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lunes, 5 de julio de 2010

10 reflexiones sobre los arbitros y sus errores


Desgraciadamente siempre que se habla de los árbitros de fútbol es con motivo de algún incidente en su desempeño, que ha causado, “daños”, irreparables para alguien.
En el Mundial de Sudáfrica ya han sucedido “acontecimientos” que han sido vividos en los respectivos países, con la intensidad y emotividad que genera la injusticia en las decisiones arbitrales. Quisiera aprovechar esta oportunidad que me facilita el protagonismo que da los errores cometidos, para reflexionar sobre determinados conceptos que creo son de vital importancia en el desarrollo de la vida tal y como hoy se entiende y que tienen un importante reflejo en el mundo de los árbitros de fútbol:

1. Las institucionesLa única forma posible de la vida en sociedad se fundamenta en la existencia de instituciones de diversa índole que hagan posible el funcionamiento social. Esto es así desde las sociedades más primitivas, hasta el siglo XXI, lo importante es la fuerza que deben tener esas instituciones y la forma de regularlas para que esa fuerza no se aplique de forma incorrecta.
¿Quién gobierna a los árbitros? ¿Quién los elige y de qué forma? ¿Quién les dota de las herramientas necesarias para poder ejercer adecuadamente su labor? ¿Cómo se les forma? ¿Cuáles son los principios éticos que rigen a ese órgano de gobierno de árbitros?
Creo que las respuestas a estas y otras cuestiones básicas, deberían ser los fundamentos en los que construir una institución tan esencial para el funcionamiento de una actividad, en este caso deportiva, como es el conjunto de árbitros.

2. La necesidad de un árbitro
Siempre que se produce una actividad lucrativa o no, en la que intervienen varios “actores” aparece la inevitable necesidad de un tercero que decida en los conflictos. En muchos casos, esta figura recae en los jefes o responsables. Es muy difícil encontrar la autorregulación y resolución autónoma de incidencias en un colectivo. En mi opinión para concebir la vida en sociedad es preciso hablar de la existencia de árbitros. En el fútbol son parte esencial y determinante.

3. La justicia
La justicia es ciega se dice, y cuando así lo expresamos estamos indicando que justicia y objetividad son consustanciales. Existen instituciones que establecen unas reglas o normas y mediante árbitros formados en esas reglas, se decide sobre lo acontecido con total objetividad y en base a la información disponible para la toma de decisión. ¡Qué difícil es ser objetivo!, eso en sí mismo, tiene un altísimo nivel de dificultad, pero además es que el nivel de información necesario para decidir y el tiempo de decisión son muy escasos en el mundo del fútbol y si esto es así ¿por qué no planteamos soluciones a este problema
 

4. El error humano y los métodos para intentar limitarlo
No es comprensible que en el caso del fútbol no se apliquen soluciones tecnológicas a situaciones que no deberían tener ni la más mínima dificultad para ser clarificadas como por ejemplo, de reciente protagonismo “los goles fantasmas” o para qué hablar de los fuera de juego. ¿Por qué sometemos a los árbitros a una decisión desinformada cuando puede resolverse con información fehaciente?

5. Los tópicos interesados
Es muy habitual que se justifique la no utilización de herramientas tecnológicas en asistencia de el equipo arbitral con argumentos carentes de fundamento como: “eso es lo que da vida al fútbol”; “lo que crea interés y polémica”; “es el método tradicional y modificarlo daría mucha lentitud al juego”, si todos los argumentos son esos o parecidos…

6. El equilibrio vs la parcialidad
Es misión del árbitro intentar evitar que el juego evolucione por ámbitos ajenos al reglamento. Su misión es equilibrar, tranquilizar, que no ralentizar el juego. Es preciso dejar competir con fuerza pero limpiamente, y es preciso también eliminar cualquier tipo de actuación punible. Pero, qué difícil es la imparcialidad cuando se está viendo jugar a nuestro equipo, que habitual es oír comentarios totalmente contrapuestos sobre una misma jugada cuando hablan aficionados de equipos contrarios, esto quiere decir que el equilibrio y la objetividad está casi siempre reñida con la emoción que sentimos cuando hablamos de nuestro equipo.

