jueves, 30 de abril de 2009

La experiencia como factor de equilibrio


Indicaba Bacon que nada se conoce con profundidad si no es por medio de la experiencia. En el mundo del fútbol, en el que la ventana de la experiencia se adquiere tras, en el mejor de los casos, quince años de andadura profesional, son pocos los que pueden hacer cohabitar su madurez vital con la futbolística. De esta forma, muy pocos futbolistas alcanzan la cuarentena en la élite. Y el caso es que, este desprecio al conocimiento, en algunas ocasiones, se me antoja como un desperdicio inadmisible.
En el gremio de los porteros, la peculiaridad de su demarcación ha propiciado una importante cantidad de ejemplos significativos. El italiano Dino Zoff ganó el mundial del naranjito con 40 años, el jugador con más edad que ha ganado el trofeo, y se retiró un año después tras perder la final de la Copa de Europa con la Juventus frente al Hamburgo por 1-0, gol de Magath (aquel fue también el último partido con la Juve de Roberto Bettega). El norirlandés Pat Jennings, aquel guardameta de peinado escalonado del Tottenham y el Arsenal, defendió la portería de su país durante 22 temporadas hasta su retirada, tras mundial de Méjico 1986, con 41 años. Peter Shilton se excluyó de la selección inglesa poco antes de cumplir los 41 años tras el mundial de 1990, aunque siguió jugando una temporada más en el Derby County. Albertosi, el portero cuatro veces mundialista del Milán envuelto en el escándalo totonero, fue suspendido en 1980 cuando ya había cumplido los 40 años. Bell, que compitió con N’Kono durante años por un puesto en la selección, jugó el mundial de EE.UU. para Camerún contando ya 40 años. Más recientemente Ballota del Lazio ha jugado un partido de la champions con más de 43 años…
Las mayores exigencias físicas de los jugadores de campo no han sido óbice para que muchos futbolistas hayan rendido después de los cuarenta. Dejando de lado el caso de Sir Stanley Matthews, que jugó hasta los 51 años, el camerunés Milla resulta prototípico. Roger Milla ha sido el jugador de más edad que ha marcado en los mundiales de Fútbol, al anotar en 1994 el gol del honor frente a Rusia (6-1). Cuatro años antes, con 38 años, Milla había sido la estrella en Italia 1990 de Camerún, que alcanzó los cuartos y cayó ante Inglaterra. Milla fue elegido en 2006 el mejor jugador africano de los últimos cincuenta años. Otros ejemplos de longevidad son Puskas (fichado por Bernabéu con varios kilos de más y en la treintena), el propio Di Stéfano o más cercano en el tiempo, Romario. Costacurta ha sido otro de los paradigmas. El defensa milanista ha sido el último testigo del Milán victorioso de finales de los ochenta. Es el futbolista de campo de mayor edad que ha disputado un partido de Champions, contra el AEK en Noviembre de 2006, contando 40 años y 211 días. El Milán, en aquella temporada conquistó la Champions, lo que le convierte también en el campeón más veterano.
Hasta hace poco tiempo, la favorable coyuntura económica posibilitaba el desprecio de muchas organizaciones por la aportación de los trabajadores de más edad. Ahora, con el cambio de ciclo económico, las cosas parece que han mutado de forma significativa. Las otrora abultadas indemnizaciones y multitudinarias jubilaciones anticipadas se ponen ahora en tela de juicio. Sin embargo, esta circunstancia no parece representar un súbito aprecio por la experiencia, sino más bien una repentina preocupación por las arcas públicas y privadas… Muchos buenos aficionados al fútbol podrán afirmar que para el Calcio, por ejemplo, esta apuesta por la veteranía ha supuesto una pérdida de pujanza. Otros pueden argüir que dicha apuesta, a su juicio un tanto forzada, es fruto de su propia crisis y de su inercia. Yo creo que las organizaciones deben ser, en esencia, naturales. Olvidar las modas y desarrollarse con su capital humano. Comprender su evolución y juzgar su aportación en función de aspectos intrínsecos y extrínsecos, pero también decidir de forma determinada en función de sus objetivos. En resumen, encontrar el equilibrio.
Quizá la aportación de los veteranos para los grupos humanos puede ser resumida a partir de la descripción del papel de Zoff en el mundial del naranjito que realiza Paolo Rossi, máximo goleador de Italia en aquel campeonato “Zoff fue el jugador más importante. Era el que representaba al equipo en esencia. Un ejemplo para todos nosotros”.

