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martes, 10 de abril de 2012

Corresponsales AdP: Periodistas indignos y Periodistas Indignados de Alfonso Loiza


El corazón del periodismo se ha entristecido por los corrillos de las redacciones. Éstas parecen oficinas de funcionarios, hospitales donde los empleados se limitan a dar palabras y forma a la realidad para salvar sus vidas. “Los periodistas engordan y los periódicos adelgazan”, escribe Juan Villoro. La generación más preparada es la más aséptica, la que menos sale a la calle. Pocos son los que escuchan y muchos los que hablan. Últimamente en el periodismo deportivo se dedican a analizar para sacar las conclusiones del medio, en lugar de reflexionar para que las saquen los lectores. Ahí se supone que residía la magia de este oficio, el del tú y no el de yo. Marca y AS hablan de un Villarato y Sport y El Mundo Deportivo, de otro. La moda va para largo. El vender la mercancía sin previo paso por el filtro del sentido común es el camino. Y si al trayecto se le añade la perspectiva de las filias y fobias, mejor será el tránsito por las tripas de este abominable negocio.

Cuenta Cappa en su libro “La intimidad del fútbol” que, en el Mundial de México, Maradona envió una pelota hacia donde estaban los periodistas, en un entrenamiento, y uno de ellos se la devolvió con la mano. “¡Cómo van a hablar de fútbol estos tipos si la agarran con la manos! ¡Por Dios!”, aseveró. Quizá no le falte razón a esa espontaneidad del Pelusa. Hemos acatado con resignación la máxima de que en fútbol se hable de todo menos de fútbol. O no nos gusta mucho este bello deporte o somos unos cobardes. Pocos mencionaron el pase preciosista de Özil, pero sí su expulsión. También hubo espacio para los gestos de Cristiano, las demás tarjetas rojas o si Pepe o Mourinho dijeron filho de puta o hijo de puta. ¿Cómo no iba a haberlo? El fútbol, un juego, es así el producto mejor vendible en nuestro país. Un circo. Una especie de Gran Hermano donde prima el esperpento. Da lo mismo que participen concursantes con la historia del fútbol en su cabeza, como Xavi, o en sus pies, como Messi; los premios de las portadas se repartirán según la histeria que generen en el receptor.

No soy nadie para dar lecciones, tengo 21 años, pocos pinitos hechos en este trabajo y mil batallas por vivir. Sin embargo, creo necesario distinguir el grano de la paja y para ello rescato una aseveración del escritor de “Fútbol a sol y sombra”, Eduardo Galeano: “La vida se reduce a indignos e indignados“. Ocurre lo mismo en el periodismo deportivo. El periodista deportivo es indignado o indigno. El indigno se hace de oro a costa de ‘teorías conspiranoides’ sobre los árbitros y va con la camiseta del Barcelona o del Real Madrid adherida, no a su corazón, debemos reconocernos como humanos para ser honestos, sino a la de su pluma como acérrimo. Además, aparecen en televisión para dar gritos; viendo cómo está el panorama pronto será un signo de elegancia no salir en ella.

El indignado trata la información con rigor y se detiene para reflexionar sobre el juego. En un mundo indigno es probable que le den más palos a los indignados que a los indignos. Aún está mal visto unir la inteligencia con fútbol y mucho menos a éste con la cultura. No obstante, el indignado no ha de derrumbarse; la clave, supongo, que estará en tener fuego y pasión, en no perder el entusiasmo, una palabra preciosa que viene a significar poseer a los dioses dentro. Indica que en la travesía por el desierto no estarán solos. Tengamos ojos, poros y oídos abiertos y la conciencia despierta por la dignidad del deporte y del fútbol auténticos. En una entrevista con el subdirector del AS, Juanma Trueba, me explicó que para hacer una buena crónica había que encontrar nuestra propia voz. La voz ha de ser la del impertinente, nunca la del imprudente y siempre la del indignado. Periodismo no es un servicio, no son audiencias; es un derecho, son voces para los lectores.

Pienso como el poeta Luis García Montero que “el fútbol es lo más importante de las cosas no importantes”, pero es innegable el impacto que tiene el deporte rey en la vida de las personas y sobre todo en los jóvenes. Todos volvemos a nuestra infancia gracias a esos benditos 90 minutos. Los pequeños imitan a sus ídolos y, lamentablemente, hoy día se fomenta un mundo único para ganadores, no para luchadores y eso que, a veces, esos luchadores triunfan, como el Levante que está en Champions. Y si nos gusta tanto el fútbol es por ese encanto, por los versos escritos por el humilde rebelde desde la poesía de los sueños posibles.