7. El respetoEl árbitro necesita para poder ser eficiente, crear la confianza y el respeto necesarios para ejercer su función. Es cierto que goza del poder otorgado a su función pero si no genera autoridad, su desempeño estaría seriamente afectado. También es preciso que el árbitro trate con respeto a los jugadores y cuide del respeto que unos deben de tener con otros, en beneficio del espectáculo. Una cosa es competir y otra el desprecio y la falta de respeto.

8. La fuerza de la mentira
Qué difícil es interpretar lo que es realidad y lo que es mentira cuando el que pretende engañar es un verdadero experto en la materia (desgraciadamente en muchos casos se denomina “habilidad”,”experiencia”, o “maestría”, algo que sólo deben tener el calificativo de vergüenza). La provocación disimulada, la agresión encubierta, la teatralidad intencionada, son premiados en muchos casos por las aficiones y como consecuencia de ello son justificados por muchos. Para los árbitros es muy difícil de distinguir, pero en muchas ocasiones, a posteriori, se descubre el engaño, en estos casos siempre deberían actuar las instituciones pertinentes y castigar muy severamente al autor y a su equipo, al objeto de erradicar de los campos las actuaciones teatrales y los comportamientos provocadores y engañosos.
 

9. La violenciaEs en esta materia en donde el árbitro debe actuar firme y decididamente para evitarla con actuaciones preventivas y en el peor de los casos, castigarla con toda dureza y sin ningún tipo de consentimiento. Pero hay otro tipo de violencia en dónde los árbitros y las instituciones tienen un gran campo de actuación, y es la violencia que se genera en las gradas. Hay que establecer castigos siempre ejemplares que hagan de las gradas, el sitio agradable desde donde nos gusta ver el espectáculo del fútbol.

10. La humildadEl poder es el mayor enemigo del que lo ostenta, por eso es en la humildad, en los comportamientos y en la escenificación de los mismos, en donde se manifiesta la grandeza de la autoridad. Los árbitros tienen mucho que avanzar en este campo.

En fin, pido disculpas por haber querido hablar de tantos valores en torno a los árbitros y como consecuencia de ello no haber profundizado en ninguno dejando muchos temas en el aire. Pero he querido abrir el tema a la reflexión para declarar un apoyo a la profesión de árbitro y una profunda crítica a las instituciones del mundo del fútbol que tanto daño hacen con la falta de construcción necesaria para ejercer esa actividad y con el poco respeto y apoyo a las personas que lo ejercen con ilusión y profesionalidad.

En una grandísima medida, la culpa es de los dirigentes, que no están a la altura de las circustancias.

lunes, 3 de mayo de 2010

Guardiola va por ti


No descubrimos nada nuevo si afirmo que el mundo del fútbol es un mundo plagado de extremos y, por qué no, de excesos. Un universo en el que la pasión golea a la razón y donde la creación de corrientes de opinión se ha convertido en una Champions League paralela a la que se disputa en el césped.

Viene a colación esta introducción porque me he quedado anonadado leyendo y escuchando opiniones, sentencias, juicios y valoraciones sobre Guardiola tras la eliminatoria pasada entre Barcelona e Inter de Milán.

Resulta que, después del éxito histórico del Barcelona la temporada pasada, Pep Guardiola se convirtió en un icono para todo el mundo del fútbol y, añadiría, para toda la sociedad. ¡Qué valiente en sus decisiones! ¡Qué conferencias de prensa! ¡Qué inteligente! Hasta cuando se rascaba la nariz (si lo ha hecho en público alguna vez) exclamábamos: ¡Qué estilazo!
Resulta que ahora, nada más perder la eliminatoria, tenemos que aguantar comentarios como que nadie entiende los cambios de Maxwell y Jefrén, que si ha perdido los nervios, que no es tan elegante como parecía, que si le puede la presión, etc, etc.

Podréis comprender que desde mi arista como entrenador, pues un entrenador lo es hasta la muerte aunque desempeñe otras labores, me suba por las paredes debido a la impotencia por la injusticia, desconocimiento y ciertas dosis de envidia que transpiran esos comentarios.
Vaya por delante mi declaración de madridista y mi confesión de que no conozco personalmente a Guardiola y que juzgo este asunto como simple observador y conocedor de la mente de un entrenador. Desde esa atalaya, no puedo estar de acuerdo ni con las exageraciones laudatorias del año pasado ni con las exacerbadas críticas del presente. Para reforzar lo primero, os diré que no creo en los entrenadores sobrehumanos (definición que él con sus actos y palabras siempre ha contrarrestado). Para refutar lo segundo, afirmaré que alguien que ha conseguido que su grupo alcance los éxitos de la temporada anterior no puede dejar de tener, de un día para otro, excelentes competencias para dirigir un equipo de altísimo rendimiento.

