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domingo, 2 de febrero de 2014

El secreto de Stanilas Wawrinka

Stanislas Wawrinka se ha alzado a los 28 años con el primer título de Grand Slam de su carrera



Su secreto lo encontramos tatuado en su antebrazo:




"Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better"

Unas palabras del dramaturgo irlandes Samuel Beckett que animan a seguir luchando sin temer a los errores:

"Lo intenté. Falle. No importa. Intentalo de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor"

jueves, 18 de marzo de 2010

La adaptación de Carlos Moyá


Retirarse no es sencillo. Decir adiós a una carrera profesional supone uno de los pasos que, tarde o temprano, cualquier trabajador debe afrontar. En el mundo del deporte de alta competición, estas retiradas se suelen producir cuando la juventud no ha abandonado aún a los deportistas. Y el caso es que este paso a la reserva, en muchas ocasiones, supone un cambio no siempre fácil de gestionar. El caso de Carlos Moyá me parece aleccionador en este sentido.
Carlos Moyá es un zurdo que juega con la derecha, justo al revés que Nadal. Quizá por esta peculiaridad, su drive ha sido uno de los mejores del circuito durante quince años. Se van ha cumplir tres lustros desde la primera vez que vi jugar a Carlos en el Godó de 1995. Tras un torneo brillante, perdió la final contra Jordi Burillo. Sin embargo, igual que me ocurrió con Alex Corretja algún tiempo antes, pensé que aquel jugador llegaría a ganar Roland Garros. Me equivoqué con el catalán (por poco, la verdad). Con el mallorquín, no.
Quizá Moyá se diera a conocer para el gran público en aquella final de Australia 1997 contra Sampras. O puede que tras ganar su primer Master Series en Montecarlo en 1998 enfrentándose a Pioline. Pero lo que es seguro es que Moyá ya era conocido por todos cuando, precisamente frente a Corretja, levantó la copa de los mosqueteros que yo vaticiné que lograría. Diez meses más tarde, en Marzo de 1999, se convierte en el primer español número uno de la ATP. A finales de aquel año, las lesiones le relegaron al puesto 22. Los años siguientes tampoco fueron buenos. Pero en 2002 comienza su remontada, ganando cuatro títulos. Moyá termina el año quinto del mundo. En 2003 logra tres títulos más y firma una temporada impecable en la Davis, incluyendo la victoria contra Mark Philippoussis en la final, en Australia, en hierba y a cara de perro. Termina ese año el séptimo del mundo. En 2004 alcanza el quinto puesto de la ATP de nuevo y consigue tres títulos más. Y una Davis, claro: La de Sevilla en La Cartuja.
Aquel 2004, en Toronto, Moyá, ofrece una de las anécdotas más humanas del circuito. En un partido contra Kiefer, el alemán solicitó la presencia del médico aprovechando un descanso. El galeno se hizo esperar cerca de 15 minutos. El partido, parado. Y al bueno de Carlos, no se le ocurre otra cosa que preguntarle a un recogepelotas si quiere pegar unas bolas. Y allá que se ponen a jugar, para el deleite de los 2.500 espectadores. El chaval, se defiende, y cuando Kiefer se recupera, el público estalla en una gran ovación. En parte, para el recogepelotas, en otra, para el mallorquín. Moyá pierde, pero qué más da…. Otra muestra de su talla humana la ofrece en 2005 donde, tras ganar en Umag, dona el premio a las víctimas del tsunami… Volvamos al tenis. El año 2005 acaba con Moyá en el puesto 31 y el 2006 en el 43. En 2007 resurge hasta el puesto 15 para terminar el 17. En 2008 termina el 42. A principios de 2009 decide operarse de la cadera y pasar un año en blanco.
Y este año, tenemos a un Moyá “nuevo” en su reaparición. Es muy difícil que vuelva a ganar algún torneo. Ahora se encuentra en el puesto 639 del ranking (8 de Marzo). Juega torneos escogidos. Muchos de ellos con invitación, otros mediante la protección de ranking, derecho que puede utilizar hasta en ocho eventos esta temporada, disfrutando así de un ficticio número 52 del mundo.
El Moyá versión 2010 disfruta de cada partido. Busca las sensaciones agradables pese a sus dolores. Quiere recordar para siempre este 2010. Ha declarado “Es un orgullo que reconozcan la trayectoria de uno porque lo fácil es acordarse cuando estás arriba. Mi idea es disputar todos los torneos que han sido importantes para mí”. Y el caso es que Carlos está poniendo en práctica diversos mecanismos encomiables, inteligentes y adaptativos, pero no por ello habituales entre las personas que afrontan su retiro. En primer lugar, su agradecimiento al reconocimiento recibido. En segundo lugar, la voluntad de buscar la felicidad en los momentos de declive profesional. Y en tercer lugar, la fidelidad a sí mismo y a su trayectoria. Actitudes que me parecen encomiables en una persona y en un profesional. Tomemos nota.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