martes, 28 de abril de 2009

Competitividad: Petrovic vs Sabonis


Creo rotundamente, que si un equipo quiere conseguir resultados debe inculcar a sus miembros un espíritu competitivo, y en el momento económico actual mucho más especialmente. Porque todo lo competitivo lleva a reacciones positivas y hace que la persona encuentre un motivo de superación y satisfacción personal, lo que tiende a producir una mayor atención y estímulo en el trabajo.
La persona competitiva denota el interés en hacerlo mejor que el otro. Si queremos ser competitivos para obtener buenos resultados y ganar debemos ayudar a nuestra gente a desarrollar su creatividad, intuición, inspiración, espontaneidad, además de desarrollar su personalidad, que sean ellos mismos. Pero sobre todo hay que conseguir para ser competitivos el que asuman responsabilidades, y ellos nos llevara a que transmitan una gran seguridad y confianza dentro del grupo de trabajo, haciéndonos mentalmente fuerte, además de conseguir que se tenga un compromiso con el equipo. Esta es la base para lograr esos objetivos que a veces nos parece imposible.
Os voy a poner el ejemplo de dos deportistas, a los que he tenido la oportunidad y el orgullo de entrenar, para que veáis las diferencias que provoca la competitividad en un jugador y su impacto en el equipo. Dos jugadores con grandes diferencias técnicas e inclusive de fama, pero donde ambos pusieron a disposición del equipo todo lo que hemos expuesto anteriormente, SU COMPETITIVIDAD, para bien del resultado final.

La Selección que yo entrenaba en el Eurobasket de Francia se tuvo que enfrentar a la temible Lituania en cuartos de final. En ella jugaba Arvydas Sabonis 220 centímetros uno de los mejores pivots de todos los tiempos. Por nuestra parte, pensamos que la única baza que teníamos para defenderle era Iñaki de Miguel, un pivot de apenas 2,05, pero rápido y muy correoso. De Miguel, contra todo pronóstico hizo un gran partido y consiguió descentrar y secar a Sabonis que sólo fue capaz de anotar 2 puntos. Cómo sería la desesperación de Arvydas que cada vez que pasaba al lado de nuestro banquillo me decía “¡¡¡Lolo, quítame de encima a este #@%&€!!!”.

En uno de los partidos más memorables de los 80 el Real Madrid de Petrovic y Martín nos enfrentamos al Snaidero Caserta de Oscar Schmidt Becerra en la final de la Recopa de 1989. Becerra nos hizo un roto anotando la friolera de 44 puntos, y como Fernando Martín tenía una mano lesionada, en uno de los tiempos muertos del principio de la segunda parte le dije a Drazen Petrovic que nuestra única baza es que tomara las riendas del partido en su faceta anotadora. Y su reacción fue ¡anotar 62 puntos! gracias a los cuales ganamos el partido,…bueno, gracias también a la defesa implacable que hicimos sobre el equipo italiano.

¿Veis la diferencia entre la actitud de Petrovic o De Miguel y la de Sabonis? ¿Veis los resultados que se consiguen con gente competitiva, independientemente de su talento? La competitividad hace que nuestras personas se crezcan ante las dificultades, que no se rindan, que se levanten cada vez que se caigan, que busquen soluciones, que consigan ventas donde otros no lo logran… Tenemos que inculcar competitividad en nuestros equipos, tenemos que apostar por objetivos exigentes pero alcanzables, no caer en la autocomplacencias y promover la autocrítica que nos permita seguir mejorando cada día.


Aquí dejo mi reflexión y le pido a mis compañeros de blog expertos en la empresa Paco, Ricky, Eugenio… que nos digan como poder hacerlo.

jueves, 23 de abril de 2009

Las claves de la recta final


La liga dura aproximadamente 9 meses, y en su actual composición en España, se juegan 38 partidos. Pues bien, normalmente casi todos los años se decide lo más importante en los últimos 8 partidos, es decir, estamos en este momento, entrando en el tramo decisivo de nuestra liga.
Analicémoslo con las cifras de este año cuando quedan por disputar 24 puntos:
- Entre el primer y segundo clasificado hay tan sólo una diferencia de 6 puntos.
- Hay cinco equipos con un máximo de 6 puntos de diferencia, que se juegan su participación en la Champion.
- 6 equipos con una diferencia máxima de 9 puntos se juegan su participación en la UEFA.
- Hay 11 equipos que pueden verse implicados en el descenso, siendo la diferencia entre el mejor clasificado y el equipo que hace el corte, de 6 puntos.
Parece que las cifras nos dan la razón. Durante 8 meses hemos dicho, escrito, publicado, miles de comentarios sobre éste, y este otro equipo, sobre qué bien o qué mal estaba tal equipo, pero machaconamente uno y otro año, es el tramo final el que pone a cada uno en la posición definitiva de la clasificación de la liga.
Hablaremos en las próximas jornadas de victorias heroicas, de remontadas de leyenda, de salvamentos in extremis, etc… Esta es la hora de la verdad, y lo más importante es llegar en este momento con ilusión y fuerza para cumplir nuestras metas.

Nada está perdido ni ganado, todo está por decidir y lo que pase a partir de esta jornada configurará la clasificación final.

La victoria de la Liga, la clasificación para la Champion o la UEFA, el descenso a segunda, están en juego y cualquier equipo está en el momento, en el que, independientemente de lo pasado hasta hoy, es posible matemáticamente modificar el resultado final, teniendo en cuenta que todos están sujetos a la victoria, al empate o la pérdida.