El fútbol es también arma de futuro. No hay mejor ventana al mundo que la del balompié. Admito que uno de los mejores maestros que he tenido ha sido este lindo juego y mi aula más preciada para aprender de la vida sigue siendo la de este deporte. Esos niños no deberían crecer mediante la cultura del exitismo porque, un día, esos niños se harán mayores y será tarde para darse cuenta que admitir la derrota es la prueba donde se miden a los hombres. Los periodistas deportivos indignados deberían comentárselo a los indignos y a las altas esferas de la mercadotecnia de la comunicación. Por artículo o por twitter mediante 140 caracteres. Para algo deberíamos emplear estas tecnologías y no para aplaudirnos a nosotros mismos. Vivir en la histeria permanente puede traer consecuencias devastadoras.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Éxito vs Prestigio


En estos tiempos donde todo corre extremadamente deprisa; donde se quiere recoger el fruto al mismo tiempo que sembramos; donde se quiere alcanzar la cima a cualquier precio siempre y cuando sea inmediato; precisamente en estos tiempos, me gustaría daros mi personal teoría sobre la diferencia entre éxito y prestigio.

Sin entrar a valorar de quién fue la culpa, lo que es evidente es que determinados valores que antes cuidábamos y transmitíamos han sido usurpados por la fiebre del oro, y como variante de ésta, el encumbramiento del éxito a una nueva categoría de “deidad”.

Sin embargo, y lo digo por experiencia, del mismo modo que se suele alcanzar el éxito por el camino de la normalidad, del esfuerzo, de la coherencia y del método, también suele ocurrir que, una vez alcanzado, las sirenas del dinero, del poder ficticio, de la notoriedad y de los halagos consiguen que nuestro particular Ulises se quite los tapones de cera de los oídos y sucumba a la tontería, a la ignorancia y a la autocomplacencia propia de un pavo real que pronto será cocinado en Navidad.


Desgraciadamente para ellos, cuando se dan cuenta, están rebozados de salsa y dispuestos en el plato para ser engullidos por el olvido, el desprecio y por la injusta frase que dice: “pero qué se creía éste...”, mientras se busca con desesperación coronar al siguiente pavo real.

Afortunadamente para el ejemplo de muchos deportistas y personas, existen otros que cuando logran un éxito, se blindan sus oídos con una doble capa de cera y no solo resisten a los silbidos de sirena que les volverían locos, sino que aprovechan esa coyuntura para responsabilizar sus comportamientos y actitudes dentro y fuera de su escenario, para reafirmar el camino que le ha llevado a la meta y para servir de modelo ejemplar a los demás.

Para mi, los primeros son los estandartes del mal llamado éxito, los actores de un Gran Hermano que tienen sus 10 minutos de gloria y después hasta nunca. Pobrecillos, creen que el dinero les hará inmunes.

Los segundos son los poseedores de prestigio, aquellos que trazan una línea de comportamiento vital y la siguen sin desviarse ni un ápice, cambie lo que cambie el entorno y las circunstancias personales. Y lo hacen por coherencia y porque entienden que el triunfo es una responsabilidad más que un premio.

Estos últimos meses hemos podido observar paradigmas de ambos modelos en muchos de nuestros más notorios deportistas, pero también en los empresarios, financieros y políticos. Como yo sigo catalogándome como un idealista o un romántico, me agarro a cualquier tabla que me ayude a no ahogarme en lo que creo que es un mar de vulgaridad. Por eso me siento plenamente feliz que los tres finalistas del Balón de Oro de la FIFA sean Messí, Xavi e Iniesta de mis amores, que diría el gran Camacho.

Feliz Navidad y, si podéis, comeros un pavo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mi lectura de la lucha por las medallas en Turquía


Más allá de la tristeza provocada por nuestro papel en el campeonato, creo que este Mundial nos ha dejado algunas lecciones interesantes que no deberíamos dejar que la decepción ocultara.
Así que para ahondar en el acalorado debate de esta semana en el blog, a raíz del artículo de mi buen amigo Eduardo Schell, os voy a dar mi visión.
Del campeón poco tengo que decir. Un equipo a un alto nivel, al que sólo la España que conocemos podía haber hecho sombra, como ocurrió en el amistoso previo. Sin España, campeón seguro.

Por todos es sabido que la Federación Internacional siempre hace todo lo posible para que el país anfitrión llegue a la fase final, con el fin de lograr la mayor garantía posible de tener los pabellones llenos con el público local. En este campeonato la norma se ha cumplido y Turquía, a pesar de haber hecho un gran campeonato se terminó convirtiendo en el convidado de piedra de la final. Si bien quiero destacar el magnífico trabajo de mi buen amigo Bogdan Tanjevic, quien supo liderar con una energía y un carisma magistrales, para motivar y empujar a su equipo hasta lograr el metal.

Compartiendo el pódium nos encontramos a una Lituania, que con una buena preparación, paso de ser apabullada por España en los amistosos a remontarnos 18 puntos y a lograr una merecida medalla de bronce.

