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jueves, 1 de diciembre de 2011

Corresponsales AdP: Lo realmente importante de Javier Brizuela


El deporte, como la vida misma, es un inmenso escenario en el que se citan elementos contradictorios. Los sentimientos más nobles con las pasiones más bajas; el compañerismo y la solidaridad con la trampa y la deslealtad. En el fútbol, la ingente exposición mediática de sus protagonistas y el fervor popular que provocan acentúan la contradicción.

Se puede ver de todo en el campo, y, por pura estadística, no todo puede ser bueno. La competitividad extrema propicia algunos casos límite, como la sucesión de partidos Barça-Madrid con la que nos obsequiaron los designios del calendario el curso pasado. Una ronda de enfrentamientos que en varios momentos pareció una oda al juego subterráneo. La España futbolística se dividió. En la Supercopa, con el famoso dedo de Mourinho en el ojo de Vilanova en medio de una tángana bochornosa, se rozó lo grotesco.

Futbolistas y entrenadores, como cualquier persona de este mundo, tienen sus errores, pero también saben hacer bien las cosas. El célebre código no escrito en el que se declara que lo que pasa en un encuentro se queda dentro del terreno de juego es una manera de relativizar los acontecimientos cuando está en riesgo el trabajo de toda la temporada y tienes las pulsaciones aceleradas. Con tanta presión, la probabilidad de equivocarse se incrementa, lo que realza la importancia de pedir perdón cuando el comportamiento dista de ser ejemplar.

La semana pasada Mourinho no se disculpó por el dedazo, pero le deseó una rápida recuperación a Vilanova, operado de la glándula parótida. Lo hizo contestando a la pregunta de una periodista y parecía sincero. El preparador portugués tiene actitudes reprobables, pero están enfocadas hacia un contexto competitivo. Fuera de él tiene sentimientos, aunque algunos no lo crean, y en esas habló el martes sobre el segundo entrenador del Barcelona.

Los deportistas, ante todo, son personas, y saben valorar lo realmente importante. Como dijo Guardiola, es secundario ganar en Milán cuando tu segundo entrenador está pasando por un mal momento. Al Barça ya le afectó una circunstancia similar o peor el año pasado con el tumor de hígado de Abidal. Entonces, Madrid y Olympique de Lyon tuvieron el bonito detalle de redactar un mensaje de ánimo que se vio en los videomarcadores del Bernabéu antes del inicio de su partido de vuelta de octavos de la Champions. Además, los 22 jugadores regresaron al césped tras el pitido final para mostrar unas camisetas, preparadas para la ocasión, con el lema “Ánimo Abidal”.

Si el afectado hubiese sido alguien del Real Madrid, la reacción del eterno rival habría sido la misma, aunque se muestren en el campo como enemigos irreconciliables.

Otro caso, seguramente el más grave, es el del hijo de Carlos Martins, centrocampista portugués del Granada. Su retoño, llamado Gustavo y de solo tres años, padece un problema en la médula ósea que impide a ésta la producción del nivel necesario de plaquetas y glóbulos rojos. La única solución para el chaval es un trasplante. En la búsqueda de un donante, varios futbolistas se han movilizado y los seguidores del Granada han hecho colas para comprobar si su sangre es compatible con la del pequeño Gustavo. Su padre, destrozado, declaró en “El Larguero” que sigue jugando porque a su hijo le gusta verle en acción.

Estas circunstancias nos ayudan a organizar la escala de prioridades. El fútbol, como cualquier deporte, es un medio para trabajar o disfrutar, no una cuestión de vida o muerte (que me perdone Bill Shankly).

Los aficionados violentos olvidaron esto hace demasiado tiempo. Los verdaderos protagonistas, por fortuna, lo siguen recordando. 

sábado, 3 de septiembre de 2011

#Cincoañosdeloro y el Equipo Perfecto


3 de septiembre de 2006. #cincoañosdeloro. Una fecha que cambió nuestras vidas: España se proclamó campeona del mundo de baloncesto tras un inmaculado torneo en Japón. Nació la leyenda de la ÑBA, un equipo perfectamente conjuntado plagado de talento capaz de superar todo tipo de dificultades desde la unión, el sacrificio, el esfuerzo, el compromiso y la ilusión. Un equipo formado por 12 jugadores capaces de moverse como uno solo que se convirtió en un espejo en el que mirarse en lo deportivo, en lo humano y en lo profesional.

Ellos 12 y los invisibles que les rodearon (ese grupo de trabajadores indispensables que no atraían los focos pero que eran clave para que la maquinaria estuviera perfectamente engrasada: cuepo técnico, ayudantes, físios, delegado, preparador físico y todo el organigrama de la FEB) provocaron el 'parto' de 'Basuketoboru', un libro en el que los héroes de Japón desvelaban las claves para triunfar dentro y fuera de la cancha en el plano deportivo y empresarial.

