplantes públicos a los entrenadores (como Cristiano Ronaldo a Quieroz en el España-Portugal), siempre han mostrado una lealtad increíble. Podían haber rajado y han callado. Han obviado los agravios y los menosprecios.

Jamás entenderé como un club/empresa puede tratar así a los suyos (en la globalidad de la palabra), a los de casa, a los que saben de qué va esto, a los que han mamado los valores de toda la vida, a los que son los primeros en dar ejemplo… Luego, llega el iluminado de turno y piensa que puede armar un equipo campeón con 10 fichajes por temporada llenando la plantilla de mercenarios apátridas que se mueven por dinero. Sí, hay contadas excepciones, pero no es el camino.

lunes, 15 de febrero de 2010

Iñaki Ochoa de Olza: La Esperanza de la Amistad


Hace unos días tuve la suerte de ver en un programa de televisión sobre deportes Informe Robinson un documento muy especial que quisiera compartir, sobre todo para que aquellos que no lo han visto, lo hagan, merece la pena. Este documento gráfico nos permite comprender mejor la importancia del comportamiento humano.

Somos capaces de abordar los mayores retos, de tener una generosidad sin límite, o mejor dicho por encima del límite de lo razonable, arriesgar seriamente nuestra vida por otros y al mismo tiempo como vemos tantas veces en el día a día de cualquier empresa, institución, partido político, club deportivo, país, etc., pues bien, desgraciadamente, somos capaces también de tener comportamientos deleznables, impropios de un ser capaz de pensar y de comprende el mal que se está haciendo.

En este programa, veremos la primera parte de este enunciado. Un grupo de 18 alpinistas de élite y otras muchas personas luchando por salvar a un amigo, arriesgándolo todo, arriesgando la vida. Iñaki Ochoa de Olza debió ser una de esas personas que a todos nos gustaría tener entre sus amigos, así lo demuestran todos los comentarios que sobre él se mencionan en el documento del Informe Robinson.

Os dejo los enlaces del programa por si queréis disfrutar de ello:

Primera parte (7 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 1/3
Segunda parte (8 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 2/3Tercera Parte (7 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 3/3

Qué difícil es comprender cómo personas ponen en riesgo su vida compitiendo contra ellos mismos, y contra los elementos, luchando previamente para conseguir fondos con los que poder abordar sus proyectos, superando en el desarrollo de los mismos todo tipo de pruebas físicas en las que se pone al límite la capacidad humana…

¿Qué mueve a estas personas? Una fuerza interna poderosísima. La capacidad de lucha, la capacidad de esfuerzo, la superación por encima del límite, la capacidad de sufrimiento, el carácter inquebrantable, el espíritu de equipo, la generosidad…Todos estos valores, y un espíritu aventurero y competitivo sin límites son la motivación que impulsan a estas personas a lograr cosas “imposibles” o por lo menos que la mayoría de las personas consideramos imposibles.

Iñaki fue excepcional, sin duda y por ello la operación de rescate que se desarrolló intentando salvar su vida fue también excepcional. Lamentablemente el cuerpo de Iñaki no pudo aguantar y no se logró llegar a tiempo… Heroicidad, generosidad, valentía, fe, confianza, emoción, amistad, paz de conciencia, se descubre en los comentarios de todas las entrevistas que se hacen en el documento.

Es posible que en el mundo que hemos creado existan personas como éstas, comportamientos como éstos, proyectos como éstos, cargados de valor y de enseñanza.

Para mí esta experiencia que nos trae el deporte, me deja con un sabor triste pero una enseñanza maravillosa: podemos cambiar, podemos ser diferentes.