A vueltas con Agassi


Hace algunos meses ya traté en este foro las tribulaciones de André Agassi para recuperar su puesto en la cumbre del tenis a partir de su batacazo de 1997. Hasta hace sólo unas semanas todos pensábamos que su pérdida de estatus se debió a una lesión de muñeca y a ciertos problemas sentimentales... Ahora, en la publicación autobiográfica 'Open: an autobiography', el tenista revela que, en aquel año, consumió la metanfetamina Cristal. Pero la historia no acaba ahí, ya que también confiesa que un test rutinario reveló el positivo y que, tras una carta alegatoria (y mentirosa) dirigida a la ATP, la Asociación de Tenistas Profesionales tapó el asunto… Esta circunstancia ha provocado reacciones inculpatorias tanto dentro del tenis (Federer, Nadal, Becker, Bruguera, Arantxa Sánchez Vicario…) como fuera del mismo. Y estas reacciones han arreciado cuando se han filtrado algunas de las opiniones sobre sus compañeros que el de Las Vegas ha incluido en su seguro best-seller.
Toda esta historia más o menos triste me sugiere una serie de reflexiones sobre el asunto nuclear de la confesión y el proceso de ocultación que expongo a continuación para su reflexión:

  1. La multiplicidad de raseros. También en el tenis. Parece que a Agassi le pasaron por alto aspectos que otros tenistas tuvieron que pagar(Korda, uno de los mejores reveses que recuerdo, nandrolona, Mariano Puerta, rival de Nadal en su primer Roland Garros, clembuterol en 2004 y epinefrina en 2005, Guillermo Coria, nandrolona en 2001 o más recientemente Volandri, salbutamol e Ivo Minar, methylhexanamina). Muchos podrán indicar que la droga que fue detectada en Agassi se toma con fines recreativos, pero aquí nos encontramos el caso de Gasquet (cocaína). El bueno de Richard sostiene que un beso produjo el intercambio de sustancias entre una desconocida y él mismo... Sea como sea, cumplió la sanción. No sabemos si el francés es culpable desde un punto de vista moral o no, pero lo cierto es que la cocaína, droga-plaga recreativa de nuestra era, ha alcanzado también a grandes tenistas en el pasado (Vitas Gerulaitis, Pat Cash…). Y en este escenario, quizá lo menos que puede hacer un tenista es poner en entredicho la credibilidad de la ATP, como ha hecho Michael Stich. En esta incierta circunstancia en la que se encuentra la ATP atisbamos, eso sí, un rasgo bello; enconmiable: la solidaridad. Sí, amigos lectores, la asociación de tenistas, atónita ante la "injusta" duda arraigada en la opinión pública en relación a la limpieza de otros sectores (el sector financiero, el institucional…), se suma a la lista de instituciones en entredicho.
  2. El nombre como marca. Mi buen amigo E. introdujo en mi vida hace ya algún tiempo las LoveMarks. Una Lovemark, siguiendo el concepto enunciado por Roberts, viene a ser algo así como aquella “marca” que produce lealtad en el consumidor más allá de lo razonable. Está claro que si en los últimos años ha habido un jugador LoveMark, ese es Agassi. Y lo ha explotado de forma admirable. Ha rodado spots legendarios: con pelo, sin pelo, con Brooke, sin Brooke y con Steffi, sin niños, con niños... Y todo eso se le debió derrumbar a Agassi cuando el positivo llegó a sus manos. No sabemos aún si este 'Open: an autobiography', vuelve a ser una consecuencia de las capacidades mercadotécnicas del de Nevada…Pero de ser así, esta sería una forma igualmente admirable de llamar la atención sobre sí. Y deseo dejar de lado si Agassi "necesita" los royalties del libro o no, o si, como él mismo confiesa, el sentimiento de culpa y la necesidad de revelar la verdad le ha conducido a la "confesión".
Está claro que en esta historia lo que podemos aprender del deporte no es mucho, al menos no mucho y edificante. Sí podemos aprender que, como en el resto de las facetas humanas, hay un grupo de privilegiados que disfrutan de beneficios por encima de lo imaginable y otros que no. Que unos pocos rentabilizan su posición y a esos, el stablishment no les dejará caer jamás. A los demás: el conducto reglamentario. Si hay suerte, claro.
Y por último, ruego me disculpen, está el esperpento de la peluca… ¡Inadmisible! Aquí, reconozco, que me ha podido el orgullo alopécico. André, amigo, compañero, pero también eso…