Con la ayuda de más de 500 entrevistados variopintos del mundo del deporte (jugadores, entrenadores, directivos y presidentes) y empresarial, dimos con los 12 valores fundamentales para crear un grupo de trabajo de éxito en lo deportivo y en lo empresarial. Los 12 héroes de Japón representaban esos valores que siguen vigentes hoy en día. Más que nunca, se puede aprender del deporte.

• Capacidad de sacrificio Marc Gasol: "Ser parte de la Selección es un orgullo y uno hace lo que haga falta para poder formar parte de este grupo. Si el seleccionador me pide que me dé 100 cabezazos contra un muro, pues voy y lo hago. Es más, me doy 200".

• Ilusión Sergio Rodríguez: "Siempre intento mirar el lado positivo de las cosas por negativa que sea la situación. Analizo lo que pasa y aprendo de lo que me sucede. Ha habido momentos duros pero al final te queda la satisfacción de sobreponerte. La cancha es mi terapia").

• Competitividad Juan Carlos Navarro:"En la Selección hay muchas veces que están mis otros cuatro compañeros trabajando muy duro en la cancha para que yo pueda anotar o conseguir situaciones ventajosas de tiro e intento devolverles la confianza y el trabajo realizado con puntos".

• Espíritu de trabajo Carlos Jiménez:"Es fundamental que todos los miembros del equipo trabajen en la misma línea y que prime el trabajo en equipo. Es fundamental que prime el interés colectivo sobre el individual para el buen funcionamiento".

• Profesionalidad (Rudy Fernández: "Estoy siempre a disposición de lo que me pida el equipo y el seleccionador. Un jugador, por muy bueno que sea, no puede ganar un partido. Necesita siempre el apoyo y la contribución del equipo".

• Compromiso Garbajosa: "El mejor equipo está compuesto por los doce que, como equipo, más rendimiento puedan dar. Puede que seas el máximo anotador de tu equipo pero en la Selección te pueden pedir que te centres más en defender y puede que juegues menos, pero lo haces y ya está, sin malo rollos".

• Actitud positiva Berni Rodríguez: "En un equipo, tan importante es el que mete 30 puntos como el que juega un minuto. Todos contribuyen y lo que cada uno aporta, por poco que parezca aparentemente, es cave para el buen funcionamiento del equipo".

• Generosidad Álex Mumbrú: "Si veo que un compañero tiene un mal día o le cuesta hacer algo, le digo 'no te preocupes que ya lo hago yo por tí'. Sabes que esto es hoy por ti mañana por mí y sé que en la Selección siempre tendré un compañero dispuesto a ayudarme".

• Lealtad José Manuel Calderón: "Da igual si juego 2 ó 35 minutos y da igual si anoto 2 ó 25 puntos. Lo importante es que el equipo gane. El baloncesto es un deporte de equipo en el que las individualidades no bastan para ganar".

• Entrega Felipe Reyes: "Nadie se debe de conformar con lo que ha logrado. El conformista nunca llega a nada en la vida. Yo estoy listo para hacer el papel que se me pida. Mi único objetivo es intentar ayudar y hacer mejor a mi equipo, porque esto es un deporte de equipo".

• Disciplina Carlos Cabezas: "Cada vez se te pide y exige más. A mi me encantan los retos y trabajo para mejorar y crecer como jugador cada día y hacerlo lo mejor posible".

• Humildad Pau Gasol: "Agradezco los elogios, es bonito que reconozcan tu juego, pero sólo me gusta que se reconozca el éxito individual cuando está relacionado con el éxito del equipo. El baloncesto es un deporte de equipo y sin tus compañeros no eres nadie".

PD. Gracias a Rafa Casal @casalfoto por la excelente fotografía que nos sirvió para ilustrar la portada. Una imagen que representa lo que ha e ser un equipo.