El cuarto puesto esconde a mi modo de ver a una de las perlas de este campeonato: Serbia. Un equipo muy joven, que ha hecho méritos para mucho más por su juego, por la cohesión de su equipo y por la fuerza y la gran técnica que han derrochado durante todo el mundial. Su magnífico juego me ha hecho recordar muchas veces al de la Yugoslavia de la época de oro. Me ha llenado de satisfacción ver a uno de los grandes veteranos de la cancha como es Dusan Ivkovic, dar una magistral lección de cómo dirigir un equipo, sintonizando con los jugadores, apoyándoles con el cariño de un padre pero marcando el rumbo al mismo tiempo con la firmeza de un líder nato. Tengo que reconocer que también he sentido un poco de envidia, no sé si sana, al ver que hay países que sí consideran la veteranía y la experiencia una virtud (aviso para los malpensados: no me estoy postulando para ningún puesto).

El quinto puesto fue para una selección agotada que necesita encontrar un nuevo modelo al haber perdido a su generación de oro. Aun así Argentina supo adaptarse a la situación, y jugar el partido por el quinto puesto centrados y motivados para conseguir relegarnos al tan olvidado sexto puesto.

Y en ese puesto quedó nuestra selección. Sextos. Un puesto que no recordábamos que existía hace casi una década. Sin duda un puesto que sabe a fracaso porque nuestra escuadra aspiraba al pódium por trayectoria y por la gran calidad de los jugadores que estuvieron en Turquía.

Para mí España ha girado como una moneda en el aire. Dando la cara en los amistosos previos, jugando a un gran nivel que alimentó aun más nuestras esperanzas, y desgraciadamente mostrando la cruz durante todo el campeonato, siendo un mal dibujo de la de años, o incluso días, atrás.

Yo veo una de las principales causas ha estado en la lesión de Calderón, un gran veterano en la dirección de equipos, que con su ausencia dejó un gran hueco en la cancha que el joven Ricky Rubio, simplemente por su inexperiencia ya que tiene un gran futuro, no supo llenar, pero también provocó un gran vacío de liderazgo en el vestuario que ha hecho tambalear los fundamentos de la roja.
Está claro que el equipo echó de menos a un seguro de vida como es Pau, pero esto no debe servir como excusa, y mucho menos para utilizarla públicamente durante la competición porque al hacerlo se infravalora a la excelente plantilla que sí fue a jugar, y además se mina su confianza.

Estos días muchos de vosotros me habéis preguntado sobre cuál es el futuro de nuestra selección. Yo no comparto la idea, por muchos repetida, de que esta generación ha llegado a su final. Una derrota no significa el final de un ciclo. Ya veréis como estos jugadores durante esta temporada van a ser piedras fundamentales para sus clubs. Para luchar contra las crisis y las adversidades hay que innovar y buscar soluciones nuevas, esto implicará incorporar algunos jugadores nuevos, para poco a poco evolucionar, que no tirar, el modelo de juego hasta encontrar nuestro estilo de juego.

Yo quiero transmitiros una visión de optimismo, ya que creo que el año que viene, en el Europeo de Lituania, si sabemos aprender de nuestros errores, volveremos a ver a la selección que nos hace soñar. No creo que sea época de pedir dimisiones, sino de buscar soluciones, y en eso estoy seguro que el actual presidente de la FEB acertará, a pesar de los muchos detractores que está teniendo.

lunes, 26 de julio de 2010

Cristiano Ronaldo debe ir a ver al Doctor

Muchas veces se dice que el dinero y el éxito hacen que los profesionales se acomoden y dejen de ser competitivos. Desgraciadamente es un hecho muy habitual, aunque siempre hay grandes excepciones como el mítico Michael Jordan o mi ídolo Magic Johnson, quienes lo dieron todo por sus equipos y por sus carreras hasta el último día que pisaron una cancha… ¡Incluso después!

La semana pasada vi con mi amigo @raulelsiete, quien te hace saborear todos los deportes por lo mucho que sabe de ellos, el Gran Premio de Sachsenring de Moto GP, donde pudimos disfrutar de otro gran ejemplo, esta vez sobre las veloces ruedas de Valentino Rossi.

Rossi es el piloto que más carreras ha logrado ganar en la historia de los mundiales de motociclismo, record que le arrebató a Ángel Nieto en 2008. A sus 31 años ha ganado nueve campeonatos del mundo, uno en 125cc, uno en 250cc y siete en la categoría reina de Moto GP. Un palmarés espectacular, al que acompaña según la revista GK su novena posición en el ranking de los deportistas mejores pagados de 2010.