Es la hora de que las aficiones olviden los malos momentos y apoyen a sus equipos, con todo su entusiasmo, por encima de cualquier otro sentimiento o deseo.
Que los entrenadores motiven y empujen a la pelea a sus equipos, haciéndoles ver que nada está perdido o ganado y que todo se puede conseguir si desde hoy trabajamos unidos y con ilusión.

Que los jugadores se esfuercen al máximo en demostrar lo mejor que tienen como futbolistas y como personas, no decaigan hasta el minuto siguiente a que el árbitro pite el final del encuentro, que no den un partido por perdido, aunque se enfrenten al mejor clasificado y se queden sólo con 9 jugadores. Que no den una pelota por perdida. Que se cuiden al máximo, durante los días que quedan hasta el final de la temporada, su preparación física y su concentración en la victoria. Que ayuden en el vestuario a levantar el espíritu de lucha, o las ansias de ganar, y la confianza en poder hacerlo.
Si un equipo consigue juntar todos esos elementos, estoy seguro que conseguirá su meta.
Esto sucede con frecuencia en el mundo empresarial de forma parecida, nunca nada se puede dar por perdido o por ganado.
Todos los años se establecen ranking y todos los años por arriba y por abajo se producen modificaciones, algunas esperadas y otras no.
Es el esfuerzo, la disciplina, el rigor, la constancia, el trabajo en equipo, etc., es decir la aplicación recurrente de valores, de validez universal, lo que acaba haciendo la diferencia.
En el mundo empresarial también se puede en el último trimestre, cambiar, mejorar o empeorar, el resultado de un ejercicio, hay que cortar en un momento determinado para abordar el último y definitivo tramo. ¿Es mejor mantener desde el principio el nivel necesario?, sin duda, pero es en último tramo, en dónde si nos despistamos perderemos el “título”.
Vivamos estas apasionantes jornadas que nos quedan de esta temporada, y cuando acabe, asumamos el resultado.

Pensemos que el éxito y el fracaso, son igual de traidores y hay que tratarlos de la misma forma, con humildad y pensando siempre que… inmediatamente comienza una nueva competición en al que podemos cambiar nuestra actuación y seguir luchando en busca del resultado deseado.

viernes, 17 de abril de 2009

Rafa Muñoz: Guerra al cortoplacismo


La semana pasada el nadador Rafael Muñoz pasó a ser portada de todos los periódicos, deportivos y generalistas, y tras conseguir batir el record del mundo de natación en la modalidad de los 50 metros mariposa dos veces en la semifinal y en la final. El andaluz, de 21 años, superó una barrera más y miró de reojo a las grandes citas, a las que España antes sólo iba a participar. Muñoz paró el cronómetro en 22.43 segundos cuando llegó al final de la piscina y también paró los corazones de los seguidores que llenaron el Centro Acuático de Málaga.

Pero el cordobés superó su propia hazaña cuando igualó la marca que Michael Phelps había hecho en la final de los Juegos de Pekín de 100 mariposa 50"58, la segunda mejor de la historia.
Más allá del debate sobre la utilización de los bañadores de la firma italiana Jacked y el impacto que está teniendo en la natación, me gustaría centrar nuestra reflexión sobre el éxito y el cortoplacismo, y me explico.
Muñoz ha trabajado durante años duramente, se ha entrenado hasta la extenuación en España y en Francia, ha sido doble campeón continental júnior y doble medallista en los europeos ¿Y cuántos habíamos oído hablar de él? ¿Cuántos patrocinadores le han apoyado? ¿Quién ha creído en su potencial?
Ahora tras batir el record del mundo y ante la posibilidad de poder hacer frente al sobrehumano Phelps el país entero le mira, las empresas hacen cola para ser sus patrocinadores, para recoger las mieles de su éxito, por supuesto sin el sudor y las lagrimas que le ha llevado hasta aquí.
Esta circunstancia se repite día tras día en la sociedad, en las empresas y en la política. Se buscan los resultados a corto, los objetivos trimestrales, cumplir con las valoraciones de los analistas financieros, alcanzar los bonus del año, ganar las próximas elecciones… cueste lo que cueste. Es raro encontrar ejemplos que apoyen el trabajo continuado, los proyectos a largo plazo, la construcción sólida. Parece que la filosofía del “tente mientas cobro”, es decir, exprimamos al máximo el hoy y el que venga detrás que arree, es la máxima con la que los directivos y políticos diseñan sus estrategias.
Este modelo está limitando el desarrollo de nuestras empresas y de nuestra sociedad. Es evidente. Nos echamos las manos a la cabeza cuando los directivos de AIG, tras recibir ayudas estatales para impedir que quiebre la compañía, se dan a sí mismos unos variables estratosféricos, pero ¿nosotros creemos en construir futuro? ¿En nuestras organizaciones jugamos como los nuevos y ansiosos patrocinadores de Rafa Muñoz o promovemos, premiamos y favorecemos que se construyan proyectos, ideas, compromisos más allá de la cuenta de resultados de ese año?

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