domingo, 14 de agosto de 2011

Madres y deportistas, generosidad y confianza

Hace unas semanas escribía un post sobre los padres de los deportistas, y cómo su ejemplo marcaba y condicionaba su desarrollo, de igual forma que el “walking the talk” de los líderes, que dicen los anglosajones, determina el comportamiento de sus equipos.
Hoy ha caído en mis manos, gracias a mis estupendas vacaciones en la costa murciana, el suplemento del periódico La Opinión. En él he encontrado un artículo sobre las madres de cinco jugadores del Barça: Messi, Xavi, Piqué, Iniesta y Valdés, que me ha parecido muy interesante porque evidencia algunas de las características fundamentales del liderazgo femenino.
Prácticamente todas ellas se han tenido que enfrentar a una de las decisiones más duras para una madre: separarse de sus hijos, en este caso a una edad muy temprana para que ellos pudieran vivir un sueño de dudoso final en aquel momento. La madre de Piqué dejó, y apoyó, a su hijo para que con 17 años se fuera al Manchester así como la de Iniesta tuvo que decidir si lo mejor para su hijo era irse a vivir con 14 años a la Massía (desde Albacete) para poder ser futbolista.
El caso de la madre de Valdés fue mucho más duró ya que dejó a su hijo con 10 años en la Massía, mientras que toda la familia, por motivos del trabajo del padre, se trasladó a Tenerife. Aunque le iban a ver todos los meses varias veces, Victor sufría y lloraba mucho cada vez que tenía que separarse de sus padres, por lo que antes de un año Valdés se fue a vivir a Canarias con su familia. A los 13 años Víctor decidió volver de nuevo a la Massía tras ver un reportaje de sus compañeros en la televisión.
Ahora que tanto hablamos en la empresa de la necesidad de dar autonomía a los profesionales para que sean capaces de implicarse, de lo importante de hacer ‘empowerment’, de delegar, de dar espacio para que las personas de un equipo puedan desarrollarse plenamente, el ejemplo de estas madres me parece terriblemente importante. Cuando hay jefes que nos son capaces de dejar que sus equipos tomen la menor decisión, que les asfixian diciéndoles cada minuto lo que tienen que hacer, sin dejarles espacio para que aporten e impidiéndoles crecer, estas madres, con una materia tan sensible como sus propios hijos son un ejemplo de la generosidad y la confianza que tenemos que ser capaces de desarrollar para convertirnos en verdaderos líderes.
La madre de Piqué dice en la entrevista que ella sabía que Gerard podía conseguir afrontar el gran reto de vivir en otro país, lejos de su familia, con un montón de gente extraña, porque es una persona muy extrovertida y emocionalmente fuerte, que puede afrontar situaciones complicadas aun pasándolo mal, “A mi otro hijo le hubiera sido casi imposible hacerlo”, reconoce Montserrat Bernabéu.
Este es otro estupendo ejemplo de otras de las cualidades del liderazgo femenino, que en este caso los varones deberíamos entrenar mucho más: la empatía y la capacidad de conocer la parte más “soft” de las personas. Es importante conocer las capacidades emocionales de nuestras personas para ser capaces de entender como motivarles, como orientarles y como dirigirles. Muchos profesionales tienen fracasos en sus trabajos porque ha habido muchos jefes que no han sabido leer su personalidad y les han hecho enfrentarse a retos para los que no estaban preparados.
No sólo lo que luce es importante, y el ejemplo de estas madres capaces de dejar a sus hijos vivir su propio sueño, renunciando y sacrificándose, apoyándoles con una palabra o una sonrisa a tiempo, es un ejemplo del que sin duda tenemos mucho que aprender todos los que lideramos un equipo.

lunes, 9 de mayo de 2011

El colegial que navegó por el mundo

Michael Perham era un joven de 16 años natural de Herfordshire, Inglaterra, que tenía un sueño. No se trataba de conocer al solista de su grupo favorito, ni salir con la chica más guapa del instituto, ni siquiera ganar con sus amigos un torneo de Warcraft, su sueño era muy singular: convertirse en la persona más joven en dar la vuelta al mundo navegando en solitario sin escalas.

Esto más que un sueño es una odisea titánica. Muchos experimentados marinos han muerto afrontando este reto, no sólo por los grandes adversarios meteorológicos, ni por los traicioneros recovecos que esconden los siete mares, sino por la gran dureza mental de la prueba. De hecho muchos de los navegantes que lo han intentando, murieron no por un naufragio sino arrojándose por la borda.

Todos los referentes de la marina británica desaconsejaron el intento porque se trataba de una prueba extremadamente dura, porque Mike no estaba preparado ya que apenas había navegado en solitario, y porque además el barco estaba muy baqueteado y seguramente no iba a aguantar. Para añadir más tensión y complicar aún más si cabe el viaje, antes de la salida se enteraron que Zac Sunderland, un estadunidense de 16 años comenzaba su propia circunnavegación por el record, lo que convertía la travesía en una carrera contrarreloj.

Sus padres le apoyaron, le buscaron fondos, le financiaron, le animaron y le entrenaron para que pudiera buscar su sueño. Un sueño que le podía costar la vida con poco más de 16 años. ¿Cuántos padres se comportarían así? ¿Fueron irresponsables o inspiradores? ¿Se deben dar alas a los sueños de las personas que dependen de nosotros o hacerles ver que es imposible alcanzarlos?

El 15 de noviembre de 2008, el día de la salda, Mike no podía parar de llorar. Según sus palabras se encontraba sobrecogido y abrumado. Sentía que había olvidado incluso lo más básico y no daba pie con bola para sacar el barco de Portsmouth. El padre al verlo, con una gran templanza le cogió por los hombros y mirándole a los ojos le dijo: “Mike, todo va a ir bien. Cómo estoy aquí no paras de hacerme preguntas de las que conoces la respuesta, pero en cuanto estés sólo sabrás que hacer”. Y con un fuerte abrazo se bajó del barco dejando a su hijo sólo, llorando de miedo, ante la que podría ser la última vez que se veían.