Los entrenadores somos muy conscientes que desempeñamos el rol del clavito en un abanico: somos pequeños, no generamos aire, no tenemos la estética de las varillas, pero somos la parte del todo que unimos, que coordinamos, que equilibramos una serie de distintas funciones, cualidades y personalidades en busca de conseguir un objetivo común en un entorno “huracanizado”. Fuera de todo esto, lo que queda es una industria que nada tiene que ver con el verdadero deporte, pero que mueve millones de euros, de ilusiones, de pasiones y, claro está, de intereses.
Tenía razón mi padre cuando me contaba que el deporte nacional, en esta querida España, consiste en crear ídolos para después recrearse en destruirlos.

Un abrazo a todos.

lunes, 4 de mayo de 2009

Rafa Nadal: un embajador de valores

7–6 y 6–2 fue el tanteo que le valió ayer domingo a Rafael Nadal (Manacor, 1986) para desentenderse del serbio Novak Djokovic y alzarse con el Masters 1000 de Roma (cuarta vez que lo consigue) sumando de este modo 36 títulos internacionales a su carrera. Número 1 de la ATP desde agosto de 2008 y Premio Príncipe de Asturias del Deporte ese mismo año, Nadal sigue haciendo historia en las canchas a pesar de su juventud (22 años) y es ejemplo de otras muchas cosas.

El pasado 3 de marzo se presentaba en el IESE Business School de Madrid un “business case” con el título: “Rafael Nadal: el campeón y la persona”; un caso de estudio elaborado por el profesor del IESE, Santiago Álvarez de Mon, que ha contado con la ayuda principal de Carlos Costa, manager de Nadal, así como del resto de la familia del jugador mallorquín. Antes del acto pude charlar con Santiago y Carlos y después disfrutar de la conferencia–coloquio en la que se combinó la proyección de videos de Rafa con un “mano a mano” entre ambos sobre el pasado, presente y futuro del tenista.

Muchas lecciones se pueden extraer de la figura del joven balear que sirven de ejemplo para el directivo actual. Destaco sólo algunas:

Talento: capacidad natural para hacer ciertas cosas que se manifiesta no sólo al coger la raqueta sino en su prodigioso físico, en la coordinación de sus movimientos o en la asimilación de espacios. Como se suele decir, “lo que natura no da, Salamanca no presta”. La genética ha dotado a Rafa de ciertas cualidades que luego ha potenciado y complementado. Con otras palabras, la cosecha era buena.

Ambición: no le gusta perder a nada. Es de esa clase de tipos que no admite otro resultado que no sea la victoria. Tiene mentalidad ganadora y la derrota le produce alergia. Álvarez de Mon escribía: “Hay jugadores que pierden los partidos en el vestuario, incluso antes de salir a la cancha. Le miras a los ojos y ves la mirada de un perdedor. Nadal, si pierde, lo hace en la ducha, exhausto, con su motor de gasolina totalmente vacío, y por méritos del contrario. El no pierde, le gana el otro”.

Estabilidad emocional: que la proporciona su entorno: madre, padre, tío, hermana, novia... En cierta ocasión, Carlos Costa, que lleva también a otros tenistas, afirmaba: “A la hora de fichar a un jugador no valoramos sólo el talento, el potencial tenístico, sino también el entorno”. El de Rafa es especialmente bueno. Toda la familia es una piña que tiene claro quién es el protagonista y rema en la misma dirección con el único objetivo de que el joven tenga la tranquilidad necesaria para hacer bien su trabajo y seguir sumando títulos y reconocimientos. El propio tenista decía: “En Mallorca todo es más cercano y tienes a la familia mucho más encima que cuando vives en una gran ciudad. Además, mi familia está muy unida y he pasado mucho tiempo con mis tíos, abuelos y también, por supuesto, con mis amigos”.