Me sumo al poema del que hablaba Eduardo hace unos días y que era para Nelson Mandela fuente de esperanza:
“…Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.”

jueves, 3 de diciembre de 2009

Recordando a Fernando Martín


Hoy hace veinte años que Fernando decidió dejarnos dentro de un vacio imposible de rellenar, y si le preguntáramos el porqué de su ida el respondería sin más, “porque quiero y porque ya sois mayorcitos para vayáis solos por la vida”. Y es que Fernando se había convertido en el alma mater de nuestro equipo, a quien todos nosotros, antes de dar un paso, le consultábamos, aunque solo fuese con la mirada.
Me vienen una cantidad enorme de añoranzas de la convivencia con Fernando, donde su personalidad arrolladora le convirtió, no solo en un gran jugador, sino en el espejo donde muchos de sus compañeros, tanto de su equipo como de rivales, se miraban para medirse y para tratar de aprender lo emanaba de este espectacular deportista. “Sed vosotros mismos” era uno de sus muchos slogan.
Nada más incorporarse al Real Madrid, con apenas 20 años, jugamos un Campeonato del Mundo de Clubes y en su segundo partido metió la friolera de 50 puntos. Su espíritu ganador y su afán de superación quedaron patentes, lo que hizo que el fabuloso Oscar Becerra Smith me dijera en un aparte: “¡De donde habéis sacado a esta cosa!”
Y es que su portento físico, para poder paliar su “escasa estatura”, su concentración y su espontaneidad le llevaron a ser uno de los jugadores, que digo uno, el jugador más competitivo que jamás he visto. Esta competitividad le llevaba a crecerse ante las dificultades, a no rendirse nunca y a buscar soluciones a todo lo que parecía imposible, encontrando así motivo de superación y satisfacción personal en todo lo que hacía. Sabemos que las personas competitivas denotan un gran interés en hacer las cosas mejor que los demás y de esta manera convertirse en un ganador, naturalmente estamos hablando de Fernando y esta ha sido su definición como jugador y como persona. Esa competitividad le llevaba a asumir responsabilidades que le hacían mentalmente muy fuerte y de esa manera transmitir una gran seguridad, al igual que una gran confianza al equipo. (Fernando fue capaz de transmitir su fortaleza mental y su apoyo al equipo para conseguir el triunfo en el Palau ante el Barça sin jugar un solo segundo, sólo con su presencia. Naturalmente estaba lesionado).
Como ganador que era, se comprometía sin fisuras con lo que hacía. Si daba su palabra, la cumplía. Era un trabajador nato porque sabía que los resultados dependían de uno mismo, y porque siempre quería ayudar al equipo, formando parte de la solución para conseguir los objetivos y asumiendo siempre los retos más difíciles. Era un triunfador porque sabía que la adversidad era un buen maestro, porque respetaba a aquellos que le podían ganar, y porque como él decía: “soy bueno pero puedo mejorar”, mientras buscaba siempre una forma de superarse.
A pesar de esa lejanía tan cercana de Fernando, desde aquí quiero transmitir mi agradecimiento y admiración por este gran personaje del mundo de la canasta, añorando sus comportamientos ejemplares sobre cómo debía ser un profesional, añorando sus constantes lecciones de optimismo los días previos a los partidos, añorando la confianza que nos transmitía los minutos antes del salto inicial, añorando su entrega, su capacidad de concentración, su competitividad, su espontaneidad y su compromiso por ser los mejores… añorándole siempre.
Y en esa lejanía tan cercana vivo mi particular recuerdo de este fuera de serie, echando de menos el poder estar con él y con sus compañeros, por los gloriosos momentos que me hicieron vivir en esta profesión tan ingrata como es la de entrenador y que ellos, con Fernando a la cabeza, la convirtieron en el mayor deleite que puede tener un enamorado del baloncesto.