Impresionante. ¡Qué capacidad de confiar y de generar confianza! En nuestras organizaciones muchos directivos son incapaces de delegar nimias tareas sin estar supervisándolas cada diez minutos, y estos padres son capaces de dejar que su hijo viva una aventura que puede acabar con su propia vida con una generosidad y una serenidad increíbles.

La travesía fue de todo menos fácil. El barco, cómo preveían los expertos, no aguantó y se averiaba continuamente, lo que le obligó a renunciar al reto sin paradas, y a buscar el record con escalas. Además a 10 semanas de conseguir su objetivo, Zak Sunderland se convirtió en el más joven en realizar dicha travesía, por lo que si tenía cualquier problema, sería más mayor que Zak al terminar y no podría reclamar el record para el que tan duramente había trabajado.

Tras muchos problemas técnicos, imprevistos, tormentas e incluso un huracán a pocos días del final, olas tan grandes que cubrían el velero, noches sin dormir pensando que el barco se iba a partir, el riesgo de ir sin motor, cientos de vitales decisiones, mucho miedo y más de nueve meses de aventura Mike logró su sueño. A las 9:47 del jueves 27 de agosto de 2009 Michael Perham se convierte en la persona más joven en circunnavegar el mundo en solitario, arrebatándole el record a Zac Sunderland quien ostentó este título tan sólo diez semanas.

Ahora, tras el éxito en su gran aventura, Mike tiene un nuevo reto: ser la persona más joven en dar la vuelta al mundo volando en solitario http://www.challengemike.com/worldflying.htm .

Es inspirador que haya gente valiente, dispuesta a luchar por lograr sus sueños, aunque en el intento les vaya la vida. Pero me parece aun más inspirador que existan personas capaces no sólo de no truncar los sueños de los demás, sino de darles alas. Personas que empujan, que no transmiten sus miedos, que alimentan las ilusiones, que cambian el “no” por el “¿Por qué no?”, y que además lo hacen con generosidad y humildad.

Si en las empresas, en la política y en la sociedad tuviéramos más padres de Michael Perham, que fuesen capaces de sacar lo mejor que llevamos dentro, en lugar de tantos endiosados que sólo buscan salir bien en la foto, otro gallo nos cantaría y seguro seríamos capaces de lograr los grandes retos que tenemos por delante.




















miércoles, 6 de abril de 2011

Delibasic o la necesidad de negociar como líder


Mirza Delibasic era un fuera de serie. Uno de esos jugadores elegantes por naturaleza que entendía el baloncesto como pocos, por eso yo siempre me refería a él como “el maestro”. Un tirador increíble capaz de llegar con facilidad a los 30 puntos por partido en una época en la que aún no existía la línea de tres puntos.


Os dejo un enalce a un recital de Delibasic contra el Barça, simplemente impresionante: http://www.youtube.com/watch?v=EdR6g1PllSw



A Mirza lo fiché en el Real Madrid en 1981 y con él conseguimos un Campeonato Mundial de Clubs, una Liga Española y quedamos Subcampeones en la Recopa. Sin duda era un jugador desequilibrante, pero conseguir que aportara todo su potencial al equipo no fue tarea fácil.


Cuando Delibasic llegó al Madrid lo hizo ya con 26 años, y tras una racha espectacular de títulos con la selección Yugoslava: dos Campeonatos de Europa, un Campeonato del Mundo y una Medalla de Oro en los JJOO de Moscú. Es decir era un jugador ya hecho, con experiencia y gran rodaje. Con todo lo bueno que eso tiene, pero también con la parte negativa que conlleva.


Dentro de ese “lado oscuro” Mirza tenía un gran vicio que mermaba su gran capacidad de juego: fumaba como un carretero (¡Casi dos cajetillas diarias!), como la mayoría de yugoslavos en aquella época. Sí, algo que parece poco propio de un deportista, pero que es mucho más habitual, antes y ahora, de los que os imagináis. En el caso de Delibasic, el tabaco ya empezaba a pasarle factura físicamente, y minimizaba su capacidad para marcar la diferencia.


Consciente de esa situación decidí hablar con el seriamente para tratar de buscar la mejor solución para el equipo. Lejos de imponer una posición tajante y de exigirle que abandonara radicalmente el tabaco, postura terriblemente ineficaz con un hombre como Mirza (y creo que con la mayoría de los yugoslavos), decidí buscar otra alternativa.