Concentración: no se relaja ni un momento. Está metido en el partido y pendiente de lo que hay que hacer sin despistarse un segundo. Sigue a rajatabla el sabio consejo de Sun Tzu en “El arte de la guerra”: “No te contentes con alguna ventaja pequeña o una victoria a medias; tal cosa podría ser tu cebo destinado a vencerte. Debes mantenerte en guarda incluso después de que tengas los visos de una victoria completa”. Novak Djokovic aseguraba: “Nadal es el único tenista capaz de mantener el mismo nivel de concentración desde el primer al último punto del partido”.

Capacidad de sufrimiento: “Para ser feliz hay que ser austero”, decía Toni –su tío y entrenador– en agosto de 2008. Y proseguía: “En esta vida hay que aprender a conjugar el verbo aguantarse. Yo me aguanto, tú te aguantas y él... Y eso es lo que no hace la gente hoy en día. Todo son pegas. Sin darle un concepto religioso, la gente es menos sacrificada. Eso es lo que he intentado transmitirle a Rafael. Le digo: 'Aunque a ti te vayan las cosas muy bien, aunque tengas dinero y éxito, tendrás que aguantarte, porque habrá cosas que no podrás controlar. Morirá un familiar. Te dejará la novia. Y te tendrás que aguantar”. El nivel de exigencia de Toni con Rafa siempre ha sido muy elevado. Todavía a fecha de hoy a Rafa le parece excesivo lo que su tío le apretaba de pequeño: “Con mi tío tuve una infancia deportiva muy exigente. Toni me pedía demasiado y cuando las cosas no salían bien se enfadaba bastante. En mi opinión me exigía demasiado y aún hoy me sigue pareciendo excesivo, pero te prepara para el futuro”.

Perseverancia: como afirma un dicho inglés: “Winners never quit; quitters never win” (Los ganadores nunca abandonan; los que abandonan nunca ganan). El escritor Honoré Balzac escribía algo parecido: “La constancia es el fondo de la virtud”. Detrás de cualquier historia de éxito hay mucha reciedumbre y capacidad de sacrificio; entrega incondicional a la causa; derroche de esfuerzo sin límites. Quien piense que llegar arriba es cuestión de suerte, además de un ingenuo es un envidioso.

Madurez precoz: siempre ha sido el mayor de toda la familia: primer hijo, sobrino y nieto, lo que le ha llevado a reducir los periodos de aprendizaje gracias al contacto con gente más mayor. Según Carlos Costa, “hoy día el primo más mayor de Rafa tiene diez años, por tanto, él desde siempre se ha relacionado con adultos. Es una de las claves de su madurez. De pequeño tenía conversaciones de adulto”. Esto le ha ser inteligente para distinguir sabiamente entre la oportunidad y el riesgo: “Acepta todas las opiniones y es lo suficientemente inteligente como para saber lo que le conviene”.

Equilibrio: los elogios a menudo debilitan y el éxito conduce casi inevitablemente al acomodamiento. Toni es un tipo que representa al “malo” de la película. No deja que ningún triunfo se le suba nada a la cabeza. Cuando todos le pasan la mano por el hombro él pone sobre la mesa sus defectos para que mantenga los pies en el suelo.

Resistencia mental: su manager lo tiene claro: “La cabeza es el 90% de un deportista. Si alguien tiene la técnica de Rafa pero no su cabeza es imposible ser el número uno del mundo”. Disciplina espartana y estoicismo son epítetos que sientan bien al de Manacor.

Sencillez y humildad: camina por la vida como número uno del mundo pero con estilo campechano, algo que siempre conecta con el público. Es un fuera de serie en las canchas de tenis y un tipo de lo más normal y corriente fuera de ellas. Esta actitud reduce la presión y permite trabajar más tranquilo. “Te prometo que ni me levanto ni me acuesto pensando que soy el número uno”, decía hace poco. En este punto la familia también juega un rol esencial: “Nadal está formado y tiene una educación que hace que, al margen de si juega mejor o peor, siga siendo una gran persona y un gran tenista”.