domingo, 24 de mayo de 2009

Toni Nadal: el liderazgo discreto

Hace algunas semanas escribí un post titulado: “Rafa Nadal: un embajador de valores”, en el que hablaba de algunas de las principales cualidades que hacen que el jugador manacorí sea a fecha de hoy día el número uno del mundo. Sin embargo, dicen que “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, y podríamos añadir que “detrás de un gran deportista siempre hay un gran entrenador”. Hoy quiero detenerme en una figura discreta, anónima y poco vistosa, pero tremendamente importante en la carrera del tenista mallorquín. Él es Toni Nadal, una persona que ha sabido inculcar con su ejemplo muchos valores a su sobrino. Destacamos algunos:

Humildad: En enero de 2004, Nadal se presentó en el Open de Australia después de haber disfrutado su primera final en el circuito, concretamente en Auckland (Nueva Zelanda), instalado ya entre los 50 primeros de la ATP y con la vitola de ser la nueva promesa del tenis mundial. Allí, en Melbourne, Carlos Costa, su representante, se preocupó de buscarle alojamiento en el mejor hotel de la ciudad, el Crown, en la ladera del río Yarra. Cuando Toni descubrió todo aquello, se lo hizo saber inmediatamente:

– Rafael no puede ir a ese hotel. Ahí van las estrellas, los grandes jugadores, y él todavía no lo es. Búscanos algo más humilde, como a la categoría actual de Rafael.

El representante comentaba después:

– Fue una auténtica lección.

Huyendo de la adulación: El liderazgo es valentía; o dicho de otro manera, sinceridad para decir lo que hay que decir aunque sea duro. Es fácil que los directivos se vean agasajos por sus colaboradores que dicen al jefe lo que le agrada escuchar. Ya decía el artista Pedro Ruiz que “adular es sobornar por los oídos”. Toni, no escurre el bulto y lo que tiene que decir lo plantea sin tapujos. Carlos Costa también contaba la siguiente anécdota:

– Estábamos en el hotel tras una dura jornada de entrenamientos y nos disponíamos a salir a cenar, pero Rafael iba todavía con los pantalones del chándal. Queríamos ir a un restaurante bastante selecto y, como es lógico, se exigía cierta etiqueta; así que no podíamos ir vestidos de cualquier manera. Benito (Pérez Barbadillo) le dijo: «Teóricamente no deberían dejarte entrar con esos pantalones; pero eres Rafael Nadal y no creo que te pongan problemas». Entonces, cuando ya casi nos íbamos, Toni detuvo a Rafael y le dijo: «Yo creo que lo más correcto es que subas a cambiarte». Y lo hizo. Lo que yo me pregunto es cuántos tenistas hubieran hecho lo mismo. Y más aún, a cuántos alguien del entorno se hubiera atrevido a decirles aquello.