Traté de convencerle de forma objetiva, y con datos, del mal que estaba haciendo el tabaco a su juego, pero él por su parte me explicaba de modo muy vehemente que no podía vivir sin fumar. Ante dos posiciones diametralmente opuestas, encontré un camino, quizás el menos malo, o quizás el mejor posible: yo le dejaba fumar 6 cigarrillos al día, dos después de cada comida, y él se comprometía a no fumar en ningún otro momento.


Este compromiso tan poco habitual lo comenté y consensué con el resto del equipo: necesitábamos a Delibasic para conseguir nuestros objetivos y sin flexibilidad y generosidad por parte de todos no lograríamos que aportara a su nivel. El equipo estaba de acuerdo en hacer una excepción en las reglas. Sólo en este caso, sólo para Mirza. De hecho el equipo incorporó una nueva rutina a su día a día. Tras las comidas Delibasic levantaba la mano y me decía “Lolo, me encuentro un poco mareado, ¿Puedo ir un momento a tomar el aire?”. Tras lo cual corría a fumarse los cigarrillos pactados… o puede que alguno más.


Una anécdota muy divertida ocurrió en un partió al que nos acompaño un directivo del club muy entrañable y también muy mayor. Este hombre estaba comiendo con nosotros, cuando como era costumbre Mirza me hizo la pregunta de rigor. Yo sin darle ninguna importancia le di permiso para salir. De repente este anciano hombrecillo, tras mirarnos con indignación, se levantó y dando un fuerte puñetazo en la mesa gritó “¡Qué clase de equipo es este! ¿Es que nadie va acompañar a un jugador que se encuentra mal?”. Me faltó tiempo para convencerle con alguna excusa improvisada al tiempo que enviaba al médico a “auxiliar” al pobre de Delibasic.


Creo que este caso muestra una de las cualidades imprescindibles de un buen líder: la capacidad de negociación. La empatía, la apertura de mente y la capacidad de buscar e idear soluciones no escritas son elementos fundamentales para negociar, pero la generosidad y la flexibilidad son valores imprescindibles para poder llegar a hacerlo.


Cómo dice mi buen amigo José Ignacio Rivero, presidente de Tatum y compañero de este blog, no se trata de lograr que mi idea sea la que se ponga en práctica, sino de encontrar la mejor solución para el equipo. Y para lograrlo, por mi experiencia, es necesario hablar mucho y escuchar aún más, es necesario ser generoso y estar abierto a las posturas de los demás, es clave ser capaz de ponerse en los zapatos del otro y tener una cintura más ágil que la del propio Delibasic para poder encontrar puntos de encuentro.


Si quieres dirigir un grupo aprende a negociar, si quieres ser un buen líder trabaja tu generosidad y tu cintura.

jueves, 31 de marzo de 2011

Corresponsales AdP: Keita y Macherano Picapedreros por Alfonso Loaiza

"El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos". Michael Jordan.

El deporte no es ganar, ganar y volver a ganar, como proclamaba Luis Aragonés antes de ser el instigador del Tiqui-Taca. No todo vale. Las formas importan. El éxito no es lo que debería primar en este mundo de la competitivad. Ya Homero nos explicó en la Ilíada que lo que realmente nos sirve de enseñanza es el camino y no la llegada.

Lo que importa en la vida es no olvidar tu historia: de dónde vienes, quién eres y tener siempre los pies en el suelo. Pasar por el filtro del sentido común y que impere la sensatez. Quizás ese haya sido el sudoku que han hecho Keita y Mascherano para llegar al Barcelona. Todo lo que han logrado ha sido gracias a la ética del trabajo y a la dedicación diaria. El tesón de ambos no tiene límites. Reclaman el fútbol de siempre, el de equipo. Están para servir al escudo que llevan en el pecho y no al dorsal que portan en la espalda. Arriman el hombro cuando la situación lo demanda.

No son Messi, ni Xavi, ni Iniesta. No se han criado en la Masía. No son titulares. Pero cumplen a las mil maravillas siempre. Pertenecen al espíritu estajanovista y picapedrero, pero con altas dosis de toque de balón. No desentonan nunca. Hacen obras de arte sin hacer más de lo que saben. Como explicó Carlos Boyero en su columna del País con Pepe Reina, representan el señorío en sentido amplio de la palabra: son capaces de hacer suya la victoria de sus compañeros.

La imagen de Keita y Mascherano es la metáfora de este Barcelona de Pep Guardiola. El altruismo y la generosidad personificadas. Ambos son internacionales, uno capitán de Argentina y el otro de Mali. Aceptan la suplencia con una entereza sobrehumana. Son en el buen sentido de la palabra "buenos". No solo no crean malos rollos, sino que son junto a Abidal, de los más queridos en el vestuario. Dejan huella, no porque intenten hacer grandes cosas con el cuero, sino porque todo lo que realizan es con el corazón. Y eso tiene un valor gigantesco. Es la base para que el fútbol encuentre sus frutos del deseo. Solo jugando por y para todos se conseguirá el ansiado premio de la victoria de lo colectivo sobre lo individual.