P.D. Mi más entrañable recuerdo a su madre Carmela, a su hijo Jan y a sus hermanos, en especial a Antonio, que aguantó como un jabato la perdida de Fernando.

jueves, 16 de julio de 2009

Una charla con Michael Jordan



"Dios disfrazado de jugador de baloncesto". Así le definió Larry Bird, que le caló mejor que nadie. Un ganador que cuando anotó la canasta decisiva en la final Universitaria con North Carolina para ganar su primer título dejó claro que era distinto. “Michael, será la canasta más importante de tu carrera”, le dijo su entrenador. ¿Su respuesta? “Ya veremos”. Y ahí empezó su carrera. El mejor adiós posible habría sido el de su sexto anillo con aquella mítica canasta a falta de 4 segundos tras un robo a Karl Malone. La foto de aquel tiro es digna de premio con todos los aficionados tirándose de los pelos y gritando sabiendo ya que el balón iba a entrar cuando iba por el aire. Pero Jordan quiso volver a jugar. Algunos, los puristas, no se lo perdonaron nunca.

Han pasado ya unos cuantos años de su retirada y este año lidera la lista de leyendas que ingresarán en el Hall of Fame de la NBA. Al leer la noticia, la nostalgia se adueñó de mí, me puse a ver vídeos y pensé que era una ocasión para 'postear' sobre Michael Jordan en este blog. Y me acordé que en octubre de 2006 tuve la oportunidad de realizar un 'uno contra uno' contra MJ. Fue en Barcelona durante una gira promocional. Me atendió a mí, y luego a Buenafuente (No es chulería, fue el orden real..). Diez minutos de conversación con Dios. Tenía fiebre ese día, pero no perdió la sonrisa. Amable, cercano y cordial en todo momento.

Aquí va un pequeño extracto de aquella charla

En su afán de perfeccionamiento y de ser el mejor, ¿eras de los que se quedaba horas y horas extra ensayando su tiro incluso en los días de descanso?Desde siempre me esforcé al máximo por mejorar y me he dedicado mucho al baloncesto, mi gran pasión. Todos los días hacía sesiones extra de perfeccionamiento de tiro con ejercicios de secuencias y la verdad es que creo que dio su buen resultado.

¿Recuerdas algún consejo que te marcara especialmente y te sirviese a lo largo de tu carrera?
Sí, claro, cómo no. Me quedo con las sabias palabras de mi entrenador en la Universidad de North Carolina, Dean Smith. Me dijo: “Michael, nunca podrás cumplir las expectativas de los demás, has de esforzarte en cumplir tus metas, sólo entonces serás feliz”.

¿Y lograste cumplir tus metas?No es que las cumpliera, es que las sobrepasé de una forma increíble. Jamás soñé con llegar donde he llegado.

Cuando ya eras una estrella y estaba claro que eras el mejor jugador de todos, ¿Qué te motivaba a seguir jugando al máximo y dominar cada partido?
Siempre pensaba que habría alguna persona en la grada que era la primera vez que me veía jugar en directo y simplemente no quería defraudar a esa persona, ni a mis fans ni a mi equipo. Jugué a tope cada partido de mi vida hasta vaciarme y hasta asegurarme que ya no me dejaba nada por detrás. He dado todo lo que tenía para dar.

¿Era duro estar tan mentalizado?Yo simplemente me esforzaba al máximo en cada partido y quería asegurarme de que todos aquellos que alguna vez habían oído algo de Michael Jordan supiesen que era verdad.

¿Cómo te gustaría que te recordasen en el futuro?
Simplemente como una persona que disfrutaba al máximo jugando al baloncesto.

Además de ser el mejor, eres un icono, un modelo a seguir. ¿Eso era presión extra?
Sí, creo que sí. La gente venía a verme jugar y esperaba un gran partido, pero creo que más que presión yo me lo tomaba como un desafío constante para ser el mejor, un reto y como una muestra de respeto mutuo.