Pero es en el 2010, en un campeonato que tiene muy difícil ganar, donde “El Doctor”, como se le conoce en los circuitos, está forjando su imagen de leyenda. El pasado 5 de junio durante los entrenamientos del Gran Premio de Italia de Moto GP, Valentino Rossi sufrió una grave caída en la que se rompió la tibia y el peroné. Tras una complicada operación los médicos estimaron un tiempo de recuperación de al menos dos meses.

40 días ha tardado Rossi en volver a subir a su motocicleta y competir de nuevo en un mundial que no va a poder ganar debido a su lesión. Una imagen impresionante la del piloto italiano en el Gran Premio de Alemania yendo con las muletas hasta la moto, sobre la que no sólo aguantó toda la carrera sino que estuvo a punto de conseguir pódium, pero al final, el australiano Stoner le arrebató la tercera plaza ¡en la última curva! Aún más llamativa era la cara de todo su equipo al verle conducir con la pierna fracturada mientras todos rezaban para que no le ocurriese nada, ya que otra caída podría ser fatal. Sus palabras al respecto han sido “Si puedo hacerlo, ¿por qué no voy a competir?” Es más el italiano no vuelve sólo de cara a la galería, su retorno le ofrece un reto y quiere ganar este campeonato “En 2006 le recuperé 52 puntos a Hayden en seis carreras. ¿Por qué no puedo ahora recuperar 104 en once?”.

La otra cara de la moneda, a mi modo de ver, la pone el “fotografiadísimo” Cristiano Ronaldo y su actuación en el grandioso Mundial de Sudáfrica que ganó nuestra magnífica Selección. En los octavos de final Portugal y España se le vieron las caras. La Roja se enfrentó a un grupo de diez jugadores entregados que pelearon todo el partido y a su divo que estrenaba nuevo look con una cresta, que fue lo poco que se le vio. Más allá de su falta de resultados, que puede ser debida a muchas circunstancias, yo me quede perplejo ante la imagen de Cristiano Ronaldo sentado en el césped, arreglándose las medias tras una pérdida de balón, mientras sus compañeros se mataban a defender, incluso cuando su equipo iba perdiendo y quedaban apeados del Mundial.

¿Es posible que exista un líder sin compromiso? Su actitud que le ha valido todo tipo de críticas en el país vecino, desde las de un mito del fútbol portugués como Figo quien ha dicho que “Para mí, un capitán, independientemente del fracaso o éxito, debe siempre defender al equipo y dar la cara por él”, o el propio seleccionador portugués Carlos Queiroz, a quién Ronaldo acusó de la derrota contra España, “Si el tamaño de la camiseta es demasiado pequeño para alguien no debería formar parte del equipo”.

¡Qué diferencia entre “El Doctor” y CR! ¿Por qué uno se entrega al 100% poniendo en riesgo su propia carrera y el otro no se motiva ni defendido la camiseta de su país en una eliminatoria del mundial? No olvidemos que el palmarés de Ronaldo es muy inferior al de Rossi (a la edad de CR, Valentino ya había ganado 6 mundiales de motociclismo), y en los ingresos seguro que no tanto. Desde mi humilde opinión se trata de una cuestión de profesionalidad, Cristiano Ronaldo es un buen jugador, Valentino Rossi es un gran profesional.

La profesionalidad es una cualidad poco valorada, y mucho menos extendida en el mundo del deporte y de la empresa. Ser profesional implica hacer lo que toca en cada momento, obliga a comportarse con humildad y autocrítica, te hace ser responsable y dar lo que uno puede sin necesidad de tener un jefe que te lo exija. Ser profesional es defender todos tus derechos, pero sin faltar a ninguna de tus obligaciones. Ser profesional es saber sonreír y firmar autógrafos, igual que defender la camiseta de la empresa que te paga. Necesitamos más profesionales en las organizaciones actuales para poder cambiar la forma en la que se hacen los negocios, y para ello tenemos que elegir bien nuestros ídolos y modelos cómo Rossi o los miembros de nuestras selecciones de fútbol y baloncesto.

Por eso yo le recomendaría a Cristiano Ronaldo, y a todos los malos profesionales que pululan por nuestras empresas, que vayan a ver al “Doctor”, a ver si aprenden y se les pega algo.

PD.: Ayer, en el Gran Premio de Laguna Seca (USA), Rossi consiguió la tercera plaza y subió al pódium.

martes, 23 de marzo de 2010

La visión kleenex de los deportistas


Leo con atención una entrevista a un exjugador de baloncesto profesional, Rafael Vidaurreta, que explica que está apuntado en el paro, y se me pasan por la cabeza muchas cosas.
En primer lugar, quiero aplaudirle públicamente por la valentía con que se muestra. No muchas personas que han vivido en la burbuja del deporte profesional tienen la valentía y arrojo que ha mostrado Rafael en la entrevista.
Sin embargo, su caso es de lo más común en el deporte profesional, ya que como él dice “Los deportistas somos como niños a los que no se dejan madurar”.