Los dos centrocampistas vienen de continentes como África y Sudamérica en los que para salir adelante se explora la sencillez. Mientras, aquí en el Viejo Continente, fuente de riqueza y estupideces, prima la vanidad y el engreimiento. Nadie pone su granito de arena, todos nos pisoteamos. Ya en España la profesión de mi fallecido abuelo: picapedrero, se ha quedado anquilosada en esa palabra que sirve solo para que mi madre y más profesoras de Lengua la pongan en los exámenes preparatorios de selectividad como ejemplo de parasintética: un vocablo compuesto y derivado.

Le debía unas palabras a mi abuelo Ragüe. Este mes cumpliría años. Un picapedrero. Como Keita y Mascherano. Nos enseñan que a veces vale más ganarse a la gente que un título. El fútbol pasa, los trofeos se llenan de polvo y son las personas las que perduran. Gente como los mediocampistas culés no tienen precio. Keita y Mascherano, dos hombres de alma picapedrera, una filosofía de vida. La belleza de lo simple.

lunes, 15 de febrero de 2010

Iñaki Ochoa de Olza: La Esperanza de la Amistad


Hace unos días tuve la suerte de ver en un programa de televisión sobre deportes Informe Robinson un documento muy especial que quisiera compartir, sobre todo para que aquellos que no lo han visto, lo hagan, merece la pena. Este documento gráfico nos permite comprender mejor la importancia del comportamiento humano.

Somos capaces de abordar los mayores retos, de tener una generosidad sin límite, o mejor dicho por encima del límite de lo razonable, arriesgar seriamente nuestra vida por otros y al mismo tiempo como vemos tantas veces en el día a día de cualquier empresa, institución, partido político, club deportivo, país, etc., pues bien, desgraciadamente, somos capaces también de tener comportamientos deleznables, impropios de un ser capaz de pensar y de comprende el mal que se está haciendo.

En este programa, veremos la primera parte de este enunciado. Un grupo de 18 alpinistas de élite y otras muchas personas luchando por salvar a un amigo, arriesgándolo todo, arriesgando la vida. Iñaki Ochoa de Olza debió ser una de esas personas que a todos nos gustaría tener entre sus amigos, así lo demuestran todos los comentarios que sobre él se mencionan en el documento del Informe Robinson.

Os dejo los enlaces del programa por si queréis disfrutar de ello:

Primera parte (7 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 1/3
Segunda parte (8 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 2/3Tercera Parte (7 min): Informe Robinson - Rescate de Iñaki Ochoa de Olza 3/3

Qué difícil es comprender cómo personas ponen en riesgo su vida compitiendo contra ellos mismos, y contra los elementos, luchando previamente para conseguir fondos con los que poder abordar sus proyectos, superando en el desarrollo de los mismos todo tipo de pruebas físicas en las que se pone al límite la capacidad humana…

¿Qué mueve a estas personas? Una fuerza interna poderosísima. La capacidad de lucha, la capacidad de esfuerzo, la superación por encima del límite, la capacidad de sufrimiento, el carácter inquebrantable, el espíritu de equipo, la generosidad…Todos estos valores, y un espíritu aventurero y competitivo sin límites son la motivación que impulsan a estas personas a lograr cosas “imposibles” o por lo menos que la mayoría de las personas consideramos imposibles.

Iñaki fue excepcional, sin duda y por ello la operación de rescate que se desarrolló intentando salvar su vida fue también excepcional. Lamentablemente el cuerpo de Iñaki no pudo aguantar y no se logró llegar a tiempo… Heroicidad, generosidad, valentía, fe, confianza, emoción, amistad, paz de conciencia, se descubre en los comentarios de todas las entrevistas que se hacen en el documento.

Es posible que en el mundo que hemos creado existan personas como éstas, comportamientos como éstos, proyectos como éstos, cargados de valor y de enseñanza.

Para mí esta experiencia que nos trae el deporte, me deja con un sabor triste pero una enseñanza maravillosa: podemos cambiar, podemos ser diferentes.

Me sumo al poema del que hablaba Eduardo hace unos días y que era para Nelson Mandela fuente de esperanza:
“…Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.”

lunes, 7 de diciembre de 2009

Divismos

Según el diccionario de la RAE, divo, en su primera acepción se define como “Dicho de un artista del mundo del espectáculo, y en especial de un cantante de ópera: Que goza de fama superlativa”. El sabio catálogo apunta además que el término es usado en muchas ocasiones en sentido peyorativo. El caso es que esa fama superlativa suele ser un distorsionador de la realidad importante y, para muchos, incomprensible. En este entorno, los “divos” y “divas” se encuentran allá donde su fama les sitúa. Y así nos encontramos divos operísticos, rockeros, poperos, teatrales, cinematográficos, literarios… y ante esta avalancha, los “mortales” nos topamos con historias sobre flores de colores como requisito para alojarse en un hotel, toallas por miles para actuar en determinado evento, compras estrafalarias, destrozos… Excesos propios del divo-a: divismos, tal y como recoge la RAE.