Eduardo Schell

miércoles, 20 de mayo de 2009

Agassi: una historia de grandeza y humildad


El otro día un (gran) amigo me regaló una camiseta dedicada a uno de los deportistas a los que más aprecio. En ella, unos pocos datos resumían una carrera: 3 cortes de pelo, 2.537 pares de calcetines, 14.192 cordajes, 8 Grand Slam… Se trataba de Andre Agassi.
Andre es hijo de un emigrante iraní de origen armenio (su verdadero apellido es Agassian). Para todos los que nos gusta el tenis, Agassi fue un descubrimiento. A mí me impactó allá por 1987. En aquel tiempo en el que McEnroe ya no dominaba la era post-Borg, Iván Lendl era el indiscutible número uno del tenis mundial (sobre todo, tras la final de Roland Garros de 1984…). Sí, Wilander, Becker y Edberg le disputaban su cetro, pero Lendl imponía un estilo. El precioso revés a una mano, la derecha contundente, las muñequeras largas, la raqueta Adidas, el polo de rombos, sus caprichosas pero oportunas pestañas… Sin embargo, aquel hombre impasible no conectaba con el gran público (al menos no conmigo). Y los demás, tampoco. McEnroe resultaba antipático, Edberg, era elegante pero soso, algo así como Wilander, y Becker… pues, no sé. Connors, cuyo encanto resistía desde los tiempos de Borg, ya estaba en franca retirada. Cash lo tenía casi todo, pero era inconstante. Un día como cualquier otro, apareció Agassi. La melena, la ropa, la actitud, las mujeres que le rodeaban… La derecha perfecta, el resto fulgurante, el revés a dos manos, la no-volea… Todo tenía su gracia. Y además, ganaba. Todos le imitamos (en lo que pudimos).
Agassi número uno de la ATP, ganó todos los grand slam (el último tenista hasta hoy en conseguir esta marca) hasta sumar ocho títulos y llegó a siete finales más. Fue campeón olímpico en Atlanta (ganando a aquel Sergi Bruguera tan extraordinario en tres sets), conquistó 17 master series y otros 33 títulos ATP.
Todo le iba bien a Andre hasta 1997, año en el que una lesión de muñeca le llevó al puesto 141 del ranking (en la actualidad los jugadores que sufren lesiones conservan su ranking durante la convalecencia). Y tuvo que volver a empezar. De cero. Jugando Challengers (competiciones de menor presupuesto que los torneos ATP) y solicitando invitaciones para los torneos. Arañando puestos. Llamando a muchas puertas. Añadiendo la humildad a sus virtudes.
Y el caso es que entonces, quizá porque yo mismo había madurado, su figura me pareció aún más relevante. Continuó jugando hasta 2006, ganando desde su lesión más de 35 torneos, entre ellos, 5 grand slam.
Para muchos es difícil volver a empezar. Sin embargo, la determinación en los objetivos es una guía de incalculable valor. En estos tiempos en los que la volatilidad de la economía supone una tendencia, son multitud las organizaciones que se enfrentan a cambios dramáticos. En algunas, los procesos de downsizing exigen una redistribución de funciones que eliminan privilegios de sus empleados. En otras, el necesario reposicionamiento obliga a los directivos a lanzarse a la calle en busca de nuevos clientes y modelos de negocio… y quizá estos sean los casos menos dolorosos.
En un mundo donde la humildad suele ser considerada un signo de debilidad, es posible que muchos deban replantearse ahora su posición al respecto. Pero, sobre todo, no olvidarse de su importancia cuando la tendencia cambie. Puede que esta fuera la verdadera lección para Agassi.