Y me pregunto: ¿Qué grado de responsabilidad tenemos los que hemos sido técnicos o los dirigentes? ¿Qué planes de carrera hemos diseñado para ellos cuando dejen la actividad? ¿Qué presión hemos ejercido o qué medios y herramientas hemos puesto a su disposición? ¿O lo único que nos interesa es que meta canastas o goles en cada momento concreto y que no nos venga con monsergas sobre el futuro?

Desde mi punto de vista algo está fallando aquí. Al margen de determinadas iniciativas por parte de alguna Asociación o Entidad (muy pocas por cierto y muchas de ellas de cara a la galería), creo que el verdadero problema viene de la verdadera concienciación por parte de los clubes y responsables técnicos sobre lo que tienen en sus manos.
Todos estamos de acuerdo que el deporte es una escuela de vida, pero no solo como una buena frase o eslogan, sino como filosofía de vida, como auténtico leitmotiv de un club o una asociación deportiva.
Comencemos por el principio. Los clubes, sobre todo en las categorías de formación, deberían ser muchísimo más exigentes con los aspectos académicos, y no hablo de hacer licenciados, sino de inculcar una disciplina y unos hábitos que le puedan valer al jugador para conseguir algo más allá de su rendimiento inmediato en la pista. El club tiene la zanahoria: si no te aplicas en los estudios, no disfrutarás de lo que más te gusta: jugar.
El siguiente eslabón son los técnicos: Cuantos conozco que cuando les hablas de este tema contestan que a ellos lo único que les preocupa es que rindan en el siguiente partido. ¡Qué más da! Carne fresca que se tritura y después vendrá otra que la supla ¿Y nuestra responsabilidad como formadores de personas?

En el siguiente paso está el jugador, posiblemente al que más disculpo. Por su inmadurez y su poca visión de futuro. El obedece las líneas que le marcan.

Por último, nos encontramos con el factor clave, la familia. Aquí es donde reside la verdadera culpa de este desaguisado. Hoy en día los padres persiguen a través de sus hijos restañar una frustración personal (no haber podido ser un “figura”), solucionar su futuro económico o, en el peor de los casos, reflejar una irresponsabilidad absoluta como padres.

En este sentido, recuerdo el lío que montaron a Amorrortu, responsable de la cantera del Atlético de Madrid, cuando decidió que los chicos tenían que llevarse a casa la ropa de entrenamiento para lavarla y volver a llevarla limpia a los entrenamientos. O en mi caso, cuando era Director de la cantera del Real Madrid y expulsé una semana a su casa a un jugador porque había sido irrespetuoso varias veces con su profesor en el colegio que el Real Madrid le pagaba.. Me llamó su padre y me dijo que a él no le importaba, y que no entendía por qué a mi me debía importar. Le contesté que a nosotros sí nos preocupaba la verdadera formación de su hijo.

Si el deporte es una parte importante de la sociedad y si todos estamos de acuerdo de su carácter integrador y vertebrador de la misma, desde ya reclamo una política más coherente con estas soflamas y pensemos que el verdadero éxito de un club o entidad deportiva es cuanto contribuyen a mejorar a los futuros ciudadanos de esta sociedad donde vivimos. Solo desde este prisma tendrá sentido las ayudas públicas al deporte y el carácter público y docente del deporte.

Pero desgraciadamente hoy el objetivo es el rendimiento, y el resto sólo son medios para conseguir el verdadero fin.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Recordando a Fernando Martín