Y luego está esto del fútbol. Claro. Son muchos los ejemplos de divismo en el mundo del fútbol, en el de antes, aunque en menor medida, y en el de ahora. Se trata de otro tipo de excesos, resulta evidente. Pero son excesos, no lo olvidemos. Hablemos del Real Madrid-Almería.

Un día de incipiente frío mesetario de principios de diciembre, en pleno puente, el Almería visita el Bernabéu. Un buen portero (Diego Alves), un interior rápido de la estirpe íbera-escurridiza tan característica de las Hispanias Bética, Lusitana y Tarraconense (Albert Crusat), un medio granítico de destacables cualidades defensivas (M’bami) y algunos honrados profesionales más, dirigidos por el mejor rematador de la historia de Chamartín (Hugo Sánchez). Entre los locales, Cristiano vuelve al Bernabéu en Liga. La cosa empieza muy bien para los blancos. Pero Alves hace su trabajo. Tras 20 minutos frenéticos de empuje blanco, Alves mantiene su red tal y como la dejó el linier. Diez minutos después, Cristiano, acostado a la derecha del gol norte, centra con clase a la cabeza Ramos. Sergio se eleva, poderoso, sobre Acasiete, algo tímido, la verdad. Golazo. Tras la celebración circense del sevillano, Cristiano, le recuerda que el pase ha sido suyo. Nos vamos al descanso.

En el inicio de la segunda parte, el Real Madrid se descompone (según un agudo espectador sentado a mi espalda, aún más de lo que estaba…). Iker salva una estirándose abajo a su izquierda. En la jugada siguiente, en pleno desconcierto blanco, Soriano empata de rebote. Luego, Uche marca también. El rumor va en aumento. Cristiano se agita. Se le tuerce la cosa. Escucha algo resignado las indicaciones de Alonso que, superado por M’bami, trata de recomponer la figura del equipo con evidentes gestos que exhortan a sus compañeros a juntar las líneas. Cristiano va a lo suyo. En una jugada como otra cualquiera, agrede a Crusat, al que le saca una cabeza. Roja directa, espeta el parroquiano de detrás, algo mosqueado ya. Y esto es lo que piden los jugadores del Almería. El portugués, lejos de arrepentirse, manda callar a sus oponentes. Mantenella e no enmendalla. Alonso ladea la cabeza.

El empuje del Madrid propicia el empate de Higuaín y, tras esto, viene la jugada del penalti, a juicio de muchos, inexistente. Cristiano se apodera de la pelota, decidido a arreglar el desaguisado pateando desde los once metros. Chuta con su derecha a la derecha de Alves quien, adivinando la trayectoria, se estira y salva. El rechace lo recoge Benzema que, a la sazón, llega con presteza sospechosa. Marca, eso sí, de forma inapelable. Cristiano se queda absorto en los once metros. Granero se dirige al luso quien, en su mundo de divo, no comprende cómo él no forma parte de la fiesta. Ni mira a su compañero.

Aquello sigue, ya en otro tono, con el Almería muy menguado. Dos minutos después, Higuaín se escapa por la derecha. En su carrera, ve a Cristiano que cobra ventaja por el centro gracias a su extraordinaria velocidad. Centra. Cristiano acomoda su carrera a la llegada del balón y marca. En su celebración se dirige a la esquina este del fondo sur, justo al lado contrario de donde le llegó el pase. Donde están los fotógrafos. Va quitándose la camiseta. Cuando por fin se zafa de ella, le espera la foto. Allí está él, sin un compañero que le haga sombra. Como un Antínoo del siglo XXI. Pleno de sí.

Tarjeta amarilla, era evidente. Cinco minutos después, llega el exceso final. En una jugada donde Cristiano tuvo la oportunidad de combinar con hasta tres compañeros, se entregó a la filigrana innecesaria. Ortiz, que no quiere ser parte de la fiesta, le tira una tarascada fea. El portugués devuelve el golpe aún más a destiempo. Segunda amarilla. Igual era roja directa, pero como indica el acta, se trata de la segunda amarilla. Dos espectadores a mi derecha comentan, algo azorados, el pase de modelos del cuarto gol y se acuerdan de su inutilidad. El agudo parroquiano recuerda que el próximo partido de liga se juega en Mestalla, que no es poca cosa. Este ha sido el partido de Cristiano, para lo bueno, que es muchísimo y para lo malo, que es más de lo que debería.