martes, 28 de abril de 2009

Competitividad: Petrovic vs Sabonis


Creo rotundamente, que si un equipo quiere conseguir resultados debe inculcar a sus miembros un espíritu competitivo, y en el momento económico actual mucho más especialmente. Porque todo lo competitivo lleva a reacciones positivas y hace que la persona encuentre un motivo de superación y satisfacción personal, lo que tiende a producir una mayor atención y estímulo en el trabajo.
La persona competitiva denota el interés en hacerlo mejor que el otro. Si queremos ser competitivos para obtener buenos resultados y ganar debemos ayudar a nuestra gente a desarrollar su creatividad, intuición, inspiración, espontaneidad, además de desarrollar su personalidad, que sean ellos mismos. Pero sobre todo hay que conseguir para ser competitivos el que asuman responsabilidades, y ellos nos llevara a que transmitan una gran seguridad y confianza dentro del grupo de trabajo, haciéndonos mentalmente fuerte, además de conseguir que se tenga un compromiso con el equipo. Esta es la base para lograr esos objetivos que a veces nos parece imposible.
Os voy a poner el ejemplo de dos deportistas, a los que he tenido la oportunidad y el orgullo de entrenar, para que veáis las diferencias que provoca la competitividad en un jugador y su impacto en el equipo. Dos jugadores con grandes diferencias técnicas e inclusive de fama, pero donde ambos pusieron a disposición del equipo todo lo que hemos expuesto anteriormente, SU COMPETITIVIDAD, para bien del resultado final.

La Selección que yo entrenaba en el Eurobasket de Francia se tuvo que enfrentar a la temible Lituania en cuartos de final. En ella jugaba Arvydas Sabonis 220 centímetros uno de los mejores pivots de todos los tiempos. Por nuestra parte, pensamos que la única baza que teníamos para defenderle era Iñaki de Miguel, un pivot de apenas 2,05, pero rápido y muy correoso. De Miguel, contra todo pronóstico hizo un gran partido y consiguió descentrar y secar a Sabonis que sólo fue capaz de anotar 2 puntos. Cómo sería la desesperación de Arvydas que cada vez que pasaba al lado de nuestro banquillo me decía “¡¡¡Lolo, quítame de encima a este #@%&€!!!”.

En uno de los partidos más memorables de los 80 el Real Madrid de Petrovic y Martín nos enfrentamos al Snaidero Caserta de Oscar Schmidt Becerra en la final de la Recopa de 1989. Becerra nos hizo un roto anotando la friolera de 44 puntos, y como Fernando Martín tenía una mano lesionada, en uno de los tiempos muertos del principio de la segunda parte le dije a Drazen Petrovic que nuestra única baza es que tomara las riendas del partido en su faceta anotadora. Y su reacción fue ¡anotar 62 puntos! gracias a los cuales ganamos el partido,…bueno, gracias también a la defesa implacable que hicimos sobre el equipo italiano.

¿Veis la diferencia entre la actitud de Petrovic o De Miguel y la de Sabonis? ¿Veis los resultados que se consiguen con gente competitiva, independientemente de su talento? La competitividad hace que nuestras personas se crezcan ante las dificultades, que no se rindan, que se levanten cada vez que se caigan, que busquen soluciones, que consigan ventas donde otros no lo logran… Tenemos que inculcar competitividad en nuestros equipos, tenemos que apostar por objetivos exigentes pero alcanzables, no caer en la autocomplacencias y promover la autocrítica que nos permita seguir mejorando cada día.


Aquí dejo mi reflexión y le pido a mis compañeros de blog expertos en la empresa Paco, Ricky, Eugenio… que nos digan como poder hacerlo.

lunes, 30 de marzo de 2009

El tercer tiempo


En los partidos de rugby hay una tradicional costumbre que siempre he admirado y envidiado, el llamado tercer tiempo. Consiste en que al finalizar el partido, ambos equipos, tras darse la mano como caballeros, se van juntos a tomar unas cervezas. Es decir, la batalla queda en el campo, allí quedan vencedores y vencidos, y con un profundo respeto al contrario nos enseñan la diferencia entre rival y enemigo.