Austeridad: un concepto que nunca está de “moda” porque a menudo se confunde con algo poco fashion alejado de quienes son verdaderos campeones acostumbrados al lujo. No obstante, Toni no duda:

– Para ser feliz hay que ser austero. En esta vida hay que aprender a conjugar el verbo aguantarse. Yo me aguanto, tú te aguantas y él... Y eso es lo que no hace la gente hoy en día. Todo son pegas. Sin darle un concepto religioso, la gente es menos sacrificada. Eso es lo que he intentado transmitirle a Rafael. Le digo: 'Aunque a ti te vayan las cosas muy bien, aunque tengas dinero y éxito, tendrás que aguantarte, porque habrá cosas que no podrás controlar. Morirá un familiar. Te dejará la novia. Y te tendrás que aguantar.

Gracias a esta educación se pueden comprender muchas de las palabras que hoy día salen de la boca de Nadal. En una ocasión el jugador manifestaba:

– Mira qué móvil tengo. Creo que es el peor móvil de todos los tensitas españoles. En el circuito muchos se ríen de mí cuando lo ven, pero hace su función; puedo enviar mensajes y tener los teléfonos de mis amigos. No soy de los que necesitan grandes cosas para ser feliz. Hay gente que es feliz levantándose por la mañana y tomándose una Coca–Cola mirando al mar. Y eso cuesta un euro, ya me dirás. En cambio, hay otros que necesitan comprarse un Ferrari para ser felices. Yo no necesito el mejor móvil ni el mejor ordenador, no quiero grandes mansiones o avionetas particulares como algunos deportistas.

Trabajo, no suerte: La opinión de Toni acerca de la importancia o no de la suerte es muy nítida:

– Rafael ha sido un chico que se ha exigido mucho, que es muy fuerte mentalmente y que tiene una actitud de vida correcta para lograr sus objetivos. En este deporte, como en cualquier otra faceta de la vida, el trabajo y el sacrificio es lo que puede ayudarte a mejorar. No hay más secretos. Si luchas y te esfuerzas, al final te verás recompensado. La suerte te puede hacer ganar un punto, pero no un partido ni un torneo. Esto hay que tenerlo en cuenta.

El peligro de la fama: La gestión del éxito no resulta casi nunca sencilla, máxime cuando se es el número uno del mundo. En las altas esferas se empieza a vivir en una especie de nube alejada alejada de la realidad que dificulta mucho mantener los pies en el suelo. Aquí Toni tampoco tiene duda:

– La fama está muy bien y forma parte del show que te rodea todo esto, pero no es buena. Obliga a compromisos. Te hace vivir en un mundo irreal y es perjudicial porque te quita tiempo a la preparación.

En otra ocasión le decía a su sobrino:

– No te pienses que todas esas chicas que se te acercan lo hacen por tu cara bonita o porque eres simpático; lo que ellas quieren es estar con el número dos [ya número uno] del mundo, con el tenista famoso, así que no te creas tan guapo porque yo lo soy más que tú y ninguna va detrás de mí.

Vocación de servicio: El liderazgo tiene una alta vocación de servicio (serving leadership). Liderar consiste en facilitar que los demás alcance objetivos, porque como decía Jack Welch, “son los demás los que hacen que las cosas ocurran”. Toni Nadal, a pesar de su influencia, tanto deportiva como no deportiva, en el éxito de Rafalet (como le conocen en Mallorca), tiene también claro su lugar sin querer protagonismos innecesarios:

– Rafael es un jugador con talento, con condiciones y que está dispuesto a trabajar para asimilar lo que tú puedas enseñarle. Soy de los que creo que los entrenadores ayudan a los que tienen cualidades. No conozco a ningún entrenador que sea bueno si el jugador no lo es.