Hoy hace veinte años que Fernando decidió dejarnos dentro de un vacio imposible de rellenar, y si le preguntáramos el porqué de su ida el respondería sin más, “porque quiero y porque ya sois mayorcitos para vayáis solos por la vida”. Y es que Fernando se había convertido en el alma mater de nuestro equipo, a quien todos nosotros, antes de dar un paso, le consultábamos, aunque solo fuese con la mirada.
Me vienen una cantidad enorme de añoranzas de la convivencia con Fernando, donde su personalidad arrolladora le convirtió, no solo en un gran jugador, sino en el espejo donde muchos de sus compañeros, tanto de su equipo como de rivales, se miraban para medirse y para tratar de aprender lo emanaba de este espectacular deportista. “Sed vosotros mismos” era uno de sus muchos slogan.
Nada más incorporarse al Real Madrid, con apenas 20 años, jugamos un Campeonato del Mundo de Clubes y en su segundo partido metió la friolera de 50 puntos. Su espíritu ganador y su afán de superación quedaron patentes, lo que hizo que el fabuloso Oscar Becerra Smith me dijera en un aparte: “¡De donde habéis sacado a esta cosa!”
Y es que su portento físico, para poder paliar su “escasa estatura”, su concentración y su espontaneidad le llevaron a ser uno de los jugadores, que digo uno, el jugador más competitivo que jamás he visto. Esta competitividad le llevaba a crecerse ante las dificultades, a no rendirse nunca y a buscar soluciones a todo lo que parecía imposible, encontrando así motivo de superación y satisfacción personal en todo lo que hacía. Sabemos que las personas competitivas denotan un gran interés en hacer las cosas mejor que los demás y de esta manera convertirse en un ganador, naturalmente estamos hablando de Fernando y esta ha sido su definición como jugador y como persona. Esa competitividad le llevaba a asumir responsabilidades que le hacían mentalmente muy fuerte y de esa manera transmitir una gran seguridad, al igual que una gran confianza al equipo. (Fernando fue capaz de transmitir su fortaleza mental y su apoyo al equipo para conseguir el triunfo en el Palau ante el Barça sin jugar un solo segundo, sólo con su presencia. Naturalmente estaba lesionado).
Como ganador que era, se comprometía sin fisuras con lo que hacía. Si daba su palabra, la cumplía. Era un trabajador nato porque sabía que los resultados dependían de uno mismo, y porque siempre quería ayudar al equipo, formando parte de la solución para conseguir los objetivos y asumiendo siempre los retos más difíciles. Era un triunfador porque sabía que la adversidad era un buen maestro, porque respetaba a aquellos que le podían ganar, y porque como él decía: “soy bueno pero puedo mejorar”, mientras buscaba siempre una forma de superarse.
A pesar de esa lejanía tan cercana de Fernando, desde aquí quiero transmitir mi agradecimiento y admiración por este gran personaje del mundo de la canasta, añorando sus comportamientos ejemplares sobre cómo debía ser un profesional, añorando sus constantes lecciones de optimismo los días previos a los partidos, añorando la confianza que nos transmitía los minutos antes del salto inicial, añorando su entrega, su capacidad de concentración, su competitividad, su espontaneidad y su compromiso por ser los mejores… añorándole siempre.
Y en esa lejanía tan cercana vivo mi particular recuerdo de este fuera de serie, echando de menos el poder estar con él y con sus compañeros, por los gloriosos momentos que me hicieron vivir en esta profesión tan ingrata como es la de entrenador y que ellos, con Fernando a la cabeza, la convirtieron en el mayor deleite que puede tener un enamorado del baloncesto.

P.D. Mi más entrañable recuerdo a su madre Carmela, a su hijo Jan y a sus hermanos, en especial a Antonio, que aguantó como un jabato la perdida de Fernando.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Proteger a las estrellas


Al hilo del excelente post de Lolo Sainz sobre si conviene o no castigar a las estrellas, escribo ahora sobre la protección a las estrellas. No de las fuertes entradas que sufren ni en el plano arbitral, sino de proteger a las estrellas de si mismas.

Gilbert Arenas, genio dentro y fuera de la cancha de basket por su singular personalidad, dejaba recientemente una reflexión interesante. El escolta de los Washington Wizards, una de las grandes estrellas de la NBA llegó a promediar 27.7 puntos desde 2004 hasta 2007. Entonces, se lesionó la rodilla. Pasó por quirófano y cuando parecía listo para volver a jugar, forzó y sufrió una severa recaída de la que acaba de salir brillantemente.
Apenas quedaba calendario de temporada, los Wizards daban la campaña por perdida tras un año lamentable y no había razón para forzar a un jugador que cobraba 16 millones de dólares anuales. El jugador insistió. Jugó y se lesionó quedando en blanco toda la siguiente campaña: dos partidos en año y medio y tres operaciones de rodilla de por medio. Al final de esta (la 2008-09), parecía listo para volver y no forzó. había aprendido la lección. Y el equipo también.
Al hilo de esto dejó una sentencia interesante: "Si tienes un niño que ama el baloncesto, que come, duerme, bebe y piensa en baloncesto y todo lo que sabe hacer es jugar al baloncesto y se lesiona y es tu jugador franquicia, tienes que protegerle de sí mismo". El bueno de Arenas venía a cargar contra el club por no haberle podido contener y le culpó de su recaída.

El pasado 30 de septiembre, Cristiano Ronaldo se lesionó jugando con el Madrid. Reapareció el 10 de octubre con Portugal, en un partido importante para no quedar fuera del Mundial, y se lesionó. Forzó y se lesionó. Hasta reaparecer esta semana ante el Zurich 56 dias después. Una semana antes, Portugal le quería para un partido y se dijo que Ronaldo quería jugar.