Ilusión: la mantiene viva como el primer día. Cada reto es renovado por otro nuevo que le sirve de acicate y tira de él hacia delante. Todos los sabemos: cuando las ilusiones se desvanecen el talento está amortizado. Creer que uno ha tocado techo es el primer paso para realizar un trabajo mediocre

Ocio: no es complicado encontrársele comiendo unas 'cookies' de chocolate: “Puede que al estómago no le siente bien, pero a la mente sí”, decía en una ocasión al encontrarse con un periodista. Quien sólo trabaja acaba trabajando peor, o como decía el poeta húngaro Attila József (1905–1937), “los hombres que no saben divertirse me dan miedo”. Es necesario que el arco, cada cierto tiempo, se destense y descanse. A Rafa también le gusta ir a pescar, jugar al golf y a la Playstation.

Deportividad o fair play: lo que en el mundo de la empresa vendría a ser la ética. En un ganador la destreza técnica debe ir acompañada de la calidad humana. No vale cualquier cosa. Saber ganar y saber perder, tanto dentro de la pista como fuera. Tras recibir el Príncipe de Asturias de 2008 abanderaba la candidatura del suizo Roger Federer para el próximo año “porque se merece este galardón”.

Aceptación de la transitoriedad: “Todo esto es momentáneo; si no lo supiera, la castaña sería grande”. Y también: “Al fin y al cabo, la vida da bastantes vueltas; hoy puedo estar aquí como número uno y dentro de cinco o diez años, ser como cualquier otra persona. En el futuro espero ser eso, alguien normal y corriente”. Todos los “grandes” son conscientes de que el éxito es efímero y aceptan el sino del deportista.

En definitiva, ¿qué representa Rafael Nadal? Según el autor del “caso de estudio”, el manacorí es “un embajador de valores: disciplina, perseverancia, saber perder, saber ganar, optimismo, ilusión, fortaleza de ánimo, etc, que nuestra sociedad, blandita y comodita, necesita como el comer”.

jueves, 30 de abril de 2009

La experiencia como factor de equilibrio


Indicaba Bacon que nada se conoce con profundidad si no es por medio de la experiencia. En el mundo del fútbol, en el que la ventana de la experiencia se adquiere tras, en el mejor de los casos, quince años de andadura profesional, son pocos los que pueden hacer cohabitar su madurez vital con la futbolística. De esta forma, muy pocos futbolistas alcanzan la cuarentena en la élite. Y el caso es que, este desprecio al conocimiento, en algunas ocasiones, se me antoja como un desperdicio inadmisible.
En el gremio de los porteros, la peculiaridad de su demarcación ha propiciado una importante cantidad de ejemplos significativos. El italiano Dino Zoff ganó el mundial del naranjito con 40 años, el jugador con más edad que ha ganado el trofeo, y se retiró un año después tras perder la final de la Copa de Europa con la Juventus frente al Hamburgo por 1-0, gol de Magath (aquel fue también el último partido con la Juve de Roberto Bettega). El norirlandés Pat Jennings, aquel guardameta de peinado escalonado del Tottenham y el Arsenal, defendió la portería de su país durante 22 temporadas hasta su retirada, tras mundial de Méjico 1986, con 41 años. Peter Shilton se excluyó de la selección inglesa poco antes de cumplir los 41 años tras el mundial de 1990, aunque siguió jugando una temporada más en el Derby County. Albertosi, el portero cuatro veces mundialista del Milán envuelto en el escándalo totonero, fue suspendido en 1980 cuando ya había cumplido los 40 años. Bell, que compitió con N’Kono durante años por un puesto en la selección, jugó el mundial de EE.UU. para Camerún contando ya 40 años. Más recientemente Ballota del Lazio ha jugado un partido de la champions con más de 43 años…
Las mayores exigencias físicas de los jugadores de campo no han sido óbice para que muchos futbolistas hayan rendido después de los cuarenta. Dejando de lado el caso de Sir Stanley Matthews, que jugó hasta los 51 años, el camerunés Milla resulta prototípico. Roger Milla ha sido el jugador de más edad que ha marcado en los mundiales de Fútbol, al anotar en 1994 el gol del honor frente a Rusia (6-1). Cuatro años antes, con 38 años, Milla había sido la estrella en Italia 1990 de Camerún, que alcanzó los cuartos y cayó ante Inglaterra. Milla fue elegido en 2006 el mejor jugador africano de los últimos cincuenta años. Otros ejemplos de longevidad son Puskas (fichado por Bernabéu con varios kilos de más y en la treintena), el propio Di Stéfano o más cercano en el tiempo, Romario. Costacurta ha sido otro de los paradigmas. El defensa milanista ha sido el último testigo del Milán victorioso de finales de los ochenta. Es el futbolista de campo de mayor edad que ha disputado un partido de Champions, contra el AEK en Noviembre de 2006, contando 40 años y 211 días. El Milán, en aquella temporada conquistó la Champions, lo que le convierte también en el campeón más veterano.
Hasta hace poco tiempo, la favorable coyuntura económica posibilitaba el desprecio de muchas organizaciones por la aportación de los trabajadores de más edad. Ahora, con el cambio de ciclo económico, las cosas parece que han mutado de forma significativa. Las otrora abultadas indemnizaciones y multitudinarias jubilaciones anticipadas se ponen ahora en tela de juicio. Sin embargo, esta circunstancia no parece representar un súbito aprecio por la experiencia, sino más bien una repentina preocupación por las arcas públicas y privadas… Muchos buenos aficionados al fútbol podrán afirmar que para el Calcio, por ejemplo, esta apuesta por la veteranía ha supuesto una pérdida de pujanza. Otros pueden argüir que dicha apuesta, a su juicio un tanto forzada, es fruto de su propia crisis y de su inercia. Yo creo que las organizaciones deben ser, en esencia, naturales. Olvidar las modas y desarrollarse con su capital humano. Comprender su evolución y juzgar su aportación en función de aspectos intrínsecos y extrínsecos, pero también decidir de forma determinada en función de sus objetivos. En resumen, encontrar el equilibrio.
Quizá la aportación de los veteranos para los grupos humanos puede ser resumida a partir de la descripción del papel de Zoff en el mundial del naranjito que realiza Paolo Rossi, máximo goleador de Italia en aquel campeonato “Zoff fue el jugador más importante. Era el que representaba al equipo en esencia. Un ejemplo para todos nosotros”.