Normalidad: Toni siempre ha intentado que la euforia no se desmadrara y ha intentado preservar la “normalidad” alrededor de la vida de Rafa sin que cayese mucho confeti sobre su cabeza. En diversas ocasiones le ha recalcado:

– No eres más que un chico que hace una cosa tan simple como pasar una bola por encima de la red, no te olvides de esto.

Nadal todavía recuerda el año que ganó el campeonato de España alevín de tenis y, delante de toda su familia, cuando celebraban el éxito, Toni sacó un papel del bolsillo y le leyó uno por uno los nombres de los anteriores campeones mientras le preguntaba si los conocía y si alguno de aquellos jugadores había llegado a triunfar en el circuito profesional. La mayoría de nombres eran auténticos desconocidos para Rafa.

Muchas otras cuestiones se pueden apuntar. Las dejo para otro post más adelante y hago una recomendación de libro que merece la pena: “Rafael Nadal. Crónica de un fenómeno” (RBA, 2007), de Jaume Pujol–Galceran y Manel Serras Vila.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Agassi: una historia de grandeza y humildad


El otro día un (gran) amigo me regaló una camiseta dedicada a uno de los deportistas a los que más aprecio. En ella, unos pocos datos resumían una carrera: 3 cortes de pelo, 2.537 pares de calcetines, 14.192 cordajes, 8 Grand Slam… Se trataba de Andre Agassi.
Andre es hijo de un emigrante iraní de origen armenio (su verdadero apellido es Agassian). Para todos los que nos gusta el tenis, Agassi fue un descubrimiento. A mí me impactó allá por 1987. En aquel tiempo en el que McEnroe ya no dominaba la era post-Borg, Iván Lendl era el indiscutible número uno del tenis mundial (sobre todo, tras la final de Roland Garros de 1984…). Sí, Wilander, Becker y Edberg le disputaban su cetro, pero Lendl imponía un estilo. El precioso revés a una mano, la derecha contundente, las muñequeras largas, la raqueta Adidas, el polo de rombos, sus caprichosas pero oportunas pestañas… Sin embargo, aquel hombre impasible no conectaba con el gran público (al menos no conmigo). Y los demás, tampoco. McEnroe resultaba antipático, Edberg, era elegante pero soso, algo así como Wilander, y Becker… pues, no sé. Connors, cuyo encanto resistía desde los tiempos de Borg, ya estaba en franca retirada. Cash lo tenía casi todo, pero era inconstante. Un día como cualquier otro, apareció Agassi. La melena, la ropa, la actitud, las mujeres que le rodeaban… La derecha perfecta, el resto fulgurante, el revés a dos manos, la no-volea… Todo tenía su gracia. Y además, ganaba. Todos le imitamos (en lo que pudimos).
Agassi número uno de la ATP, ganó todos los grand slam (el último tenista hasta hoy en conseguir esta marca) hasta sumar ocho títulos y llegó a siete finales más. Fue campeón olímpico en Atlanta (ganando a aquel Sergi Bruguera tan extraordinario en tres sets), conquistó 17 master series y otros 33 títulos ATP.
Todo le iba bien a Andre hasta 1997, año en el que una lesión de muñeca le llevó al puesto 141 del ranking (en la actualidad los jugadores que sufren lesiones conservan su ranking durante la convalecencia). Y tuvo que volver a empezar. De cero. Jugando Challengers (competiciones de menor presupuesto que los torneos ATP) y solicitando invitaciones para los torneos. Arañando puestos. Llamando a muchas puertas. Añadiendo la humildad a sus virtudes.
Y el caso es que entonces, quizá porque yo mismo había madurado, su figura me pareció aún más relevante. Continuó jugando hasta 2006, ganando desde su lesión más de 35 torneos, entre ellos, 5 grand slam.
Para muchos es difícil volver a empezar. Sin embargo, la determinación en los objetivos es una guía de incalculable valor. En estos tiempos en los que la volatilidad de la economía supone una tendencia, son multitud las organizaciones que se enfrentan a cambios dramáticos. En algunas, los procesos de downsizing exigen una redistribución de funciones que eliminan privilegios de sus empleados. En otras, el necesario reposicionamiento obliga a los directivos a lanzarse a la calle en busca de nuevos clientes y modelos de negocio… y quizá estos sean los casos menos dolorosos.
En un mundo donde la humildad suele ser considerada un signo de debilidad, es posible que muchos deban replantearse ahora su posición al respecto. Pero, sobre todo, no olvidarse de su importancia cuando la tendencia cambie. Puede que esta fuera la verdadera lección para Agassi.