En la actualidad hay un caso similar en la NBA. Tracy McGrady, otra de las grandes estrellas de la NBA que ha visto lastrada su carrera por las lesiones, quiere jugar tras recuperarse de su última lesión, pero los Rockets no le dejan. No quieren que recaiga precipitadamente. Le protegen de si mismo, como diría Arenas, y cuidan sus intereses. No en vano tiene un contrato cercano a los 20 kilos anuales. Demasiados intereses en juego. Tantos que hay un posible traspaso de por medio a otro equipo y la franquicia, por si acaso, no quiere que se venga abajo esa operación.

Tras esto tres ejemplos e intentando trasladarlo al mundo empresarial, creo que siempre es bueno tener un jefe que sepa contener/reconducir/orientar/corregir/aconsejar a cada trabajador tanto en el día día como en los proyectos.
La única duda que me queda es quién me protege, no de mí mismo sino en general, si hay alguien que vela por mi cuidado y mis intereses ya que lo que tengo bien claro es que Recursos Humanos no es precisamente quien va a hacer esto. Creo que en este área es donde nos queda mucho por avanzar. Más que recursos Humanos me da la sensación que son Recursos Inhumanos.

martes, 20 de octubre de 2009

Qué le pudo pasar a Maradona


Vaya por delante que soy un admirador compulsivo del jugador-Maradona: Desequilibrante y genio en el campo y auténtico líder protector y solidario con sus compañeros en el vestuario.

Sin embargo, oyendo la rueda de prensa del último partido entre Uruguay y Argentina, con triunfo de esta última por 0-1 en los minutos postreros del encuentro y con clasificación incluida para el Mundial de Sudáfrica, nos encontramos con un Maradona- Seleccionador que nos abochornó con sus declaraciones, no tanto por el fondo como por las formas. ¿Qué pudo ocurrir? En este artículo voy a intentar dar mi impresión particular sobre cómo la presión puede influirnos a todos aquellos que en algún momento asumimos responsabilidades encabezando un grupo de alto rendimiento, ya sea deportivo o de cualquier sector del mercado.

A mi juicio, lo primero que tenemos que hacer para que no ocurran estas situaciones es hacer hincapié en la selección de la persona que tiene que dirigir bajo presión. Uno de los mayores baluartes que debemos exigir, que no el único, es el autocontrol, pues este cargo es un amplificador emocional del grupo: si tenemos confianza, el grupo mostrará seguridad; si tenemos miedo, el grupo mostrará pánico.

En el alto rendimiento existe un core o núcleo principal y unos factores externos que giran permanentemente alrededor de él: En el deporte serían la prensa, la organización, el público, los agentes o representantes, la familia y en el mundo empresarial estos factores lo compondrían los stakeholders.

Todos ellos generan una presión sobre el núcleo central que, de un modo u otro, afectan o influyen en su devenir diario y, por ende, en sus resultados. Esta presión es como la energía, ni la creamos ni la evitamos, pero se puede transformar. Ahí es donde entra en juego el director o líder de un grupo.

En el caso de Maradona, imagino que utilizó las feroces críticas a su juego y el miedo del país a quedar fuera del Mundial como elemento cohesionador del grupo y una motivación extra para sus jugadores. Hasta ahí todo bien, pues todos los entrenadores hemos utilizado ese recurso en alguna ocasión. Ahora bien, si es un recurso, una vez conseguido el objetivo se pasa página y no se hace público. El problema es cuando se justifica como un fin. Ahí comienza una batalla que me temo no acabará bien, pues no se puede vivir en contra de algo que no se puede eliminar, como decíamos anteriormente.

En el mundo empresarial también ocurre estas situaciones pero a la inversa. No se hacen declaraciones públicas, pues dañaría gravemente la reputación corporativa, pero sí se trasforman en destrucción del clima laboral, injusticias con el equipo o incoherencia con lo que uno predica y lo que hace.

En definitiva, el hecho de que nos supere la presión viene originada por una falta interna de confianza hacia uno mismo, hacia el equipo o hacia el trabajo realizado y, sobre todo, por una desvirtuación del sentido del resultado. Para mostrarlo gráficamente, nos podemos imaginar cuando pasamos un precipicio de lado a lado sobre un tronco de madera. Si miramos al fondo y vemos todo lo que nos puede acontecer si nos caemos, estamos generando unas reacciones fisiológicas propias del miedo que nos van a agarrotar, a quitar la confianza y, al final, van a hacer que nos despeñemos. Sin embargo, si atravesamos mirando al frente, recordando todas las veces que lo hemos hecho bien, mirando todo lo que nos espera al cruzar, las sensaciones serán de confianza, de ilusión y de motivación y seguro que lo cruzaremos.