lunes, 16 de febrero de 2009

Nadal, el poder del equipo


Nadal, al igual que a miles de españoles, me tiene cautivado. Es una persona sencilla, humilde, constante, luchadora, con una gran fortaleza mental y un poder de concentración, cuanto menos, sorprendente, desde el cual emana un espíritu de tranquilidad que nos envuelve a todos. Es capaz de darle la vuelta a un partido en contra, de no amilanarse por la presión de tener dos bolas de partido en contra, de estar metido y pendiente de lo que hay que hacer sin despistarse ni un segundo hasta que el partido ha finalizado. Jim Courier definió su actitud estupendamente “Le encanta la batalla y no importa si pierde el primer set. Al segundo siguiente ya está listo para ganar.”
Rafa es un portento al que todos admiramos, pero hoy no quiero hablar de él sino de su entorno, del equipo que le apoya. Su entrador es su tío, Toni Nadal, sus padres Ana María y Sebastián y toda su familia cierra filas en torno a él. Jamás se les ha subido a la cabeza el éxito de Rafa. Se han esforzado en orientarle, en darle una buena educación, en hacer de él una buena persona. ¡Qué gran diferencia con el entorno de otros supuestos “grandes” deportistas, que solo son aconsejados en función de sus intereses personales, y que incluso arremeten contra sus entrenadores y Clubs si con ello consiguen sus nefastos objetivos personales!
Rafa es leal a su gente, porque su gente siempre le ha sido leal, no diciéndole lo que quiere oír en cada momento, eso es fácil y no tiene valor, sino aconsejándole, siendo estrictos con él cuando ha sido necesario, apoyándole, haciéndole crecer, normalizando una situación que deslumbraría al mismísimo Salomón.
Si cuando termina el partido y uno vuelve a casa, tiene a su gente que le arropa y le protege, le anima y no le obliga a llevar una careta de Superman, sino que le permite ser uno mismo, con sus virtudes y sus defectos, entonces, si tienes eso, creces como persona y como profesional tienes un trampolín que te lanza a lo más alto. Yo así lo he sentido a lo largo de toda mi carrera como entrenador, mi familia ha sido mi equipo, mi norte y mi refugio, y me ha hecho poder afirmar, parafraseando el dicho, que siempre detrás de un gran deportista hay una gran familia, ¡Verdad Rafa!
P.D. Ayer Rafa perdió la Final del Torneo de Rotterdam contra Murray, esto reafirma todavía más en mi admiración hacía este singular deportista, porque ha demostrado, además, que es humano.

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