lunes, 4 de mayo de 2009

Rafa Nadal: un embajador de valores

7–6 y 6–2 fue el tanteo que le valió ayer domingo a Rafael Nadal (Manacor, 1986) para desentenderse del serbio Novak Djokovic y alzarse con el Masters 1000 de Roma (cuarta vez que lo consigue) sumando de este modo 36 títulos internacionales a su carrera. Número 1 de la ATP desde agosto de 2008 y Premio Príncipe de Asturias del Deporte ese mismo año, Nadal sigue haciendo historia en las canchas a pesar de su juventud (22 años) y es ejemplo de otras muchas cosas.

El pasado 3 de marzo se presentaba en el IESE Business School de Madrid un “business case” con el título: “Rafael Nadal: el campeón y la persona”; un caso de estudio elaborado por el profesor del IESE, Santiago Álvarez de Mon, que ha contado con la ayuda principal de Carlos Costa, manager de Nadal, así como del resto de la familia del jugador mallorquín. Antes del acto pude charlar con Santiago y Carlos y después disfrutar de la conferencia–coloquio en la que se combinó la proyección de videos de Rafa con un “mano a mano” entre ambos sobre el pasado, presente y futuro del tenista.

Muchas lecciones se pueden extraer de la figura del joven balear que sirven de ejemplo para el directivo actual. Destaco sólo algunas:

Talento: capacidad natural para hacer ciertas cosas que se manifiesta no sólo al coger la raqueta sino en su prodigioso físico, en la coordinación de sus movimientos o en la asimilación de espacios. Como se suele decir, “lo que natura no da, Salamanca no presta”. La genética ha dotado a Rafa de ciertas cualidades que luego ha potenciado y complementado. Con otras palabras, la cosecha era buena.

Ambición: no le gusta perder a nada. Es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. Tiene mentalidad ganadora y la derrota le produce alergia. Álvarez de Mon escribía: “Hay jugadores que pierden los partidos en el vestuario, incluso antes de salir a la cancha. Le miras a los ojos y ves la mirada de un perdedor. Nadal, si pierde, lo hace en la ducha, exhausto, con su motor de gasolina totalmente vacío, y por méritos del contrario. El no pierde, le gana el otro”.

Estabilidad emocional: que la proporciona su entorno: madre, padre, tío, hermana, novia... En cierta ocasión, Carlos Costa, que lleva también a otros tenistas, afirmaba: “A la hora de fichar a un jugador no valoramos sólo el talento, el potencial tenístico, sino también el entorno”. El de Rafa es especialmente bueno. Toda la familia es una piña que tiene claro quién es el protagonista y rema en la misma dirección con el único objetivo de que el joven tenga la tranquilidad necesaria para hacer bien su trabajo y seguir sumando títulos y reconocimientos. El propio tenista decía: “En Mallorca todo es más cercano y tienes a la familia mucho más encima que cuando vives en una gran ciudad. Además, mi familia está muy unida y he pasado mucho tiempo con mis tíos, abuelos y también, por supuesto, con mis amigos”.

Concentración: no se relaja ni un momento. Está metido en el partido y pendiente de lo que hay que hacer sin despistarse un segundo. Sigue a rajatabla el sabio consejo de Sun Tzu en “El arte de la guerra”: “No te contentes con alguna ventaja pequeña o una victoria a medias; tal cosa podría ser tu cebo destinado a vencerte. Debes mantenerte en guarda incluso después de que tengas los visos de una victoria completa”. Novak Djokovic aseguraba: “Nadal es el único tenista capaz de mantener el mismo nivel de concentración desde el primer al último punto del partido”.