Recuerdo un partido en el que dirigía al Real Madrid del magnífico Clifford Luyk, contra el equipo de Varese del legendario Dino Meneghin. Fue un encuentro muy duro, con un enfrentamiento encarnizado entre Dino y Clifford. Cuando sonó el pitido final, ambos jugadores salieron disparados el uno hacia el otro. Yo, temiéndome lo peor, advertí de la situación a mi equipo técnico y salimos todos detrás de Luyk para sujetarle, pero claramente nos llevaba ventaja y no íbamos a llegar antes del encontronazo. Cuál fue nuestra sorpresa, cuando ambos jugadores, al encontrarse frente a frente, en lugar de liarse a guantazos, se fundieron en un efusivo y sincero abrazo lleno de sudor y sangre.

No menos espectaculares eran los enfrentamientos de nuestro llorado Fernando Martín y Audi Norris, donde haciendo caso omiso a la presión de los graderíos siempre terminaban fundiéndose en un abrazo, abrazos, que como en el caso anterior, estaban llenos de sudor y sangre debido al fragor de la batalla. Se me encoge el corazón al recordar a Norris llorando como un niño ante el cuerpo presente de Fernando. Como añoro a estos deportistas.

Esta es la verdadera grandeza del deporte, ser capaz de luchar, con toda la energía, hasta la extenuación, pero una vez finalizada la contienda, reconocer y valorar al rival con honor y deportividad, independientemente de quien haya sido el ganador o el perdedor, ya que como decía el autor de El Principito “es ante un obstáculo digno, donde el hombre se conoce”.

Este es uno de los muchos valores del deporte, parte de la esencia que forja el Deporte con mayúsculas, y el debate que me gustaría plantear hoy es el siguiente: ¿Por qué si el deporte está lleno de valores, sus aficionados, los que lo siguen no siempre los reflejan? ¿Por qué no se respeta y se insulta a los contrarios, como ocurrió en la visita al Bernabéu de nuestro internacional Torres? ¿Por qué el ataque y el odio visceral entre las aficiones como demostraron los Boixos Nois lanzando bengalas a los hinchas del Espanyol?

¿Por qué los valores no generan valores? ¿O es que el deporte, como reflejo de la sociedad que tenemos está perdiendo los valores que le dan sentido?

viernes, 27 de marzo de 2009

El partido mas largo

El lunes pasado el Ricoh Manresa, contra todo pronóstico, venció al poderoso Barça en el que se ha convertido en el partido más largo de la historia de la ACB con una duración de tres horas y seis minutos, tras cuatro prórrogas.


La entrega y la actitud de un equipo pequeño han podido con el poderío de un gran club lleno de talento, provocando la primera derrota del Barça fuera de casa tras cuatro meses. El Barça afronta el partido como un trámite antes del gran enfrentamiento contra el TAU en los playoff de cuartos de la Euroliga. El Manresa en cambio se prepara y se concentra en su partido, pone todas sus energías, todas sus ganas. No da el partido por perdido en ningún momento, lucha, se entrega, incluso superando la lesión al principio de la segunda parte de uno de sus hombres más importantes, Josh Asselin. Y subido a los hombros de su afición es capaz de hacer frente a un equipo muy superior prórroga tras prórroga, y de derrotarlo dejando en la memoria de sus seguidos un recuerdo imposible de borrar.

En la época en la que vivimos las empresas debemos conseguir trasladar a nuestros equipos la mentalidad del Ricoh Manresa, debemos luchar creyendo en nuestras posibilidades, superando el desanimo, funcionando como un equipo. La crisis es un rival poderoso, pero torres más grandes han caído, y podemos derrotarla con entrega y la actitud positiva. Es cierto que nosotros no contamos con una afición que nos lleve en volandas, sino con unos medios de comunicación sensacionalistas que multiplican todo lo malo que ocurre, llenos de iluminados comentaristas agoreros que anuncian nuestro final con su bola de cristal. Por eso también es clave la capacidad de concentración, mirando siempre nuestros objetivos, trabajando duro y olvidando si nuestro rival es mil veces más fuerte que nosotros, porque como dice José Ignacio la clave para triunfar no está en no caer nunca, sino en saber levantarse rápidamente, y desde luego en no dejar de intentarlo por el miedo a caer.

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