Disculpo a Maradona, aparte por mi antaña admiración, por su falta de experiencia en esas lides, pero aconsejo a quien corresponda que trabaje ese tipo de situaciones si no quiere que la próxima vez se despeñe de veras, y con él unos cuantos.

jueves, 12 de marzo de 2009

Jose Manuel Calderón, un ejemplo para todo


Lo pasó mal al llegar a la NBA. El idioma, un técnico tosco que no confiaba en él ni le transmitía confianza y para colmo, un fuerte dolor en el tobillo malo en su primer entrenamiento en Saint Catharines, a escasos kilómetros de Niagara en su primera pretemporada con los Raptors. "No me voy a quejar, me tengo que ganar un hueco en el equipo", me dijo durante la cena con un costillar de por medio. No se me olvida. Tampoco lo que me contó durante la conquista del Mundial de Japón en 2006 y que me recordó cuando escribimos el libro 'Basuketoboru'. "Un día escuché el rumor que se empezaba a extender por la NBA de que no era un buen tirador y decidí ponerle remedio". Los rivales le flotaban cerrándose más sobre sus compañeros entorpeciendo la fluidez del ataque Raptor. Calderón se puso en manos de los mejores especialistas de tiro. Corrigió su mecánica a base de incontables horas de incansable trabajo que empezaron a dar sus frutos: se hizo con la titularidad de los Raptors y rozó el All Star. Este año ha batido el récord histórico de tiros libres consecutivos desde el arranque de una temporada, es el jugador en activo de la NBA con más tiros libres consecutivos y se quedó al borde de igualar el récord histórico de Michael Williams (97 seguidos).

Él no tenía ni idea al principio de su increíble racha hasta que los periodistas le empezaron a bombardear. Él le quitaba hierro: "Lo que yo haga da igual, lo importante es que gane el equipo". Calderón está hecho de otra pasta. Sólo piensa en el equipo. Si fuese más egoísta le iría mejor en una liga tan individualista como esta, pero no va a cambiar. "Soy así, este es mi juego y es el que me ha traído hasta aquí, ¿para qué voy a cambiar?", me dijo hace poco.

Es un jugador en vías de extinción. Y uno que todo equipo querría tener. Es sacrificado, trabajador hasta la saciedad (lo ha demostrado no contentándose con llegar a la NBA sino mejorando su mecánica de tiro y su liderazgo en la cancha), antepone siempre el bien del grupo al personal (ha jugado con importantes lesiones y demostró cediendo la titularidad al egoísta de Ford el año pasado que no piensa en sí mismo), es generoso (siempre busca el 'extra pass' al compañero en mejor posición en lugar de tirar y anotar intentando mejorar su estadística, implicado ("Da igual i anoto 25puntos ó 2 ó si juego 3 minutos o 33, lo importante es que el equipo gane"), un modelo de profesional (cuando acaba la NBA, lejos de relajarse en la playa se dedica a prepararse a conciencia para llegar a tope a la concentración de la selección y no empezar ahí de cero), tiene un gran afán de superación y además una gran persona (de esto doy fe yo y todos los que le conocen).
Lo dicho, pocos jugadores/deportistas/profesionales de cualquier ámbito como él.

viernes, 30 de enero de 2009

Robinho o la falta de valores


La verdad es que el tema que proponía Lolo el lunes, da para mucho, de hecho hoy salía en la prensa una noticia sobre las consecuencias de la ausencia de valores: "Robinho, detenido por presunta agresión sexual, niega estar implicado". El delantero brasileño del Manchester City Robinho fue detenido el martes, acusado de una agresión sexual en un club nocturno, y salió en libertad bajo fianza, según confirmaron el miércoles la policía y el portavoz del propio futbolista. Esto es la guinda de una serie de comportamientos de un mal profesional, con una gran habilidad con el balón. Primero fueron las fiestas nocturnas con Ronaldo en el Real Madrid, llegando a los partidos resacoso y fuera de forma. Después sus declaraciones a la prensa para provocar su salida del Real Madrid, según él porque no se sentía querido.

Al llegar a su nuevo club el Manchester City parecía que las cosas iban a ser diferentes, ya que decía que se encontraba feliz, hasta que la semana pasada, Robinho abandonó la concentración de su equipo en Tenerife para regresar a Brasil alegando un "asunto familiar importante", aunque al parecer se trataba de su cumpleaños. Ahora es detenido por violar a un joven en una discoteca de moda. ¿Cuál será la siguiente barrabasada?

Cuando los profesionales no tienen valores, las organizaciones sufren, sus comportamientos y actitudes afectan negativamente porque siempre terminan anteponiendo sus intereses a los de la entidad que les paga.

Pero me gustaría centrar el debate de hoy sobre quien tiene la culpa de que ocurra esto: ¿un jugador caprichoso y endiosado que sólo piensa en sí mismo o un Club que le paga una millonada tolerando sus comportamientos y encima al día siguiente de ser detenido por violación le alinea para el partido contra el Newcastle? ¿Si Robinho fuera un mal jugador lo defendería igual?
¿Nuestros clubs premian o castigan la falta de valores?


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