Capacidad de sufrimiento: “Para ser feliz hay que ser austero”, decía Toni –su tío y entrenador– en agosto de 2008. Y proseguía: “En esta vida hay que aprender a conjugar el verbo aguantarse. Yo me aguanto, tú te aguantas y él... Y eso es lo que no hace la gente hoy en día. Todo son pegas. Sin darle un concepto religioso, la gente es menos sacrificada. Eso es lo que he intentado transmitirle a Rafael. Le digo: 'Aunque a ti te vayan las cosas muy bien, aunque tengas dinero y éxito, tendrás que aguantarte, porque habrá cosas que no podrás controlar. Morirá un familiar. Te dejará la novia. Y te tendrás que aguantar”. El nivel de exigencia de Toni con Rafa siempre ha sido muy elevado. Todavía a fecha de hoy a Rafa le parece excesivo lo que su tío le apretaba de pequeño: “Con mi tío tuve una infancia deportiva muy exigente. Toni me pedía demasiado y cuando las cosas no salían bien se enfadaba bastante. En mi opinión me exigía demasiado y aún hoy me sigue pareciendo excesivo, pero te prepara para el futuro”.

Perseverancia: como afirma un dicho inglés: “Winners never quit; quitters never win” (Los ganadores nunca abandonan; los que abandonan nunca ganan). El escritor Honoré Balzac escribía algo parecido: “La constancia es el fondo de la virtud”. Detrás de cualquier historia de éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio; entrega incondicional a la causa; derroche de esfuerzo sin límites. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso.

Madurez precoz: siempre ha sido el mayor de toda la familia: primer hijo, sobrino y nieto, lo que le ha llevado a reducir los periodos de aprendizaje gracias al contacto con gente más mayor. Según Carlos Costa, “hoy día el primo más mayor de Rafa tiene diez años, por tanto, él desde siempre se ha relacionado con adultos. Es una de las claves de su madurez. De pequeño tenía conversaciones de adulto”. Esto le ha ser inteligente para distinguir sabiamente entre la oportunidad y el riesgo: “Acepta todas las opiniones y es lo suficientemente inteligente como para saber lo que le conviene”.

Equilibrio: los elogios a menudo debilitan y el éxito conduce casi inevitablemente al acomodamiento. Toni es un tipo que representa al “malo” de la película. No deja que ningún triunfo se le suba nada a la cabeza. Cuando todos le pasan la mano por el hombro él pone sobre la mesa sus defectos para que mantenga los pies en el suelo.

Resistencia mental: su manager lo tiene claro: “La cabeza es el 90% de un deportista. Si alguien tiene la técnica de Rafa pero no su cabeza es imposible ser el número uno del mundo”. Disciplina espartana y estoicismo son epítetos que sientan bien al de Manacor.

Sencillez y humildad: camina por la vida como número uno del mundo pero con estilo campechano, algo que siempre conecta con el público. Es un fuera de serie en las canchas de tenis y un tipo de lo más normal y corriente fuera de ellas. Esta actitud reduce la presión y permite trabajar más tranquilo. “Te prometo que ni me levanto ni me acuesto pensando que soy el número uno”, decía hace poco. En este punto la familia también juega un rol esencial: “Nadal está formado y tiene una educación que hace que, al margen de si juega mejor o peor, siga siendo una gran persona y un gran tenista”.

Ilusión: la mantiene viva como el primer día. Cada reto es renovado por otro nuevo que le sirve de acicate y tira de él hacia delante. Todos los sabemos: cuando las ilusiones se desvanecen el talento está amortizado. Creer que uno ha tocado techo es el primer paso para realizar un trabajo mediocre

Ocio: no es complicado encontrársele comiendo unas 'cookies' de chocolate: “Puede que al estómago no le siente bien, pero a la mente sí”, decía en una ocasión al encontrarse con un periodista. Quien sólo trabaja acaba trabajando peor, o como decía el poeta húngaro Attila József (1905–1937), “los hombres que no saben divertirse me dan miedo”. Es necesario que el arco, cada cierto tiempo, se destense y descanse. A Rafa también le gusta ir a pescar, jugar al golf y a la Playstation.