Cristiano vale el precio de la entrada. Y es, de largo, el mejor jugador del equipo. Sin embargo, se hace difícil pensar en un liderazgo del luso en el grupo a tenor de su comportamiento. ¿Cómo se podría adecuar sus actuaciones a lo que se espera de él? ¿de qué forma se han de conducir sus excesos? ¿cómo gestionarlo? ¿quién debe hacerlo? En suma, ¿cómo alinear los objetivos individuales con los grupales en los equipos humanos? Aquella vieja pregunta con una esquiva respuesta...

jueves, 12 de marzo de 2009

Jose Manuel Calderón, un ejemplo para todo


Lo pasó mal al llegar a la NBA. El idioma, un técnico tosco que no confiaba en él ni le transmitía confianza y para colmo, un fuerte dolor en el tobillo malo en su primer entrenamiento en Saint Catharines, a escasos kilómetros de Niagara en su primera pretemporada con los Raptors. "No me voy a quejar, me tengo que ganar un hueco en el equipo", me dijo durante la cena con un costillar de por medio. No se me olvida. Tampoco lo que me contó durante la conquista del Mundial de Japón en 2006 y que me recordó cuando escribimos el libro 'Basuketoboru'. "Un día escuché el rumor que se empezaba a extender por la NBA de que no era un buen tirador y decidí ponerle remedio". Los rivales le flotaban cerrándose más sobre sus compañeros entorpeciendo la fluidez del ataque Raptor. Calderón se puso en manos de los mejores especialistas de tiro. Corrigió su mecánica a base de incontables horas de incansable trabajo que empezaron a dar sus frutos: se hizo con la titularidad de los Raptors y rozó el All Star. Este año ha batido el récord histórico de tiros libres consecutivos desde el arranque de una temporada, es el jugador en activo de la NBA con más tiros libres consecutivos y se quedó al borde de igualar el récord histórico de Michael Williams (97 seguidos).

Él no tenía ni idea al principio de su increíble racha hasta que los periodistas le empezaron a bombardear. Él le quitaba hierro: "Lo que yo haga da igual, lo importante es que gane el equipo". Calderón está hecho de otra pasta. Sólo piensa en el equipo. Si fuese más egoísta le iría mejor en una liga tan individualista como esta, pero no va a cambiar. "Soy así, este es mi juego y es el que me ha traído hasta aquí, ¿para qué voy a cambiar?", me dijo hace poco.

Es un jugador en vías de extinción. Y uno que todo equipo querría tener. Es sacrificado, trabajador hasta la saciedad (lo ha demostrado no contentándose con llegar a la NBA sino mejorando su mecánica de tiro y su liderazgo en la cancha), antepone siempre el bien del grupo al personal (ha jugado con importantes lesiones y demostró cediendo la titularidad al egoísta de Ford el año pasado que no piensa en sí mismo), es generoso (siempre busca el 'extra pass' al compañero en mejor posición en lugar de tirar y anotar intentando mejorar su estadística, implicado ("Da igual i anoto 25puntos ó 2 ó si juego 3 minutos o 33, lo importante es que el equipo gane"), un modelo de profesional (cuando acaba la NBA, lejos de relajarse en la playa se dedica a prepararse a conciencia para llegar a tope a la concentración de la selección y no empezar ahí de cero), tiene un gran afán de superación y además una gran persona (de esto doy fe yo y todos los que le conocen).
Lo dicho, pocos jugadores/deportistas/profesionales de cualquier ámbito como él.

jueves, 22 de enero de 2009

Talento y Valores


¿Cuándo en la historia de un deporte en este país hemos tenido a tantos jugadores en la élite mundial, como ocurre en la actualidad con nuestro baloncesto, a quien la NBA no quita ojo ni un momento? Primero Pau jugando la final de la NBA, Calderón enseñando lo que es un jugador con mentalidad de equipo, Marc consiguiendo ser el primer español que debuta como titular, Sergio, Garbajosa... y ahora el espectáculo de Rudy llega al concurso de mates del All Star.

Todos ellos son unos extraordinarios jugadores pero ese no ha sido su secreto. El talento sin duda ayuda pero no es suficiente. Todos tenemos en la memoria ejemplos de deportistas que han sido denominados por la prensa como "los mejores del mundo" y en poco tiempo han dejado de rendir para sus equipos y han tenido que salir por la puerta de atrás.

Pero nuestros ÑBA son de otra pasta y en gran parte la "escuela" de la Selección Española ha tenido mucho que ver, ya que jugando en ese maravilloso equipo han aprendido unos valores que, combinados con su gran calidad técnica, les han llevado a los más alto: compromiso, humildad, generosidad, entrega, etc.

Los valores de estos jugadores les hace diferentes, atractivos y especialmente valiosos para sus equipos.

¿Es posible que en la empresa de hoy se vivan valores como estos? ¿Es interesante para las empresas trabajar para conseguirlo?

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