Deportividad o fair play: lo que en el mundo de la empresa vendría a ser la ética. En un ganador la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa. Saber ganar y saber perder, tanto dentro de la pista como fuera. Tras recibir el Príncipe de Asturias de 2008 abanderaba la candidatura del suizo Roger Federer para el próximo año “porque se merece este galardón”.

Aceptación de la transitoriedad: “Todo esto es momentáneo; si no lo supiera, la castaña sería grande”. Y también: “Al fin y al cabo, la vida da bastantes vueltas; hoy puedo estar aquí como número uno y dentro de cinco o diez años, ser como cualquier otra persona. En el futuro espero ser eso, alguien normal y corriente”. Todos los “grandes” son conscientes de que el éxito es efímero y aceptan el sino del deportista.

En definitiva, ¿qué representa Rafael Nadal? Según el autor del “caso de estudio”, el manacorí es “un embajador de valores: disciplina, perseverancia, saber perder, saber ganar, optimismo, ilusión, fortaleza de ánimo, etc, que nuestra sociedad, blandita y comodita, necesita como el comer”.

lunes, 16 de febrero de 2009

Nadal, el poder del equipo


Nadal, al igual que a miles de españoles, me tiene cautivado. Es una persona sencilla, humilde, constante, luchadora, con una gran fortaleza mental y un poder de concentración, cuanto menos, sorprendente, desde el cual emana un espíritu de tranquilidad que nos envuelve a todos. Es capaz de darle la vuelta a un partido en contra, de no amilanarse por la presión de tener dos bolas de partido en contra, de estar metido y pendiente de lo que hay que hacer sin despistarse ni un segundo hasta que el partido ha finalizado. Jim Courier definió su actitud estupendamente “Le encanta la batalla y no importa si pierde el primer set. Al segundo siguiente ya está listo para ganar.”
Rafa es un portento al que todos admiramos, pero hoy no quiero hablar de él sino de su entorno, del equipo que le apoya. Su entrador es su tío, Toni Nadal, sus padres Ana María y Sebastián y toda su familia cierra filas en torno a él. Jamás se les ha subido a la cabeza el éxito de Rafa. Se han esforzado en orientarle, en darle una buena educación, en hacer de él una buena persona. ¡Qué gran diferencia con el entorno de otros supuestos “grandes” deportistas, que solo son aconsejados en función de sus intereses personales, y que incluso arremeten contra sus entrenadores y Clubs si con ello consiguen sus nefastos objetivos personales!
Rafa es leal a su gente, porque su gente siempre le ha sido leal, no diciéndole lo que quiere oír en cada momento, eso es fácil y no tiene valor, sino aconsejándole, siendo estrictos con él cuando ha sido necesario, apoyándole, haciéndole crecer, normalizando una situación que deslumbraría al mismísimo Salomón.
Si cuando termina el partido y uno vuelve a casa, tiene a su gente que le arropa y le protege, le anima y no le obliga a llevar una careta de Superman, sino que le permite ser uno mismo, con sus virtudes y sus defectos, entonces, si tienes eso, creces como persona y como profesional tienes un trampolín que te lanza a lo más alto. Yo así lo he sentido a lo largo de toda mi carrera como entrenador, mi familia ha sido mi equipo, mi norte y mi refugio, y me ha hecho poder afirmar, parafraseando el dicho, que siempre detrás de un gran deportista hay una gran familia, ¡Verdad Rafa!
P.D. Ayer Rafa perdió la Final del Torneo de Rotterdam contra Murray, esto reafirma todavía más en mi admiración hacía este singular deportista, porque ha demostrado, además, que es humano.

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